Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

yahiko de akatsuki - Capítulo 17

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. yahiko de akatsuki
  4. Capítulo 17 - 17 capitulo 17
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

17: capitulo 17 17: capitulo 17 Capítulo 17: La sombra de la Salamandra La lluvia volvía a caer con la constancia de una sentencia sobre Amegakure.

No era una tormenta violenta, ni tampoco una llovizna suave capaz de brindar consuelo.

Era ese tipo de lluvia interminable, gris y silenciosa, que penetraba hasta los huesos, que empapaba la piel y el espíritu por igual, como si el propio cielo llorara una pena que nadie más se atrevía a pronunciar.

El emblema de las nubes rojas sobre la bata negra ondeaba con suavidad cada vez que el viento se colaba entre las estructuras metálicas oxidadas.

Yahiko se detuvo un instante en lo alto de una pasarela corroída, observando cómo la ciudad se extendía bajo ellos, fragmentada, maltratada, pero viva.

Akatsuki ya no era un simple nombre susurrado con incertidumbre.

Era una presencia.

Un símbolo.

Una promesa.

—Primero el distrito sur —indicó Yahiko con voz firme mientras el agua resbalaba por su cabello anaranjado—.

Luego el corredor industrial.

Los informes hablan de movimientos recientes.

Nagato asintió, su Rinnegan oculto bajo la sombra de su capucha.

—Los mercenarios no se moverían sin necesidad.

Esto no es casual.

Konan, con expresión serena pero atenta, desplegó pequeños fragmentos de papel que comenzaron a flotar suavemente alrededor del grupo.

—Sea quien sea, nos está probando.

Yahiko no respondió.

Él ya sentía esa presión.

No como una amenaza directa, sino como una vibración constante en el ambiente, como una advertencia silenciosa que viajaba con cada gota de lluvia.

Su objetivo seguía siendo claro: proteger su espacio, su gente, su lugar en el País de la Lluvia.

No buscaba liderar un movimiento revolucionario ni moldear el mundo ninja a su voluntad.

Solo quería vivir.

Vivir con Konan.

Con Nagato.

Construir algo que no estuviera condenado a romperse.

Pero para lograr eso, necesitaban fuerza.

Y experiencia.

Misión 1:  Los primeros reportes los condujeron a una antigua zona de tránsito comercial abandonada, actualmente utilizada por fuerzas extranjeras como paso encubierto.

El Byakugan de Yahiko se activó silenciosamente, y la visión del mundo cambió de forma abrupta.

Los contornos se disolvieron y el chakra reveló su verdadera naturaleza.

—Cinco firmas.

Dos ocultas.

Técnica de supresión de chakra… —murmuró—.

Son ninjas entrenados.

No criminales comunes.

—¿Origen?

—preguntó Nagato.

—Kumo o Iwa… pero su patrón de movimiento… Un shuriken cortó el aire antes de que pudiera terminar la frase.

Konan convirtió su cuerpo en papel al instante, dejando que la hoja atravesara lo que ahora era un vacío blanco flotante.

Al mismo tiempo, Nagato extendió su mano y liberó un Shinra Tensei contenido que barrió el terreno cercano.

Las siluetas enemigas emergieron entre la neblina, con máscaras parciales y protectores manchados por la humedad.

Uno de ellos realizó una secuencia de sellos.

—Suiton: Suiryūdan no Jutsu.

Un dragón de agua se elevó violentamente, siendo interceptado por una muralla de papel reforzado creada por Konan.

Yahiko se lanzó al frente, su cuerpo envuelto en destellos eléctricos, activando el Modo Chakra de Rayo.

El suelo vibró bajo sus pasos mientras su ligereza artificial le permitía elevarse apenas sobre el terreno.

—Doton: Keijūgan… —susurró.

Su cuerpo se volvió tan liviano como el aire, permitiéndole cambiar de dirección con precisión imposible.

Golpeó con una patada giratoria que impactó brutalmente contra el torso de uno de los ninjas.

El sonido seco de huesos quebrándose se mezcló con el repiqueteo de la lluvia.

—No los maten si no es necesario —ordenó Yahiko—.

Pero no duden.

El combate se convirtió en una danza violenta de técnica y adaptación.

Nagato utilizó el control gravitacional para inmovilizar brevemente a uno de ellos, mientras Konan sellaba movimientos con ráfagas de papel comprimido.

Yahiko, por su parte, comenzaba a moverse con una fluidez alarmante, alternando entre velocidad eléctrica, flotación casi aérea y golpes surcados por una fuerza monstruosa.

En menos de diez minutos, los enemigos estaban neutralizados.

—Esto fue un reconocimiento —concluyó Konan—.

Nos están midiendo.

Yahiko observó los cuerpos inconscientes con frialdad.

Su mente ya no pensaba solo en el presente, sino en lo que representaban estos ataques.

—Y esto es solo el comienzo.

Misión 2:  Días después, un pequeño poblado al límite del país solicitó protección.

Rumores de soldados extranjeros tomando control de rutas locales comenzaron a expandirse.

Akatsuki intervino sin demora.

El escenario era distinto: barro profundo, casas destrozadas y civiles temerosos escondidos bajo láminas oxidadas.

Esta vez no eran infiltrados.

Era una fuerza organizada.

—Formación defensiva —ordenó Yahiko.

Konan alzó un muro de papel blindado, mientras Nagato avanzaba con pasos lentos pero seguros.

Yahiko, con el Byakugan activo, analizaba cada movimiento enemigo como si desarmara un reloj complejo pieza por pieza.

Las tropas rivales atacaron con coordinación: fuego, viento y genjutsu menor.

Pero Akatsuki respondió con precisión quirúrgica.

Lo que antes era improvisación ahora era estrategia pura.

Yahiko dirigía, calculaba, anticipaba.

Y entre golpe y golpe, algo nuevo comenzaba a tomar forma: Una presencia.

Un estándar.

Los habitantes empezaron a observarlos no solo con miedo, sino con respeto.

Con esperanza.

—Los tres… los protegen… —Akatsuki… El nombre se extendía como la lluvia misma.

Pero Yahiko no se permitió sonreír.

Sabía que toda luz proyecta una sombra.

Y la suya comenzaba a alargarse peligrosamente.

Más silenciosa.

Más peligrosa.

Naori los condujo a un sector prohibido, olvidado incluso por los mapas oficiales.

Un lugar donde el aire era más pesado y el sonido de la lluvia parecía ser absorbido por una humedad antinatural.

—Aquí comienza su verdadero entrenamiento —declaró el Hyūga—.

Si van a enfrentarlo… deben comprender su esencia.

—Hanzō —murmuró Yahiko.

Naori asintió.

—La Salamandra.

Ellos avanzaron con cautela.

El suelo era pantanoso.

Cada paso parecía una decisión final.

El Byakugan de Yahiko detectó rastros irregulares de chakra, vastos, densos, como una herida abierta en la tierra.

—Aquí luchó… —susurró—.

Y aquí mató.

Naori lo observó con severidad.

—No quiero que imagines vencerlo.

Quiero que lo estudies.

Sus movimientos.

Su respiración.

Su miedo.

Solo entonces tendrás una oportunidad de sobrevivir.

El entrenamiento comenzó.

Y fue brutal.

Naori simuló patrones similares a los de Hanzō, usando veneno, trampas, movimientos impredecibles.

Yahiko debía aplicar sus tres ninjutsus en perfecta sincronía, no como técnicas separadas, sino como una única expresión de combate.

Velocidad de rayo.

Ligereza absoluta.

Golpe concentrado.

Una y otra vez, hasta que el cuerpo tembló.

Hasta que las articulaciones crujieron.

Hasta que su chakra se retorcía en sus canales internos.

—Más rápido.

—Otra vez.

—No pienses.

Fluye.

Y entonces ocurrió.

Un instante perfecto.

Yahiko se movió como una sombra que desafiaba la gravedad, su cuerpo convertido en un relámpago silencioso que impactó como una montaña en caída.

Naori retrocedió varios metros.

Silencio.

Solo la lluvia.

—Empiezas a comprender —dijo finalmente.

Pero Yahiko no sonrió.

Sus ojos estaban fijos en la distancia.

—No es suficiente —indicó—.

Contra él… no será suficiente.

Naori entrecerró los ojos.

—Entonces empieza a pensar como un estratega.

No solo como un guerrero.

Yahiko asintió lentamente.

En su mente, comenzó a formarse algo más peligroso que una técnica.

Un plan.

No uno inmediato.

No suicida.

Uno que requería paciencia.

Información.

Errores calculados.

Porque Hanzō no era un enemigo.

Era una catástrofe con nombre.

Y él debía aprender a sobrevivir incluso a eso.

Bajo la lluvia del País de la Lluvia, mientras Akatsuki se fortalecía y su leyenda comenzaba a gestarse, Yahiko comprendía una verdad brutal: No bastaba con ser fuerte.

No bastaba con tener razón.

Para proteger su felicidad… Tendría que desafiar al mismísimo monstruo que gobernaba su hogar.

Y esta vez… No sería un idealista quien lo enfrentaría.

Sino un hombre decidido a escribir su propio destino.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo