yahiko de akatsuki - Capítulo 45
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45: capitulo 45 45: capitulo 45 La lluvia no caía en Konoha.
Y, aun así, el aire dentro de la torre del Hokage se sentía pesado, sofocante, como si una tormenta invisible se hubiera formado solo para ellos.
El mensajero temblaba.
No por el cansancio.
No por el viaje.
Sino por lo que acababa de entregar.
Hiruzen Sarutobi sostenía el pergamino con una mano firme… pero por dentro, algo se había resquebrajado.
Una semana… Siete días.
Siete días en los que el País del Fuego había sido invadido sin que él lo supiera.
—Repítelo —dijo, con voz baja.
El mensajero tragó saliva.
—A… Amegakure cruzó la frontera oriental hace siete días, Hokage-sama.
Fuerza estimada: dos mil shinobi.
Liderados personalmente por Yahiko.
El nombre cayó como una piedra en un lago quieto.
Yahiko.
No Nagato.
No el Rinnegan.
Yahiko.
Así que finalmente decidió hacerlo… Hiruzen cerró los ojos un instante.
En su mente apareció la imagen de un niño pelirrojo, sonriente, hablando de cambiar el mundo con ideales simples.
¿En qué momento dejé de verlo crecer…?
—¿Por qué este informe llega ahora?
—preguntó sin alzar la voz.
El mensajero bajó la cabeza.
—Interferencias… emboscadas… pérdida de dos puestos de comunicación.
Creemos que Ame controló las rutas de información desde el primer día.
Silencio.
No era improvisación.
Era planificación.
—Retírate —ordenó Hiruzen—.
Llama al alto mando.
Todos.
La sala de reuniones se llenó rápidamente.
Demasiado rápido para una guerra que ya llevaba meses.
Shikaku Nara observaba el ambiente con el ceño fruncido.
Los líderes de clan murmuraban entre sí.
Algunos estaban tensos.
Otros, molestos.
—¿Amegakure?
—susurró uno—.
¿Desde cuándo se atreven…?
Hiruzen escuchaba.
Y recordaba.
Desde que dejamos de tratarlos como algo más que un campo de batalla.
—Informe completo —ordenó.
El oficial de inteligencia habló con cuidado.
—La operación fue limpia.
Las patrullas fronterizas fueron eliminadas sin que pudieran emitir señales completas.
Yahiko delimitó un perímetro de diez kilómetros dentro del País del Fuego.
Mil shinobi patrullan el área; los otros mil permanecen como fuerza móvil.
—¿Fortificaciones?
—preguntó Shikaku.
—Temporales, pero eficientes.
Trincheras, rutas de retirada, posiciones elevadas.
Todo indica que no buscan avanzar más… por ahora.
Hiruzen entrelazó los dedos.
No buscan conquistar… buscan obligarnos a reaccionar.
—Estado de los frentes —pidió.
—Kiri: el clan Uchiha lidera el frente.
Minato Namikaze y su escuadrón continúan allí.
La presión es constante.
Minato… —Suna —continuó.
—Orochimaru comanda ese frente con la mayor parte del ejército principal.
Avance lento, desgaste elevado.
Algunos consejeros intercambiaron miradas incómodas.
—¿Iwa?
La pausa fue evidente.
—Las fuerzas restantes están bajo el mando de Danzō-sama, con órdenes de cerrar ese frente rápidamente.
Hiruzen apretó la mandíbula.
Danzō… siempre tan dispuesto a usar hombres como piezas.
—¿Cuántos shinobi disponibles tenemos aquí?
—preguntó.
—Insuficientes para abrir otro frente sin riesgos —respondió Shikaku con franqueza—.
Estamos… estirados.
Uno de los consejeros golpeó la mesa.
—¡Esto es inaceptable!
¡Una aldea menor ocupando territorio del País del Fuego!
Hiruzen lo miró con frialdad.
—Esa “aldea menor” eligió el momento exacto para hacerlo.
Y nosotros se lo permitimos.
—Proponga soluciones, no quejas —añadió.
Shikaku habló nuevamente.
—Debemos expulsarlos antes de que consoliden su posición.
Tres mil shinobi.
Ataque rápido.
Presión constante.
No una guerra… una corrección.
—¿Y si Yahiko lo anticipa?
—preguntó un líder de clan.
Shikaku no dudó.
—Lo hará.
—Entonces… —Hiruzen se puso de pie— no podemos actuar como si esto fuera una simple incursión.
La sala quedó en silencio.
—Enviaré una fuerza de tres mil shinobi bajo el mando de Shikaku Nara —continuó—.
Su objetivo será expulsar a Ame del País del Fuego.
Shikaku inclinó la cabeza.
—Mientras tanto —añadió Hiruzen— reuniré cinco mil shinobi adicionales.
Las miradas se tensaron.
—Los lideraré personalmente.
—¡Hokage-sama!
—exclamó alguien— ¡Eso es demasiado arriesgado!
Hiruzen pensó en Jiraiya.
En Yahiko.
En Nagato.
Si no cierro esta guerra… otros la cerrarán por mí.
—Esta aldea está sangrando en demasiados frentes —dijo con firmeza—.
Si debemos terminar una guerra… que sea rápido.
Nadie se atrevió a responder.
Pero en muchas mentes surgió el mismo pensamiento inquietante: ¿Y si Ame no retrocede?
¿Y si Yahiko está dispuesto a ir hasta el final?
Mientras la reunión se disolvía, Hiruzen permaneció sentado.
Solo.
Equilibrio… Eso es lo que siempre defendí.
Pero ahora entendía algo aterrador: Amegakure no buscaba romper el equilibrio.
Buscaba salir de debajo de él.
Y eso…eso era algo que las grandes naciones no sabían cómo manejar.
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