Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

yahiko de akatsuki - Capítulo 11

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. yahiko de akatsuki
  4. Capítulo 11 - 11 capitulo 11
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

11: capitulo 11 11: capitulo 11 CAPÍTULO 11 La lluvia de Amegakure caía de forma más suave esa mañana, como si el cielo quisiera dar un respiro a los tres jóvenes que, sin saberlo, estaban dando sus primeros pasos hacia algo que alteraría el destino de todo el continente.

El refugio estaba silencioso, apenas iluminado por unas lámparas de aceite que Konan había reparado con delicadeza.

Era temprano.

Demasiado temprano para entrenar.

Pero Yahiko no había dormido.

Y no era para menos.

El vendaje sobre su ojo izquierdo ardía con un calor pulsante, como si un chakra ajeno tratara de fusionarse con su cuerpo a la fuerza.

Era una sensación incómoda, a veces dolorosa, pero también… poderosa.

Un recordatorio de que, la noche anterior, había cruzado una línea que jamás pensó cruzar.

Había tomado el Byakugan.

No por ambición.

No por vanidad.

Sino para sobrevivir.

Para protegerlos.

Ahora debía aprender a usarlo antes de que ese poder lo consumiera Yahiko estaba sentado al borde de la cama, respirando hondo, sintiendo cómo la energía del Byakugan pulsaba en su cuenca izquierda, como un latido extraño.

Sabía que aún no debía abrirlo del todo; Naori había insistido en que el primer uso verdadero sin guía podría desgarrarle los nervios del rostro o fracturarle el cráneo.

Pero Yahiko era impaciente.

Valiente.

Terco.

Y estaba asustado… aunque nunca lo admitiría en voz alta.

Un golpe suave resonó en la puerta.

—¿Puedo pasar?

—la voz tranquila de Konan.

—Sí —respondió él, intentando sonar normal.

La puerta se abrió, dejando entrar a Konan con el cabello aún húmedo y una toalla sobre los hombros.

Traía una taza caliente entre las manos.

—Es té de jengibre —dijo, dejándola a su lado—.

Naori dice que te ayudará con el dolor.

—¿Desde cuándo escuchamos consejos de un ninja capturado?

—preguntó Yahiko con media sonrisa Konan lo miró como solo ella sabía mirarlo: mezclando preocupación con un cariño que nunca expresaba directamente.

—Desde que ese ninja capturado decidió quedarse… por ti.

Yahiko no supo qué responder.

Tomó la taza y bebió un sorbo.

Konan se sentó a su lado.

—¿Duele mucho?

—Como si tuviera una tormenta dentro del cráneo —bromeó.

Ella no rió.

—No tienes que fingir conmigo —dijo Konan suavemente.

El Hyūga levantó la mirada.

Sus lágrimas se mezclaban con la lluvia.

—No soy yo quien está fingiendo —respondió él—.

Es este ojo.

No es mío.

Aún no.

Konan lo miró fijamente.

—Lo será.

Todo lo que tomas para protegernos termina siendo parte de ti.

Es lo que te hace especial.

Una parte de Yahiko se calmó con esas palabras.

Otra se tensó, recordando lo que venía Se oían pasos firmes acercándose por el pasillo.

No eran los pasos ligeros de Nagato ni la suavidad silenciosa de Konan.

Eran pasos medidos, disciplinados, propios de alguien que había vivido entre entrenamiento, rigidez y expectativas inhumanas.

Naori Hyūga apareció en la puerta.

Aún llevaba el uniforme marrón oscuro que Konan le había cosido para reemplazar el de Konoha, pero mantenía el porte y la postura de un jōnin de élite.

Sus ojos blanquecinos, sin pupilas, se fijaron inmediatamente en Yahiko —Ya es hora —dijo con voz firme, casi fría—.

Si no comienzas a entrenar hoy, el chakra residual del Byakugan podría dañar tus vías internas permanentemente.

Konan frunció el broche.

¿Y no deberías ser un poco más delicado?

Lo obligaste a arrancarte un ojo ayer.

Naori respondió sin dudar: —No me obligó.

Elegí vivir.

Silencio.

Naori se borró ligeramente, como si la palabra “vivir” pesara en su lengua.

—Yahiko —continuó—.

Tenemos mucho trabajo.

Yahiko dejó la taza, se puso de pie y respiró hondo.

—Bien.

Empecemos.

Konan se levantó también.

—Si pasa algo… —Me tendrás a tu lado —dijo Yahiko sonriendo.

Konan apenas sonrió… pero esa leve curva le devolvió la fuerza.

Yahiko salió hacia el patio interior.

La mañana apenas había empezado.

Y su nuevo camino también Naori lo llevó al centro del patio, un espacio rectangular hecho de concreto mojado, rodeado de muros altos con grietas.

Konan se quedó observando a distancia.

Nagato estaba un poco más lejos, sentado en una roca, con los ojos cerrados, concentrando su chakra.

—Antes de activar tu nuevo ojo, hay algo que debes entender —dijo Naori, tomando posición frente a él—.

El Byakugan no es un simple dōjutsu.

No es un arma.

No es una herramienta.

Hizo una pausa.

—Es una forma de ver el mundo.

Yahiko arqueó una ceja.

—¿Y qué significa eso exactamente?

Naori comenzó a caminar lentamente a su alrededor.

—Ves los caminos del chakra.

Ves las intenciones.

Ves las mentiras.

Ves la estructura interna de cada ser vivo… como si fueran transparentes.

Y cuando ves tanto… el mundo puede volverse abrumador.

Yahiko sintió un escalofrío.

—Entonces solo tengo que aprender a manejarlo.

—No.

—Naori lo corrigió con dureza—.

Debes aprender a no perderte en él Naori levantó un dedo y lo apuntó al vendaje en el ojo de Yahiko.

—Voy a retirar la protección.

Cuando abras el Byakugan por primera vez, el flujo será brutal.

Tu cerebro intentará procesar información que jamás estuvo diseñada para recibir.

—Subestimarme no te queda bien, Naori.

—Advertirte tampoco —respondió el Hyūga.

Quitó el vendaje lentamente.

El aire frío golpeó la piel sensible de su ojo.

Yahiko sintió un dolor puntual, como pinchazos bajo la ceja.

Naori retrocedió un paso.

—Muy bien.

Escúchame cuidadosamente.

No abras el ojo izquierdo del todo.

Primero… respira.

Deja que el chakra fluya.

Siente su presencia sin forzarlo Yahiko cerró ambos ojos.

Inhaló.

Exhaló.

Buscó la corriente de energía.

Y ahí estaba.

Un filamento delgado, ajeno, como un río que buscaba conectarse con él.

Lo sintió subir por el cuello, rodear el oído izquierdo, pulsar en el párpado.

—Hazlo —ordenó Naori.

Yahiko abrió los ojos.

O mejor dicho… abrió el mundo .

Todo se iluminó.

El patio, Konan a la distancia, Nagato sentado, el chakra fluyendo por su espina dorsal, las gotas de lluvia cayendo en líneas curvas, la respiración de Naori vibrando en puntos de luz dentro de su pecho.

Yahiko sintió que el universo entero explotaba dentro de su cabeza.

—¡AGH!

—gritó, levantando una mano al frente— ¡Mierda…!

Cayó de rodillas.

Konan dio un paso adelante, alarmada, pero Naori la detuvo levantando una mano.

—Es normal —dijo sin emoción alguna—.

Si no duele, no está funcionando.

Yahiko temblaba.

Veía demasiadas cosas a la vez.

Cada chakra era un color.

Cada color tenía un movimiento.

Cada movimiento tenía un ritmo.

Y cada ritmo tenía una intención.

Demasiado.

Era demasiado.

—Cierra el ojo izquierdo —ordenó Naori con tono firme.

—N-no… todavía… —gruñó Yahiko.

¡Ciérralo!

Yahiko obedeció.

Oscuridad.

Paz.

Silencio.

Respiró.

Trató de recuperar el equilibrio.

—Tu cuerpo tardará semanas en aceptar la nueva visión —explicó Naori—.

Intentarlo por más de unos segundos puede destruirte los nervios ópticos.

Konan corrió hacia él y lo detuvo.

—Yahiko, no tienes que forzarlo tanto desde el principio.

Yahiko, aún sudando, sonrió —Estoy bien… —mintió.

Nagato abrió los ojos, preocupado.

Naori cruzó los brazos.

—Otra vez.

—¿Qué?

—preguntó Konan molesta.

—Si no se expone rápidamente, no aprenderá.

Su cuerpo debe acostumbrarse.

Su chakra también.

Yahiko tragó saliva.

—Hazlo —dijo.

Konan lo miró con angustia… pero no lo detuvo.

Yahiko volvió a abrir el Byakugan.

Esta vez, intentó concentrarse en un solo punto: Naori.

El Hyūga era pura calma.

Su chakra era estable, elegante, una corriente que fluía como un río suave.

Yahiko intentó imitar ese ritmo, controlando su respiración para sincronizarse.

Pero entonces vio algo más.

Había un punto extraño en el cuello de Naori, como una marca oscura en su flujo vital.

—Naori… —jadeó Yahiko—.

¿Por qué… hay una herida en tu cuello…?

Naori dejó de respirar por un segundo.

Incluyó un gesto de sorpresa que ni siquiera Konan captó —Eso… —susurró lentamente—.

Es la cicatriz interna del sello del pájaro enjaulado… eliminado por Nagato.

Nagato apartó la mirada, incómodo.

Yahiko cerró los ojos.

—Puedo ver cicatrices de chakra ahora… —dijo con incredulidad.

—Puedes ver todo —respondió Naori—.

Y ese es el peligro.

Las horas pasaron.

Naori llevó a Yahiko a ejercicios cada vez más complejos: detectar el chakra de Konan a distancia, analizar el flujo de Nagato, identificar trampas de papel oculto, medir la rotación de su propio chakra.

Cada intento era una batalla entre su voluntad… y el dolor.

Nagato se acercó durante una pausa —Yahiko… tu chakra se agita cuando activas el Byakugan.

Está… desordenado.

Yahiko se limpió el sudor.

—¿Desordenado cómo?

—Como una tormenta atrapada en botellas —respondió Nagato.

Konan hizo una mueca preocupada.

Naori intervino.

—Eso es porque su chakra natural es agresivo cuando se concentra.

El Keijūgan y el Modo Rayo hacen que la energía sea demasiado explosiva para trabajar con un dojutsu que requiere precisión absoluta.

Nagato frunció el broche.

—Entonces… ¿qué debemos hacer?

Naori se arrodilló frente a Yahiko y le tomó la muñeca.

—Yahiko debe aprender a dividir su chakra en dos formas: El chakra violento que usa para luchar.

El chakra suave necesario para el Byakugan.

Yahiko sonrió cansado.

—¿Chakra suave?

Nunca lo escuché tan bonito.

Konan rió suavemente por primera vez esa mañana Naori ignoró el comentario.

—Eso tomará tiempo.

Y disciplina.

Mírame.

Colocó su mano sobre el hombro de Yahiko.

—Yo aprendí eso desde niño.

Para ti será diferente.

Pero si lo logras… serás un monstruo.

Yahiko vio algo en Naori por primera vez: respeto.

—Entonces lo haré.

Mi progreso fue gradual.

Activar el Byakugan durante 10, luego 20, luego 40 segundos.

Controlar la explosión de chakra para que el ojo no se sobrecargue.

Combinar su velocidad con visión periférica absoluta.

Detectar puntos ciegos mínimos.

Identificar perturbaciones en el chakra de personas a veinte metros.

Mientra continua con el entrenamiento, Nagato también está progresando.

La absorción precisa del Camino Preta.

Micro explosiones de Shinra Tensei para desviar proyectiles.

Invocaciones parciales sin desgarrar sus vías de chakra.

y Konan no se queda atrás.

Estructuras de papel con resistencia al fuego moderada Marionetas de papel autónomas.

Técnicas de movilidad en alturas para exploración.

mientratanto naori Se adaptaba a ellos.

Nunca lo demostraría, pero estaba impresionado.

