X-Colonus Vol. 1 Semillas de la Rebelión - Capítulo 45
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Capítulo 45: EL despertar del KOR
El campo de batalla cambió sin previo aviso. Tras la caída del capitán Krahgar, el caos dio paso a una intención mucho más peligrosa. Ya no era una guerra desordenada; ahora había dirección, coordinación, propósito. Krahgar y Theryn dejaron de enfrentarse entre sí y sus miradas se fijaron en un solo objetivo: Vandal… y Sombra.
Vandal lo sintió en la piel, en la presión del aire, en la forma en que los rodeaban sin prisa, pero sin pausa. No eran animales salvajes, eran guerreros que habían tomado una decisión en conjunto. Sombra gruñó a su lado, bajo y profundo, mientras su cuerpo se tensaba como un resorte a punto de romperse.
Los primeros en avanzar fueron otros capitanes. Cuatro Krahgar descendieron desde las alturas con movimientos precisos, mientras tres Theryn avanzaban al frente con sus escudos elevados. No corrían, no gritaban, no se desordenaban. Se movían como una unidad que ya había cazado presas peligrosas antes.
Al parecer, para ellos ver a un humano y un perro era más riesgoso que su rivalidad.
—Se adaptaron… —murmuró Vandal, apretando el mango de su hacha.
El primer choque llegó. Un Theryn impactó contra él con su escudo, obligándolo a retroceder dos pasos, mientras un Krahgar intentaba cortar sus piernas desde abajo. Vandal reaccionó justo a tiempo, girando el cuerpo y partiendo al Krahgar con un golpe seco, pero el segundo impacto lo obligó a cubrirse.
Sombra no tuvo ese margen.
Dos Krahgar saltaron sobre él con redes reforzadas. Sombra destrozó una, luego otra, sus colmillos desgarrando fibras como si fueran hojas secas. Pero entonces sintió el primer impacto: un dardo clavándose en su costado. Luego otro. Y otro más.
El lobo rugió con furia, pero sus patas temblaron apenas un segundo.
Ese segundo fue suficiente.
Tres redes más cayeron sobre él, envolviendo su cuerpo. Sombra luchó, mordió, desgarró, pero los Theryn ya estaban encima. Uno presionó con su escudo, otro lanzó más cuerdas, y los Krahgar aseguraron cada punto de sujeción con rapidez brutal.
—¡SOMBRA! —rugió Vandal.
La respuesta fue un gruñido ahogado.
Vandal explotó.
Avanzó sin medir consecuencias, rompiendo la formación de un Theryn con un golpe directo que partió su escudo y su pecho al mismo tiempo. Giró sobre sí mismo y derribó a otro, pero los capitanes ya estaban reaccionando. No lo enfrentaban uno a uno, lo rodeaban.
Un golpe lateral impactó su costado. Luego otro en la espalda.
Dolor.
Real.
Tomó unas rocas y, al arrojarlas, logró golpear al Krahgar que sostenía las cuerdas de la red que contenía a Sombra. Vandal tomó su hacha; un Theryn llegó con su espada de hueso e intentó golpearlo. Hacha y espada chocaron. Vandal decidió golpear con su pie el del Theryn con tal fuerza que se lo rompió. El Theryn gritó de dolor —“¡Arhhgg!”—. Luego, con el hacha firmemente, la clavó en su pecho. La sangre se esparció por la cara de Vandal y, al acercarse otro enemigo, con su pie elevado lanzó un fuerte golpe al pecho de un Krahgar. Por el impacto, el pequeño se estrelló contra un árbol, estallando en sangre.
Vandal resistió, contraatacó, derribó a uno más, pero el número comenzaba a pesar. Cada movimiento suyo era respondido por dos o tres enemigos coordinados. No era fuerza lo que enfrentaba, era estrategia.
Y mientras él luchaba…
Sombra, que intentaba huir de las redes, cayó por un dardo envenenado. Si bien pudo morder a algunos a través de la red, el veneno hizo efecto.
Sus patas cedieron completamente y su cuerpo quedó inmóvil, apenas respirando. Aun así, sus ojos blancos seguían abiertos, fijos en Vandal. Los Krahgar emitieron sonidos agudos, señales de victoria, mientras levantaban al lobo envuelto en redes.
Vandal lo vio.
Y algo dentro de él comenzó a romperse.
—No…
Un capitán Theryn lo golpeó de frente, haciéndolo retroceder varios metros. Cayó de rodillas, escupiendo sangre, su cuerpo al límite. Intentó levantarse, pero otro impacto lo obligó a apoyar una mano en el suelo.
—No…
Otros capitanes Krahgar se abalanzaron sobre Vandal, apuñalándolo con sus cuchillas de piedra y, aunque se los quitó de encima, ya estaba muy herido. Otros Theryn, con sus mazos, lo golpeaban en la espalda y el rostro repetidas veces.
Golpe tras golpe tras golpe.
Los Krahgar comenzaron a retirarse con Sombra, escoltados por los capitanes. Los Theryn cubrían la retirada, manteniendo a Vandal contenido. Era una ejecución perfecta.
—¡NO!
El grito no fue solo voz.
Fue algo más.
El suelo vibró levemente bajo su mano.
Sus ojos se tornaron de color verde y sus venas brotadas también brillaban con ese mismo color.
Su corazón latió con una fuerza que no había sentido antes. No como miedo, no como rabia descontrolada. Era otra cosa. Más profunda. Más clara.
Uno.
Dos.
Tres.
Cada latido más fuerte.
El mundo se ralentizó.
Los sonidos se distorsionaron.
Y entonces lo sintió.
El Kor.
No como un destello.
No como un impulso momentáneo.
Sino como un flujo completo, recorriendo cada parte de su cuerpo.
Sus venas brillaron aún más.
Verdes.
Intensas.
Sus ojos se alzaron lentamente.
Y ya no había duda.
Se levantó.
Un capitán Theryn intentó interceptarlo. Vandal saltó y desapareció entre los árboles. Apareció frente a él en un instante, cayendo con fuerza; su puño impactó con una precisión absoluta, destruyendo su defensa y lanzándolo contra un árbol.
No se detuvo.
Avanzó.
Cada movimiento era perfecto.
Un Krahgar saltó; Vandal lo interceptó en el aire y lo estrelló contra el suelo con una fuerza que quebró todo su cuerpo. Otro atacó por la espalda, pero Vandal giró sin mirar y lo derribó con un golpe seco.
No estaba peleando.
Estaba ejecutando.
Los capitanes retrocedieron por un instante.
Un solo instante.
Pero suficiente.
Vandal los atravesó.
Uno cayó.
Luego otro.
Y otro más, con golpes que los destrozaban; la sangre y las vísceras eran visibles.
En segundos, el cerco se rompió.
Pero Sombra ya no estaba allí.
Se lo habían llevado.
Vandal levantó la mirada hacia la dirección de su retirada. Sin dudarlo, avanzó. No caminó. Corrió. Atravesó la selva siguiendo el rastro, esquivando ramas, rompiendo raíces, ignorando el dolor de su cuerpo.
Hasta que llegó.
Un claro.
En el centro…
Ellos.
Los reyes.
El Rey Krahgar, más grande que los demás, con cicatrices que cruzaban su cabeza desproporcionada y sus ojos llenos de una inteligencia brutal. A su lado, el Rey Theryn, imponente, de brazos largos y piel endurecida, su presencia dominando el espacio.
Sombra estaba en el suelo.
Inmovilizado.
Apenas consciente.
Ambos reyes lo observaban.
No como presa.
Como amenaza.
Como algo que debía ser eliminado.
Vandal entendió en ese instante.
No era odio simple.
Era instinto.
Ambas especies odiaban a los lobos.
Los veían como algo que no debía existir en su territorio.
El Rey Krahgar dio un paso al frente.
Tomó una lanza.
La alzó.
Apuntó directo al pecho de Sombra.
Vandal estaba lejos.
Golpeado.
Herido.
Pero lo vio.
Y algo dentro de él explotó de nuevo.
No fue un movimiento normal.
Fue un salto.
Un impulso brutal que rompió el suelo bajo sus pies.
Una onda de expansión salió disparada en todas direcciones, levantando tierra, raíces y cuerpos. Krahgar y Theryn fueron lanzados contra los árboles cercanos, incapaces de resistir esa presión.
El aire se partió.
El tiempo se detuvo.
Y Vandal apareció.
En el centro.
Frente al rey.
Su rodilla impactó directo en el rostro del Rey Krahgar.
El golpe fue brutal.
Seco.
Definitivo.
El cuerpo del rey salió disparado, estrellándose contra un tronco que se quebró con el impacto.
El silencio cayó sobre el claro.
Vandal se quedó de pie, respirando pesado, sus ojos brillando intensamente.
El Kor… había despertado por completo.
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