Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

yahiko de akatsuki - Capítulo 15

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. yahiko de akatsuki
  4. Capítulo 15 - 15 capitulo 15
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

15: capitulo 15 15: capitulo 15 Capítulo 15 La lluvia caía con su incesante murmullo sobre los techos metálicos de Amegakure, formando una sinfonía constante que marcaba el pulso de la ciudad.

Gotas resbalaban como lágrimas por las paredes oxidadas, y el aire olía a humedad, hierro y resignación.

Sin embargo, para Yahiko, aquel sonido ya no era sinónimo de miseria… sino de hogar.

De pie sobre uno de los edificios más altos del distrito oriental, observaba en silencio cómo Nagato y Konan se preparaban en el punto de encuentro bajo, revisando sus armas, sellos y suministros.

Vestían con orgullo el uniforme oscuro de Akatsuki, aún sencillo, pero firme en su significado.

No eran solo mercenarios.

Eran una idea que comenzaba a tomar forma.

Y esa idea se estaba probando en el campo.

—La misión es simple en teoría —dijo Yahiko al descender con suavidad, casi flotando gracias al Doton: Keijūgan no Jutsu que aligeraba su cuerpo—.

Han aparecido cuatro ninjas mercenarios provenientes del País del Río.

Están cobrando protección a las aldeas periféricas.

No responden a nadie.

Eliminarlos o hacerlos huir.

Konan asintió con seriedad.

—Ya hay tres aldeas que dejaron de enviar provisiones a la red de apoyo que establecimos —explicó—.

Tienen miedo.

Nagato cerró los ojos un instante.

—Entonces este no es solo un encargo… es un mensaje.

Yahiko sonrió levemente.

—Exacto.

Akatsuki no tolera que alguien convierta el sufrimiento de la gente del País de la Lluvia en su negocio.

Partieron bajo la lluvia, deslizándose por los tejados como sombras.

El viento empujaba la cortina gris que caía del cielo y distorsionaba las siluetas de las pequeñas casas de lata.

La misión no era gloriosa, pero sí necesaria.

Y Yahiko comprendía que esas misiones eran los cimientos de su sueño.

No paz mundial.

No ideales vacíos.

Solo un lugar donde él, Konan y Nagato pudieran vivir sin miedo.

Sangre en el barro La aldea donde se encontraban los mercenarios no era más que un conjunto de casas rodeadas por muros improvisados de madera y metal.

Al centro, una hoguera encendida resistía a la lluvia, y junto a ella, cuatro figuras reían con desdén mientras un anciano temblaba frente a ellos, con una bolsa miserable de monedas en mano.

—Eso no alcanza —gruñó uno de ellos—.

La próxima vez trae el doble o quemamos esta choza primero.

Antes de que pudiera responder, el sonido de un paso rompió el ambiente.

—No habrá próxima vez.

Los cuatro giraron al instante.

Yahiko estaba allí, bajo la lluvia, con el cabello rojo empapado pegado a su rostro, su mirada tranquila pero firme como una piedra sumergida en un río furioso.

Konan y Nagato aparecieron a sus lados como sombras silenciosas.

—¿Quién demonios eres tú?

—espetó uno, desenfundando su kunai.

Yahiko no respondió.

Simplemente elevó su mano.

El aire vibró.

Modo Chakra de Rayo.

Una capa eléctrica rodeó su cuerpo, chisporroteando con un brillo azulado que iluminó la noche lluviosa.

Al mismo tiempo, activó Keijūgan, y su peso desapareció como si el mundo lo hubiera rechazado.

—Váyanse —dijo—.

O mueran aquí.

Los mercenarios rieron… por última vez.

El combate estalló en cuestión de segundos.

Nagato invocó una fuerza invisible que lanzó a dos enemigos contra un muro, quebrando la madera con estrépito.

Konan desplegó hojas de papel afilado que se convirtieron en shurikens danzantes bajo la lluvia.

Yahiko desapareció.

Se movía por el aire como una pluma eléctrica, su cuerpo casi flotando, impulsándose con micro-descargas y corrientes de chakra que sincronizaban sus tres técnicas como nunca antes.

Ligereza absoluta.

Velocidad amplificada.

Control perfecto.

Un golpe descendente cargado de chakra impactó el hombro de uno de los ninjas, rompiendo hueso y enviándolo contra el barro.

Antes de que pudiera levantarse, un segundo impacto lo dejó inconsciente.

—¿Qué clase de monstruo…?

—murmuró otro, retrocediendo.

Yahiko no respondió.

Su mente estaba concentrada en otra cosa.

No solo vencer.

Sentir.

Coordinar cada flujo de chakra como una sola corriente.

El entrenamiento estaba dando frutos.

En menos de cinco minutos, los cuatro mercenarios yacían derrotados.

Dos inconscientes.

Dos huyendo despavoridos hacia la oscuridad de la lluvia.

El anciano cayó de rodillas.

—Gracias… gracias… Yahiko lo sostuvo.

—Solo recuerda esto —dijo con suavidad—.

Desde hoy, están bajo la protección de Akatsuki.

Días después, en una zona aislada al sur de la ciudad, Yahiko aguardaba bajo un techo improvisado de metal mientras la lluvia caía sin tregua.

Frente a él, el jōnin Hyūga que había aceptado colaborar con el grupo observaba con atención, sus ojos blancos penetrando cada mínimo detalle del flujo de chakra del joven.

—Tu problema ya no es fuerza —dijo con tono sereno—.

Es coherencia.

Yahiko frunció el ceño.

—Explícate.

—Usas tres estados distintos de chakra: alteración de densidad con Doton, estimulación nerviosa con Raiton y concentración física para desplazarte.

El error es tratarlos como técnicas separadas.

Extendió su mano.

—No las mezcles.

Unifícalas.

Yahiko inhaló profundamente.

Keijūgan activado.

Rayo fluyendo.

Control absoluto.

Salió disparado hacia adelante, pero el Hyūga ya estaba allí.

Un golpe preciso impactó su costado.

—Demasiado rayo, desestabilizas tu centro.

Otro intento.

—Demasiada ligereza, pierdes tracción.

Otra vez.

—No pienses en activar, piensa en respirar.

Las horas pasaron bajo un cielo gris eterno.

Yahiko cayó, se levantó, volvió a intentarlo.

El barro se mezcló con la sangre.

Sus músculos ardían, pero su mirada nunca perdió claridad.

Finalmente, en un instante casi silencioso, todo se alineó.

No hubo explosión.

No hubo estruendo.

Solo fluidez.

Su cuerpo se elevó ligeramente del suelo, moviéndose con gracia controlada, envuelto por un manto eléctrico suave, estable, perfectamente distribuido.

—Eso es —murmuró el Hyūga—.

Ahora no es una técnica.

Es tu estado natural de combate.

Yahiko sonrió, exhausto.

Por primera vez… se sentía preparado.

No para ganar.

Sino para planear.

Para pensar en Hanzō no como un muro imposible… sino como un enemigo eventual.

Esa noche, sentado junto a Nagato y Konan en una habitación apenas iluminada, dibujó mapas improvisados, rutas, patrones de patrullaje, zonas de influencia del Salamandra.

—No lo enfrentaremos aún —dijo con calma—.

Pero cuando llegue ese día… no será por rabia.

Será por decisión.

Konan lo miró con una mezcla de admiración y preocupación.

—Estás cambiando… —No —respondió él—.

Estoy dejando de soñar… y empezando a construir.

Lejos de Ame, más allá de las fronteras visibles incluso para los mapas, una fortaleza oscura dominaba un paisaje muerto.

En su interior, el aire era pesado, cargado de olor a veneno y metal.

Hanzō de la Salamandra permanecía de pie como una estatua viviente, su máscara respiratoria emitiendo un ritmo mecánico, constante, inhumano.

Frente a él, una figura envuelta en oscuridad esperaba.

—Raíz actúa desde las sombras —dijo Danzō Shimura sin rodeos—.

Pero incluso las sombras necesitan aliados fuertes.

—Akatsuki está creciendo —gruñó Hanzō—.

Yahiko… ese muchacho empieza a alterar el equilibrio.

—No busca la paz —respondió Danzō—.

Eso lo hace más peligroso… pero también predecible.

Hanzō entrecerró los ojos.

—¿Y qué propones?

Danzō sonrió apenas, una mueca sin calidez.

—Una alianza.

Silenciosa.

Eficiente.

Lo vigilaremos, lo debilitaremos, y cuando llegue el momento… lo aplastaremos.

El líder de Ame guardó silencio unos segundos.

Luego asintió.

—Si ese joven cree que puede construir su propio mundo en mi país… aprenderá qué ocurre cuando la lluvia decide ahogarte.

Las gotas golpearon los ventanales como un presagio.

Y en algún lugar distante, Yahiko sintió un estremecimiento inexplicable… como si el cielo mismo estuviera marcando el inicio de una tormenta mucho más oscura.

La paz no estaba cerca.

Pero la felicidad… aún resistía bajo la lluvia.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo