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X-Colonus Vol. 1 Semillas de la Rebelión - Capítulo 44

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Capítulo 44: Protector

​El cambio fue inmediato. Vandal lo sintió antes de verlo. La intención de matar se había concentrado en un solo punto: Sombra avanzó un paso, enseñando los colmillos, con su pelaje erizado como una mancha negra viva, lista para desgarrar. A su alrededor, Krahgar y Theryn dejaron de ser enemigos entre sí. Ahora eran uno solo, un círculo que se cerraba con una intención clara. Todos querían asesinar a ese can.

​Vandal evaluó el terreno en un instante: demasiados enemigos, árboles altos, raíces densas y un suelo irregular que dificultaba cualquier escape rápido. Aun así, lo intentó.

​”Nos movemos”, murmuró con calma, pero firme.

​Sombra reaccionó de inmediato. Ambos giraron hacia un punto más abierto entre las raíces gigantes, buscando romper el cerco antes de que se cerrara por completo. Pero fue tarde: los Krahgar cayeron desde arriba, bloqueando las rutas elevadas, y los Theryn avanzaron desde el frente formando una pared de escudos. Detrás, más figuras emergían, reforzando el círculo que ya no tenía grietas. Vandal se detuvo, respiró hondo, exhaló lento y su mirada cambió.

​”Entonces… no corremos. Hoy se verá sangre”. Sombra gruñó, entendiendo. La respuesta era clara: pelear.

​El primer ataque llegó desde arriba: un Krahgar descendió en picada con su cuchilla lista para matar. Vandal reaccionó sin pensar, dio un paso lateral, levantó el brazo y su hacha envió un golpe corto y preciso. El impacto fue seco, brutal; el cuerpo del Krahgar cayó dividido contra el suelo. El corte desde la cabeza hacia abajo envió sangre a todos lados. Sin pausa, dos más llegaron, uno por la espalda y otro por el costado, pero Vandal giró sobre su eje, bloqueando a uno con el mango del hacha y empujando con la rodilla el abdomen del otro.

​El aire salió del cuerpo del Krahgar en un chillido agudo mientras el hacha descendía y acababa con él. Sombra entró en combate como una bestia liberada; se lanzó contra un grupo de Krahgar, derribando a uno y arrancándole el cuello en un solo movimiento. Otro intentó atraparlo con una red, pero Sombra saltó, giró en el aire y cayó sobre él, atravesándolo con sus colmillos. Los Theryn avanzaron en formación, escudos al frente, y Vandal bajó su centro de gravedad recordando su entrenamiento: movimientos militares, control del espacio y cómo romper formaciones en lugar de enfrentarlas directamente.

​Corrió hacia ellos. El primer escudo impactó contra su hombro; lo sacudió, pero no lo detuvo. Giró el cuerpo y golpeó el borde del escudo, desviándolo y entrando en el espacio muerto. El hacha atravesó la garganta del Theryn con precisión; el segundo intentó reaccionar, pero fue demasiado lento. Vandal giró con todo su cuerpo y el hacha subió desde abajo, partiendo mandíbula y cráneo.

​El tercero empujó con fuerza. Vandal retrocedió un paso, luego otro, sintiendo el peso, la presión, recordando al Rukhar, el veneno, el dolor y cómo había sobrevivido. Sus músculos respondieron, se tensaron y empujó de vuelta. El Theryn no esperaba esa resistencia; fue desviado con un fuerte puñetazo en la cabeza que lo empujó contra una roca y, arrojándole su hacha, Vandal lo remató sin piedad.

​La batalla se volvió un torbellino: Krahgar cayendo desde los árboles, Theryn avanzando desde el suelo, redes, dardos y hachas llenaban el aire. Sombra se movía como una ráfaga de balas, recibiendo golpes pero devolviendo más. Un Theryn intentó atraparlo con su escudo, pero Sombra saltó sobre él y lo derribó; sus mandíbulas encontraron el cuello y arrojó el cuerpo hacia su compañero, quien lo interceptó con una fuerte patada en la espalda. Vandal respiraba más fuerte, la adrenalina subía, pero aún no era el Kor.

