Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

yahiko de akatsuki - Capítulo 33

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. yahiko de akatsuki
  4. Capítulo 33 - 33 capitulo 33
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

33: capitulo 33 33: capitulo 33 La lluvia caía con una cadencia diferente aquella noche.

No era la lluvia salvaje que azotaba los días de guerra, ni la lluvia tranquila que acompañaba el resurgimiento lento del País de la Lluvia.

Era una lluvia irregular, casi inquieta, como si la propia tierra estuviera conteniendo la respiración.

Yahiko lo sintió apenas abrió los ojos en su habitación.

Había dormido poco.

Demasiado poco.

Y cada noche era igual desde que tomó la decisión de no intervenir en la Misión del Puente Kannabi.

Una parte de él sabía que había elegido el camino más práctico, el que garantizaba la estabilidad de Ame.

Pero otra parte, quizá la más humana, lo atormentaba con preguntas.

¿Cuántas vidas costará mi decisión?¿Cuántos huérfanos más aparecerán en las puertas de Ame?¿Y si algún día ese karma vuelve a nosotros?

Sacudió la cabeza.

No podía permitirse dudar.

No ahora.

Se vistió, ajustó su capa y salió hacia la sala de reuniones en la torre central.

La lluvia mojaba su rostro, pero no lo molestaba.

De hecho, siempre le había parecido una bendición.

Un recordatorio de dónde venía y dónde debía proteger.

Pero ese día… la lluvia parecía distinta, pesada, cargada.

Como si estuviera vigilando.

Cuando Yahiko entró en la sala, encontró a tres de sus consejeros —antiguos civiles convertidos en administradores— discutiendo acaloradamente.

Konan estaba de pie junto a la ventana, brazos cruzados, observando en silencio.

Nagato se encontraba sentado al fondo, con expresión neutral pero ojos atentos, como si midiera cada palabra.

—Se lo dije —gruñía uno de los consejeros—.

Si seguimos aceptando refugiados, vamos a terminar sin comida antes de que vuelva la próxima cosecha.

—No podemos cerrarles la puerta ahora —respondió otro—.

Ame es más segura que cualquier otra nación en este momento.

Si los dejamos afuera, morirán.

—¡No somos una maldita organización caritativa!

—bramó el primero—.

Necesitamos soldados, no bocas inútiles que alimentar.

Yahiko entró sin anunciarse.

Su presencia bastó para que todos se callaran.

—¿”Bocas inútiles”?

—repitió con calma peligrosa—.

¿Así te referís a la gente que está viva gracias a nuestras decisiones?

El consejero tragó saliva.

Konan suspiró con alivio silencioso.Nagato apenas inclinó la cabeza, evaluando.

Yahiko se sentó en la cabecera.

—Escuchen —dijo sin elevar la voz—.

Ame será un hogar, no un ejército.

Si alguien tiene problemas con eso, puede buscar otra aldea donde lo acepten.

Silencio.

Pesado.

Cómodo para Yahiko.

—No digo que soltemos el control —añadió—.

Pero si la lluvia va a ser neutral, también debe ser justa.

Eso significa cuidar a quienes llegan buscando protección.

Los consejeros no se atrevieron a replicar.

Pero la tensión quedó flotando, espesa.

Konan lo miró fijamente.

Yahiko sintió en esos ojos una mezcla de orgullo… y preocupación.

Nagato permanecía quieto, demasiado quieto.

Cuando la reunión terminó, Nagato lo siguió sin que Yahiko se lo pidiera.

Caminaban ambos por un pasillo silencioso cuando Nagato habló: —Hoy actuaste como un líder —dijo—.

No como un héroe.

Como alguien que entiende el costo real de un país.

Yahiko detuvo el paso.

Nagato lo alcanzó.

Su rostro era opaco, una mezcla de serenidad y dureza que se hacía más marcada cada día.

—Nagato —Yahiko lo observó con atención—.

Has estado raro desde lo de la emboscada en el bosque.

Nagato no intentó negarlo.

—Hice lo que tenía que hacer —respondió.

—Mataste a los infiltrados sin dudar —dijo Yahiko—.

Incluso a ese sensorial de Konoha.

—Era un Yamanaka.

Conocía técnicas para extraer información incluso muerto.

No podía permitirlo.

Yahiko entrecerró los ojos.

—Pero lo que hiciste después… —insistió.

Ahí estaba el punto.

El cadáver del Yamanaka se había convertido en algo más.Nagato lo había preparado, conservado, modificado… Uno de los recipientes del Rinnegan.El primer Camino Humano.

Un proyecto que Yahiko no sabía si temer o aceptar.

—Puedo dividir mis habilidades —explicó Nagato, sin rastro de culpa—.

Distribuir mi poder.

No depender solo de mi cuerpo.

Ni de mi vitalidad.

—Nagato… —Yahiko frunció el ceño—.

¿No te preocupa lo que eso implica?

—No —dijo, directo—.

Porque así te protejo mejor.

Protejo Ame.

Protejo a Konan.

Yahiko sintió un nudo en el pecho.Era una lealtad hermosa… pero peligrosa.

—No quiero que sacrifiques tu humanidad —murmuró.

—La humanidad es un lujo que los líderes no pueden permitirse —respondió Nagato—.

Vos lo sabés mejor que yo.

