yahiko de akatsuki - Capítulo 27
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27: capitulo 27 27: capitulo 27 Capítulo 27 La lluvia no se detuvo en Amegakure.
Golpeaba los tejados de metal, se deslizaba por las callejuelas estrechas y resbalaba por las paredes de concreto marcadas por décadas de guerra, pero su sonido ya no era el mismo.
Durante años había sido un lamento constante, un recordatorio de miedo, de opresión, de vigilancia.
Ahora… sonaba diferente.
Como si el cielo mismo no supiera si debía llorar o limpiar las cicatrices de la ciudad.
Hanzo había caído.
Y con él, una era.
El rumor que cruzó el continente La noticia no viajó en un solo mensaje oficial.
Se filtró como una sombra.
Primero en susurros entre mercaderes y viajeros.
Luego en informes codificados.
Finalmente, en declaraciones cautelosas de los espías que regresaban con los ojos encendidos de incredulidad.
“Hanzo de la Salamandra ha muerto.” Nadie lo creyó al principio.
Durante décadas, su nombre había sido sinónimo de invencibilidad.
El hombre que se enfrentó a los tres legendarios Sannin y los obligó a inclinar la cabeza.
El dictador que convirtió a Amegakure en una fortaleza impenetrable.
El veneno que corría por el corazón del País de la Lluvia.
Y sin embargo, ahora, ese veneno había sido heredado.
Por Yahiko.
El nombre resonó con fuerza nueva en las rutas comerciales, en los puestos de avanzada, en los cuarteles de las grandes naciones.
Y donde viajaba el rumor, germinaba el miedo.
Konoha – El consejo bajo sombras En la aldea oculta entre las hojas, la sala de reuniones del Hokage estaba cargada de silencio.
El humo del incienso subía lentamente mientras el Tercer Hokage observaba el pergamino sobre la mesa.
Su expresión, usualmente serena, estaba endurecida por una preocupación que no intentaba ocultar.
—Confirmado por tres fuentes independientes —dijo un ANBU arrodillado—.
Hanzo ha sido derrotado.
El nuevo líder de Amegakure responde al nombre de Yahiko, antiguo miembro de una organización conocida como Akatsuki.
—¿Akatsuki…?
—repitió Homura frunciendo el ceño—.
Ese nombre ha aparecido con más frecuencia últimamente.
—No son una simple banda de mercenarios —intervino Koharu—.
Según nuestros informes, poseen usuarios de alto nivel y al menos uno con capacidades oculares excepcionales.
El Hokage cerró los ojos por un instante.
—¿Y su ideología?
—No buscan alianzas —respondió el ANBU—.
No han hecho declaración oficial a ninguna nación.
Solo un mensaje transmitido a través de intermediarios: Amegakure es ahora soberana.
No permitirá más guerras en su territorio.
Una frase simple.
Pero cargada de desafío.
—Entonces no buscan la paz mundial —murmuró el Hokage—.
Buscan aislamiento.
Control.
—O un dominio lento —corrigió Danzo, desde la penumbra del salón—.
Un líder joven, con poder, que derroca a un tirano y se proclama protector… No es diferente de Hanzo.
Solo más peligroso.
El silencio volvió a caer.
—No actúen de forma precipitada —ordenó finalmente el Hokage—.
Observaremos.
Reforzaremos nuestras fronteras.
Y aumentaremos el espionaje en el País de la Lluvia.
Quiero saber exactamente qué clase de hombre es Yahiko.
Pero en el fondo, incluso él lo sentía.
El equilibrio del mundo shinobi acababa de inclinarse.
Iwagakure – La desconfianza de la roca En la sala de mando de Iwa, el ambiente estaba lejos de la calma.
Un mapa extendido sobre una mesa mostraba las rutas que conectaban con el País de la Lluvia, señaladas ahora con marcas rojas.
—Hanzo muerto… —gruñó el Tsuchikage—.
Ese bastardo sobrevivió a dos guerras y ahora cae ante un mocoso.
—No es un shinobi cualquiera —replicó uno de los estrategas—.
El líder, Yahiko, habría demostrado técnicas únicas, combinando ninjutsu de alta precisión y velocidad extrema.
—¿Otro usuario arrogante con delirios de grandeza?
—Tal vez.
Pero también cuentan con Nagato… el portador del Rinnegan.
La palabra cayó como una roca en el estanque.
El Tsuchikage se enderezó lentamente.
—¿Rinnegan real?
—Todo parece indicar que sí.
Un silencio pesado se apoderó del recinto.
—Entonces no es solo un cambio de gobierno —murmuró—.
Es el nacimiento de una posible potencia mayor.
—¿Intervenimos?
—Aún no —decidió con frialdad—.
Pero preparen tropas.
Si ese Yahiko decide expandirse, quiero que Iwa esté lista para aplastarlo antes de que crezca demasiado.
Y sin embargo, incluso en su tono duro, había una sombra de respeto involuntario.
Porque Hanzo no había sido derrotado por la suerte.
Sunagakure – El dilema del desierto En Suna, el Kazekage escuchaba en silencio mientras el mensajero relataba los sucesos.
—…Los habitantes de Amegakure parecen aceptar el nuevo régimen.
No hay señales de revuelta.
Algunos incluso celebran la caída de Hanzo.
—¿Celebrar?
—repitió con incredulidad—.
¿En el País de la Lluvia?
—Sí.
Informes hablan de civiles saliendo de las sombras por primera vez.
De soldados entregando sus armas.
El Kazekage cerró los ojos.
—Entonces este Yahiko no solo venció a un dictador… venció al miedo.
—¿Lo consideramos aliado?
—O amenaza.
Una pausa.
—Por ahora, enviad observadores diplomáticos.
No tropas.
Si su objetivo es convertir Amegakure en un paraíso cerrado… interferir podría convertirlo en enemigo directo.
Y el desierto ya no podía permitirse otra guerra innecesaria.
Desde las sombras – El juicio de Madara Muy lejos de los salones de gobierno, en un lugar donde la luz apenas se atrevía a existir, una figura observaba los acontecimientos con interés silencioso.
—Hanzo ha muerto… —murmuró Obito, ante el suelo oscuro.
—Era un obstáculo antiguo —respondió la voz profunda de Madara—.
Pero también una pieza útil.
—¿Y Yahiko?
—Un idealista reformado —dijo con calma—.
Uno que ya ha elegido su propio paraíso.
Una leve risa resonó en la caverna.
—La verdadera pregunta no es si será un enemigo… —continuó Madara—.
Sino cuándo dejará de ser útil.
Obito inclinó la cabeza.
—¿Lo vigilamos?
—Siempre.
Donde haya un Rinnegan… el mundo comenzará a moverse.
Y el mundo ya temblaba.
Amegakure – El silencio después de la tormenta En lo alto de una estructura oxidada, Yahiko observaba su ciudad.
La lluvia caía sobre su rostro, pero no se movió.
Abajo, veía personas caminar sin encorvarse.
Niños que ya no se escondían al escuchar pasos.
Antiguos soldados de Hanzo patrullando ahora bajo nuevas órdenes, con disciplina, pero sin terror en la mirada.
Konan se acercó, silenciosa como siempre.
—Los informes indican movimientos sospechosos en las fronteras.
Konoha e Iwa ya han enviado observadores.
—Lo esperaba —respondió Yahiko sin apartar la mirada del horizonte—.
El mundo no acepta cambios sin vigilarlos.
—¿Y si vienen más que solo observadores?
Una sonrisa leve, peligrosa, se dibujó en su rostro.
—Entonces aprenderán que este no es el País de la Salamandra.
Konan lo observó con detenimiento.
—Estás siendo observado por todos ahora, Yahiko.
—Que miren.
Nagato se unió desde las sombras, su presencia siempre silenciosa, pero abrumadora.
—Y si deciden atacar… —añadió con voz baja— responderemos.
Yahiko asintió.
—No buscamos gobernar el mundo —dijo con firmeza—.
Solo proteger lo que es nuestro.
Pero si el mundo decide convertir este lugar en otro campo de guerra… aprenderán a temer la lluvia.
El viento agitó los papeles de Konan.
En la distancia, truenos retumbaron.
Y mientras las grandes naciones movían sus piezas con cautela, una verdad comenzó a extenderse como una sombra inevitable: Hanzo había muerto.
Pero el País de la Lluvia no estaba más débil.
Estaba despierto.
Y su nuevo líder no buscaba paz.
Buscaba un hogar que nadie pudiera arrebatarle jamás.
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