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X-Colonus Vol. 1 Semillas de la Rebelión - Capítulo 49

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Capítulo 49: Llegada a la montaña quebrada

Al fin, después de acabar de comer y descansar como debe ser, Vandal y Sombra siguen su camino, explorando y evadiendo el sinfín de especies que quieren comer en la Selva Quebrada. El cuarto día llegó sin anunciarse. No hubo amanecer claro ni luz limpia. Solo una presión distinta en el aire, como si la selva misma estuviera observando.

Vandal avanzaba entre raíces gigantes y árboles deformes, con el cuerpo aún resentido, pero la mente más firme que nunca. Cada paso dolía… pero no se detenía. Después de todo, ya faltaba poco para verse con Anya y su objetivo cumplido, ya podría pertenecer a los Acracios y ayudar contra el régimen.

La Montaña Quebrada se alzaba frente a él, enorme, partida en dos como si algo la hubiera golpeado desde el cielo. Era el centro de la Selva Quebrada. El lugar donde todo convergía. El punto donde todo terminaba… o comenzaba.

Sombra caminaba a su lado, más grande, más pesado, más presente. Sus ojos blancos recorrían el entorno, pero su cuerpo estaba tenso. Aquí… todo era distinto. El aire pesaba más y el silencio era más profundo.

Vandal dio un paso más… y se detuvo. No estaba solo. —“Sabía que llegarías.” La voz salió desde lo alto de una roca. Anya descendió con movimientos precisos, ligeros… pero seguros.

No sonreía. No parecía sorprendida. Solo lo observaba. Sus ojos recorrieron el cuerpo de Vandal: las heridas, la postura, la respiración. Evaluándolo con calma, como si midiera cada cambio.

—“Sobreviviste.” Vandal sostuvo la mirada. —“Tenía que hacerlo.” Un breve silencio se formó. El ambiente quedó suspendido entre ambos.

Un sonido… metálico. Lejano. Constante. Sombra gruñó bajo. Anya giró apenas la cabeza, su expresión endureciéndose. —“Eso no pertenece a este lugar…”

Vandal también lo sintió. No era la selva. No era una criatura. Era otra cosa. Algo ajeno. Pero no dijo nada, porque en ese instante… lo entendió.

Todo lo que había pasado: la batalla con los reyes, el dolor, el desgaste, el Kor descontrolado. Cerró los ojos por un segundo. Su respiración se estabilizó. Luego los abrió.

—“Ahora lo entiendo.” Anya lo observó en silencio. —“El Kor no es para usarlo siempre… es para decidir cuándo usarlo.” Su puño se cerró lentamente, esta vez… sin temblar.

“Soy fuerte.” “Pero no lo suficiente.” Sombra lo miró. —“Y eso… lo voy a cambiar.” El sonido metálico volvió a escucharse a lo lejos, más cercano y constante.

Pero algo más lo interrumpió. Un crujido profundo y pesado. El suelo vibró levemente. Sombra se tensó de inmediato, su pelaje se erizó.

Anya no se movió, pero su mirada cambió. Los árboles frente a ellos… se abrieron. No por viento, sino por fuerza. Algo avanzaba. Algo grande. Muy grande.

Un brazo emergió primero, cubierto por placas duras y segmentadas… como un caparazón. Luego el otro. El cuerpo completo se abrió paso entre los árboles, arrancándolos sin esfuerzo. Vandal no se movió.

Lo vio. Un gorila… pero no lo era. Su tamaño superaba todo lo que había enfrentado. Su espalda estaba cubierta por una coraza natural, como la de un armadillo, gruesa, marcada y resistente.

Sus brazos eran largos y pesados… diseñados para destruir. Sus ojos… no eran salvajes. Eran conscientes. Inteligentes. El Brontax macho.

El aire cambió por completo. No hubo rugido. No hubo movimiento innecesario. Solo presencia. Dominio absoluto. Sombra dio un paso atrás sin darse cuenta.

Anya dejó de mirar a Vandal, sonriendo levemente. —“Si tú despertaste el Kor… podrías vencerlo.” Vandal… sonrió apenas. —“Así que eres tú… volvemos a vernos, aunque tú eres más grande.”

El Brontax inclinó apenas la cabeza, observándolo y midiéndolo. No lo atacó. Lo reconoció. El silencio entre ambos fue más pesado que cualquier golpe.

Vandal dio un paso al frente. Su cuerpo aún dolía, sus músculos aún gritaban, pero su mirada… era firme. —“Perfecto.” Su respiración cambió lentamente.

El Kor… no explotó. Pero se plantó firmemente ante el Brontax, con toda la confianza encima. Después de todo, habían derrotado a dos reyes de dos especies. Sus ojos se encendieron con una luz verde intensa.

Sus venas ahora tenían formas más simétricas, no tan ramificadas. Por primera vez… a voluntad, lo despertó. —“Ahora sí…” El Brontax se inclinó ligeramente hacia adelante.

Sus garras se clavaron en la tierra y el suelo se agrietó bajo su peso. Sus ojos se fijaron en Vandal. Y por primera vez… mostró intención de pelear.

Sus miradas se cruzaron y el ambiente se volvió pesado entre estos tres alfas. Sombra se preparó para el ataque, tenso y listo. La quietud estaba lista para romperse.

Vandal apretó el puño. —“Mira, Anya… lo que he logrado.”

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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