Los veía entrenar como si dependieran de ello para respirar.

Los veía luchar por vivir, no por gloria.

Y se dio cuenta de algo: No eran monstruos.

Eran niños empujados a un mundo cruel.

Pero se estaban haciendo fuertes… sin perderse.

Eso lo conmovía más que cualquier cosa.

Una tarde, después de un entrenamiento particularmente intenso, Naori se acercó a Yahiko.

La lluvia había cesado, dejando un olor a tierra húmeda.

—Yahiko —dijo serio—.

Hoy quiero que intentes algo más difícil.

¿Más que sentir que mi ojo explota cada cinco minutos?

Naori no sonrió.

—Quiero que encuentres tu propio estilo usando el Byakugan.

Yahiko lo miró confundido.

¿Cómo?

Naori dio un paso atrás.

—Atácame.

Konan y Nagato se tensaron —¿Qué?

—preguntó Yahiko.

—Atráeme.

Con todo lo que tengas.

Usa tu velocidad.

Usa tu Modo Rayo.

Usa el Byakugan.

Quiero ver cómo luchas… cuando puedas verlo todo.

Yahiko tragó saliva.

Activó el Byakugan.

El mundo se abrió.

Naori adoptó la postura del Jūken.

Yahiko avanzó La batalla fue un torbellino de golpes, paradas, rotaciones y choques de chakra.

Yahiko aprendió en segundos cómo anticipar los movimientos de Naori, cómo leer la tensión en sus músculos, cómo ver los ataques antes de que ocurrieran.

Pero Naori también lo empujaba al límite.

Golpe tras golpe.

Esquive tras esquive.

Hasta que… —Yahiko —susurró Konan desde la distancia—.

Tu chakra… Nagato se puso de pie alarmado.

Yahiko brillaba.

Su Modo Rayo se activó involuntariamente, mezclándose con la visión del Byakugan.

El chakra violento y el chakra suave comenzaban a chocar.

—¡Yahiko, corta la activación!

—gritó Naori.

Pero Yahiko no lo oía.

Estaba entrando en un estado desconocido, donde su visión se expandía más allá de lo normal, donde su cuerpo se movía sin que él lo ordenara.

Nagato corrió.

Konan intentó detenerlo Naori apareció detrás de Yahiko y presionó un punto en su cuello.

Un golpe de Jūken.

Chakra suave.

Silencio.

Yahiko cayó inconsciente en los brazos de Konan.

Naori exhaló profundamente —Aún no está listo para combinar ambos flujos… pero lo estará.

Nagato miró a Naori con una mezcla de respeto y temor.

Konan acarició la mejilla de Yahiko.

—Siempre te esfuerzas demasiado… —susurró.

Horas después, Yahiko despertó.

Todos estaban dormidos… excepto Naori, quien lo observaba desde un rincón.

—¿Me estabas vigilando?

—preguntó Yahiko.

—No.

Estaba pensando —respondió Naori.

—¿En qué?

—En que… quizás… algún día… pueda volver a mi clan sin ser considerada una traición.

Yahiko lo miró.

—Te ayudaremos —dijo sin dudar.

Naori tragó saliva.

—¿Incluido después de todo lo que te hice pasar?

Yahiko sonrió.

—No me hiciste nada.

Me estás enseñando a vivir.

El Hyūga desvió la mirada, algo avergonzado.

—Mañana continuaremos.

—Sí Yahiko se recostó.

—Naori… gracias.

Naori no respondió.

Pero esa noche, por primera vez desde que llegó… durmió sin miedo.

Yahiko de pie al amanecer, activando el Byakugan con más control que nunca.

La visión fluía.

Su respiración era estable.

Su chakra suave comenzaba a aparecer.

Konan lo observaba con orgullo silencioso.

Nagato lo miraba con admiración sincera.

Naori asentía con profesionalismo… pero una chispa de afecto sincero le cruzó los ojos.

Yahiko cerró el Byakugan.

—Ahora sí —dijo—.

Puedo verlo.

—¿Ver qué?

—preguntó Konan.

Yahiko sonrió.

—Nuestro futuro

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo