¿Y SI TE MUESTRO MI LADO OSCURO? - Capítulo 8
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- Capítulo 8 - 8 Capítulo 8 LUCHA POR EL CONTROL
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8: Capítulo 8: LUCHA POR EL CONTROL 8: Capítulo 8: LUCHA POR EL CONTROL Los dos lobos se lanzan el uno al otro con ferocidad.
Los aullidos resuenan en la noche, llenando el espacio con una mezcla de rabia y desafío.
Selene siente el pulso de la lucha; es visceral, cruda y llena de instinto animal.
Pero su mente está fija en otra cosa: solo aguarda pacientemente; sabe que tendrá otra oportunidad para ver el pecho del hombre cuando esta lucha salvaje llegue a su fin.
La pelea entre los dos lobos continúa con movimiento rápidos y ágiles.
Kiran intenta usar su agilidad para esquivar los ataques brutales de su padres; sin embargo, el coloso es imponente, cada golpe parece tener un peso abrumador.
Selene observa con creciente inquietud mientras el padre toma control del enfrentamiento.
El momento culminante llega cuando el lobo mayor atrapa a Kiran con una zancada poderosa, haciéndolo caer al suelo con un estruendo que resuena en el pecho de Selene.
Un estremecimiento recorre su cuerpo; ese despliegue de poder es hipnotizante, casi como si la tierra misma tembara ante la fuerza del lobo.
—¡Ugh!
—susurra.
<<¡Oh…
por la Diosa!>> su expresión de asombro se congela al presenciar el tremendo golpe final <<Con ese putazo de seguro no quedarán rastros del hechizo, y eso que no era tan fuerte como esperaba>> piensa mientras sus ojos se aferran a la escena.
El lobo gigante mantiene a Kiran bajo su control, sus ojos destilan una mezcla de desafío y autoridad que corta el aire.
Selene siente una confusión abrumadora: por un lado, una profunda admiración por la fuerza indomable del hombre; por otro, la frustración que crece en su interior al no poder vislumbrar lo que tanto anhela.
La espera se torna insoportable, un nudo en su estomago que parece apretar más con cada segundo que pasa De repente, esa tensión se disipa en un instante desgarrador cuando kiran, exhausto y derrotado, se rinde ante su padre.
Con un último aullido que resuena en el aire nocturno, el padre de Kiran comienza a alejarse, aún en su forma lobuna.
Selene observa cómo el hombre da unos pasos vacilantes antes de transformarse nuevamente en humano, dándole la espalda.
Este gesto aumenta la inquietud que se agita en el pecho de Selene, como un eco de desesperación.
Pero no está dispuesta a dejarlo escapar tan fácilmente.
Con cada paso que el lobo da hacia la oscuridad, siente cómo la adrenalina recorre su cuerpo como una llama ardiente, encendiendo su determinación.
Su corazón late con fuerza; es un llamado a la acción.
Selene avanza, decidida a enfrentar lo que sea necesario, la noche se vuelve testigo de su resolución mientras el viento acaricia su rostro, llevándose consigo sus miedos y dudas.
No hay marcha atrás; esta es su oportunidad.
Cuando finalmente se acerca al hombre y él se gira, una ola de decepción la inunda al observar que no hay un tatuaje en su pecho, aquel símbolo que ha estado buscando con tanta desesperación.
Sus esperanzas se desvanecen como humo en el aire.
Con un esfuerzo sobrehumano, Selene trata de ocultar su decepción.
Sin decir una palabra, da un paso atrás, sintiendo cómo el peso de la frustración amenaza con aplastarla.
Su mente corre velozmente, buscando una forma de salir de esta situación sin mostrar lo que realmente siente.
—No…
—murmura casi para sí misma, mientras gira ligeramente hacia el camino que conduce a Kiran —Debo encontrarlo.
El hombre la observa con curiosidad y desconfianza, pero ella ya no tiene tiempo para explicaciones.
La necesidad de llegar hasta Kiran se convierte en su única salida.
Sin mirar atrás, comienza a alejarse rápidamente, dirigiéndose hacia donde se encuentra Kiran aun tendido en el suelo ya con muchas personas a su alrededor.
Cada paso que da está lleno de determinación y miedo al mismo tiempo.
La noche parece cobrar vida a su alrededor; los árboles susurran y las sombras juegan a esconderse entre las ramas.
El silencio que la sigue es abrumador.
Selene se detiene un instante, su corazón late con fuerza en su pecho, como si estuviera esperando una respuesta que no llega.
Se acerca más, cada paso más cauteloso que el anterior, sintiendo la humedad del suelo y el frío de la noche calando en sus huesos.
A medida que Selene se abre paso entre la multitud, su corazón late con fuerza.
Al llegar a su destino, se detiene ante Kiran, quien yace en el suelo desnudo, cubierto apenas por una pequeña bata que deja al descubierto su vulnerabilidad y mucho a la imaginación.
La imagen provoca una incomodidad en Selene; no solo por la situación, sino por el peso del momento.
Su cuerpo está inmóvil, y aunque su respiración es agitada, parece atrapado en un profundo letargo.
Selene se agacha a su lado, dudando un instante antes de extender su brazo hacía él, moviendolo sutilmente, mientras siente la tensión en el aire.
—Kiran…
—dice fingiendo una voz temblorosa —Estoy aquí…
¿Estás bien?
Sus ojos recorren el entorno: hojas marchitas, ramas quebradas esparcidas por el suelo, y una extraña marca revela el fuerte impacto de la lucha que acaba de ocurrir.
La escena está impregnada de un silencio inquietante.
—Ele…
—murmura Kiran con voz apagada, como si despertara de un profundo sueño.
Selene siente un desconcierto repentino al escuchar palabra o quizás un nombre.
¿Que significa Ele?
O ¿Quién es?
Pero no tiene tiempo para divagar; la atención regresa rápidamente a Kiran cuando él comienza a abrir los ojos.
—Menos mal despertastes —exclama Selene, tratando de aliviar la tensión con sarcasmo —Estaba a punto de darte unas cuantas cachetadas para que reaccionaras.
Su broma provoca algunas risas entre los presentes, pero ella los ignora; en el fondo, la idea de golpearlo estaba taladrando su mente.
Kiran intenta incorporarse, pero su cuerpo parece pesado y débil.
Selene observa a su alrededor hasta que encuentra un rostro familiar: el hombre de los recados.
Aunque desconfia y desprecia a la mayoría de los presentes de los que la rodean, decide dejar esos pensamientos de lado por unos segundos.
—Oye, ¿podrías ayudarme a levantarlo?
—le pregunta al hombre, esperando una respuesta que le permita actuar con rapidez.
El hombre asiente, y en un instante se inclina para ayudar a Selene a levantar a Kiran.
Juntos, logran que él se siente, aunque su expresión sigue siendo de confusión y debilidad.
—¿Qué pasó?
—pregunta Kiran entre jadeos.
Selene mira hacía atras donde había estado el hombre y luego hacia Kiran nuevamente recordando el hechizo; es muy probable que no recuerde nada y se quede en su subconciente.
—No te preocupes…
Te llevaré de vuelta a tu habitación para que descanses.
Sin embargo, el hombre la interrumpe antes de que pueda hacer cualquier movimiento.
—Espera un momento —dice con firmeza —No pueden irse aún.
La reunión no ha terminado, y es obligatorio que todos estén presentes.
Selene siente cómo la frustración burbujea dentro de ella.
Mira a Kiran, quien se aferra a su brazo con una mirada perdida.
La idea de permanecer en esa situación incómoda le resulta insoportable.
—¿Por qué tenemos que quedarnos aquí?
—protesta Selene, su voz cargada de descontento —Él necesita descansar.
Usa a Kiran como excusa para poder escapar.
El hombre la mira con seriedad.
—Lo sé, pero no puedo hacer excepciones.
Todos deben estar aquí hasta que se tome la decisión final.
Resignada, Selene suelta un suspiro profundo.
Acepta la realidad de la situación aunque le hiera el orgullo.
—Está bien —responde con desdén, aunque su mirada se suaviza al rato —Solo…
solo espero que esto termine pronto.
De verdad quiere que ya todo esto termine.
Mientras el hombre se coloca detrás de Kiran para brindarle apoyo y ayudarlo a mantenerse erguido, Selene siente cómo el peso de la incertidumbre lastra sus hombros.
Se ve obligada a permanecer en medio de esta multitud indiferente, esperando que la reunión llegue a su fin.
El tiempo pasa lentamente, y Selene se siente cada vez más incómoda mientras observa cómo el ambiente a su alrededor se va llenando de murmullos.
Después de un rato, el padre de Kiran regresa, su expresión seria y preocupada.
Al instante, todos comienzan a congregarse en torno a la fogata, como si una fuerza invisible los obligara a reunirse en aquel punto central.
Selene, aunque reticente, se ve arrastrada a hacer lo mismo.
El fuego chisporrotea y lanza destellos de luz que iluminan los rostros tensos de los presentes.
El padre de Kiran se pone en medio de todos, con una voz clara y autoritaria, llama la atención del grupo.
—Como ya saben —comienza —estas últimas semanas no han sido buenas para nosotros.
Hemos perdido a muchos de nuestros hombres.
Las palabras resuenan en el aire, y Selene siente un escalofrío recorrerle la espalda.
Se esfuerza por escuchar con atención, tratando de entender la gravedad de la situación.
Su mente vuela a la idea de enfrentamientos y conflictos que podrían haber llevado a esa pérdida.
—La tensión ha ido en aumento…
—continúa el hombre —Y necesitamos unir fuerzas si queremos salir adelante.
No podemos permitir que esto nos divida más.
Selene observa las reacciones de los demás.
Algunos asienten con solemnidad, mientras que otros intercambian miradas preocupadas.
Sus enfrentamientos no solo afectan a los hombres en el campo, sino también familias y seres queridos.
La atmósfera es densa; cada palabra del hombre parece cargar mucha ira que todos sienten.
A medida que el hombre habla, Selene siente su mirada sobre ella de vez en cuando, una mezcla de desconfianza y evaluación que la incomoda profundamente.
Él continúa con su discurso, su voz firme y decidida.
—Para fortalecer nuestra manada, todos tenemos la misión de reclutar —dice con intensidad —Debemos dañar e influenciar aquellas mentes débiles para persuadirlas de dejar su actual manada y unirse a nosotros.
Las palabras caen pesadas sobre Selene, desconcertándola por completo.
Un profundo desacuerdo burbujea en su interior; no puede creer lo que está escuchando.
Pero lo que no sabe es que eso es solo la mitad del plan.
Darling_Yuli
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