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yahiko de akatsuki - Capítulo 38

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38: capitulo 38 38: capitulo 38 La lluvia caía con una constancia casi insoportable sobre Amegakure.

No era violenta ni suave; era persistente, como una presión constante que no buscaba quebrarte de golpe, sino desgastarte hasta que cedieras.

Para los habitantes del País de la Lluvia, aquel sonido era un latido perpetuo.

Para Yahiko, era un recordatorio: la paz nunca llegaba sola.

El refugio principal de Akatsuki estaba iluminado por lámparas de aceite.

Sombras largas se proyectaban sobre mapas extendidos, tablillas con informes y pergaminos sellados.

Yahiko permanecía de pie, con los brazos cruzados, observando líneas rojas y negras que se superponían como heridas abiertas.

—Confirmado —dijo Naori Hyūga con el Byakugan activado—.

Kirigakure ha lanzado ofensivas simultáneas.

Fuerzas marítimas hacia Konoha… y columnas terrestres contra nuestras fronteras orientales.

Konan inclinó el rostro, el papel de su capa crujió apenas.

—Un ataque doble no es eficiente si el objetivo es conquistar.

—Exacto —respondió Yahiko sin apartar la mirada—.

Por eso no buscan conquistar.

Nagato levantó lentamente la vista.

Sus ojos, ocultos en sombra, parecían medir algo más que el mapa.

—Quieren observar.

Yahiko asintió.

—Quieren ver quién sangra primero, quién responde con más rapidez y quién se equivoca.

Kiri actúa como un bisturí… no como un martillo.

Naori frunció el ceño.

—Atacar a Konoha y Ame al mismo tiempo es provocar a dos frentes enormes.

—Solo si actúan solos —replicó Yahiko—.

Kirigakure no está sola.

El silencio cayó como una losa.

Konan fue la primera en romperlo.

—Madara.

—No de forma directa —dijo Yahiko—.

Aún no.

Pero esto lleva su firma.

—Señaló el mapa—.

Un ataque así no busca victoria inmediata; busca evaluación.

Madara quiere medir el crecimiento de Nagato… y el nuestro.

Nagato cerró los puños.

—Que me mida.

Yahiko giró hacia él.

—Eso haremos.

—Respiró hondo—.

Dividiremos el mundo.

Todos lo miraron.

—Nagato, tú te encargarás del frente contra Kirigakure.

Konan no habló de inmediato.

—Eso te colocará en el centro de todo —dijo al fin—.

No habrá vuelta atrás.

—Ya no la hay —respondió Yahiko—.

Necesitamos una disuasión absoluta.

No quiero ganar esta guerra… quiero terminarla.

Naori intervino con cautela.

—Si él lidera el frente, los sensores enemigos colapsarán.

El Ukojizai no Jutsu convertirá el campo en una jaula.

Yahiko sostuvo la mirada de Nagato.

—Aprovecha esta guerra.

—¿Para qué?

—preguntó Nagato.

—Para completar los recipientes restantes del Rinnegan.

Konan cerró los ojos un instante, pero no objetó.

Había dejado atrás la ingenuidad hacía tiempo.

—Kirigakure posee clanes con límites de línea de sangre —dijo Nagato—.

Sus cuerpos servirán.

—No te juzgo —respondió Yahiko con voz firme—.

No después de todo lo que sacrificaste por nosotros.

Nagato asintió.

—Entonces que el mundo aprenda.

El frente de la lluvia La primera batalla dejó a Kirigakure confundida.

La segunda, aterrada.

La tercera… rota.

Desde la perspectiva del capitán Ao, algo no encajaba.

Los informes se contradecían, los sensores fallaban y la lluvia parecía escuchar.

—Nuestros equipos de detección están ciegos —dijo un subordinado—.

Es como si alguien nos observara desde el cielo.

La lluvia se intensificó.

—¡Repliegue parcial!

—ordenó Ao—.

¡Reagrúpense!

Entonces lo sintieron.

Una presión invisible descendió sobre el campo.

No era chakra hostil… era omnipresencia.

Nagato avanzaba al frente, rodeado por un millar de shinobi de Ame.

Nadie gritaba órdenes; la lluvia las transmitía.

El Ukojizai no Jutsu cubría la zona.

Cada intento de emboscada era anticipado.

Cada retirada, bloqueada.

—¡Atacad en formación!

—gritó un oficial de Kiri.

Nagato extendió la mano.

El Camino Humano actuó.

Un ninja cayó de rodillas, los ojos en blanco, mientras recuerdos, nombres y rutas eran arrancados de su mente.

Otro intentó huir; fue aplastado por una fuerza invisible.

—¡No es humano!

—gritó alguien—.

¡No puede serlo!

Shinobi de Ame observaban en silencio.

Algunos con temor, otros con una devoción naciente.

—Avancen —ordenó Nagato—.

No se detengan.

Los cuerpos eran retirados con método.

Clasificados.

Sellados.

Los recipientes comenzaban a formarse.

En los campamentos enemigos, los rumores se multiplicaron: —Dicen que Nagato no duerme.

—Que escucha pensamientos.

—Que la lluvia le obedece.

En dos meses, Kirigakure no avanzó un solo kilómetro.

Pero perdió cientos de hombres.

Reacciones del mundoKonoha —Esto es inaceptable —espetó un consejero—.

¡Amegakure se está convirtiendo en una sexta potencia!

Hiruzen Sarutobi exhaló lentamente.

—No atacaremos directamente.

—¡Entonces perderemos influencia!

Desde la penumbra, Danzō habló.

—La influencia se recupera ensuciando al enemigo.

—No cruces una línea irreversible —advirtió Hiruzen.

Danzō sonrió.

—Ya lo hice hace años.

Sunagakure El Kazekage sostuvo el informe con cautela.

—Esta información proviene de Ame.

—Indirectamente —respondió un asesor—.

Pero es precisa.

—Entonces Konoha sangrará aquí —concluyó—.

Y Ame… no es un peón.

Iwagakure —Nagato es comparable a un Bijū —dijo un general.

—Y no es un arma sin mente —respondió otro.

—Entonces no lo enfrentaremos —sentenció el Tsuchikage—.

No aún.

Yahiko y Jiraiya Yahiko sostuvo la carta durante largo rato.

Recordó entrenamientos bajo la lluvia, risas entre ruinas, palabras de un maestro imperfecto.

—Ser el bueno no significa ser inocente —pensó.

Envió a los prisioneros con un mensaje claro: Ame no busca enemigos, pero no aceptará cadenas.

Si Jiraiya lo entendía, bastaba.

El verdadero enemigo Solo ante el mapa, Yahiko repasó el tablero.

Kiri estancada.

Konoha debilitada.

Suna alerta.

Iwa cautelosa.

Y en algún lugar, observando… Madara.

—Esta guerra no termina con Kiri —susurró—.

No termina con Konoha.

Solo termina contigo.

Cerró los ojos.

—No soy un salvador —aceptó—.

Soy un guardián.

La lluvia siguió cayendo.

Y el mundo ninja empezó a temer no a la guerra… sino a Amegakure.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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