Elegiste no intervenir en Kannabi por un bien mayor.

¿Eso no es renunciar a algo?

Yahiko apretó los dientes.

Dolía.

Porque era verdad.

KONAN LEE LO QUE LOS OTROS NO VEN Konan se acercó a ellos desde el final del pasillo.

Había escuchado suficiente, como siempre.

—Nagato tiene razón —dijo—.

Vos también estás cambiando, Yahiko.

Pero eso no es malo.

Sus pasos eran suaves, pero sus palabras eran firmes.

—Estamos cargando un país sobre los hombros —continuó—.

No podemos hacerlo siendo los mismos niños que escapaban por las aldeas buscando comida.

Vos crecés para proteger.

Nagato se vuelve más frío para proteger.

Yo me vuelvo más estricta para proteger.

Yahiko bajó la mirada.Konan tomó su mano.

—Pero si uno de nosotros se pierde —susurró— los otros dos lo traerán de vuelta.

Un pequeño alivio recorrió el pecho de Yahiko.

Nagato asintió, como si ese pacto silencioso también fuera suyo.

Y entonces… La lluvia cambió.

Nagato giró la cabeza lentamente, como si una voz invisible le susurrara al oído.

—…alguien entró en Ame —murmuró.

La temperatura en el pasillo cayó.

Yahiko se tensó.

—¿Un civil?

—preguntó.

Nagato negó.

La lluvia sensorial lo conectaba a cada movimiento en kilómetros a la redonda.

No había error.

—No —sus ojos se volvieron fríos—.

Un ninja.

Solo uno.

Y no se mueve como un espía común.

Yahiko sintió un escalofrío.

—¿Konoha?

—No —respondió Nagato—.

Su flujo de chakra… es distinto.

Algo más irregular.

Más… roto.

Konan abrió sus alas de papel al instante.

—¿Dónde está?

Nagato elevó la mirada hacia el techo, como si la lluvia le hablara directamente.

—En el límite norte —dijo—.

Se mueve hacia la aldea, pero no parece esconderse.

Es como si quisiera que lo veamos.

Yahiko apretó los puños.

—Entonces vamos —ordenó.

El bosque era espeso, oscuro, silencioso.

La lluvia amortiguaba los sonidos, pero Yahiko sentía cada vibración, cada rama, cada pulso.

Su Mundo Transparente, combinado con su percepción ambiental creciente, hacía que todo se viera… vivo.

Como si la respiración de la propia selva marcara un ritmo que solo él podía oír.

Nagato avanzaba a su lado, impasible, conectado al pulso de la lluvia.Konan flotaba justo detrás, lista para actuar.

De pronto, Yahiko levantó la mano.

—Lo veo.

Una figura encapuchada estaba de pie en medio del sendero, sin moverse, como si fuera una sombra incrustada en el bosque.

No tenía postura de combate.No huía.No temblaba.

Esperaba.

Yahiko dio un paso adelante.

—Estás en territorio de Ame —dijo, sin gritar—.

Tenés tres segundos para identificarte o serás tratado como enemigo.

La figura levantó la cabeza.

Un chakra irregular, distorsionado, casi herido crepitaba a su alrededor.

Nagato lo sintió al instante.

—No es de ninguna aldea —susurró.

Konan entrecerró los ojos.

—Es… ¿un desertor?

La figura habló con voz ronca.

—Busco… a Yahiko.

Nagato y Konan tensaron el cuerpo al mismo tiempo.

Yahiko activó su Byakugan del ojo izquierdo.

La visión se expandió como un relámpago.

Venas marcadas.Respiración débil.Intención oscura… pero mezclada con desesperación.

—¿Quién sos?

—preguntó Yahiko.

La figura retiró la capucha.

Un rostro lleno de cicatrices.

Ojos hundidos.

Marcas de tortura y de maltrato.

—Alguien que trae un mensaje —dijo—.

Uno que… no podés ignorar.

Nagato avanzó un paso.

—No te acerques.

El hombre sonrió con una expresión rota.

—El mundo… se está moviendo —susurró—.

Y ustedes… ustedes ya no pueden esconderse de él.

Yahiko sintió una punzada en el pecho.

El intruso levantó una mano…y dejó caer un pergamino, empapado por la lluvia.

Konan lo tomó sin tocarlo directamente, usando papel.

Entonces el hombre murmuró: —Yo… ya cumplí.

Y antes de que pudieran detenerlo… su chakra colapsó en un estallido interno.

No una explosión.No un sello.No un ataque.

Un suicidio activado por sello de detonación interna, un sello de silencio.

Nagato abrió los ojos con horror.

—Ese sello… solo lo usa una aldea —dijo—.

Kiri.

Konan desenrolló el pergamino.

Sus ojos se endurecieron.

Yahiko preguntó, aunque ya lo intuía: —¿Qué dice?

Konan levantó la mirada.

—”Amegakure será el próximo campo de guerra.”** Nagato apretó los dientes.

La lluvia volvió a caer fuerte.Como si el cielo respondiera a la amenaza.

Yahiko, empapado, miró hacia la oscuridad del bosque.

Así que la guerra finalmente llegó a nosotros… Y en su pecho, un fuego oscuro —no de odio, sino de protección— comenzó a crecer.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Acerca de
  • Inicio
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo