yahiko de akatsuki - Capítulo 31
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
31: capitulo 31 31: capitulo 31 Capítulo 31 — Encrucijada en la Lluvia Yahiko observaba el mapa extendido sobre la mesa de la sala estratégica.
El sonido de la lluvia golpeando los ventanales altos de la torre era constante, casi ensordecedor, pero para él siempre había sido un refugio.
La lluvia lo había acompañado toda su vida, desde los días de hambre y miedo, hasta este momento donde cargaba sobre sus hombros el peso de un país entero.
La lluvia no juzgaba, no exigía, no perdonaba.
Simplemente caía.
El informe que sostenía entre los dedos temblaba.
No era por miedo; era por la comprensión de lo que estaba por ocurrir.
La Tercera Guerra Mundial Shinobi estaba en su punto más crítico.
Konoha, Iwa, Kiri y Kumo se desgarraban mutuamente mientras las cenizas de miles se esparcían sobre campos arruinados.
Y Ame… Ame, por primera vez en décadas, permanecía en silencio.
No porque no pudiese alzar la voz, sino porque Yahiko había decidido que la neutralidad era su escudo.
Pero la neutralidad también tenía un precio.
Yahiko deslizó un dedo sobre el mapa, rodeando una región marcada con tinta roja.
Ese pequeño punto sobre el mapa representaba un posible cambio en el destino del mundo… y también la decisión más difícil que había tenido que tomar desde que se convirtió en líder de Amegakure.
**El dilema moral ** Nagato estaba sentado a su derecha, los brazos cruzados, expresión dura.
Konan, a su izquierda, observaba los documentos en silencio, aunque su tensión era evidente.
Yahiko tomó aire.
Sentía el pecho pesado, como si la lluvia del exterior se hubiera acumulado dentro de él.
—Según los movimientos de Iwa… —comenzó— esto coincide con la misión de infiltración que Konoha enviará pronto.
La famosa misión del Puente Kannabi.
Nagato asintió.
—Donde Obito Uchiha morirá… o nacerá algo peor —terminó él.
Yahiko cerró los ojos.
Obito Uchiha.
Un niño apenas un poco menor que él.
Un niño que soñaba con ser Hokage, como cualquier otro joven shinobi ingenuo del mundo.
Un niño que, si moría… se convertiría en una marioneta de Madara.
Y ese Madara… Yahiko apretó los dientes.
Ese Madara podría convertirse en la amenaza más grande para Nagato, para Konan, para Ame.
Podría convertirse, de hecho, en la razón por la que Ame sería arrastrada a una guerra más grande de la que jamás podrían soportar.
Pero si Yahiko intervenía para salvarlo… Entonces Ame perdería su neutralidad.
Los otros países creerían que Ame tenía vínculos con Konoha.
Y Ame sería atacada por Iwa, por Kumo, tal vez por Kiri.
Y no tenían la fuerza militar para resistir.
Era una decisión imposible.
Un dilema sin respuesta perfecta.
Konan rompió el silencio.
—Salvar a un niño… o salvar a un país.
La frase atravesó a Yahiko como una kunai.
No por fría, sino por verdadera.
Yahiko se apartó de la mesa.
Caminó hacia el gran ventanal.
La lluvia caía con fuerza, golpeando el cristal como pequeñas explosiones.
Se apoyó con ambas manos y dejó que el sonido lo envolviera.
—Nunca pensé que para construir un paraíso —susurró— tendría que dejar que otros vivieran en el infierno.
Sus palabras cayeron pesadas.
Konan bajó la mirada.
Nagato observó a Yahiko con una mezcla de dolor y aceptación.
—El mundo ninja siempre ha sido así —dijo Nagato—.
Nosotros lo sabíamos desde pequeños.
Alguien sufre para que otros sobrevivan.
Pero Yahiko negó con la cabeza.
—No quiero convertirse en eso.
No quiero ser un líder que sacrifica niños para proteger fronteras.
—Y sin embargo —Konan habló suavemente— el destino te obliga a elegir.