​Esto era su cuerpo, su entrenamiento, su evolución. El recuerdo del Voltyrax cruzó su mente: la derrota, la impotencia, y luego la Arakthra, la victoria, la carne devorada, la supervivencia. Había cambiado, ya no era el mismo. Un Krahgar lanzó una red y esta vez lo atrapó; el material se tensó alrededor de su brazo mientras otro saltaba hacia él. Vandal no retrocedió, avanzó; se dejó llevar por el impulso, sorprendiendo al Krahgar, que no esperaba esa respuesta. El hacha subió y lo partió en el aire, luego tiró de la red y arrastró al que la sostenía hacia él. Un cabezazo rompió el cráneo del enemigo, que cayó sin vida.

​Sombra regresó a su lado, respirando pesado, cubierto de sangre, y no toda suya. Ambos estaban rodeados otra vez, pero el círculo ya no era el mismo: había cuerpos en el suelo, muchos, demasiados. Los líderes lo notaron desde la distancia, se observaron y tomaron una decisión.

​El campo de batalla se detuvo parcialmente, los guerreros comunes retrocedieron y se abrió espacio. Un silencio tenso dominó el lugar antes de que los verdaderos guerreros avanzaran. Krahgar más grandes, más rápidos, más marcados; y Theryn más robustos, con escudos más gruesos y hachas más pesadas. Los mejores. Vandal lo entendió: esto era otro nivel. Pero no terminó ahí; desde la retaguardia Theryn se levantaron estructuras primitivas pero efectivas: catapultas hechas con madera y tendones, cargadas con rocas. Los Krahgar prepararon lanzas.

​”Sombra…”, murmuró Vandal, y el lobo se tensó al instante.

​El primer proyectil salió disparado, una roca enorme. Vandal rodó hacia un lado, esquivando por poco. Otro disparo más fuerte de una lanza se enterró cerca de Sombra, rozando su oído y aturdiéndolo un poco. En ese momento, una roca caía con fuerza hacia el pecho del lobo; Vandal se percató y fue directo hacia él corriendo a toda velocidad. Saltó y llegó justo a tiempo, recibiendo el golpe de la roca y partiéndola en mil pedazos.

​El impacto sacudió el suelo y levantó tierra y fragmentos. Otra roca vino más rápida; Vandal levantó el hacha intentando desviarla. Al verla un poco más pequeña, pudo amortiguar parcialmente el golpe, pero el impacto lo lanzó hacia atrás. Sintió el dolor, pero se levantó. Las lanzas comenzaron a volar. Desvió una, pero otra le rozó el costado, abriendo la carne y haciendo brotar sangre. No se detuvo. Corrió directo hacia los Krahgar, atrapó una lanza en el aire, la giró y la lanzó de vuelta, atravesando a uno. No frenó; entró en combate contra los nuevos guerreros, que eran más rápidos y coordinados.

​Uno atacó por lo bajo mientras otro iba por lo alto. Vandal bloqueó a uno, pero recibió el ataque del otro; el corte fue profundo, pero no suficiente para detenerlo. Apretó los dientes y respondió: el hacha descendió y acabó con uno. Otro saltó, pero Vandal lo interceptó en el aire y lo usó como arma; tomándolo de los pies, lo golpeó fuertemente arrojándolo contra un compañero. Ambos cayeron y fueron rematados.

​Entonces lo vio: el capitán Krahgar, más grande, más marcado, con sus ojos fijos en él en un claro desafío. Vandal avanzó. Una lanza voló desde atrás, pero la atrapó, giró el cuerpo y la clavó directo, atravesando el pecho del capitán.

​El tiempo pareció detenerse por un segundo mientras el cuerpo caía. Luego, el silencio se rompió. Vandal respiraba pesado, sangrando, con el cuerpo al límite, pero aún de pie. Sombra estaba a su lado, igualmente herido, pero firme. Y en ese momento, algo quedó claro para todos en el campo de batalla. Él no era una presa. Era algo más.

​Y la guerra… aún no terminaba.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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