X-Colonus Vol. 1 Semillas de la Rebelión - Capítulo 54
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Capítulo 54: Confianza
Vandal respondió: “Ustedes ya tienen líderes y son muy fuertes, no me necesitan.” El viento movía las hojas con un sonido constante, pero ahora había algo más… presencia. No estaban solos. Anya lo notó también, sus ojos recorriendo las sombras entre los árboles. Sombra se mantenía alerta, pero sin atacar.
“Nos están observando,” murmuró Anya en voz baja. Vekkar asintió levemente. “Sí… Krahgar.” Vandal no reaccionó, pero lo entendió. No era una amenaza inmediata… eran otros Krahgar.
Cuando Anya volvió a mirar a Vandal, esta vez con más detenimiento, sus heridas ya no eran lo que debían ser. Lo sabía.
“Deberías estar peor,” dijo sin rodeos.
Vandal bajó la mirada hacia sus manos. Aún había marcas, pero no como las recordaba. Cerró el puño lentamente.
“Lo estaba, la verdad pensé que moriría.”
Anya frunció el ceño. “Ese Brontax… es letal, nunca había visto a uno pelear.”
Vandal asintió. “Su cuerpo… era como golpear piedra viva.” Hizo una pausa breve. “Mitad armadillo… mitad gorila. Su caparazón absorbía mis golpes… y los devolvía.”
Anya lo escuchaba con atención.
“Entonces, ¿por qué sigues de pie?”
Vandal exhaló lentamente. “No debería, tampoco lo ayudé a escapar de las naves que se lo llevaron.”
El viento sopló con más fuerza entre las ramas.
“Cada golpe que le di… rompía algo en mí. Huesos. Músculos. Todo.”
Anya entrecerró los ojos. “Lo noté… pero no colapsaste.”
Vandal levantó la mirada.
“Porque el Kor me sostenía.”
“No evitaba el daño… lo retrasaba,” explicó. “Era como si mi cuerpo se rompiera… pero no al mismo tiempo.”
Anya procesó sus palabras.
“Entonces peleaste… con el cuerpo destruido.”
“Sí.”
Una pausa más.
“Y cuando terminó… todo llegó al mismo tiempo.”
Anya bajó ligeramente la mirada.
“Por eso caíste.”
Vandal asintió. “Tres días…” murmuró. “Eso debería tomar meses.”
Anya lo miró con más seriedad ahora.
“Eso no es solo resistencia… eso es algo más, ahora puedes proteger tus extremidades y regenerarlas.”
Vandal no respondió. Sabía que tenía razón.
Sombra se movió entonces, bajando de la rama donde estaba y acercándose a ellos. Su presencia era distinta. Más pesada. Más firme.
Anya lo observó detenidamente.
“Creció el cachorro.”
Vandal lo miró también.
No era solo percepción. Sombra era más grande. Su estructura había cambiado. Más musculoso. Más sólido.
“Sí,” respondió.
Anya se acercó un poco más, analizándolo.
“Nunca había visto un perro así, no es un perro común.”
Vandal negó levemente.
“No lo es.”
Sombra levantó la cabeza, orgulloso, dejando ver sus colmillos.
“Pasó en la selva,” dijo Vandal. “Después de algunas peleas.”
Anya cruzó los brazos.
“¿Cuáles?”
Vandal pensó un instante.
“Una fue contra la bestia que vimos cuando llegamos, el Rukhar.”
“Y otra… la Arakthra, la cual tuvimos que comer.”
Anya lo miró con más interés.
“Ambos son depredadores de alto nivel.”
Vandal asintió.
“Sombra luchó conmigo… y sobrevivió.”
Anya entendió.
“No solo sobrevivió…” dijo en voz baja. “Evolucionó.”
Sombra gruñó suavemente, como si entendiera.
El silencio volvió, pero fue interrumpido por Vekkar, que había permanecido atento todo el tiempo.
“Debemos irnos.”
Vandal lo miró.
“¿A dónde?”
Vekkar dio media vuelta, señalando hacia lo profundo de la selva.
“Nuestro hogar.”
Anya frunció el ceño.
“¿Ahora?”
“Sí.”
Vekkar miró hacia los árboles.
“Ellos esperan.”
Vandal no dudó.
“Vamos, soy responsable por herir a tu líder, supongo que lo correcto es ayudarles. Después de todo, el régimen debe alejarse de aquí.”
Descendieron de la copa del árbol con rapidez. El suelo se sentía distinto después de días en altura.
Vekkar avanzaba sin hacer ruido, moviéndose con naturalidad entre la vegetación. Vandal lo seguía de cerca, mientras Anya y Sombra cubrían los flancos.
El camino no era claro. Pero Vekkar no dudaba.
Mientras avanzaban, los ojos aparecían.
Entre ramas. Entre sombras.
Krahgar.
No atacaban. Solo observaban.
Algunos retrocedían al ver a Anya. Otros gruñían levemente al ver a Vandal. Pero ninguno se acercaba.
“Te temen,” murmuró Anya.
Vandal no respondió.
Vekkar sí.
“No… temen a lo que eres, ellos te vieron pelear contra los reyes de ambos clanes y ganaste, eso nos honra.”
La selva cambiaba.
Más tensión.
Finalmente, llegaron.
Un claro enorme se abrió entre los árboles. Estructuras naturales formadas por raíces, troncos y piedra. Era territorio Krahgar.
Decenas de ellos estaban ahí.
Algunos heridos. Otros armados. Todos alertas.
Cuando Vandal y Anya aparecieron, el silencio fue inmediato.
Las miradas se clavaron en ellos.
Hostilidad. Miedo. Odio.
Vekkar avanzó primero, levantando una mano.
“Ellos… no son enemigos.”
Un gruñido recorrió el lugar.
Un Krahgar más grande dio un paso al frente.
“No confiamos,” dijo en su idioma, solo Vekkar entendía.
Vekkar no retrocedió.
“Yo sí confío.”
Entonces, un movimiento al fondo.
Todos se apartaron.
El rey Krahgar apareció.
Su cuerpo era imponente… pero estaba herido.
Vendajes improvisados cubrían su torso. Su respiración era pesada.
Sus ojos se posaron directamente en Vandal.
Reconocimiento había en su mirada.
Vandal no se movió.
Sabía quién era.
Sabía lo que había hecho.
El rey dio un paso al frente.
El suelo crujió bajo su peso.
El silencio se volvió absoluto.
La guerra… aún no había comenzado.
Pero ya estaba ahí.
Ahora deben arreglar el cómo se van a unir para poder pelear contra el régimen. Con ello, ahora Vandal no está solo, probablemente ahora tiene aliados contra el régimen. En la selva quebrada, pronto las muertes estarán atadas a la búsqueda de algo que el régimen no ha encontrado.
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