yahiko de akatsuki - Capítulo 32
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32: capitulo 32 32: capitulo 32 La lluvia de Amegakure caía con una cadencia inusualmente suave aquel amanecer, como si el cielo mismo estuviera conteniendo la respiración.
Yahiko se encontraba en la terraza superior de la torre central, apoyado en la baranda metálica oxidada por los años.
Observaba la vasta ciudad extendida abajo, un mar de techos afilados, tuberías goteantes y pasillos improvisados.Pero por primera vez en mucho tiempo, las nubes no le parecían aplastantes.
Algo estaba cambiando.
Algo que él mismo había puesto en movimiento.
Respiró hondo, dejando que el olor húmedo del metal y el vapor subiera a sus pulmones.—Ame está despertando —susurró—.
Y no puedo fallarles ahora.
Nagato apareció detrás de él, silencioso como los pasos que la lluvia amortiguaba.—Yahiko, ya llegaron los informes que solicitaste —dijo, ofreciendo un rollo de pergamino sellado—.
Sobre los desplazados de Kiri… y sobre los movimientos de Konoha.
Yahiko tomó los documentos, pero no los abrió todavía.—¿Cuántas familias más podemos recibir?
—preguntó sin volverse.
Nagato meditó un instante.—Si la reconstrucción del distrito sur sigue el ritmo actual, quizá unas doscientas… pero estaríamos al límite de alimentos por mes.
Yahiko sonrió, aunque cansado.—Lo sé.
Pero una oportunidad así no podemos desperdiciarla.
Las guerras de las grandes naciones expulsan gente con desesperación… y nosotros necesitamos población, mano de obra, futuros shinobi, artesanos.
Y sobre todo… personas que quieran un hogar que no los trate como desechos.
Nagato inclinó la cabeza, pensativo.—Los clanes con kekkei genkai serán un problema.
Kiri no los dejará escapar tan fácilmente.
—Lo sé —respondió Yahiko—.
Pero si nosotros los protegemos, ellos protegerán Ame.Hizo una pausa.—Y si Kiri quiere quejarse, que lo haga.
No estamos interfiriendo en su guerra, solo ofreciendo refugio.
Que lo llamen neutralidad activa, si quieren.
O cobardía.
Yo lo llamo supervivencia.
Nagato no respondió, pero su mirada rojiza, cargada de determinación y cansancio, dijo suficiente.
Más tarde, ya en la sala de reuniones, Yahiko extendió sobre la mesa un mapa del País de la Lluvia.
Nagato y Konan se sentaron a cada lado.
Naori Hyūga entró segundos después, respetuoso pero con la serenidad de alguien que ya se había acostumbrado al rol de consejero.
—Comencemos —dijo Yahiko.
El mapa estaba marcado con puntos rojos y azules.Konan tomó un papel y comenzó a leer: —Los nuevos orfanatos están casi terminados.
Nos falta personal durante la noche para cuidar a los más pequeños, pero las adolescentes que se ofrecieron de voluntarias parecen responsables.
Yahiko asintió.—Bien.
Ame nunca más debe producir niños rotos como nosotros.
Si vamos a crecer, empecemos por arreglar lo que nunca tuvimos.
Konan sonrió suave, con ese gesto que solo aparecía cuando lo miraba a él.—Los huérfanos te escuchan, Yahiko.
Les das esperanza.
Él no respondió; las palabras lo dejaban incómodo.
Pero dentro, una calidez tenue se encendió.
Nagato intervino:—Sobre la academia ninja, Naori trajo los planes de estudio.
Son… intensos.
Naori inclinó la cabeza.—Debemos formar shinobi capaces de defender Ame sin depender de ideologías suicidas.
Técnicas de supervivencia urbana, combate en espacios cerrados, ninjutsu elemental básico.
Y con su permiso, Yahiko… —respiró hondo—.
Estoy considerando un programa avanzado para estudiantes con afinidad sensorial.
El Byakugan detecta muchas cosas… pero Nagato ha demostrado que el talento sensorial es más valioso de lo que se pensaba.
Nagato entrecerró los ojos, sorprendido.—¿Quieres replicar el entrenamiento que hicimos juntos?
Naori negó con suavidad.—Solo tomar algunos principios.
Tu manera de sentir la lluvia, Nagato… eso no puede replicarse.
Pero sí puede inspirar a otros.
Yahiko apoyó ambas manos en la mesa.—Naori, confío en ti.
Hazlo.
Ame necesita un sistema educativo real, no improvisaciones como las que nosotros recibimos.
Naori sonrió apenas, inclinado.
Konan desdobló otro pergamino.—Konoha envió una delegación extraoficial a la frontera.
Dicen que quieren hablar, pero… no parecían pacíficos.
Uno era claramente del clan Yamanaka.
Nagato frunció el ceño.—Quizá esperaban infiltrarse.
O leer mentes.
La guerra los está desesperando.
Yahiko se cruzó de brazos.—Konoha no debería molestarnos mientras estén peleando en tres frentes.
Si llegan a creer que podemos inclinarnos hacia Iwa o Kiri, entonces van a presionarnos.
Konan lo miró de reojo.—¿Y pensamos inclinarnos hacia alguien?
Yahiko soltó una risa corta.—¿A nosotros?
¿Aliarnos con cualquiera de esos hipócritas?
No.
Pero dejar que piensen que podríamos… eso es otra historia.
Naori respiró hondo.—Jugar con las percepciones.
Una estrategia peligrosa… pero efectiva.
Yahiko dio unos pasos alrededor de la mesa, como si la lluvia golpeando los ventanales marcara su ritmo.—Ame no puede seguir siendo víctima del capricho de las grandes naciones.
Si queremos respeto, debemos ser una incógnita.
Un país impredecible, difícil de leer, imposible de intimidar.Se detuvo.—No quiero guerra.
Pero tampoco quiero que crean que pueden cruzar nuestras fronteras como les dé la gana.
Nagato dijo en voz baja:—La neutralidad verdadera es un sueño imposible.
—Lo sé —respondió Yahiko, mirando por la ventana—.
Pero puedo construir algo parecido… lo suficiente para que dejemos de sangrar.
Nagato extendió un pergamino manchado de tinta.—Estos son los resultados de analizar el cuerpo del Yamanaka que encontramos entre los infiltrados.
Yahiko, no… no estoy seguro de si deberías ver esto ahora.
Yahiko levantó una ceja.—¿Por qué no?
Nagato dudó.—Porque… estoy empezando a desarrollar la idea que mencioné.
Sobre dividir mis habilidades del Rinnegan en receptáculos separados.
No es solo teoría.
Podría realmente funcionar.
Un silencio pesado cayó sobre la sala.
Konan apretó el papel que tenía entre los dedos.—Nagato… ¿estás seguro de querer… usar cuerpos?
Él no tembló ni un instante.—No sería como Hanzō, ni como los criminales de Konoha.
Sería… un método.
Una extensión de mi voluntad.
Si uso cuerpos ya muertos, no daño a nadie.
Y Ame necesita vigilancia constante.
Si puedo estar en varios lugares a la vez… si puedo luchar sin arriesgar mi cuerpo real… Yahiko tragó saliva.
La lluvia parecía más fría.—Nagato… —lo dijo con una mezcla de orgullo y miedo— si tu idea funciona, serás una fuerza que incluso las grandes naciones temerán.
Pero… ¿qué precio vas a pagar tú?
Nagato bajó la mirada.—Ese es el dilema.
Cada vez que uso el Rinnegan, siento un tirón… como si algo dentro de mí se desgarrara.
Pero si soy más eficiente, si reparto mis habilidades… podría reducir la carga.
Naori habló por primera vez en minutos:—Esto podría cambiar la historia de Ame.
O destruir a su portador.
Yahiko se acercó y puso una mano en el hombro de Nagato.—No tomes decisiones ahora.
Solo… sigue investigando.
Pero no te pierdas en ese poder, hermano.
No quiero que te conviertas en una sombra.
Nagato levantó la vista, y por un momento, en esos ojos purpuras divinos, Yahiko vio algo profundamente humano.
—No dejaré que eso pase, Yahiko —prometió.
En otra parte del día, Yahiko se reunió con un grupo reducido de administradores civiles.
La reconstrucción de Ame era lenta, costosa y agotadora.
Pero comenzaban a surgir ideas, casi todas radicales.
Un hombre mayor con lentes dijo:—Si abrimos rutas comerciales hacia los pequeños pueblos fronterizos, podríamos cobrar peaje.
Aun si las grandes naciones no nos reconocen, los civiles igual necesitan cruzar el país.
—Exacto —respondió Yahiko—.
Y no pienso cobrarles un precio injusto.
Pero sí uno suficiente para que Ame tenga ingresos.
Otra administradora agregó:—También podríamos producir herramientas metálicas.
Nuestra lluvia constante permite ciertos procesos de enfriamiento únicos.
Yahiko sonrió.—Me gusta cómo piensan.
El dinero no es solo poder… es independencia.
Mientras hablaban, un pensamiento le atravesó la mente.Debo encontrar a Kakuzu.
Si alguien sabe mover dinero como arma, es ese viejo avaro.
Pero… cómo reclutarlo sin que me mate primero.
Rió internamente.Tal vez al estilo Nagato: primero una paliza, después una invitación.
Cuando la lluvia se volvió más intensa y la ciudad se sumió en sombras azuladas, Yahiko bajó al nivel intermedio de la torre.
Konan lo esperaba ahí, sentada sobre los escalones de piedra, rodeada de papeles de origami que flotaban como mariposas.
—¿Otra vez cargando con todo solo?
—preguntó ella.
—No estoy solo —respondió Yahiko, sentándose a su lado—.
Te tengo a ti.
A Nagato.
A Naori.
A toda esta gente que me mira como si fuera capaz de salvarlos.
Konan inclinó la cabeza.—Yahiko… tú estás logrando cosas que ni los Senju ni los Uchiha pudieron.
Estás construyendo algo real.
Él se pasó una mano por el rostro.—Konan… soy un chico del País de la Lluvia.
No tengo apellido importante, ni un clan detrás, ni mentores poderosos salvo Jiraiya.
Solo… quiero que dejemos de sufrir.
Eso es todo.
Konan tomó su mano.—Y por eso te seguirán.
Porque no buscas gloria, solo un hogar.
Y ese sueño vale más que cualquier título.
La lluvia golpeaba las paredes como un aplauso constante.
Yahiko la miró, y por un instante, el peso del liderazgo se aflojó.—Gracias —susurró—.
A veces tengo miedo.—¿Miedo de qué?—De convertirme en alguien como Hanzō.
Rígido.
Amargado.
Ciego.
No quiero perderme.
Konan apoyó su cabeza en su hombro.—No te perderás.
Porque te tenemos a ti, y tú nos tienes a nosotros.
Al amanecer siguiente, Yahiko reunió a todo el consejo de Ame en la plaza central, bajo la lluvia suave que siempre los acompañaba.
—Amegakure —comenzó con voz profunda— no volverá a ser el campo de batalla del mundo.
No seremos peones, ni víctimas, ni un puente para que otros pasen encima de nosotros.
Las personas que se habían reunido —civiles, huérfanos, shinobi sobrevivientes, refugiados recién llegados— lo miraban con atención absoluta.
—A partir de hoy, reabrimos la Academia Ninja.
A partir de hoy, nuestros orfanatos estarán llenos de niños que vivirán sin miedo.
A partir de hoy, Ame será un país que protege… y que se hace respetar.
Nagato dio un paso al frente.—Yo vigilaré nuestras fronteras —declaró con voz grave—.
Nadie entrará sin que lo sepamos.
Konan abrió sus manos, y cientos de papeles de origami formaron un círculo protector.—Y yo construiré un refugio.
Uno que no colapse con cada guerra del exterior.
Yahiko alzó el contrato de la salamandra, el legado de Hanzō.—Y este país recordará que no somos débiles.
Ibuse y todas las salamandras lucharán por Ame.
Pero no por miedo… sino por un futuro que construiremos juntos.
Un murmullo recorrió la plaza.
Esperanza.
Incredulidad.
Energía nueva.
Yahiko inspiró profundamente.—Hoy sembramos las semillas de una nueva Ame.
Tal vez el suelo esté envenenado… pero con lluvia suficiente, incluso el veneno se diluye.
La multitud aplaudió.Yahiko cerró los ojos un instante.
Que este sueño sobreviva… incluso cuando yo ya no pueda protegerlo.
Konan lo miró con un afecto que casi dolía.Nagato, con una determinación que podía mover montañas.
Y así, bajo un cielo eterno de nubes, Amegakure renacía.
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