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yahiko de akatsuki - Capítulo 36

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36: capitulo 36 36: capitulo 36 La lluvia cayó esa noche con una cadencia distinta.

No era la lluvia constante y melancólica que había acompañado a Amegakure durante generaciones, ni tampoco el aguacero violento que anunciaba destrucción inmediata.

Era una lluvia silenciosa, pesada, cargada de intención.

Cada gota golpeaba el suelo como si el cielo mismo contuviera la respiración.

Nagato fue el primero en sentirlo.

No con los sentidos comunes, sino con algo más profundo.

Algo que ya no pertenecía del todo a lo humano.

El chakra descendió desde lo alto.

Uno.

Dos.

Diez.

Veintisiete.

Sus ojos se abrieron lentamente.

—No es una patrulla normal… —murmuró.

El Ukojizai no Jutsu estaba activo.

La lluvia sensorial se expandía sobre Amegakure como una red viva, invisible para cualquiera que no supiera lo que buscaba.

Cada gota era un ojo.

Cada impacto contra el metal oxidado, el concreto húmedo o la piel de los habitantes, era una extensión de su percepción.

Y esas presencias… no pertenecían allí.

—Movimiento coordinado en el sector oeste —continuó Nagato—.

Avanzan rápido.

Demasiado disciplinados para ser mercenarios.

Konan cerró el pergamino que estaba revisando y se puso de pie.

—¿Konoha?

Nagato dudó.

—Eso es lo extraño… llevan firmas compatibles con Konoha, pero… hay algo forzado en ellas.

Yahiko no dijo nada de inmediato.

Se acercó a la ventana metálica del refugio y observó la lluvia caer sobre la ciudad que ahora gobernaba.

Su ciudad.

Su responsabilidad.

—Raíz —dijo finalmente.

Konan giró hacia él.

—¿Estás seguro?

—Danzō nunca envía soldados con libertad emocional —respondió Yahiko con frialdad—.

Y nunca actúa sin un objetivo oculto.

Nagato asintió lentamente.

—Están disfrazados… pero su intención es clara.

No vienen a negociar.

Vienen a provocar.

Yahiko se giró.

—Entonces no los tratemos como visitantes.

El ataque El escuadrón enemigo se movía como una sombra disciplinada entre los edificios bajos del distrito occidental.

Portaban protectores de Konoha, bandanas visibles, e incluso utilizaban señales de comunicación estándar del País del Fuego.

Para cualquier observador externo, era una patrulla legítima.

Para Nagato, eran intrusos marcados.

—Treinta segundos —dijo con voz neutra—.

Entrarán en el radio central de contención.

Yahiko levantó la mano.

—No intervengan aún.

Konan frunció el ceño.

—¿Esperas que ataquen primero?

—No —respondió él—.

Espero que se expongan.

Y lo hicieron.

Uno de los supuestos jōnin lanzó una bomba de humo hacia una zona civil, buscando generar caos.

Otro comenzó a formar sellos, preparando una técnica de fuego contenida.

No era un ataque frontal.

Era una provocación calculada.

Yahiko bajó la mano.

—Ahora.

La ciudad respondió.

El suelo se elevó ligeramente bajo los pies del escuadrón cuando una presión invisible los aplastó contra el pavimento mojado.

—¿Qué—?!

—¡Es una técnica gravitacional!

Nagato no se movió de su posición.

Solo extendió la mano.

—Shinra Tensei.

No fue una explosión total.

Fue un empujón preciso, quirúrgico, suficiente para romper formaciones, desarmar sellos y estrellar cuerpos contra muros sin matar… todavía.

Konan descendió desde lo alto como una tormenta blanca.

Su papel se desplegó en capas, envolviendo extremidades, sellando bocas, bloqueando canales de chakra.

Y entonces Yahiko entró.

No con furia.

Con decisión.

Su cuerpo se volvió ligero, casi irreal, mientras el chakra de rayo recorría sus músculos.

Cada movimiento era limpio, eficiente, sin desperdicio.

Golpes a puntos de presión, cortes controlados, incapacitación total.

En menos de un minuto, el escuadrón estaba reducido a cinco sobrevivientes.

Uno de ellos intentó morder una cápsula oculta.

Yahiko fue más rápido.

—No —dijo, sujetándole la mandíbula—.

Hoy no.

El Camino Humano El prisionero fue llevado a una sala sellada, aislada del ruido de la lluvia.

No gritó.

No suplicó.

Los miembros de Raíz estaban entrenados para eso.

Pero el entrenamiento no servía contra lo que estaba por venir.

Nagato se colocó frente a él.

El Rinnegan brilló suavemente.

—Tu nombre no importa —dijo—.

Tus recuerdos, sí.

El hombre intentó resistirse.

Intentó.

La mano de Nagato se posó sobre su rostro.

Y el mundo se rompió.

Yahiko observó el proceso sin intervenir.

Antes… tal vez habría desviado la mirada.

Ahora no.

Vio cómo el chakra del enemigo se retorcía, cómo sus pensamientos eran arrancados sin delicadeza, cómo los muros mentales colapsaban uno tras otro.

Planes.

Órdenes.

Sellos de obediencia.

Y, finalmente, la verdad.

Nagato retiró la mano.

El cuerpo cayó sin vida al suelo.

Silencio.

—Danzō Shimura —dijo Nagato con voz hueca—.

Quiere que Ame se involucre en la guerra… pero solo en batallas que beneficien a Konoha.

Konan apretó los puños.

—Usarnos como arma desechable.

Yahiko asintió.

—Y culparnos después.

Nagato miró el cadáver.

—No siento nada.

Yahiko lo miró a los ojos.

—Y no tienes por qué sentirlo.

Konan los observó a ambos, comprendiendo algo con inquietante claridad: Yahiko ya no era el joven que intentaba equilibrar moral y poder.

Había elegido.

La respuesta —No vamos a atacar a Konoha —dijo Yahiko—.

Eso es exactamente lo que Danzō quiere.

Se giró hacia Nagato.

—Pero sí vamos a mover el tablero.

El cuerpo del ninja de Raíz fue preparado cuidadosamente.

Sellos anulados.

Marcas falsas añadidas.

Información específica colocada donde debía estar.

—Lo enviaremos a Iwa —explicó Yahiko—.

Con suficiente información como para que duden… pero no tanto como para sospechar manipulación directa.

Konan alzó una ceja.

—Presión indirecta.

—Exacto —respondió Yahiko—.

Que Iwa concentre su atención en Konoha.

Que Danzō tenga que apagar incendios en casa.

Nagato cerró los ojos.

—Y Ame… —Ame permanece neutral —dijo Yahiko con firmeza—.

Visible.

Intocable.

Reacciones Iwagakure Cuando el cuerpo llegó, no fue recibido con sorpresa… sino con sospecha.

—Raíz… —murmuró un estratega—.

¿Qué demonios hace Konoha operando así tan cerca de Ame?

El Tsuchikage no habló de inmediato.

Pero sonrió.

—Entonces presionemos.

Konohagakure Danzō sintió el cambio incluso antes de recibir los informes.

—Malditos… —gruñó—.

Ame… Por primera vez en mucho tiempo, alguien había frustrado uno de sus planes sin confrontarlo directamente.

Y eso lo enfurecía.

En algún lugar oscuro Zetsu observaba.

—Interesante —dijo su mitad blanca—.

Yahiko ya no duda.

—Y Nagato ya no se contiene —respondió la negra—.

Madara estará complacido… o preocupado.

La disuasión Esa misma noche, lejos de Ame, en una zona deshabitada marcada en mapas antiguos como terreno muerto, Yahiko activó el mecanismo.

No fue una explosión inmediata.

Fue una reacción.

Sellos rompiéndose.

Espacios liberándose.

Veinte mil.

Treinta mil.

Cuarenta mil etiquetas explosivas emergiendo en sincronía perfecta.

La luz convirtió la noche en día.

La onda expansiva borró el terreno.

Cuando el polvo se asentó… no quedó nada.

Ni árboles.

Ni roca.

Ni huella.

Konan no dijo una palabra.

Nagato cerró los ojos.

Yahiko respiró hondo.

—Esto —dijo en voz baja— es para que el mundo lo piense dos veces.

No sonrió.

No celebró.

Pero tampoco retrocedió.

Bajo la lluvia del País de la Lluvia, Yahiko entendió algo con absoluta claridad: La paz no se negocia.

Se impone.

Y Amegakure…ya no volvería a ser un peón.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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