Yahiko apretó sus manos contra el vidrio.
Una gota de lluvia descendió lentamente frente a sus ojos, reflejando su rostro.
Ese soy yo ahora.
Un líder que debe decidir quién vive y quién muere.
Era un pensamiento que lo destrozaba.
Nagato se acercó.
—Hay otra opción —dijo con voz baja— aunque no te guste.
Yahiko no respondió, pero sabía a qué se refería.
Nagato continuó: —Podríamos salvar a Obito… pero no para entregarlo a Konoha.
Podríamos transformarlo.
Convertirlo en uno de los Caminos.
Uno de mis recipientes.
Él tiene un linaje poderoso… podría ser útil.
Konan inhaló bruscamente.
—Nagato… eso es… —Cruel —completó Yahiko sin volverse.
Nagato bajó la mirada.
—La supervivencia de Ame siempre será más importante que la moral de otros países.
Yahiko cerró los ojos.
Nagato tenía razón.
Y eso era precisamente lo que lo aterraba.
Los informes indicaban que si Obito moría, Madara actuaría.
Y si Madara actuaba… Konoha sufriría.
Kiri sufriría.
Tal vez incluso Iwa.
Miles morirían.
Pero Ame no.
Ame seguiría siendo un punto muerto en medio de la tormenta.
Un país pequeño… olvidado… protegido por su propia insignificancia.
Y gracias a ese caos, Yahiko podría reforzar Ame sin interferencias: rescatar clanes oprimidos, ofrecer refugio, reconstruir una generación completa de shinobi.
¿Cuántos niños podría salvar entonces?
¿Cuántas vidas podría proteger dentro de Ame… a cambio de una vida que no intervendrá a tiempo?
Era la ecuación más cruel que había tenido que realizar.
Después de un largo silencio, Yahiko habló.
Su voz estaba rota.
—No intervendremos.
Konan cerró los ojos.
Nagato asintió.
—Dejaremos que la historia siga su curso —continuó Yahiko—.
Que el Puente Kannabi caiga como debe caer.
Su respiración tembló.
—Madara tomará a Obito.
Y eso será una tragedia… una tragedia que el mundo pagará.
Se volvió hacia Konan y Nagato.
Su expresión estaba llena de dolor.
—Pero si lo salvamos, Ame morirá.
La lluvia golpeó la torre con más fuerza, como si el cielo llorara con Yahiko.
**Para aliviar la culpa ** Konan dio un paso adelante.
—Entonces, ¿qué harás?
¿Simplemente mirar?
¿Esperar?
¿Dejar que la guerra nos pase por encima?
Yahiko negó.
—No.
Si no puedo salvar a Obito… entonces salvaré a quienes sí pueda.
Se giró al mapa.
Señaló varias zonas en el territorio de Kiri.
—Hay clanes perseguidos… clanes con linajes de sangre.
Familias enteras siendo masacradas.
Los Yuki, los Kaguya… y otros que aún no conocemos.
Konan comprendió.
—¿Quieres rescatarlos… antes de que la niebla los destruya?
Yahiko asintió.
—Si Ame no puede salvar a un niño de Konoha… entonces salvaremos cientos de niños de Kiri.
Los traeremos aquí.
Les daremos un hogar, un futuro.
Y Ame se hará más fuerte.
Nagato sonrió apenas.
—Eso… eso sí parece algo que harías tú.
Yahiko respiró más tranquilo.
Era una pequeña luz en medio de tanta oscuridad.
Cuando quedaron solos, Yahiko volvió al ventanal.
La lluvia caía sin detenerse.
Su reflejo, medio distorsionado por las gotas, le devolvió la mirada.
Esta decisión me perseguirá siempre.
Pero para que Ame viva… yo tengo que cargar con esta tormenta.
Y mientras observaba la ciudad que había jurado proteger, susurró una última frase que quedó suspendida en el ruido de la lluvia: —Para proteger la lluvia… cargaré con toda la tormenta del mundo.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com