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yahiko de akatsuki - Capítulo 30

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30: capitulo 30 30: capitulo 30 Capítulo 30  La lluvia caía como un velo interminable sobre Amegakure, pero ya no era la misma de antes.

No era la lluvia del abandono, de la desesperación o del olvido.

Era la lluvia de un territorio que comenzaba a respirar bajo un nuevo pulso.

Desde lo alto de la torre central, Yahiko observaba la ciudad con una mezcla de orgullo y peso.

Las calles seguían mojadas, las estructuras aún mostraban heridas de la guerra, pero había algo distinto: orden.

Movimiento.

Vida.

Niños caminando hacia los recién creados orfanatos de Konan, patrullas organizadas bajo nuevas insignias, obreros reforzando puentes, sellos de protección sustituyendo antiguas marcas de Hanzo.

Amegakure estaba cambiando.

Y con ese cambio, nacía un problema que Yahiko ya no podía ignorar.

El dinero.

Consejos bajo la tormenta En la sala de reuniones, Naori Hyuga extendió varios mapas sobre la mesa húmeda de madera oscura.

—Nuestro problema no es la fuerza militar —dijo con voz analítica—.

Eso ya lo temen.

El problema es la sustentabilidad.

Amegakure fue diseñada como fortaleza de guerra, no como nación autosuficiente.

Konan asintió lentamente.

—Dependemos demasiado del flujo externo.

Mercenarios, misiones de terceros, sobornos de las grandes naciones… Hanzo permitía esa corrupción porque mantenía la ciudad viva.

Pero ahora todas esas rutas se han congelado.

Nagato permanecía en silencio, pero su mirada indicaba comprensión total.

Yahiko cruzó los brazos.

—No quiero que este lugar sobreviva mendigando poder.

Quiero que Amegakure sea independiente.

Que no tenga que arrodillarse ante nadie para comprar arroz o pagar un techo.

Naori lo observó con respeto.

—Entonces necesitarás un sistema económico… y alguien capaz de manejarlo.

Silencio.

Solo el sonido de la lluvia golpeando los cristales.

Yahiko sonrió de medio lado.

—Conozco al único hombre capaz de administrar incluso el infierno si le pagas lo suficiente.

Konan alzó una ceja.

—¿Kakuzu?

—Kakuzu.

Nagato levantó la vista con leve dureza.

—Ese hombre no sirve a nadie.

Solo al dinero.

—Precisamente —respondió Yahiko—.

Y nosotros necesitamos a alguien que no se deje llevar por ideologías, sino por resultados.

—¿Y cómo planeas reclutarlo?

—preguntó Naori.

Yahiko recordó las palabras que él mismo había dicho tiempo atrás.

“¿Le doy una paliza y luego le extiendo la invitación?” Su expresión se tensó apenas.

—Aún no lo sé.

Pero algo me dice que no hará falta buscarlo.

El visitante que no pidió permiso Como si aquellas palabras hubieran invocado al destino, un disturbio en el perímetro sur sacudió los sensores de Nagato.

Su chakra se expandió sutilmente.

—Tenemos compañía.

Konan miró hacia la ventana.

—No es un ejército… pero tampoco un visitante común.

Naori cerró su Byakugan con gesto serio.

—Cinco firmas… tres extremadamente pesadas.

Una de ellas… es anormal.

Yahiko sonrió.

—Entonces llegó antes de que lo fuéramos a buscar.

Kakuzu La figura avanzaba bajo la lluvia sin cubrirse.

Un manto oscuro viejo, cosido mil veces, piel curtida, ojos ásperos y calculadores.

Su presencia parecía absorber el calor mismo del ambiente.

A su lado, dos figuras encapuchadas —mercenarios menores— lo observaban como lobos esperando una orden.

—Yahiko de Amegakure… —dijo con voz rasposa— te has hecho un nombre caro en poco tiempo.

Yahiko lo miró con calma, sin postura de amenaza.

—Y tú sigues siendo el hombre más avaro del continente, Kakuzu.

Una sonrisa apenas se marcó en los labios del veterano ninja.

—El dinero es más fiel que cualquier aldea.

Nagato dio un paso adelante.

—No viniste solo a observar.

—No.

Kakuzu alzó un pequeño pergamino.

—Vine a negociar.

El gesto sorprendió incluso a Konan.

—¿Negociar?

—Los rumores dicen que buscas orden… y que estás dispuesto a pagar por ello.

Yo ofrezco control, rutas, contratos, estructuras.

Tú ofreces protección y un flujo continuo de misiones.

Yahiko frunció el ceño.

—¿Y a cambio?

Los ojos de Kakuzu brillaron peligrosamente.

—Control parcial del sistema financiero de Amegakure.

El aire se tensó.

Nagato emitió una presión leve.

—¿Pretendes convertir esto en tu banco personal?

Kakuzu no se inmutó.

—Pretendo convertirlo en una máquina que nunca deje de producir.

Silencio.

La lluvia continuó cayendo.

Yahiko miró a Naori, luego a Konan.

Finalmente dio un paso al frente.

—Entonces demuéstralo.

Los ojos de Kakuzu se entrecerraron.

—¿Combate?

—No solamente.

Si vas a manejar la columna vertebral de este país, quiero ver si tu mente es tan letal como tus manos.

El precio del futuro El enfrentamiento no fue un simple choque.

Fue una demostración de inteligencias.

Kakuzu liberó uno de sus corazones, manipulando máscaras de chakra con precisión quirúrgica.

Yahiko respondió con velocidad, Byakugan activado, combinando Keijūgan y Modo Chakra de Rayo en perfecta sincronía.

El impacto de sus golpes destrozó estructuras cercanas.

Pero no buscaban matarse.

Buscaban medir.

—Interesante… —murmuró Kakuzu mientras esquivaba—.

Usas tu cuerpo como inversión, no como arma desechable.

—Y tú usas tu vida como una cuenta interminable —respondió Yahiko—.

¿Cuánto vale tu lealtad?

—Depende del retorno.

Tras varios intercambios, ambos retrocedieron.

La lluvia marcó una pausa tácita.

—Te ofreceré un trato, Kakuzu —dijo Yahiko—.

No serás dueño de Amegakure.

Pero sí arquitecto de su economía.

Crearás rutas, misiones, acuerdos.

Cada aldea que quiera nuestros servicios pagará las tarifas que tú establezcas, pero bajo mi supervisión.

Kakuzu ladeó la cabeza.

—¿Y mi parte?

—Un porcentaje fijo de todas las operaciones, libertad de acción dentro de ciertos límites… y protección absoluta mientras cumplas.

Silencio.

Kakuzu observó la ciudad detrás de Yahiko.

Las luces.

Los movimientos.

El nuevo orden naciente.

—Este lugar… tiene potencial.

Bajó la mirada nuevamente.

—Acepto.

Pero si rompes este trato, no habrá cielo ni infierno donde puedas esconderte de mis cuentas.

Yahiko sonrió.

—Tranquilo.

Yo no rompo acuerdos.

Los convierto en cimientos.

El nacimiento del sistema de hierro Días después, los cambios comenzaron.

Kakuzu diseñó un sistema de rangos económicos, contratos internos, recompensas por misiones, impuestos mínimos para reconstrucción y un fondo dedicado exclusivamente a la defensa y bienestar de los huérfanos.

Konan supervisó que parte de ese flujo sostuviera los orfanatos.

Naori integró el sistema con la Academia.

Yahiko observaba todo con detenimiento.

Cada paso, cada cifra, cada decisión.

—No quiero riqueza —dijo en una reunión privada—.

Quiero estabilidad.

Quiero que nadie tenga que vender su cuerpo para sobrevivir en su propia aldea.

Kakuzu asintió levemente.

—Ese tipo de ideal… es raro.

Pero rentable a largo plazo.

Nagato, desde las sombras, observaba con ojos serenos.

Su mente, sin embargo, estaba en otra cosa.

Los Caminos.

Los recipientes.

El castigo.

Mientras Yahiko creaba un paraíso… él construía su propia interpretación del orden.

Y debajo de la lluvia constante, Amegakure dejaba de ser solo una aldea.

Se convertía en un reino silencioso.

Un reino que aprendería a sostenerse con oro, disciplina… y miedo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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