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yahiko de akatsuki - Capítulo 48

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48: capitulo 48 48: capitulo 48 El cielo sobre la frontera entre el País del Fuego y el País de la Lluvia estaba cubierto por nubes bajas y pesadas.

No llovía, pero el aire tenía esa densidad incómoda que anunciaba que algo estaba por romperse.

El campamento de Konoha se extendía como una ciudad militar improvisada.

Filas de tiendas perfectamente alineadas, barreras sensoriales activas, puestos de vigilancia elevados.

Más de ocho mil shinobi ocupaban el área.

Para cualquier otra nación, aquello habría sido una fuerza imposible de ignorar.

Pero Hiruzen Sarutobi no sentía seguridad.

Sentía una presión constante en el pecho, como si el propio territorio rechazara su presencia.

—Este lugar… —murmuró, observando el horizonte—.

No se siente como un frente común.

Uno de los oficiales a su lado asintió con cautela.

—El enemigo ha demostrado un control territorial anormalmente eficiente, Hokage-sama.

No es solo fuerza… es organización.

Hiruzen cerró los ojos un instante.

Jiraiya…¿Qué fue exactamente lo que creaste aquí?

La solicitud Cuando el mensajero regresó del campamento de Ame con la respuesta, Hiruzen ya lo esperaba.

—Acepta la reunión —dijo el ninja—.

Vendrá en persona.

—¿Con escolta?

—No, señor.

Vendrá solo.

Un murmullo recorrió la tienda de mando.

—¿Solo…?

Hiruzen levantó la mano, imponiendo silencio.

—Eso significa que confía en que nadie aquí puede detenerlo.

Nadie lo contradijo.

El encuentro Yahiko llegó caminando.

No corría.No se ocultaba.No mostraba prisa.

Cada paso era firme, medido, como si el campo entero le perteneciera.

Cuando Hiruzen lo vio de cerca, sintió un choque extraño entre pasado y presente.

El joven frente a él aún conservaba algo del niño que Jiraiya describía con cariño… pero también había algo completamente distinto.

Algo más duro.

Algo que no pedía permiso para existir.

Y entonces lo notó.

El ojo blanco.

El Byakugan activo, sin disimulo.

Hiruzen sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

¿Desde cuándo…?¿Cómo no lo supimos?Jiraiya… ¿por qué callaste esto?

—Así que eres tú —dijo finalmente—.

Yahiko de Amegakure.

—Y usted es Hiruzen Sarutobi —respondió Yahiko con respeto formal—.

El Tercer Hokage.

Hubo un silencio largo.

No incómodo, sino pesado.

—Aceptaste esta reunión con rapidez —comentó Hiruzen—.

Eso demuestra madurez.

—La acepté por respeto —corrigió Yahiko—.

No por esperanza.

Hiruzen frunció el ceño.

—Hablas como alguien que ya tomó su decisión.

—La tomé hace mucho —respondió Yahiko—.

Solo que hoy vine a confirmarla.

La propuesta de Konoha —Seré directo —dijo Hiruzen, apoyándose en su bastón—.

Retira tus fuerzas del País del Fuego.

Ríndete.

Si lo haces ahora, puedo garantizar la supervivencia de Amegakure.

Yahiko lo miró en silencio.

No había ira en su rostro.Solo una calma triste.

—¿Se da cuenta de lo que está diciendo?

—preguntó finalmente—.

“Supervivencia”.

¿Eso es lo máximo que una nación puede aspirar según Konoha?

—Es la realidad del mundo ninja —respondió Hiruzen—.

No la inventé yo.

—Pero la sostienen ustedes —replicó Yahiko—.

Las grandes naciones deciden quién puede crecer y quién debe permanecer pequeño.

Hiruzen apretó los dientes.

—Este conflicto no puede continuar.

Tú eres la única amenaza real aquí.

Si te derroto o te retengo, el resto de Ame caerá.

Solo necesito tiempo.

Esas palabras… Las mismas palabras.La misma lógica.

La imagen de Nagato, de pie sobre Konoha, destruyendo la aldea, atravesó la mente de Yahiko como un relámpago.

Ahora lo entiendo…No fue locura.Fue desesperación llevada a claridad.

—Acepté esta reunión por Jiraiya —dijo Yahiko—.

Porque aún lo respeto profundamente.

—Entonces todavía hay una salida —respondió Hiruzen.

Yahiko negó lentamente.

—Después de escucharlo… confirmo que no.

—¿Cuáles son tus condiciones?

—preguntó Hiruzen, aunque algo en su interior ya gritaba advertencia.

—Cuando esta guerra termine —dijo Yahiko—, Ame conservará el territorio que ya ocupa en el País del Fuego.

Además, Konoha entregará cien millones en suministros.

Hiruzen abrió los ojos con incredulidad.

—Hablas como si ya hubieras ganado.

—No —respondió Yahiko—.

Hablo como alguien que entendió cómo funciona este mundo.

El Hokage lo miró largo rato.

—Entonces te veré en el campo de batalla.

—Ahí es donde siempre terminan las conversaciones con las grandes naciones.

La decisión De regreso en su campamento, los comandantes de Ame rodearon a Yahiko.

—¡Es una locura enfrentarlos solo!

—¡Son miles!

—¡Esto puede ser una trampa!

Yahiko levantó la mano.

—Retírense un kilómetro.

Todos.

—¿No confía en nosotros?

Yahiko los miró uno por uno.

—Confío demasiado como para permitir que mueran hoy.

Mientras avanzaba solo hacia el frente, su mente estaba en calma… y en caos al mismo tiempo.

Nagato…¿Así se siente cargar con todo?

El ataque Yahiko dio un solo paso al frente.

No fue un paso apresurado.No fue una carrera.

Fue una decisión convertida en movimiento.

El chakra comenzó a fluir por su cuerpo con una precisión quirúrgica.

Primero activó el Doton: Keijūgan, alterando la densidad de cada célula, cada músculo, cada hueso.

El mundo se volvió ligero bajo sus pies, como si la gravedad hubiese perdido autoridad sobre él.

Luego, el chakra de rayo envolvió su cuerpo.

No explotó hacia afuera como un manto violento.Se comprimió.

No necesito resistencia.Solo velocidad.

El Byakugan giró, expandiendo su campo de visión en casi trescientos sesenta grados.

Cada tienda, cada barrera, cada flujo de chakra era visible.

Vio las líneas sensoriales, los puestos de guardia, los puntos donde el chakra era más denso.

Centro del campamento…Allí está el núcleo.

El primer movimiento fue tan rápido que muchos shinobi ni siquiera lo registraron.

Solo un destello azul.

Los sensores de Konoha se estremecieron.

—¿Qué fue eso…?—¡Chakra en movimiento!—¡No, espera… desapareció!

Yahiko ya estaba dentro del primer anillo defensivo.

Las barreras reaccionaron tarde.

Sellos se activaron en cadena, capas de detección y contención levantándose una tras otra… pero todas estaban diseñadas para detener algo que venía desde fuera.

Yahiko ya estaba dentro.

Demasiado lentos.

Un escuadrón de jonin giró al sentir la perturbación.

Uno de ellos apenas alcanzó a abrir la boca.

—¡Enem— El aire explotó detrás de Yahiko cuando aceleró otra vez.

El suelo se resquebrajó por la presión inversa.

No atacó.

No esquivó.

Simplemente dejó de estar ahí.

Para los shinobi comunes, fue como si el espacio mismo se hubiese rasgado.

Para Yahiko, el mundo se volvió lento.

Vio gotas de sudor suspendidas en el aire.Vio los sellos formándose a medias.Vio el miedo nacer en los ojos de hombres entrenados para la guerra.

Nagato…Esto es lo que sentiste cuando el mundo dejó de poder alcanzarte.

Avanzó otros quinientos metros en un parpadeo.

Las alarmas finalmente estallaron en todo el campamento.

—¡¡CONTACTO ENEMIGO!!—¡¡ES UNO SOLO!!—¡¡SE MUEVE DEMASIADO RÁPIDO!!

Hiruzen salió de la tienda de mando justo cuando Yahiko cruzó el tercer anillo.

Sus ojos se encontraron.

Solo un instante.

Yahiko no vio odio en el rostro del Hokage.

Vio comprensión tardía.

Demasiado tarde, pensó.

Hiruzen reaccionó de inmediato, su chakra estallando mientras saltaba al frente, intentando interceptarlo.

Pero Yahiko ya había calculado eso.

El chakra de rayo aumentó otro nivel.

No era un aumento brusco, sino una optimización final.

El cuerpo, reducido en peso, envuelto en electricidad, se convirtió en un proyectil humano.

Para Hiruzen, fue como intentar atrapar un relámpago con las manos desnudas.

—¡¿Qué velocidad es esta…?!

Yahiko pasó a su lado.

No dejó una estela visible.Dejó un vacío.

El centro del campamento apareció ante él.

Tiendas de mando.Depósitos de suministros.Concentraciones masivas de chakra.

Aquí.

Yahiko frenó en seco.

El suelo se deformó bajo sus pies, hundiéndose varios centímetros por la presión acumulada.

En un solo movimiento fluido, sacó la etiqueta explosiva pseudo-tándem, ahora convertida en una cápsula de aniquilación.

La clavó en la tierra.

No con violencia.

Con precisión.

El sello absorbió el chakra de activación y desapareció bajo la superficie, anclándose al terreno como una semilla de destrucción.

Yahiko inhaló profundamente.

—Cinco segundos… Se giró.

El mundo volvió a acelerarse.

Cuando Hiruzen llegó al punto central del campamento, Yahiko ya no estaba.

Solo quedó un silencio antinatural…y una sensación colectiva de que algo irreversible acababa de ocurrir.

Yahiko se detuvo un instante más allá del alcance de donde la mayoría de los shinobi siquiera podía percibir su presencia.No era una pausa.

Era una concentración absoluta, un silencio interno absoluto justo antes del latido más importante de su vida.

No hay odio en mi corazón… solo certeza.La guerra ya no es un ideal… es una conclusión inevitable.

Pensó en Nagato.

No con culpa.No con tristeza.Sino con reconocimiento profundo.

Él también sostuvo ese peso.Él también llegó a un punto donde ya no había más palabras.Solo consecuencias.

Recordó la mirada de Nagato en aquella escena imposible: aquella donde el Rinnegan brilló sobre la Hoja, no como amenaza, sino como dolor condensado.

Nagato no destruyó Konoha por rencor…lo hizo porque la paz se le volvió una mentira demasiado grande.

Yahiko sintió cómo ese entendimiento le atravesaba las venas, sin quebrarlo.

No lo hacía más débil.Lo hacía más frío… más preciso… más real.

Si la guerra no puede ser negociada… entonces que sienta su peso.

Y así, después de cada pensamiento, de cada memoria, de cada impulso que lo trajo hasta aquí, Yahiko cerró los ojos.

Respiró.

No era respiración normal.

Era la inhalación de un hombre que se apresta a reescribir la historia.

Como si su propia sangre se convirtiera en el pulso del mundo… Y entonces levantó la voz.

Una voz calmada.Una voz sin odio.Una voz absolutamente decidida.

Yahiko extendió el chakra desde su centro hacia cada uno de sus sentidos, hasta que su voz ya no fue humana… Sino el eco de una voluntad colectiva, un grito cargado de miles de decisiones enterradas: 📢 ¡¡ARTE SECRETO: E = MC²!!

—Como una detonación nuclear a pequeña escala** El mundo se congeló durante una fracción infinitesimal de segundo.

No hubo sonido.

No hubo movimiento.

Solo… luz.

Primero, un punto rojo en el suelo.

Pequeño.

Incandescente.

Antinatural.

Luego, ese punto comenzó a crecer.

No como una llama.

Sino como si el corazón mismo de una estrella se hubiera materializado sobre la tierra.

El color rojo se volvió blanquecino, después cegador, después abrasador… Y en menos tiempo del que un parpadeo podría tomar… El tiempo se rompió.

El epicentro de la explosión no fue una onda de choque inmediata…sino una esfera de luz pura, tan intensa que el propio sol pareció un pálido reflejo a su lado.

La temperatura al punto cero se elevó tan rápido que el aire se convirtió en gas ionizado: Las barreras ninjutsu se evaporaron.

Los sellos defensivos se fundieron antes de activarse.

Los cuerpos… desaparecieron sin residuo.

Los jutsus detenidos se desintegraron sin explosión secundaria.

Era como si la realidad entera se hubiera convertido en plasma por un instante.

Los que estaban más cerca…Ni siquiera sufrieron dolor.

Simplemente… dejaron de existir.

Los que habían levantado escudos pudieron ver primero… La cara de Hiruzen Sarutobi, suspendida en el aire, iluminada por una luz que no debería existir sobre la tierra.

Primero un escalofrío de incredulidad.

Después, nada más.

Porque incluso sus defensas más altas se derritieron en milésimas de segundo.

NEUTRALIZACIÓN POR CALOR El aire alrededor del epicentro subió a temperaturas comparables a las de plasma: Tierra fundida como lava incandescente, Suciedad y rocas elevadas a gas instantáneamente, Armas y metales deformados en una fracción brutal de tiempo A un radio de cientos de metros, los árboles se encendieron y se consumieron como si una estrella hubiera chocado contra ellos.El bosque, que antes se extendía con vida, ahora era una gigantesca columna de humo y hollín.

LA ONDA DE CHOQUE Después de la esfera de luz vino el estruendo.

No fue un estruendo normal.

Fue un rugido de tierra partida:  El aire chocó contra sí mismo.

Las ondas sísmicas se propagaron como latidos de un corazón gigantesco.

El suelo vibró como si la tierra gritara.

Las olas de presión no solo derribaron estructuras…las desintegraron.

Los jonin que creían que una barrera o un jutsu podía protegerlos…vieron cómo sus escudos se quebraban como si fueran de cristal.

DESCARGA DE ENERGÍA INDIRECTA Los ninja que estaban a distancias promedio (100–300 m): Fueron catapultados kilómetros de distancia sin fuerza muscular.

Los huesos se rompieron antes de que el cerebro pudiera registrar el dolor.

Algunos quedaron marcados en posiciones imposibles, estirados como sombras congeladas.

LOS MÁS LEJANOS Incluso a 1 km de distancia: Las ondas sonoras alteraron sus tímpanos.

Los sentidos quedaron temporalmente cegados.

La vibración se sintió como si el mundo entero se desplazara.

Muchos cayeron de rodillas, incapaces de procesar lo que había ocurrido.

La escena después El cráter dejó un borde abrupto, como si la tierra hubiera sido arrancada con furia divina.No era un cráter normal.

Era un vacío perfecto en el terreno, con bordes rojizos como metal candente.

Nadie respiraba.

Nadie hablaba.

Nadie movía un músculo.

Porque lo que habían visto… no pertenecía a este mundo.

Era destrucción absoluta.

Consecuencias inmediatas El ejército de Konoha ya no existía.No había cuerpo con el cual negociar.No había soldado para regresar y pedir armas.

La guerra… había terminado.

Pero no de la forma en que nadie habría esperado.

No con el choque de espadas.No con el derramamiento de sangre tradicional.No con heroísmo clásico.

La guerra terminó con una explosión de significado universal: Con la afirmación de que ya no existían más pequeños ni grandes.

Con la evidencia de que el mundo ninja debía cambiar.

Con el nombre de Yahiko proclamado no como señor de guerra…sino como eco eterno de una decisión irreversible.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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