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X-Colonus:Semillas de la Rebelión - Capítulo 47

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  3. Capítulo 47 - 47 El último de su especie
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47: El último de su especie 47: El último de su especie El aire temblaba.

Era Vandal.

Su respiración era rápida, como si todo su cuerpo estuviera acelerado por primera vez.

Las venas verdes recorrían su cuello, brazos y pecho, brillando con intensidad.

Ya no era furia desbordada… era furia dirigida.

Los dos reyes lo entendieron al mismo tiempo.

No hubo duda, no hubo titubeo.

Atacaron juntos, como si compartieran un solo pensamiento.

El Theryn avanzó con su escudo como una muralla viva.

El Krahgar desapareció del suelo, elevándose con sus cuchillas listas para matar.

El ataque era perfecto, coordinado y mortal.

Pero Vandal se adelantó.

Con un salto usó sus dos pies y golpeó el escudo del Theryn nuevamente, tan fuerte que una onda recorrió el lugar.

El escudo del Theryn se había roto en pedazos.

Mientras el Theryn se levantaba por cómo salió disparado por el golpe, Vandal volvió hacia él impactando la planta de su bota contra la corteza de un árbol.

El impacto partió gran parte del tronco.

Su puño se cerró con violencia contenida.

Golpeó.

No fue un sonido, fue una explosión.

El cuerpo del Theryn salió disparado, atravesando raíces y piedra.

Al mismo tiempo, Vandal inclinó la cabeza y dejó que las cuchillas del Krahgar rozaran su piel.

Sus ojos no parpadearon; ya había leído el movimiento atrás suyo.

Giró y lanzó un golpe descendente hacia la cabeza del Krahgar.

Comprimió el aire a su alrededor.

El cuerpo del rey se dobló hasta quedar en el suelo enterrado.

Cayó con fuerza contra el suelo, levantando tierra y fragmentos de roca.

El claro quedó en silencio por un instante.

Ambos reyes estaban en el suelo al mismo tiempo.

Vandal caminó hacia ellos sin prisa, con pasos firmes.

El Theryn intentó levantarse, pero Vandal lo sujetó del rostro y lo estrelló contra la tierra.

El suelo se abrió bajo el impacto.

El Krahgar rugió y se lanzó otra vez con furia pura.

Pero Vandal ya estaba ahí, esperando.

Lo interceptó cuando se abalanzó sobre él, lo sujetó y lo lanzó con violencia contra el Theryn.

Los dos cuerpos chocaron con brutalidad.

Esta vez no hubo respuesta inmediata.

No hubo contraataque.

Solo silencio y respiración pesada.

Vandal permaneció de pie, con el brillo en sus venas comenzando a apagarse lentamente.

Entonces, se movieron.

Los dos reyes se levantaron.

Lentos, heridos, pero firmes.

Caminaron hacia Vandal sin intención de atacar.

El Rey Theryn bajó la cabeza, el Rey Krahgar golpeó el suelo con el puño.

Era una señal clara.

Habían perdido.

Era respeto.

Vandal no habló, solo respiró.

Su mirada se suavizó apenas cuando vio a Sombra, a salvo, cuidándolo.

Ya no era el mismo lobo.

Su cuerpo había crecido, más ancho, más fuerte, con una presencia que imponía incluso sin moverse.

Su pelaje parecía más denso y sus ojos más intensos.

Cada paso que daba dejaba una marca más profunda en la tierra.

Los reyes lo observaron con atención.

Pero no atacaron, no lo vieron como presa.

El ambiente cambió.

Las tribus comenzaron a moverse sin hostilidad.

Trajeron carne, raíces y frutas oscuras.

Para ellos era muy importante honrar a los buenos guerreros, y si ven que alguna especie es formidable en combate, no dudan en dar respeto.

Así que pararon la pelea y llevaron comidas y bebidas.

Era una ofrenda, un reconocimiento.

Vandal se sentó y comenzó a comer.

Mientras Sombra devoraba a su lado.

Un pequeño Krahgar se acercó.

Era diferente, cabezón, con brazos y piernas cortas, y un rostro extraño.

Sus ojos, sin embargo, estaban llenos de inteligencia.

Se detuvo frente a Vandal y habló con claridad.

“Tú… humano.

Yo… Vekkar.” Vandal lo miró con atención, sorprendido.

“¿Hablas mi idioma?” “Aprender.

Observar.

Humanos… interesantes.” Vekkar dio un paso más, curioso.

“¿Hay más como tú?” Vandal asintió lentamente.

“Sí.

Muchos.” Los ojos de Vekkar se abrieron con interés.

“Entonces… ¿por qué no vienen?” Vandal tomó un trozo de carne antes de responder.

“Porque allá afuera hay tecnología, armas… pero aquí ustedes son más fuertes.

El régimen prefiere no entrar.” Vekkar asintió, comprendiendo.

“Aquí… la selva manda.” Luego miró a Sombra.

“Ese no es normal.” Vandal bajó la mirada hacia el lobo.

“Lo sé.” Vekkar sonrió levemente.

“Lobos gigantes… antiguos depredadores.

Nos cazaban.

Nos comían.

Krahgar y Theryn… juntos los extinguieron.” Hizo una pausa, observando a Sombra.

“Pero ese… sobrevivió.” Sombra gruñó suavemente.

“Es el último.” Vekkar inclinó la cabeza.

“¿Por qué crece?” preguntó Vandal.

“Porque así sobreviven.

Cada vez que están al borde de morir… vuelven más grandes.

Más fuertes.” Sus ojos brillaron con emoción.

“Esa raza… evoluciona en combate.” Vandal guardó silencio, procesando.

Vekkar continuó.

“La selva quebrada los mantiene vivos.

Sin sol, húmeda, aire puro.

Afuera… el aire sucio debilita.

Aquí… somos fuertes.” Los reyes observaban en silencio.

El Theryn habló con voz grave, en su idioma, mientras Vekkar traducía.

“Tu poder… ¿qué es?” Vandal levantó la mirada.

“Adrenalina.

El cuerpo al límite.” El Krahgar soltó un leve gruñido.

“Entonces… eres como nosotros.” Vandal negó con calma.

“No.

Yo decido cuándo parar.” El silencio cayó entre todos.

Entonces, un sonido rompió el momento.

En la lejanía de la selva se veían algunas aves huyendo de algo, pero no les sorprendió tanto y siguieron comiendo.

Vandal, impresionado por el giro de todo, pensó que era una experiencia que al parecer solo él había vivido.

El muro de X-Colonus encierra a muchas especies que hasta ahora no se conocen.

Mientras tanto, en algún lugar de la Selva Quebrada, un rugido metálico atravesó el lugar.

El suelo vibró con fuerza.

Todos giraron la mirada.

Los árboles comenzaron a caer.

No por golpes, sino por ácido que los consumía.

El aire se llenó de vapor y olor corrosivo.

Luces artificiales rompieron la oscuridad.

Vehículos gigantes avanzaban destruyendo todo a su paso.

Armaduras pesadas descendían, y grandes jaulas eran transportadas.

No venían a observar.

Venían a cazar.

Tanques y artillería pesada venían con intenciones muy claras.

Algunos soldados disparaban dardos tranquilizantes a Rukhars despistados, cachorros.

En ese momento llegó la madre de los cachorros, el temible Rukhar hembra, pero una armadura gigante lanzó su mano mecánica y apretó con fuerza a la criatura, metiéndola en una jaula.

De un tanque bajaron dos Exterminadores.

—Ahora sí es hora de cumplirle al presidente Zack.

A lo que la otra silueta contestó: —La Selva Quebrada y todos los puntos muertos son parte de X-Colonus y serán reclamados, Dax.

Ahora Vandal y Sombra no solo debían lidiar con la Selva Quebrada.

También tendrían que enfrentarse a sus primos Ren.

Los Exterminadores estaban en la Selva Quebrada.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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