yahiko de akatsuki - Capítulo 12
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12: capitulo 12 12: capitulo 12 La lluvia del País de los Amos Caídos caía con su habitual persistencia, fina al principio, luego más pesada, golpeando los techos pobres de Amegakure con la monotonía de un tambor sin descanso.
Para muchos habitantes era un recordatorio de resignación… pero para un pequeño grupo que entrenaba junto a un almacén abandonado, la lluvia era una aliada.
Les ocultaba.
Les fortalecía.
Les recordaba que estaban vivos.
Dos meses habían pasado desde la cirugía del Byakugan.
Dos meses que para cualquier ninja promedio significaban ajustes, adaptación, errores, mareos, visión doble… pero Yahiko nunca había sido un ninja promedio.
Y ahora, al abrir el ojo blanco, aquel que había arrebatado a un Hyūga de Konoha, el mundo se desplegaba ante él como si hubiera vivido con vendas toda su vida.
Venas azules se marcaban alrededor de su rostro cada vez que lo activaba, y el chakra fluía tan naturalmente que parecía su propio biotipo.
Daba miedo—no para él, sino para quienes lo observaban.
—Actívalo otra vez —ordenó Naori Hyūga, el jōnin que los acompañaba con la mirada de alguien que aún no sabía si estaba cometiendo un error al seguirlos.
Yahiko abrió el párpado derecho.
El Byakugan brilló con intensidad, más estable que nunca.
Podía ver el chakra de Naori fluir como un río brillante que alimentaba sus tenketsu.
—Ya no hay temblor —dijo Naori, manteniendo un tono neutral—.
Incluso los Hyūga tardamos seis meses en lograr esa estabilidad.
Yahiko sonrió con orgullo.
—Supongo que soy un buen alumno.
—O un peligro —respondió Naori sin cambiar de expresión.
Nagato y Konan, sentados sobre cajas viejas, observaron la escena.
Nagato pulía sus gafas oscuras nuevas, unas que Yahiko le había insistido que usara.
Konan volvía hojas de papel en figuras geométricas complejas, cortando y plegando como si fuese parte de su respiración.
—Yo aún creo que esas gafas harán que llames más la atención —murmuró Konan.
—O que me confundan con un músico —respondió Nagato con la voz baja pero ligera.
Yahiko se colocó las suyas.
Eran gruesas, oscuras, casi cómicamente grandes para su rostro.
—Es para ocultar esto —dijo señalándose el ojo blanco—.
Y créeme, Konan, esto llama más la atención que cualquier gafas raras.
Konan suspiró.
—Supongo que tienes razón… Naori dio un paso adelante.
—La verdadera prueba no es mantenerlo estable.
Es utilizarlo mientras combates.
Ver más suele significar reaccionar más lento si no controlas tus prioridades.
Si todo es visible, nada es claro.
Yahiko asintió.
Eso se lo había repetido varias veces.
—Entonces practiquemos.
El Hyūga activó su propio Byakugan.
A Yahiko aún le sorprendía que Naori no mostrara ira por perder… uno de sus ojos.
Pero había algo en aquel jōnin: disciplina, frialdad, y un resentimiento silencioso contra su propio clan.
Quizá por eso no se había marchado aún.
Yahiko avanzó.
El entrenamiento comenzó.
Naori atacó sin piedad, golpeando tenketsu, intentando cerrar el flujo de chakra del joven.
Yahiko reaccionó, esquivó, vio el chakra antes de que el golpe llegara.
Movió sus pies según la predicción, como si el tiempo fuera un río que él podía leer.
El jōnin incrementó la velocidad.
Yahiko también.
Finalmente, Naori se detuvo en seco.
—Es suficiente.
Si sigues progresando así… no necesitarás que te enseñe por mucho tiempo.
—No digas eso, aún no puedo usar el Jūken —dijo Yahiko, medio jadeando.
—Y no lo harás.
El Jūken verdadero se transmite solo a la rama principal del clan.
Yo apenas conozco la base.
Pero lo suficiente como para que sobrevivas si alguien intenta atacarte como atacas tú.
Yahiko asintió, satisfecho.
Konan dejó de plegar una figura de papel que parecía un ave y habló: —Aun así… estás avanzando demasiado rápido.
Nagato intervino: —Lo cual es bueno.
Necesitaremos toda la fuerza posible.
Yahiko entendió la insinuación.
Se acercó a Nagato y dejó caer la voz.
—…Por Hanzō, ¿verdad?
Nagato no respondió, pero su silencio fue suficiente.
Yahiko pensó en eso.
Hanzō no era un villano de caricatura; era un símbolo casi mitológico de Amegakure.
Un guerrero tan fuerte que habían dicho que había derrotado solitariamente a una patrulla completa de Iwagakure.
En su vida pasada, Yahiko sabía cómo terminaría todo aquello.
Y no estaba dispuesto a repetirlo.
Aunque no buscara la paz mundial, no permitiría que el País de la Lluvia siguiera siendo un campo de guerra eterno.
Y eso significaba que tarde o temprano tendría que cruzarse con él.
Suspiró, y dio una palmada.
—Bien, hemos avanzado.
Pero no podemos seguir viviendo solo de migajas.
Necesitamos dinero.
Konan asintió con suavidad.
—Podemos realizar misiones menores.
Patrullas, escoltas, cacería de bandidos… —Y nada demasiado llamativo —agregó Nagato.
Naori levantó una ceja.
—¿Misiones?
¿Con qué nombre se presentarán?
¿Quién los va a contratar si no tienen ni identidad definida?
Yahiko respiró hondo… y sonrió con esa energía que lo caracterizaba.
—Akatsuki.
Los tres se quedaron en silencio.
Konan lo miró con incredulidad.
—¿Akatsuki?
¿Así de simple?
—Así de simple —respondió Yahiko—.
Es un nombre.
Algo que nos identificará.
No necesitamos reconocimiento mundial.
Necesitamos identidad y propósito.
Nagato probó el nombre en voz baja.
—Aka…tsuki… Amanecer… Yahiko se encogió de hombros.
—Sí, eso.
El amanecer en medio de la lluvia eterna.
Algo así.
Konan sonrió apenas.
—No suena mal… Naori observó al trío con una expresión difícil de leer.
—No me considero parte de su… “Akatsuki”.
Estoy aquí porque no tengo otra opción.
Porque ustedes… tienen lo que me arrebataron.
Pero no soy su aliado.
No aún.
Yahiko lo miró con serenidad.
—No necesitas serlo.
Pero tampoco te dejaremos atrás.
Tendrás libertad, y oportunidades.
Eso es más de lo que tu clan te dio.
Naori apretó los dientes, molesto por la exactitud del comentario.
—Hagan lo que quieran.
Yo solo… necesito tiempo.
Nagato le puso una mano en el hombro a Yahiko, como diciendo “no presiones más”.
Así, el grupo se preparó.
Las misiones comenzaron a llegar poco a poco.
La reputación se construía de forma discreta, sin nombres, sin historias exageradas.
Un comerciante local les pidió escoltar un cargamento de medicinas.
Un trabajo sencillo, hasta que un grupo de bandidos intentó interceptarlos.
Yahiko utilizó el Byakugan para detectar la emboscada minutos antes de que ocurriera.
Konan se adelantó usando sus papeles afilados como kunai silenciosos.
Nagato usó Shinra Tensei para desarmar sin matar.
Yahiko terminó reduciendo al líder de un solo golpe potenciado.
El comerciante quedó impresionado por la eficiencia.
El pago no era enorme, pero suficiente.
Luego vino otra misión: investigar un campamento sospechoso en los límites del pantano norte.
Ahí Yahiko practicó su super fuerza al estilo Tsunade, hundiendo sus puños contra tierra y roca hasta crear cráteres, aunque solo por segundos antes de sentir que su chakra se agotaba demasiado rápido.
—No intentes imitar a Tsunade-sama de inmediato —le advirtió Naori—.
Te destruirás los tendones.
—Voy a lograrlo —respondió Yahiko, limpiándose el sudor—.
Si ella pudo hacerlo, yo también.
—Ella tenía décadas de experiencia.
Tú tienes dos meses.
—Entonces voy adelantado —sonrió.
Finalmente vino un encargo más peligroso: eliminar a un grupo de desertores de Iwagakure escondidos en el bosque pantanoso.
Yahiko rastreó sus posiciones con el Byakugan; Konan los distrajo desde el cielo con figuras de papel explosivo; Nagato los desarmó con gravedad precisa; Yahiko golpeó al líder tan fuerte que lo dejó inconsciente de un solo impacto.
—Estás usando más chakra que antes —advirtió Nagato.
—Lo estoy controlando mejor —respondió Yahiko.
—No te confíes.
Las misiones continuaron, y con ellas, el progreso del pequeño grupo.
De noche, Konan practicaba nuevas formas de manipular papel.
Intentaba crear estructuras más grandes, resistentes al agua.
Era difícil en aquel país, pero no imposible.
Una noche logró formar una especie de escudo con múltiples capas de papel reforzado con chakra.
Nagato experimentaba con los otros caminos de Rinnegan.
Necesitaba cuidado: usar demasiado lo debilitaba.
Pero ya podía usar el Camino Animal para invocar pequeñas criaturas, aunque no controlara las más grandes.
Naori continuaba enseñándole a Yahiko nuevas formas de leer el flujo de chakra.
Le enseñó a distinguir un clon del cuerpo original.
A diferenciar un sello explosivo activado de uno falso.
A seguir la trayectoria del chakra cuando un enemigo estaba a punto de lanzar un jutsu.
—No puedo creer que hayas llegado tan lejos —admitió Naori una noche, mientras Yahiko limpiaba una herida en su brazo—.
Dos meses… y ya estás al nivel de un chūnin Hyūga.
—¿Chūnin?
—Yahiko bufó—.
Pensé que sería jōnin para fin de mes.
Naori lo golpeó suavemente en la cabeza con la mano.
—Deja de soñar.
—Siempre sueño.
Y siempre cumplo —respondió Yahiko, sonriendo.
Reunidos en su improvisado refugio, Yahiko desplegó los últimos pagos de las misiones.
Aún no era suficiente para confeccionar los uniformes, pero ya tenían reservas de comida, herramientas, pergaminos de entrenamiento e incluso medicinas.
—Vamos mejorando —dijo Konan, ordenando los suministros.
—A este ritmo, en unos meses podremos comprar las telas para las túnicas —agregó Yahiko, emocionado—.
Negras, elegantes… y con nubes rojas.
—¿Por qué nubes rojas?
—preguntó Nagato.
Yahiko miró por la ventana.
La lluvia caía con fuerza, pero reflejaba un tono rojizo por el atardecer.
—Porque este país ha visto demasiada sangre caer con la lluvia.
Así que… vamos a llevar ese peso con nosotros.
Para recordarnos por qué hacemos lo que hacemos.
Konan lo miró con sorpresa.
Yahiko podía ser impulsivo, excéntrico, incluso infantil, pero a veces decía cosas que perforaban directo al corazón.
Naori observó en silencio.
—Ese tipo de pensamiento… es peligroso —murmuró.
—Solo si no puedo cumplirlo —respondió Yahiko con seguridad.
Nagato cruzó los brazos.
—Y a eso apunta toda nuestra existencia, ¿no?
Yahiko dio un puñetazo suave en su hombro.
—A proteger lo que tenemos.
Sin grandes discursos.
Sin paz mundial.
Solo… no más sufrimiento aquí.
A Nagato le dolió escuchar “sin paz mundial”.
Pero también sabía que Yahiko hablaba desde su nueva convicción, desde sus recuerdos y su intención de evitar el desastre.
—Entiendo —respondió Nagato, respirando profundo.
Pero mientras el grupo dormía, entrenaba y crecía… alguien más los observaba.
En lo profundo de un pantano oscuro, una figura blanca emergió del barro.
Sus ojos amarillos brillaban con una curiosidad siniestra.
Zetsu.
Se deslizó entre raíces, ramas, formaciones rocosas, avanzando hacia un lugar prohibido para casi todos los mortales: el santuario oculto de Madara Uchiha.
Allí, sobre un trono oscuro hecho de cables, raíces y tubos que alimentaban su debilitado cuerpo, Madara abrió un ojo.
—Has tardado, Zetsu.
La voz era grave, antigua, llena de rencor y paciencia.
—Madara… —respondió Zetsu con esa voz dual—.
Traigo noticias del trío de Amegakure.
Yahiko.
Nagato.
Konan.
Y también… del Hyūga.
Madara cerró los ojos, interesado.
—Habla.
Zetsu se inclinó un poco.
—Nagato avanza con el Rinnegan.
Está aprendiendo a usar tres de los caminos.
Su progreso es acelerado, aunque aún no al nivel que necesitas.
Madara asintió apenas.
Era de esperarse.
—Yahiko… ahora tiene un Byakugan funcional.
Lo domina casi como un Hyūga experimentado.
Además, ha empezado a desarrollar la super fuerza de Tsunade.
Y entrena sin descanso.
Madara entreabrió los ojos.
—Interesante.
Ese niño… tiene un impulso peligroso.
—También han comenzado a realizar misiones bajo un nombre: Akatsuki.
Al escuchar ese nombre, Madara sonrió levemente, una sombra de humor oscuro.
—Aka…tsuki… Amanecer.
Qué irónico.
Un amanecer… para un mundo que nunca verá la luz.
Zetsu continuó.
—Además… Yahiko ya planea su enfrentamiento eventual contra Hanzō.
No busca paz mundial, pero sí controlar el País de la Lluvia.
Madara abrió completamente los ojos ahora.
—Controlar el País de la Lluvia… Un buen comienzo para un peón que aún no sabe que es una pieza en mi tablero.
Zetsu dio un paso más adelante.
—¿Quieres que intervengamos?
Madara negó con la cabeza lentamente.
—No.
Deja que jueguen.
Deja que crezcan.
Toda semilla necesita tiempo antes de que pueda ser arrancada o guiada.
Se recostó en su trono hecho de vida y metal.
—Observa.
Nada más.
Cuando llegue el momento… Nagato será mi instrumento.
Y ese Yahiko… si no se convierte en un estorbo, quizá también tenga un papel que jugar.
Zetsu desapareció entre las sombras.
Y mientras la lluvia seguía cayendo sobre Amegakure, Yahiko dormía sin saber que el amanecer que había nombrado… también podría ser el ocaso de todos.
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