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yahiko de akatsuki - Capítulo 49

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49: capitulo 49 49: capitulo 49 La lluvia había comenzado a caer de nuevo.

No era una lluvia fuerte.No limpiaba.No consolaba.

Caía como si el propio cielo dudara de tocar aquel lugar.

Yahiko avanzaba al frente del grupo, sus sandalias hundiéndose ligeramente en una mezcla imposible de barro, ceniza y tierra vitrificada.

Cada paso producía un sonido seco, antinatural, como si caminara sobre algo que ya no pertenecía al mundo vivo.

Detrás de él, los shinobi de Ame lo seguían en silencio.

Nadie hablaba.Nadie respiraba con normalidad.

Algunos eran veteranos.

Otros habían luchado en más de un frente.Pero ninguno había visto algo así.

Donde debería haber colinas… había vacío.Donde debería haber árboles… solo quedaban sombras quemadas impresas en el suelo.El terreno no parecía destruido: parecía borrado.

Uno de los shinobi tragó saliva.

Si no nos hubiera ordenado retirarnos…si hubiéramos estado aquí… No terminó el pensamiento.

No hacía falta.

Otro ninja de Ame apretó los puños mientras avanzaba.

Un kilómetro…Nos hizo retirarnos un kilómetro entero… En ese momento, por primera vez, comprendieron.

No había sido una exageración.No había sido precaución excesiva.

Había sido misericordia.

Yahiko activó el Byakuya.

Su visión atravesó capas de escombros, tierra colapsada y restos calcinados.Los flujos de chakra eran caóticos, fragmentados, como nervios arrancados de un cuerpo que ya no existía.

Y entonces lo sintió.

No uno.

Varios.

—… —Yahiko se detuvo.

Los ninjas de Ame también se detuvieron de inmediato.

Hay más supervivientes…pensó.

Avanzó solo, mientras el resto formaba un perímetro instintivo, observando el cráter con una mezcla de temor y reverencia.

A medida que Yahiko se acercaba, las figuras comenzaron a tomar forma.

Un pequeño grupo.

No más de quince.

Protegidos por una cúpula de tierra endurecida, ahora resquebrajada y casi desintegrada.

En el centro… Hiruzen Sarutobi.

El Tercer Hokage estaba arrodillado, usando su único brazo para sostenerse.La mitad de su rostro estaba completamente quemada, la piel deformada hasta el punto de ser irreconocible.Su brazo derecho había desaparecido por completo.

Y ahora… todo encajaba.

A su alrededor, los supervivientes.

Entre ellos, un hombre de cabello oscuro, expresión agotada, ojos abiertos de par en par mientras observaba el paisaje imposible que los rodeaba.

Shikaku Nara.

Yahiko desactivó el Byakuya lentamente.

Así que fue así… Uno de los shinobi de Ame murmuró, sin darse cuenta de que había hablado en voz alta: —…Los protegió.

Otro respondió, con voz temblorosa: —Usó su propio cuerpo… y su chakra… para salvarlos.

El silencio que siguió fue pesado.

No admiración.No lástima.

Reconocimiento.

Yahiko avanzó unos pasos más.

Hiruzen levantó la vista con esfuerzo.

En ese instante, los pensamientos del Tercer Hokage se arremolinaron como ceniza en el viento.

Esto es lo que queda… No necesitaba mirar atrás para saberlo.

Había sentido cómo el chakra de su ejército se extinguía en oleadas.Miles de presencias… apagándose… una tras otra.

Ochomil…Ochomil vidas bajo mi mando… Recordó el instante exacto.

El relámpago azul.El grito.La palabra que no comprendió… pero que selló su destino.

E = MC²… Y entonces, el sol.

No una explosión.No fuego.

Un juicio.

Había reaccionado por instinto.

Había levantado muros.Había usado sellos.Había empujado chakra hasta que su cuerpo no pudo más.

No para ganar.

Solo para salvar a alguien.

Al menos…al menos Shikaku sobrevivió… Si Konoha tenía alguna posibilidad de reconstruirse, necesitaba mentes como la suya.

Yahiko se detuvo frente a él.

Lo observó en silencio.

—Así que no solo sobreviviste tú —dijo finalmente—.También los protegiste.

Hiruzen no respondió.

No podía.

Pero su ojo sano no se apartó del de Yahiko.

—Por eso estás así —continuó Yahiko, comprendiendo del todo—.Elegiste gastar lo que te quedaba… en lugar de huir.

Uno de los shinobi de Ame sintió un escalofrío.

Este hombre…Este hombre fue Hokage… Yahiko habló con calma.

—Eres libre de irte —dijo—.Lleva a los tuyos de regreso.

Hiruzen apretó los dientes.

En su mente, la imagen del ejército destruido seguía repitiéndose.

Fallé…Fallé como Hokage… —Inicia la compensación —continuó Yahiko—.Habla con tu daimyo.Entrega los territorios.

Se dio media vuelta.

—La guerra terminó aquí.

Mientras se alejaba, los shinobi de Ame lo siguieron, pero ahora… con otra mirada.

No solo miedo.No solo respeto.

Comprensión.

Ahora sabían por qué les ordenó retirarse.

Ahora sabían qué clase de poder caminaba delante de ellos.

Y detrás, entre cenizas y restos de un ejército aniquilado… Hiruzen Sarutobi aceptó una verdad que jamás pensó pronunciar: El mundo ninja ya no gira alrededor de las grandes naciones.

Gira alrededor del País de la Lluvia.

La noticia no llegó como un mensaje urgente.

Llegó como un rumor imposible.

Al principio, ningún país quiso creerlo.

Un ejército de ocho mil shinobi de Konoha, aniquilado.El Tercer Hokage, gravemente herido.La guerra terminada… en una sola acción.

Y el responsable no había sido el portador del Rinnegan.

Había sido Yahiko.

Tierra del Viento – Sunagakure En la sala del Kazekage, el silencio era absoluto.

El anciano líder de Suna sostenía el informe con manos temblorosas.

Había leído el contenido tres veces… y aun así, su mente se negaba a aceptarlo.

¿Una sola técnica…?¿Un solo hombre…?

Recordó todas las veces que Suna había considerado al País de la Lluvia como un territorio secundario.

Un lugar útil para que otros se desangraran.

—Qué irónico… —murmuró—.Pensamos que Ame era débil porque siempre fue campo de batalla.

Levantó la vista hacia sus consejeros.

—No era débil —continuó—.Solo estaba contenida.

En su interior, una certeza se formó con claridad brutal: Si Ame hubiera decidido atacarnos primero…Suna no habría sobrevivido.

Y por primera vez en décadas, el Kazekage sintió miedo real, no al poder… sino a la voluntad detrás de ese poder.

Tierra – Iwagakure El Tsuchikage cerró el informe con fuerza.

—Konoha… derrotada de esta manera… —gruñó.

Pero a diferencia de otros líderes, él no estaba sorprendido.

Estaba… inquieto.

Hanzo fue subestimado.Ahora Yahiko.

Dos generaciones consecutivas surgidas del mismo país.

—Ese chico no luchó como un shinobi —pensó—.Luchó como alguien que ya había aceptado cargar con el odio del mundo.

Y eso lo hacía infinitamente más peligroso.

—Si Nagato y Yahiko luchan juntos… —murmuró—ninguna gran nación puede enfrentarlos sin perderlo todo.

En su mente, una nueva prioridad surgió: Evitar a toda costa que Ame vuelva a expandirse.

No por guerra.Por equilibrio.

Kumogakure El Raikage golpeó la mesa.

—¡Maldita sea!

El informe hablaba claro.

Demasiado claro.

Velocidad absurda.Destrucción total.Un líder que no dudó.

—Ese Yahiko… —pensó—no pelea para ganar batallas.

Pelea para cerrarlas.

Y eso era lo que más le preocupaba.

Kumo siempre había confiado en su fuerza bruta, en su velocidad, en su superioridad militar.

Pero por primera vez, el Raikage se preguntó: ¿Qué pasaría si ese monstruo apunta hacia nosotros…?

Y no encontró respuesta.

Frente de kiri La tienda de mando estaba en silencio.

No era un silencio cómodo.Era uno de esos silencios que aparecen después de una verdad imposible de ignorar.

Nagato sostenía el informe con manos quietas, pero su mente… su mente estaba lejos de allí.

Ocho mil… El número no dejaba de repetirse.

No como una cifra.Sino como rostros que no conocía, voces que nunca escuchó, vidas que jamás volverían a existir.

Yahiko… Por primera vez desde que comenzó la guerra, Nagato no pensó en estrategias, ni en frentes, ni en victorias.

Pensó en su amigo.

Así que… este era el precio.

Un recuerdo regresó con fuerza.

Yahiko, de pie frente a Hiruzen.Intentando hablar.Intentando negociar.Intentando evitar.

No era debilidad… Nagato apretó los dientes.

Era misericordia.

Y de pronto, todo encajó.

Cada reunión solicitada.Cada advertencia.Cada oportunidad ofrecida a Konoha para retirarse.

Yahiko sabía.

Sabía que, en el momento en que cruzara esa línea, ya no habría marcha atrás.

Un antes… y un después.

Nagato cerró los ojos.

Yo crucé esa línea cuando destruí Konoha.

La imagen volvió con una claridad brutal:La aldea reducida a polvo.Los gritos.El vacío posterior.

El mundo nunca volvió a verme igual.

Y ahora… ahora Yahiko había hecho algo aún peor.

No destruyó una aldea.

Destruyó la ilusión de superioridad de las grandes naciones.

—Idiota… —murmuró en voz baja.

No como insulto.

Como alguien que entiende demasiado tarde.

Siempre cargaste con todo tú solo… Nagato recordó cada vez que Yahiko lo había detenido.

“Todavía no.”“Déjame intentarlo una vez más.”“No es necesario llegar a eso.” Nagato creyó que era idealismo.

Ahora entendía la verdad.

Sabías que si salías al campo de batalla…el mundo jamás nos dejaría volver atrás.

Yahiko no quería matar.

Pero estaba dispuesto a ensuciarse las manos para que Nagato y Konan no tuvieran que hacerlo primero.

Ocho mil vidas… Nagato sintió cómo algo le apretaba el pecho.

No culpa.

Responsabilidad compartida.

Ese peso no es solo tuyo.

Abrió los ojos.

El Rinnegan reflejaba una determinación distinta.

No fría.

No divina.

Humana.

—Ya basta… —susurró.

Los comandantes de Ame lo miraron con atención.

Nagato se puso de pie lentamente.

Si Yahiko decidió convertirse en el monstruo que el mundo necesita temer… Entonces él haría algo distinto.

Yo seré el recordatorio de que no fue un acto aislado.

Que no fue suerte.Que no fue una excepción.

Que el País de la Lluvia no depende de un solo hombre.

Nagato tomó la capa de Akatsuki.

El símbolo rojo parecía más pesado que nunca.

Esto también es una carga.

Se la colocó sobre los hombros y ajustó el cuello.

—Es hora de terminar esta campaña —dijo con calma absoluta.

Cada palabra era una sentencia.

—El mundo ya vio lo que ocurre cuando Yahiko decide luchar.

Dio un paso hacia la salida.

—Ahora… —continuó—es momento de que también vea de lo que yo soy capaz.

La lona de la tienda se movió.

El viento golpeó su rostro.

Y mientras salía, Nagato pensó una última cosa: Yahiko… Si el mundo va a señalarte como el demonio que acabó con ocho mil vidas… Entonces yo me aseguraré de que nunca vuelva a atreverse a desafiarte.

Y con esa decisión, el frente con Kiri… Estaba condenado.

por otro lado en un lugar escondido .La cueva estaba en silencio.

Un silencio antiguo, pesado, como si el mundo mismo contuviera la respiración.

Madara Uchiha permanecía inmóvil, sostenido por los tubos que lo mantenían con vida.Sus ojos cerrados, su expresión serena.

Hasta que Zetsu habló.

—Madara-sama… —dijo la mitad negra, con un tono inusualmente contenido—.

Hay un informe del frente entre Amegakure y Konoha.

Madara no respondió.

No necesitaba hacerlo.

—Hubo… una explosión.

Los ojos de Madara se abrieron lentamente.

—Describe —ordenó.

Zetsu tragó saliva, si es que podía hacerlo.

—Una detonación masiva.

El terreno fue… borrado.

Un ejército completo de Konoha desapareció.

El Tercer Hokage sobrevivió, pero apenas.

Silencio.

Luego— Madara sonrió.

No fue una sonrisa grande.

Fue una curvatura mínima, peligrosa.

—¿Explosión…?

—repitió, como saboreando la palabra.

Y entonces, un recuerdo antiguo emergió.

Ame… Lluvia eterna.Ruinas.Una detonación menor, casi experimental.

—Así que… —pensó— aquello no fue un error.

No fue improvisación.No fue desesperación.

Fue una prueba.

Una prueba para medir alcance.Para calcular daño.Para observar reacción.

Madara dejó escapar una risa baja.

—Kukuku… La risa creció.

—Kuhahahaha… Hasta que la cueva se llenó de un eco distorsionado, una carcajada que no tenía alegría, solo fascinación.

—¡Maravilloso…!

—exclamó—.

¡Absolutamente maravilloso!

Zetsu se tensó.

Madara continuó riendo, pero su mente ya trabajaba.

Así que el chico de la lluvia… Yahiko.

El nombre flotó en su mente con una nueva forma.

—Yo los llamé peones… —pensó—.—Los traté como piezas intercambiables… La risa se apagó.

Y sus ojos se volvieron fríos.

—Pero los peones no hacen esto.

No aniquilan ejércitos.No fuerzan tratados.No cambian el tablero.

Esto ya no es simple fuerza.

Esto era voluntad, decisión, sacrificio consciente.

—Interesante… —murmuró—.

Muy interesante.

Zetsu aprovechó el silencio.

—Madara-sama… ¿Desea que intervengamos?

Madara negó lentamente.

—No.

No todavía.

—Déjalos moverse —dijo—.

Quiero ver hasta dónde están dispuestos a llegar.

Se quedó en silencio un momento más.

Luego habló de nuevo.

—Zetsu… —dijo con voz casual—.

¿Qué hay del Sanbi?

Zetsu sonrió.

—Todo va según lo planeado.

Rin ya fue capturada.

Madara arqueó una ceja.

—¿Quién?

—Zetsu blanco —respondió—.

Disfrazado como ninja de Kiri.

Si mis cálculos no fallan… Miró a la distancia.

—En breve recibiremos el informe de que el Tres Colas fue sellado en ella.

El silencio volvió.

Pero esta vez, fue distinto.

Madara sonrió.

Una sonrisa lenta.Plena.Satisfecha.

—Perfecto… —susurró.

Obito… —Con esto —pensó—, no habrá vuelta atrás para él.

Pérdida.Traición.Desesperación.

Todo alineándose.

—Por fin tendré a alguien… —dijo en voz alta——que pueda ayudarme de forma activa en el Proyecto Ojo de la Luna.

Zetsu asintió.

—¿Y Nagato?

—preguntó—.

Su poder sigue creciendo.

Madara cerró los ojos un instante.

—Nagato… —repitió.

El Rinnegan.

El verdadero premio.

—Aún no —decidió—.

Él todavía cree que puede cargar con el mundo.

Todavía no está roto.

—Esperaremos —continuó—.—Primero Obito debe caer completamente en la oscuridad.

Una pausa.

—Cuando se desilusione de este mundo… —sonrió——entonces pensaremos cómo hacer que Nagato elija nuestro camino.

La risa volvió.

Pero ahora era suave.

Confiada.

—Que sigan luchando… —pensó Madara—.—Que sigan creyendo que controlan su destino.

En lo profundo de la cueva, el Uchiha ancestral cerró los ojos.

El tablero estaba cambiando.

Y por primera vez en mucho tiempo… Madara no estaba completamente segurode que todas las piezas obedecerían sin resistencia.

Y eso… Lo emocionaba.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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