Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

yahiko de akatsuki - Capítulo 42

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. yahiko de akatsuki
  4. Capítulo 42 - 42 capitulo 42
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

42: capitulo 42 42: capitulo 42 La lluvia caía con suavidad aquella noche en Amegakure, como si el cielo mismo intentara engañar a sus habitantes con una falsa sensación de calma.

Yahiko observaba desde uno de los balcones interiores del edificio central, con las manos apoyadas en la baranda húmeda, mientras sentía el pulso constante de la aldea latiendo bajo sus pies.

Habían pasado varios días desde la llegada de Jiraiya.

Días extraños.Días en los que el pasado y el presente parecían superponerse.

Ame estaba cambiando.

Ya no era el país destrozado que recordaban de su infancia, ni tampoco la simple tierra neutral que las grandes naciones ignoraban.

Era un territorio organizado, vigilado, con fronteras activas y una voluntad clara.

Y eso, Yahiko lo sabía mejor que nadie, tarde o temprano atraería problemas.

El sonido rápido de pasos interrumpió sus pensamientos.

Un shinobi apareció arrodillándose con precisión frente a él, empapado por la lluvia.

—Líder Yahiko —dijo sin rodeos—.

Patrullas de frontera informan movimiento confirmado.

Doce shinobi de Konoha cruzaron la frontera hace menos de una hora.

Yahiko no se giró de inmediato.

—¿Fueron detectados sin que lo notaran?

—preguntó con voz tranquila.

—Sí.

Siguen protocolos de infiltración.

No muestran intención de combate directo.

Yahiko cerró los ojos un instante.

Tal como lo esperaba.

—¿Recuerdas las órdenes?

—Sí, señor.

Seguimiento pasivo.

Sin interferir.

Reporte constante.

—Bien.

Mantén distancia.

No quiero que sospechen que fueron descubiertos.

El shinobi desapareció entre la lluvia.

Yahiko permaneció inmóvil, mientras en su mente las piezas comenzaban a acomodarse solas.

Así que al final… eligieron este camino.

No había sorpresa.

Solo una confirmación amarga.

Había advertido personalmente a las patrullas: si Konoha entraba al País de la Lluvia, debía saberlo antes que nadie.

No para detenerlos de inmediato… sino para entender qué tan lejos estaban dispuestos a llegar.

Y ahora lo sabía.

Sabotaje.

No diplomacia.No mediación.No advertencias.

Sabotaje.

Yahiko respiró hondo.

—No los intercepten —murmuró para sí mismo—.

Dejen que terminen.

Era una decisión calculada.

Fría.

Pero necesaria.

Si los detenía ahora, Konoha negaría todo.Si los dejaba actuar… la verdad se revelaría sola.

Y entonces, cuando la misión estuviera a punto de completarse… Ame tendría el derecho absoluto de responder.

Yahiko apretó los puños.

Nagato estaba conteniendo a Kiri prácticamente solo, sosteniendo el frente con una fuerza que ya hacía temblar al mundo ninja.

Si Ame iba a entrar en guerra abierta con Konoha, no podía hacerlo desde una posición defensiva ni moralmente ambigua.

Tenía que ser claro.Visible.Irrefutable.

Y esa oportunidad acababa de presentarse.

Esa misma noche, el ambiente en la sala era cálido.

Yahiko, Konan y Jiraiya compartían una comida sencilla, lejos de los mapas, informes y estrategias.

Jiraiya reía con una sonrisa honesta, contando anécdotas antiguas, recordando misiones pasadas como si pertenecieran a otra vida.

—Nunca pensé que Ame se vería así —dijo el sannin, apoyando el codo en la mesa—.

Orfanatos, academias, orden… Si alguien me lo hubiera dicho hace años, no lo habría creído.

Konan sonrió levemente.

—Usted nos enseñó a no rendirnos —respondió—.

Solo… seguimos adelante.

Yahiko escuchaba en silencio, pero su mente estaba lejos.

La puerta se abrió con cuidado.

Un shinobi de Ame se inclinó con respeto.

—Líder Yahiko.

Necesito hablar con usted.

Ahora.

El tono fue suficiente.

Yahiko se levantó sin decir palabra y siguió al mensajero fuera de la sala.

La lluvia volvió a recibirlo.

—Informe.

—Confirmado.

El escuadrón de Konoha se dividió en tres células.

Objetivos identificados: depósitos de suministros, torre de comunicación y uno de los centros de transporte.

Yahiko cerró los ojos.

—¿Tiempo estimado?

—Menos de quince minutos.

—Perfecto.

El shinobi dudó un segundo.

—¿Ordenes?

Yahiko abrió los ojos.

En ellos no había ira.

Solo determinación.

—Moviliza a Konan conmigo.

Rodeen el área.

No maten… todavía.

—¿Y Jiraiya-sama?

Yahiko guardó silencio unos segundos.

—Que venga.

Es mejor que vea con sus propios ojos.

Konan fue la primera en notar el cambio.

—¿Qué pasó?

—preguntó mientras avanzaban por los techos.

—Konoha —respondió Yahiko—.

Doce shinobi.

Sabotaje interno.

Konan apretó los labios.

—¿Raíz?

—Aún no lo sé —dijo—.

Pero lo sabremos pronto.

Jiraiya llegó detrás de ellos, serio, sin rastro del humor de antes.

—¿Dijiste… Konoha?

Yahiko asintió.

—Quise evitar esto, maestro.

Créame.

No hubo tiempo para más palabras.

Las explosiones menores comenzaron casi al mismo tiempo: cargas controladas, silenciosas, profesionales.

Un intento claro de dañar sin llamar demasiado la atención.

Yahiko levantó la mano.

—Ahora.

El cerco se cerró.

Papeles explosivos inmovilizaron rutas de escape.

Corrientes de agua canalizadas bloquearon calles.

Konan desplegó alas de papel que cortaron toda retirada aérea.

En menos de cinco minutos, los doce shinobi estaban reducidos, desarmados, inmovilizados.

Jiraiya observaba en silencio, con el rostro pálido.

—Esto… esto no es una operación de reconocimiento —murmuró.

Yahiko no respondió.

Uno de los prisioneros intentó morderse la lengua.

—¡Deténganlo!

—ordenó Yahiko.

Fue demasiado tarde.

Pero no lo suficiente.

Yahiko se agachó frente al cuerpo, abrió la boca con cuidado… y allí estaba.

El sello.

Negro.

Preciso.

Inconfundible.

—Raíz —susurró.

Dentro de su mente, Yahiko sintió una amarga ironía.

Gracias, Danzō.

Siempre podía contar con él para tomar la peor decisión posible, convencido de que actuaba por el bien de Konoha.

Horas después, Yahiko y Jiraiya se encontraron solos.

La lluvia seguía cayendo.

—No puedo defender esto —dijo Jiraiya finalmente, con la voz rota—.

No puedo justificarlo.

Yahiko lo miró con pesar.

—Nunca quise ponerlo en esta posición, maestro.

—Pero ahora lo haces —respondió Jiraiya—.

Y lo entiendo… aunque me duela.

Yahiko respiró hondo.

—Hemos sido pacientes.

Respetuosos.

No contraatacamos por usted.

Pero Konoha no puede aceptar que Ame deje de ser su campo de batalla.

Sacó un pergamino ya preparado.

—Por eso… no tengo alternativa.

Extendió el documento.

—Aquí está la declaración formal.

Yo, Yahiko, líder de Amegakure, declaro la guerra a la Aldea Oculta de la Hoja.

Jiraiya tomó el pergamino con manos temblorosas.

—Esto… esto lo cambia todo.

—Ya estaba cambiado —respondió Yahiko—.

Solo estamos dejando de fingir.

Se inclinó ligeramente.

—Perdóneme, maestro.

Jiraiya cerró los ojos.

—Ojalá el mundo hubiera sido distinto.

Con el corazón pesado, se dio la vuelta.

La lluvia lo acompañó mientras abandonaba Ame… y luego el País de la Lluvia.

Yahiko permaneció inmóvil, observando cómo la silueta de su maestro desaparecía entre la cortina de agua.

—La guerra ha comenzado —murmuró—.

Y esta vez… no será en nuestra casa.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo