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yahiko de akatsuki - Capítulo 20

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20: capitulo 20 20: capitulo 20 La lluvia volvió a mostrarse implacable, pero esta vez no caía sobre Amegakure, sino sobre un camino lejano, deformado por raíces y barro, que se adentraba en los márgenes de Kusagakure.

El sonido de las gotas golpeando hojas, piedras y metal parecía acompañar cada respiración del grupo, como un tambor constante que marcaba el ritmo de algo inevitable.

Yahiko no se detenía.

Sus pasos eran firmes, decididos, casi furiosos, pero su mente estaba completamente clara.

No era ira.

Era determinación.

Frente a él avanzaban Konan y Nagato, igualmente silenciosos, pero la diferencia era evidente.

Nagato no estaba bien.

Desde que escucharon los rumores sobre la superviviente Uzumaki, algo dentro de él había cambiado.

Su chakra era más inestable, más pesado, como si una tormenta estuviera encapsulada bajo su piel.

Cada tanto, su mirada perdida parecía atravesar el presente y anclarse en recuerdos que no comprendía, en una sensación de vacío que quemaba como ácido en sus venas.

—Estamos entrando en el perímetro de Kusagakure —advirtió Yahiko, deteniéndose de golpe—.

Desde aquí no hay errores.

Konan asintió.

—Patrullas regulares.

Formación en espiral.

No son ninjas débiles.

Nagato no respondió.

Solo apretó ligeramente los puños.

Yahiko lo miró de reojo, pero no le dijo nada aún.

Sabía que su amigo no necesitaba palabras.

Necesitaba acción.

Y eso era exactamente lo que iban a ofrecerle.

Sangre que llama El primer enfrentamiento no tardó en llegar.

Un equipo de tres ninjas de Kusagakure emergió desde las copas empapadas de los árboles, cayendo directamente sobre ellos con movimientos rápidos y coordinados.

—¡Intrusos!

Uno ejecutó sellos de manos casi al instante.

—Doton: Doryūheki.

Un muro de tierra se alzó violentamente, intentando separar al grupo.

Konan reaccionó con precisión perfecta, extendiendo una ola de papel que se deslizó como una cuchilla viva y cortó el muro en dos.

Yahiko ya estaba en movimiento.

El Byakugan se activó, su percepción absoluta revelando los flujos de chakra enemigos.

—Izquierda, dos puntos ciegos.

Nagato, derecha.

Nagato no respondió con palabras.

Shinra Tensei.

Una explosión invisible lanzó al ninja que intentaba flanquearlos contra un tronco, partiendo la corteza y quebrando hueso en un sonido seco y grotesco.

El tercero retrocedió, horrorizado, pero Yahiko ya estaba encima de él.

Su cuerpo ligero como pluma gracias al Doton: Keijūgan, su velocidad multiplicada por el Modo Chakra de Rayo.

Un solo golpe.

El impacto fue tan brutal que el sonido se perdió entre la lluvia.

Silencio.

Tres cuerpos inmóviles.

—Esto fue solo una patrulla menor —murmuró Konan—.

Ahora sí saben que estamos aquí.

Nagato levantó la mirada lentamente.

—Que lo sepan.

Su voz tenía un matiz oscuro, profundo, peligroso.

Yahiko no respondió, pero su mirada se volvió más seria.

Infiltración bajo colmillos Las murallas naturales de Kusagakure emergieron como una cicatriz verde oscura: maleza densa, lianas venenosas y estructuras irregulares de madera oscura reforzada con sellos.

—El centro está al norte —indicó Konan—.

Según la información, ahí la tienen.

—¿En qué estado?

—preguntó Yahiko.

—Vivo.

Por ahora.

Eso fue suficiente.

Se deslizaron entre las sombras, aprovechando la lluvia, el sonido constante y el caos natural del entorno.

Yahiko lideraba, escaneando continuamente con su Byakugan.

Cada firma de chakra era registrada, clasificada, anticipada.

Y entonces… Nagato se detuvo en seco.

—Está cerca… —¿Qué?

—preguntó Yahiko.

—La siento… es… diferente.

No era como detectar un enemigo.

Era como escuchar un latido remoto que coincidía peligrosamente con el suyo.

Konan observó en silencio, comprendiendo más de lo que decía.

Avanzaron.

Y entonces la vieron.

Una estructura semisubterránea, vieja, húmeda, custodiada por al menos ocho ninjas armados y dos sensores ocultos.

Dentro, una jaula reforzada con sellos Uzumaki deficientes contenía a una mujer de cabellos rojos desgastados, mirada vacía y cuerpo marcado por cicatrices rituales.

—Ahí está… —susurró Nagato, con una voz cargada de algo indescriptible—.

Su chakra es como el mío… pero roto.

Yahiko apretó los dientes.

—Plan rápido —ordenó—.

Konan, neutraliza la mitad derecha.

Nagato y yo entramos directo.

No hay tiempo.

Konan asintió.

Rescate en el infierno verde El ataque fue brutal.

Preciso.

Letal.

Konan desató una tormenta de papel afilado que se infiltró entre los árboles como una bandada de cuchillas blancas, cortando sellos, venas y gargantas con precisión quirúrgica.

Yahiko se lanzó como un rayo, desestabilizando las filas enemigas con velocidad imposible.

Golpes tan rápidos que parecían invisibles.

El suelo temblaba bajo cada impacto suyo.

Nagato avanzaba detrás, pero su rol no era secundario.

Era el centro del caos.

Banshō Ten’in.

Un ninja fue arrastrado hacia él, solo para ser atravesado por una estaca de papel lanzada por Konan.

Otro intentó huir.

Shinra Tensei.

Su cuerpo voló como una hoja seca contra una estructura de hierro.

Y sin embargo… no era suficiente.

Refuerzos surgieron.

Cuatro más.

Luego seis.

Sellos explosivos.

Kunais envenenadas.

Genjutsu.

Yahiko giraba en el aire, ligero como el viento, golpeando, rompiendo, desviando, pero era Nagato quien comenzaba a perder el control.

—¡Basta!

—rugió— ¡APÁRTENSE!

Su chakra se expandió violentamente, formando una onda gravitacional que no distinguía aliado de enemigo.

—¡Nagato!

—gritó Yahiko— ¡Concéntrate!

Pero su voz parecía perderse.

Los ojos del Rinnegan brillaban con un resplandor antinatural.

Dos ninjas de Kusa intentaron levantarse.

Nagato los miró.

Chikyū Tensei —incipiente, incompleto—, distorsionó la tierra bajo sus pies, atrapándolos en una prisión de piedras que se comprimió lentamente hasta que sus gritos se apagaron.

Konan observó con tensión.

Yahiko se colocó frente a él.

—¡Nagato!

¡Mírame!

¡Ella te necesita vivo, no convertido en esto!

Silencio.

Respiración agitada.

Lluvia.

Finalmente… Nagato parpadeó, y su expresión se suavizó apenas.

—Lo siento… pero no puedo explicarlo… lo siento aquí —tocó su pecho—.

Como si me arrancaran algo.

—Rescátala —respondió Yahiko con firmeza—.

Y luego hablaremos.

El vínculo Cuando lograron abrir la jaula, la mujer apenas reaccionó.

Su respiración era débil, pero viva.

Nagato se arrodilló frente a ella sin decir palabra.

Sus ojos se encontraron.

Y entonces… algo ocurrió.

Una lágrima silenciosa descendió por la mejilla de la mujer.

—Tu chakra… es… Uzumaki… —susurró con voz quebrada— pero… más profundo.

Nagato no entendía completamente, pero su cuerpo reaccionaba como si siempre hubiera esperado ese momento.

—¿Cómo te llamas?

—preguntó Yahiko suavemente.

—Kaede… —respondió con esfuerzo—.

Soy lo último que queda… hasta donde sé.

—No —dijo Nagato, apretando levemente sus manos—.

No estás sola.

Konan observó la escena en silencio, su expresión raramente suave.

Pero el peligro no había terminado.

Explosiones resonaron a lo lejos.

Silbidos de alarma.

—Vienen tropas completas —alertó Yahiko—.

Salimos ya.

Huida bajo fuego Cargaron a Kaede con cuidado mientras el bosque comenzaba a vibrar.

Una docena de ninjas de Kusa se desplegó bloqueando la retirada.

—No dejarán este lugar con vida —gruñó uno de ellos—.

Ella es propiedad de Kusagakure.

La palabra fue suficiente.

Nagato se adelantó.

—No es propiedad… es familia.

Y en ese instante, su aura cambió.

Una presión sofocante cayó sobre el campo.

El suelo comenzó a quebrarse.

Yahiko comprendió que ya no habría diplomacia.

—Konan… formación defensiva.

Lo que siguió fue una masacre controlada.

Nagato liberó la furia del Rinnegan con precisión demoledora.

Cada técnica parecía arrastrar consigo no solo chakra, sino años de dolor reprimido.

Yahiko lo acompañaba, ingresando y saliendo entre enemigos, rompiendo defensas, desviando ataques dirigidos contra Kaede.

Konan se movía como un ángel de cuchillas, su papel devorando el campo como una nieve mortal.

Cuando el último enemigo cayó… el silencio fue absoluto.

Solo quedó la lluvia.

Solo quedaron ellos.

Familia bajo lluvia roja Ya lejos de Kusagakure, refugiados bajo un desfiladero natural, Kaede respiraba con más calma.

Nagato no se separaba de ella.

—¿Tienes hijos?

—preguntó finalmente.

Sus labios temblaron.

—Una niña… Karin… la escondí… espero que siga viva.

El nombre quedó suspendido en el aire.

Yahiko observó a Nagato.

—Vamos a encontrarla —dijo con total seguridad—.

Como sea.

Nagato levantó la vista.

—Gracias… Yahiko… Pero Yahiko negó lentamente.

—No hace falta pedirme nada.

Recuerda algo… somos familia.

Como tú y Konan están para mí… yo estaré para ustedes en lo que necesiten.

Konan bajó ligeramente la cabeza, aceptando esas palabras como un juramento silencioso.

La lluvia continuó cayendo.

Pero esta vez, entre sangre, barro y dolor, algo diferente había nacido.

No solo una misión cumplida.

No solo un rescate.

Sino un lazo imposible de romper.

Y mientras Amegakure los esperaba, mientras las sombras de las grandes naciones comenzaban a observar sus movimientos… Akatsuki daba un paso más hacia algo que ni siquiera ellos comprendían del todo.

Una familia nacida en guerra.

Una sangre que respondía.

Y un destino que, poco a poco, comenzaba a desafiar incluso a los dioses.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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