Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

yahiko de akatsuki - Capítulo 22

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. yahiko de akatsuki
  4. Capítulo 22 - 22 capitulo 22
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

22: capitulo 22 22: capitulo 22 Capítulo 22  La noche en Kusagakure no era tranquila.

No había canto de grillos ni susurro amable del viento entre las hojas.

Todo estaba cubierto por una neblina espesa, densa como un recuerdo que se niega a desaparecer, y el silencio se sentía artificial, forzado, como si la propia naturaleza estuviera conteniendo la respiración.

Sobre una colina baja, parcialmente cubierta por raíces y musgo oscuro, Yahiko observaba las luces dispersas del poblado enemigo.

Bajo sus gafas oscuras, el Byakugan permanecía inactivo, pero su mente analizaba cada detalle con precisión quirúrgica.

Recordaba cada palabra de Nagato, cada mirada rota al descubrir la existencia de una Uzumaki viva.

Karin.

No era solo una misión.

Era un punto de quiebre.

—La madre la escondió aquí —explicó Nagato con voz apagada, extendiendo un mapa improvisado sobre una roca húmeda—.

Un refugio subterráneo más allá de las primeras casas.

No figura en los registros de Kusa.

Solo lo conozco porque ella me lo dijo antes de que la capturaran por completo.

Konan examinó el área con atención.

Pequeños fragmentos de papel flotaban alrededor suyo, moviéndose con lentitud calculada.

—Demasiado cerca del sector militar —murmuró—.

Si Raíz y las patrullas de Kusa coinciden… no será una simple extracción.

—Entonces no lo será —respondió Yahiko—.

Será una demostración.

Nagato alzó la vista.

—¿De qué tipo?

Yahiko guardó silencio unos segundos, observando la sombra de la aldea extendiéndose sobre la tierra.

—De que cualquiera que amenace a los nuestros… será destruido.

No había grandilocuencia en su voz.

Solo una verdad fría, firme.

Una convicción que empezaba a moldearse con la solidez de algo irreversible.

El plan se dividía en tres fases: Infiltración silenciosa hasta el refugio donde Kaede había ocultado a Karin.

Confirmar su estado, rescatarla y asegurar una ruta de escape.

Eliminar toda resistencia que impidiera su retirada.

Konan se encargaría de la cobertura aérea y de distracción.

Su Danza del Shikigami crearían falsos focos de movimiento en varios puntos del poblado para dividir a las patrullas.

Nagato avanzaría junto a Yahiko en tierra firme.

Su misión principal: neutralizar posibles escuadrones de Raíz que ya se habían detectado operando en secreto dentro del territorio de Kusa.

—Son disciplinados, crueles y no dudan —advirtió Yahiko—.

No subestimen a Raíz.

—Ellos tampoco nos subestimarán —respondió Konan—.

Especialmente después de lo que ocurrió con el equipo de avanzada.

Nagato asintió lentamente.

—Si intentan llevársela otra vez… no quedará nada de ellos.

Yahiko apoyó una mano en su hombro.

—Primero la sacamos.

Luego vemos qué queda del enemigo.

El avance comenzó cuando la noche alcanzó su punto más oscuro.

Las sombras se convirtieron en aliadas y la neblina en una cortina perfecta.

Yahiko lideraba, moviéndose como una silueta desdibujada entre árboles y estructuras abandonadas.

El uso ligero y controlado del Keijūgan le permitía moverse por superficies inestables sin dejar rastro.

Nagato lo seguía en silencio, su chakra contenido con fuerza antinatural.

Konan se separó en el perímetro, su cuerpo fragmentándose en docenas de hojas que se dispersaron suavemente por el aire.

—Dos patrullas aproximándose —susurró por el canal de comunicación—.

Los desvío.

Explosiones de papel se elevaron a la distancia, atrayendo la atención de varios soldados de Kusa en dirección opuesta.

Yahiko no redujo el ritmo.

—Ahora —murmuró.

Descendieron por un desnivel rocoso hasta llegar al lugar indicado.

Apenas visible bajo la maleza crecida, se encontraba una tapa de madera reforzada con metal antiguo.

Yahiko activó brevemente el Byakugan.

—No hay firmas dentro.

Está vacía… pero hay rastros recientes de chakra débil.

Karin estuvo aquí.

Nagato apretó los puños.

—Entonces no estamos tarde.

—Estamos justo a tiempo.

Abrieron el acceso y descendieron.

El refugio era pequeño, húmedo y frío.

En una esquina se notaban restos de mantas viejas, una pequeña bolsa de comida casi vacía y huellas diminutas marcadas en el polvo.

—Karin… —susurró Nagato.

Un sonido suave llegó desde una cavidad lateral.

—¿Mamá…?

Una voz temblorosa.

Yahiko se giró con cuidado.

De allí emergió una niña de cabello rojo intenso, ojos grandes y cansados, con la ropa sucia y el rostro marcado por el miedo.

—No somos enemigos —dijo él suavemente—.

Venimos por ti.

—¿Dónde está mi mamá…?

Nagato se arrodilló lentamente.

—Tu madre luchó para que estés a salvo —explicó con delicadeza—.

Y ahora nosotros vamos a protegerte, Karin.

Los ojos de la niña brillaron con lágrimas contenidas.

—¿De verdad…?

—De verdad.

Cuando Yahiko se inclinó para cargarla, un temblor recorrió el aire.

Algo se acercaba.

—Demasiadas firmas —advirtió Konan desde la distancia—.

No es solo Kusa.

Son de Raíz.

El sonido de pasos firmes y organizados comenzó a llenar el túnel.

—Hora de irnos —dijo Yahiko sin apartar a Karin de su brazo.

Pero ya era tarde.

Desde la entrada estalló una bomba de humo, seguida por la silueta de cuatro ninjas con máscaras ANBU parcial y una insignia oscura marcada discretamente en el cuello.

Raíz.

—Entrega a la niña —ordenó el que parecía líder—.

No interfieras en asuntos que no comprendes.

Los ojos de Yahiko se entrecerraron.

—Ella no es un experimento.

Ni tu propiedad.

El líder ladeó la cabeza.

—Todo lo que pisa suelo ninja pertenece a quien toma el control.

Nagato dio un paso adelante.

—Entonces aprende esto… —sus ojos Rinnegan brillaron tenuemente—.

Ya no controlan nada.

Los de Raíz se lanzaron con precisión quirúrgica.

Técnicas encadenadas, golpes sincronizados, sellos rápidos.

Pero Akatsuki no era un objetivo fácil.

Konan irrumpió desde arriba, su cuerpo convirtiéndose en miles de hojas afiladas.

—Danza del Shikigami: Lluvia Silente.

El refugio se transformó en una trampa mortal.

Papeles reforzados cortaban trayectorias de ataque, bloqueaban sellos de manos, cegaban movimientos.

Uno de los ANBU logró acercarse a Yahiko, pero este activó el Modo Chakra de Rayo, sus movimientos se volvieron instantáneos, imperceptibles.

—Keijūgan.

Su cuerpo perdió peso, flotó ligeramente y giró en un ángulo imposible, impactando una patada en el cuello del enemigo con precisión devastadora.

El ninja colapsó sin sonido.

Nagato extendió su mano hacia otro.

—Banshō Ten’in.

La fuerza gravitacional arrastró al oponente contra el suelo, quebrando su postura.

Seguido por un Shinra Tensei contenido lo lanzó contra la pared rocosa.

Explosión.

Raíz respondió con ferocidad.

Técnicas de supresión, venenos gaseosos, cuchillas ocultas.

Pero el movimiento conjunto de los tres se volvió letal.

Coordinado.

Letalmente eficiente.

Yahiko no peleaba con rabia.

Peleaba con determinación fría.

Cada golpe era estratégico.

Cada desplazamiento calculado.

Konan selló la salida principal.

Nagato inmovilizó a dos.

Yahiko terminó el combate con un impacto que dejó inconsciente al último ANBU.

Silencio.

Solo la respiración agitada y el latido de un corazón infantil contra su pecho.

—Más firmas acercándose —advirtió Konan—.

Kusa viene en número.

Yahiko ajustó su agarre sobre Karin.

—Entonces no les daremos nada que perseguir.

Abrieron una salida secundaria y se deslizaron al exterior.

Las órdenes resonaban ya a lo lejos.

Alarmas discretas.

Patrullas movilizándose.

Pero Akatsuki se movía más rápido que el miedo.

Yahiko usó su ligereza combinada con el chakra de rayo, desplazándose por la niebla como un espectro naranja y negro.

Nagato cubría la retaguardia, empujando enemigos con ondas gravitacionales contenidas.

Konan creó rutas falsas, sombras de papel que corrieron en direcciones opuestas.

La frontera de Kusagakure fue cruzada con la primera luz tenue del amanecer.

Y en ese preciso instante, el peligro quedó atrás.

Silencio bajo la lluvia Ya en un claro fuera del territorio enemigo, Yahiko dejó a Karin en el suelo con suavidad.

Ella lo miró como si no supiera si debía confiar… o llorar.

Nagato se arrodilló frente a ella.

—Estás a salvo.

Karin rompió en llanto.

Pero no uno de miedo.

Sino de alivio.

Konan observó en silencio, con una expresión más suave de lo habitual.

Yahiko se apartó unos pasos, permitiendo que el momento sucediera.

La lluvia comenzó a caer de nuevo, suave, persistente.

Y entonces comprendió.

No podía seguir permitiendo que otros decidieran el destino de quienes amaba.

No podía seguir protegiendo desde la sombra mientras un tirano gobernaba su hogar.

Amegakure debía cambiar.

No por ambición.

Sino por necesidad.

Por un refugio real.

Por una tierra donde nadie volviera a ser encadenado.

Yahiko alzó el rostro hacia la lluvia.

—Esto no vuelve a pasar —murmuró para sí mismo.

Konan se acercó lentamente.

—¿Qué estás pensando?

Él no dudó.

—Que ya es hora.

Nagato levantó la vista, serio.

—¿Hora de qué?

Yahiko los miró a ambos.

A su familia.

—De acabar con Hanzō.

El silencio que siguió fue solemne.

No hubo sorpresa.

Solo comprensión.

—Tomaré Amegakure —continuó—.

No por poder.

No por gloria.

Sino para que nunca más alguien tenga que esconder a su hija bajo tierra temiendo por su vida.

Apretó los puños.

—Crearé un lugar donde ustedes, Karin, y todos los que amamos, puedan vivir sin ser cazados.

Sin ser usados.

Sin ser quebrados.

Nagato asintió lentamente.

—Si tú caminas hacia ese infierno… yo iré delante.

Konan cerró los ojos un instante.

—Y yo haré que ese infierno tenga alas.

La lluvia siguió cayendo.

Pero ya no era una sentencia.

Era un bautismo.

Porque en la sombra de ese rescate… Había nacido una decisión.

Y el monstruo llamado Hanzō… Acababa de ganar a su peor enemigo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo