yahiko de akatsuki - Capítulo 29
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29: capitulo 29 29: capitulo 29 Capítulo 29 — Cimientos del Paraíso La lluvia caía con la misma constancia de siempre, pero algo había cambiado en Amegakure.
Ya no era solo el sonido monótono de un cielo enfermo, sino un murmullo que acompañaba la lenta transformación de una ciudad que, por primera vez en décadas, dejaba de vivir con miedo a un tirano para aprender a sobrevivir bajo un ideal nuevo, peligroso, pero propio.
Yahiko observaba desde lo alto de una de las torres metálicas.
El viento húmedo agitaba su capa oscura mientras sus ojos recorrían los callejones, los puentes colgantes, las casas improvisadas sobre estructuras corroídas por el tiempo.
Amegakure seguía siendo un lugar roto, pero ahora esa ruptura no era sinónimo de desesperanza, sino de oportunidad.
—Un paraíso no nace de la noche a la mañana… —murmuró para sí mismo— pero alguien tiene que empezar a construirlo.
Detrás de él, el suave sonido de pasos sobre metal anunció la presencia de Konan.
Su mirada, como siempre, serena y distante, contrastaba con la determinación que comenzaba a crecer dentro de ella.
—Los primeros niños ya están reunidos —informó—.
Algunos llegaron solos.
Otros fueron traídos por vecinos.
Hay miedo… pero también esperanza.
Yahiko esbozó una leve sonrisa.
—Eso es suficiente para empezar.
Los Orfanatos de la Lluvia Konan se había propuesto una tarea que iba más allá del mero liderazgo militar.
Con una precisión casi maternal, comenzó a organizar a los huérfanos de Amegakure, recolectando nombres, edades, condiciones de salud, habilidades latentes.
Muchos de ellos eran reflejos de lo que ellos habían sido: niños sin hogar, sin futuro, arrastrados por una guerra que no entendían.
En antiguos edificios abandonados, reforzados con sellos y estructuras de papel endurecido, comenzaron a surgir los primeros orfanatos oficiales del nuevo régimen.
No eran simples refugios; Konan los convirtió en lugares de orden, protección y estructura.
—Aquí no serán armas —declaró frente a un pequeño grupo de aldeanos—.
Serán niños.
Y si algún día quieren ser ninjas, será por su propia voluntad, no por necesidad.
Sus palabras se expandieron como la lluvia, silenciosas pero constantes.
Naori Hyuga, presente durante una de esas inspecciones, observaba en silencio.
Su Byakugan veía más allá de los muros, más allá de la carne.
Veía el flujo de chakra irregular de niños traumatizados, los nudos energéticos del miedo profundo.
—Ellos también necesitan aprender a sanar su interior —comentó.
Konan asintió.
—Y nosotros necesitamos aprender a no repetir lo que nos hicieron.
La reapertura de la Academia Ninja La siguiente decisión de Yahiko fue igual de trascendental: Amegakure volvería a tener una Academia Ninja.
No una fábrica de soldados, como en las grandes naciones, sino un lugar donde el conocimiento, el control y la disciplina se enseñaran lejos del ruido de la guerra.
En una reunión privada, Yahiko observó a Naori.
—Eres el único de nosotros que recibió una educación ninja sistematizada —le dijo—.
Jiraiya nos enseñó a sobrevivir… pero no a crecer en un entorno estable.
Naori inclinó ligeramente la cabeza.
—Acepto.
Pero advierto algo: una academia crea poder, y el poder atrae enemigos.
—Ya los tenemos.
Lo único que cambia es que ahora estaremos preparados.
Con ese nombramiento, Naori Hyuga se convirtió oficialmente en el primer director de la nueva Academia Ninja de Amegakure.
Bajo su mando se comenzaron a diseñar programas de estudio que incluían: Control de chakra básico Ética shinobi de la Lluvia Estrategia defensiva Historia del país de la lluvia Autoconocimiento y disciplina mental El objetivo no era conquistar el mundo, sino proteger el pequeño paraíso que Yahiko imaginaba.
El problema del dinero Sin embargo, un paraíso necesitaba más que ideales.
Necesitaba recursos.
Durante una noche silenciosa, Yahiko permanecía sentado en la sala central de la antigua fortaleza de Hanzo, ahora su centro de mando.
Frente a él se desplegaban mapas, rutas comerciales, informes de producción, registros incompletos de impuestos.
—Las guerras no se ganan solo con fuerza… y los sueños tampoco —pensó en voz alta.
Konan lo observaba desde el fondo.
—¿Estás pensando en cómo financiar todo esto?
—Orfanatos, academia, reconstrucción… todo requiere dinero.
Y no pienso depender de ninguna gran nación.
Fue entonces cuando un nombre emergió en su mente como una sombra inevitable.
—Kakuzu… Nagato, que escuchaba en silencio, giró su cabeza.
—El ninja mercenario que ha sobrevivido a generaciones enteras robando corazones y contratos.
—El mismo.
Un monstruo, pero también un genio financiero.
Si Amegakure va a sostenerse sola, necesitamos a alguien que entienda el valor real del dinero… y cómo multiplicarlo.
Konan frunció el ceño.
—Reclutarlo no será fácil.
No se mueve por ideales.
Solo por beneficio.
Yahiko apoyó los codos sobre la mesa.
—Entonces habrá que convencerlo en su propio idioma.
Nagato, con una leve inclinación de su cabeza, añadió con serenidad peligrosa: —O siguiendo mi método.
—¿Tu método?
—preguntó Yahiko.
—Derrotarlo.
Cuando su orgullo sea quebrado, su mente estará abierta.
Un silencio cargado de intención se extendió por la sala.
—Tal vez —respondió Yahiko con media sonrisa— una paliza seguida de una invitación no suene tan mal.
Un dilema moral Más tarde, cuando la noche cae y la lluvia se intensifica, Yahiko se retiró solo al balcón más alto del edificio.
Las luces dispersas de la aldea se reflejaban en los charcos como pequeñas estrellas deformes.
—¿Estoy construyendo un hogar… o una nueva prisión más hermosa?
—se preguntó.
Recordó las palabras de Hanzo antes de morir.
Recordó el peso de esa responsabilidad.
Recordó el rostro de Karin agradecida, asustada, libre por primera vez.
—No quiero paz mundial —murmuró—.
Quiero que ellos vivan.
Que sonrían.
Que no tengan que arrodillarse ante decretos lejanos.
El sonido de pasos suaves anunció otra vez la presencia de Konan.
—Los niños te llaman ‘el hombre que detuvo la tormenta’ —le dijo.
Yahiko soltó una leve risa irónica.
—Si supieran cuántas tormentas llevo dentro… Konan se apoyó a su lado.
—No importa lo que digan afuera.
Lo único que importa es que aquí… ya no están solos.
Resolución Esa misma noche, Yahiko tomó su decisión.
Amegakure no solo se defendería, sino que prosperaría.
La lluvia ya no sería símbolo de muerte, sino de renacimiento.
Y mientras en la distancia se preparaban movimientos invisibles de las grandes naciones, Amegakure comenzaba a fortalecerse desde sus raíces.
Pero en el corazón de Yahiko, una nueva misión comenzaba a tomar forma: Encontrar a Kakuzu.
Medir su fuerza.
Y decidir si sería un enemigo… o el arquitecto financiero del Paraíso de la Lluvia.
La lluvia siguió cayendo.
Pero por primera vez, no sonaba como un lamento.
Sonaba como el inicio de una era.
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