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yahiko de akatsuki - Capítulo 16

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16: capitulo 16 16: capitulo 16 La lluvia caía con la misma monotonía de siempre sobre Amegakure, pero aquella noche tenía un peso distinto, como si cada gota golpeara los tejados oxidados con una intención venenosa.

El aire olía a metal húmedo y a tensión contenida.

Desde lo alto de una torre semi derruida, Yahiko observaba el horizonte gris, con la capa oscura de Akatsuki ondulando tras su espalda.

Las nubes rojas destacaban como heridas vivas sobre la negrura del tejido, un símbolo que ya no representaba solo rebeldía, sino una declaración silenciosa al mundo ninja.

—Se mueven —murmuró Konan desde su flanco izquierdo, sus ojos afilados siguiendo con precisión el movimiento de sombras en los niveles inferiores—.

No son de Ame.

Nagato, más atrás, cerró lentamente los dedos enguantados sobre la empuñadura de su bastón.

El chakra a su alrededor comenzaba a agitarse, casi imperceptible, pero Yahiko lo notó.

—Lo sentiste también —afirmó Yahiko sin mirarlo—.

Chakra ordenado, disciplinado… no caótico como el de los cazadores de Ame.

Konan asintió.

—Konoha —confirmó—.

Al menos cuatro firmas.

Dos están intentando flanquearnos por los niveles inferiores.

Yahiko sonrió de forma lateral.

No era arrogancia, era claridad.

Había esperado ese momento desde hacía semanas.

—Entonces llegaron antes de lo que pensaba.

El escuadrón se movía con precisión quirúrgica entre los túneles oxidados y las plataformas suspendidas.

Sus movimientos eran silenciosos, calculados, propios de shinobi curtidos en misiones de infiltración.

Llevaban el protector frontal de Konoha cubierto con bandas negras, pero no había duda de su origen.

No eran simples jōnin: su presencia emanaba la presión de soldados formados específicamente para operaciones encubiertas de alto riesgo.

—Objetivo confirmado —susurró uno de ellos por comunicación de chakra—.

Akatsuki ha comenzado a atraer demasiada atención.

Órdenes directas: observar, evaluar y si se confirma amenaza estratégica… eliminar.

—Yahiko, líder —respondió otra voz femenina—.

Se rumorea que el chico de cabellos rojos posee dōjutsu peligroso.

No habrá margen de error.

Desde lo alto, Yahiko dejó que su Byakugan se activara brevemente.

El mundo se desplegó ante su visión con cruel claridad.

Vio los canales de chakra de sus enemigos, su formación, sus puntos ciegos, sus rutas tentativas.

—Tres a la derecha, uno por encima —pensó—.

Están probando el terreno.

Bajó la mirada hacia Nagato y Konan.

—No los ataquen aún.

Déjenlos acercarse.

Quiero ver cómo reaccionan cuando descubran que su presa los observa desde el primer momento.

El primer movimiento vino desde abajo.

Una lluvia de shuriken sellados emergió desde un ducto lateral, describiendo curvas precisas hacia la posición del trío.

Konan no se inmutó.

Extendió su mano con sutileza y su cuerpo comenzó a fragmentarse en finas hojas de papel que flotaron en el aire.

Las armas atravesaron el vacío, perdiéndose entre miles de plumas blancas.

—Interesante —susurró uno de los ninjas al ver cómo su ataque no encontraba resistencia sólida—.

Técnica de transformación avanzada.

—No —respondió el líder del escuadrón—.

Es más que eso.

Es control absoluto del cuerpo.

En ese mismo instante, Yahiko se lanzó al vacío.

Su cuerpo se volvió más liviano que el aire gracias al Doton: Keijūgan no Jutsu, y el Modo Chakra de Rayo envolvió sus músculos como una tormenta viva.

Su silueta cruzó la cortina de lluvia en un destello azul, descendiendo en picada hacia uno de los atacantes.

El impacto fue seco, brutal.

El shinobi apenas logró bloquear con su kunai antes de ser arrojado contra una pared metálica, que crujió bajo la violencia del golpe.

—¿Qué demonios fue eso?

—escupió mientras se incorporaba.

—Velocidad amplificada por rayo —analizó el líder—.

Mantengan distancia.

—Tarde.

La voz de Yahiko resonó detrás de ellos.

Giraron con rapidez, pero ya era tarde.

Konan había sellado el área con círculos de papel explosivo que brillaron al unísono.

Nagato avanzó un paso al frente y extendió su mano.

—Shinra Tensei.

La presión invisible explotó desde su cuerpo como una ola divina.

Los cuatro ninjas de Konoha fueron lanzados por los aires, girando de forma errática, impactando contra estructuras, cables y vigas oxidadas que se doblaron como heridas abiertas en la ciudad.

Silencio.

Solo la lluvia.

Yahiko aterrizó suavemente, su capa oscura rozando el suelo encharcado.

—Así que este es el nivel del “escuadrón de contención” de Konoha —comentó con falsa decepción—.

Esperaba más.

El líder se levantó, con sangre escurriéndole por la sien.

—No hemos venido a jugar, Yahiko.

Has cruzado una línea que quizá no entiendes.

Estás desestabilizando una región entera.

—¿Y eso les molesta?

—replicó Yahiko—.

Qué curioso.

Cuando Ame sangraba bajo el yugo de las grandes naciones, nadie vino a estabilizar nada.

Nagato dio un paso al frente, su Rinnegan brillando tenuemente bajo la cortina de agua.

—Solo respondemos a agresiones —dijo con calma peligrosa.

—No —intervino el líder de Konoha—.

Responden a un ideal peligroso.

Yahiko entrecerró los ojos.

—No tienes idea de lo que es peligroso.

El combate se reanudó con violencia renovada.

El escuadrón desplegó una formación circular, lanzando técnicas combinadas de viento y fuego que obligaron al trío a separarse momentáneamente.

El vapor hirvió al contacto con la lluvia, formando un manto espeso que distorsionó el campo de batalla.

Dentro de aquella neblina, Yahiko se movía como un espectro.

Su Byakugan analizaba cada impulso, cada respiración de sus enemigos.

Sintió el chakra comprimirse a su izquierda y giró justo a tiempo para bloquear un taijutsu reforzado con viento.

—Buen control —admitió mientras giraba el brazo de su oponente y lo arrojaba al suelo—.

Pero predecible.

Konan atacó desde el aire, su cuerpo dispersándose en una bandada de origamis que cortaron como cuchillas afiladas.

Nagato, más atrás, alternaba entre repulsiones y atracciones, desarmando por completo la formacion táctica del escuadrón.

—Retirada parcial —ordenó uno de ellos—.

Necesitamos reagruparnos.

Pero Yahiko ya estaba un paso delante.

Se impulsó con el rayo y el doton, apareciendo frente al líder con una velocidad que distorsionó la percepción del tiempo.

Su puño se detuvo a escasos centímetros de su rostro.

—Escuchen bien —dijo con voz baja pero firme—.

Akatsuki no busca guerra… pero tampoco la evita.

El shinobi tragó saliva.

—Esto no termina aquí.

—Lo sé —respondió Yahiko—.

Y esa es la parte interesante.

Horas después, el cielo de Amegakure seguía llorando.

El trío regresó a su base provisional, un edificio antiguo oculto entre las estructuras industriales más castigadas por la corrosión del tiempo.

En el interior, una tenue iluminación reflejaba sombras largas sobre las paredes agrietadas.

Nagato se dejó caer sobre una de las columnas, respirando con profundidad controlada.

—Konoha ha empezado a mover piezas —observó—.

No será solo un escuadrón.

—No —coincidió Konan—.

Esto fue una medición, no un castigo.

Yahiko se acercó a la ventana, mirando la lluvia caer interminable sobre la ciudad que juró proteger, no por paz mundial, sino por un deseo más sencillo… más humano.

—Hanzō no hará ningún movimiento sin calcular —dijo—.

Si Konoha está interviniendo, significa que alguien les abrió la puerta.

—Danzō… —murmuró Nagato con amargura.

—Y Hanzō —añadió Yahiko—.

Dos sombras proyectando una misma intención.

En una habitación oscura, seca, lejos de la humedad constante de Amegakure, dos figuras se encontraban frente a frente.

Hanzō de la Salamandra, inmóvil como una estatua tallada en veneno, y Shimura Danzō, con su mirada afilada cubierta parcialmente por vendas.

—Akatsuki ha resistido el contacto inicial —murmuró Danzō—.

Yahiko no es un simple idealista.

—Lo sé —respondió Hanzō—.

Por eso es peligroso.

—Entonces coincidimos.

El silencio se volvió denso como alquitrán.

—Aún puede convertirse en una herramienta… o en una amenaza —añadió Hanzō.

—Y ambas cosas requieren lo mismo —concluyó Danzō—.

Presión constante.

De regreso en su refugio, Yahiko se sentó en el centro del salón de entrenamiento.

Cerró los ojos.

Sintió el goteo lejano del agua, el latido constante de la ciudad herida, el pulso de sus dos compañeros.

—No estamos luchando solo contra ninjas —dijo en voz baja—.

Estamos luchando contra la idea de que Ame debe obedecer.

Konan lo observó con suavidad, aunque su expresión seguía firme.

—¿Y qué haremos cuando envíen algo más que exploradores?

Yahiko abrió los ojos.

El rayo de una tormenta iluminó brevemente su rostro.

—Entonces dejaremos de ser una promesa… Se puso de pie lentamente.

—Y nos convertiremos en una advertencia.

Fuera, la lluvia no cesaba.

Pero ahora, bajo esa nube interminable, algo nuevo germinaba: una voluntad que no pedía permiso al mundo.

Y el mundo comenzaba, por fin, a notarlo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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