Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

yahiko de akatsuki - Capítulo 39

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. yahiko de akatsuki
  4. Capítulo 39 - 39 capitulo 39
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

39: capitulo 39 39: capitulo 39 La lluvia golpeaba el tejado con un ritmo irregular, casi cansado.

Jiraiya estaba sentado frente a una mesa baja en una posada anónima, en una frontera que ya no recordaba bien.

El vapor del sake subía lentamente, pero no lo tocó.

Sus ojos estaban fijos en el sobre de papel húmedo que sostenía entre los dedos.

No necesitó abrirlo para saber de quién era.

La caligrafía era clara, firme, sin adornos innecesarios.

Yahiko siempre había escrito así.

Incluso de niño.

Jiraiya suspiró antes de romper el sello.

Leyó.

Y el mundo, lentamente, comenzó a pesar más.

La carta no era larga, pero estaba cargada de una honestidad brutal.

Yahiko no acusaba, no suplicaba, no exigía.

Informaba.

Le hablaba de la neutralidad de Amegakure, de cómo habían decidido mantenerse al margen de la guerra aun cuando el mundo ardía a su alrededor.

Le explicaba que Kirigakure había atacado, que Nagato estaba conteniendo el frente con todo lo que tenía, y que cada día que pasaba el precio humano aumentaba.

Luego venía lo que más dolía.

Konoha.

Ataques constantes.

Escuadrones encubiertos.

Incursiones nocturnas.

Intentos de sabotaje.

No una guerra abierta, pero sí una presión constante, calculada, sucia.

“No hemos contraatacado por respeto a usted, maestro.” Esa línea hizo que Jiraiya cerrara los ojos por un instante.

Yahiko explicaba que adjuntaba pruebas: informes, sellos capturados, testimonios.

No para amenazar, sino para que Jiraiya entendiera la gravedad de la situación.

Si aquello continuaba, Amegakure no tendría otra opción que responder, y eso colocaría a Jiraiya en una posición imposible: maestro de enemigos, símbolo de una ruptura que él jamás quiso.

La carta terminaba con una frase que no pedía, pero dolía más que cualquier súplica.

“No quiero que esta guerra me obligue a enfrentarme a usted.” Jiraiya apoyó la carta sobre la mesa con lentitud.

Por primera vez en mucho tiempo, no tenía una respuesta inmediata.

No bebió.

No durmió.

Partió al amanecer.

Konoha seguía siendo Konoha.

El bullicio, los niños corriendo, los comerciantes gritando precios.

La aldea parecía intacta, ajena a la presión que la rodeaba.

Jiraiya caminó entre las calles con el ceño fruncido, sintiendo una distancia que nunca antes había notado.

No se detuvo.

Fue directo a la Torre del Hokage.

Los guardias apenas tuvieron tiempo de reaccionar antes de que la puerta se abriera con fuerza.

Dentro, una reunión de alto nivel estaba en curso.

Hiruzen Sarutobi estaba sentado en la cabecera, con el rostro cansado pero atento.

A su alrededor, consejeros, jōnin veteranos, representantes de inteligencia.

Mapas extendidos, informes sellados, tensión palpable.

Jiraiya no pidió permiso.

—Explícame esto, sensei —dijo, lanzando el fajo de documentos sobre la mesa—.

Explícamelo ahora.

El silencio cayó como una losa.

Hiruzen levantó la vista lentamente.

Reconoció los sellos.

Reconoció el origen.

—Jiraiya… este no es el momento— —¿Entonces cuándo?

—interrumpió, alzando la voz—.

¿Después de que Ame nos declare la guerra?

¿Después de que mis alumnos mueran?

Algunos consejeros murmuraron incómodos.

Otros observaron con frialdad.

Hiruzen suspiró, quitándose la pipa de la boca.

—Siéntate.

—No —respondió Jiraiya—.

Hoy no.

La discusión estalló.

—Amegakure se está fortaleciendo demasiado rápido —dijo uno de los consejeros—.

Su crecimiento es… anómalo.

—¿Anómalo?

—replicó Jiraiya—.

¿O simplemente eficiente?

Hiruzen habló con voz grave: —Jiraiya, el equilibrio del mundo ninja es frágil.

Cinco grandes naciones mantienen una estabilidad tensa.

Si Ame se convierte en la sexta… —¿Se rompe el equilibrio?

—terminó Jiraiya—.

¿O se rompe su control?

Un murmullo recorrió la sala.

—No seas ingenuo —dijo otro consejero—.

Yahiko ya no es un idealista.

Está usando a Nagato como arma.

Eso no es paz.

Jiraiya golpeó la mesa con el puño.

—¡Nagato está defendiendo su hogar de un ataque directo de Kiri!

¿Qué esperaban, que se dejara matar?

Hiruzen cerró los ojos un instante.

—Precisamente por eso debemos contenerlos ahora —dijo—.

Antes de que se conviertan en algo que no podamos detener.

—¿Contenerlos?

—Jiraiya rió sin humor—.

¿Mandando escuadrones encubiertos?

¿Provocando?

¿Forzándolos a responder?

Se inclinó hacia adelante.

—Sensei… ¿están tan presionados en otros frentes que necesitan abrir uno nuevo?

La pregunta quedó flotando.

—Konoha está luchando en múltiples direcciones —respondió Hiruzen—.

Cada movimiento debe calcularse.

—Y Ame es un “movimiento” —dijo Jiraiya—.

No personas.

No una aldea llena de huérfanos.

No mis alumnos.

Uno de los jōnin habló: —Si Ame se consolida, otras aldeas seguirán su ejemplo.

El sistema colapsará.

—Tal vez el sistema necesita colapsar —respondió Jiraiya con frialdad.

Hiruzen lo miró fijamente.

—Hablas desde la emoción.

—Y usted desde el miedo —replicó Jiraiya—.

Miedo a perder el control del tablero.

El aire estaba cargado.

—No permitiremos una sexta gran nación —dijo finalmente Hiruzen—.

No mientras yo sea Hokage.

Jiraiya lo miró como si lo viera por primera vez.

—Entonces ya tomaste tu decisión.

Antes de que alguien pudiera responder, la puerta se abrió bruscamente.

Un mensajero, jadeando, se arrodilló.

—¡Hokage-sama!

Informe urgente del frente de Suna.

Hiruzen tomó el pergamino, lo leyó… y su expresión cambió.

—Suna ha avanzado —leyó en voz alta—.

Han capturado puntos de suministro clave.

Atacaron como si conocieran nuestras rutas exactas.

El silencio fue absoluto.

Jiraiya exhaló lentamente.

—Información desde adentro —dijo—.

Mientras miraban a Ame… descuidaron lo que ya estaba ardiendo.

Se dio la vuelta.

—Por intentar abrir otro frente, están perdiendo los que ya tenían.

Se detuvo en la puerta, sin mirar atrás.

—Si Ame contraataca, no será por ambición.

Será porque ustedes los empujaron.

Y se fue.

Las calles de Konoha parecían más estrechas ahora.

Jiraiya caminó sin rumbo, recordando risas bajo la lluvia, entrenamientos improvisados, sueños simples.

Se detuvo en un tejado y miró al cielo.

Había fallado.

No como ninja.

Como maestro.

Sacó la carta una vez más.

La decisión ya estaba tomada.

—Aguanten un poco más… —murmuró—.

Esta vez… no llegaré tarde.

Y partió hacia Amegakure.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo