yahiko de akatsuki - Capítulo 6
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
6: capitulo 6 6: capitulo 6 La lluvia no se detenía.
Caía con la insistencia de siempre, como si el cielo mismo estuviera cansado del País de la Lluvia y aun así se negara a abandonarlo.
Yahiko estaba sentado sobre un viejo canal de metal oxidado, observando la ciudad irregular bajo la tormenta.
A su lado, Nagato y Konan conversaban en voz baja, pero él no los escuchaba realmente.
El ruido constante de la lluvia lo arrullaba, pero no con tranquilidad: con presión.
Porque sabía lo que venía.
Porque había tomado una decisión que cambiaría todo.
Su fuerza actual no era suficiente.
Lo había comprendido en el entrenamiento reciente.
Su cuerpo, aunque ágil y decidido, no respondía a la velocidad de sus pensamientos.
Nagato y Konan confiaban en él más de lo que él mismo merecía.
Y si él caía… si él moría en un enfrentamiento serio… los dejaría solos en un mundo que no dudaba en aplastar a niños como ellos.
Por eso debía fortalecerse.
Por eso debía adquirir tres técnicas esenciales.
No por la paz mundial, no por un gran sueño universal, sino por algo más humano y honesto: sobrevivir, y que los tres pudieran vivir mejor que antes.
Y justo cuando iba a anunciar su plan, un estruendo retumbó por los callejones cercanos.
Gritos.
Metal chocando.
Un chakra hostil, intenso, derramándose desde las fábricas abandonadas.
Konan se puso alerta al instante.—Yahiko… ¿escuchaste?
—Sí —respondió él, poniéndose en pie.
Sabía reconocer la naturaleza del sonido, la forma en que el miedo impregnaba los ecos.
Eso no era un conflicto normal entre habitantes desesperados.
Era peor.
Un equipo entrenado.
Shinobi profesionales.
Nagato retrocedió un paso.—Debemos alejarnos.
No tenemos por qué involucrarnos… Yahiko sonrió de lado, esa sonrisa cargada de desafío que ya era parte de él.—O podemos involucrarnos lo justo.
Konan entrecerró los ojos.—¿Justo cuánto?
—Lo suficiente para no morir —dijo Yahiko—, y para aprender algo útil.
Nagato tragó saliva.—¿Estás planeando…?
Pero no terminó la frase.
Porque tres sombras aparecieron de pronto frente a ellos.
Ninjas del País del Fuego.Escuadrones de limpieza.
El tipo de hombres que no dudaban cuando se trataba de eliminar “problemas menores” en territorio ajeno.
El mayor de ellos—un jonin con máscara metálica—dio un paso adelante.—Niños.
No deberían estar aquí.
Están interfiriendo en una operación del País del Fuego.
Yahiko sintió esa punzada amarga.Todos los países grandes consideraban que la Lluvia era tierra de nadie.Como si no hubiera gente viviendo ahí.
Como si ellos no fueran nada.
—Estamos en nuestra casa —respondió Yahiko—.
Ustedes son los que no deberían estar aquí.
El jonin suspiró, aburrido.—Qué inconveniente.
Detrás de él, los otros dos chunin prepararon sellos de mano casi al mismo tiempo.
Yahiko sabía lo que venía.Y sabía que no tenían cómo ganar un combate directo.
Pero podía usar el combate.
Podía usarlo para iniciar su plan.
Los tres ninjas enemigos se lanzaron a la ofensiva al mismo tiempo.
Konan reaccionó primera, extendiendo papeles afilados como cuchillas.
Nagato preparó una esfera de chakra rojizo, una técnica básica pero poderosa.
Yahiko, en cambio, no se movió.
No porque estuviera paralizado… Sino porque estaba observando.
«Necesito entender cómo se mueven los shinobi verdaderos.
Sus ritmos, sus errores, sus distancias.
Si quiero dominar las tres técnicas que planeé, debo empezar ahora.» El chunin más veloz apareció frente a Yahiko en un parpadeo.—Muere.
Un kunai descendió hacia su rostro.
Yahiko se agachó apenas a tiempo.
El arma rozó su mejilla.
Ardió.
El chunin abrió los ojos:—¿Lo esquivaste…?
Yahiko sonrió.—Más o menos.
Lo golpeó con la palma en el estómago usando todo su cuerpo.
No tenía la Fuerza de Tsunade aún.
No tenía ni el 10% de lo que quería.
Pero había estudiado cómo mover su centro de gravedad, cómo canalizar fuerza a través de la cadera y los hombros.
El golpe no tumbó al chunin, pero lo hizo retroceder dos pasos.
Konan lanzó papeles que se adhirieron a su brazo.—¡Nagato!
Nagato activó un pequeño proyectil de chakra que voló en zigzag y explotó en un destello tenue.
No dañó, pero cegó temporalmente.
Yahiko retrocedió y analizó la situación.
El jonin apenas se movía.
Dejó que sus subordinados se encargaran del trabajo sucio, evaluando con calma.
«Ese es el peligro real.» El jonin finalmente realizó sellos.
El chakra se expandió.
Yahiko reconoció el elemento antes de que apareciera.
Rayo.
Un relámpago surgió del jonin como un látigo.
Golpeó el suelo, dividiéndolo.Konan saltó hacia atrás.
Nagato cayó rodando.
Yahiko observó fascinado.
«Así es.
Este es el nivel que necesito.
Este es el poder que quiero imitar.
El Modo de Chakra de Rayo… empieza con entender el flujo, la velocidad, la forma en que este tipo se mueve…» El látigo relampagueante se extendió hacia él.
Yahiko inhaló profundamente.
Era el momento perfecto para probar una idea.
Corrió hacia adelante.
Nagato gritó:—¡Yahiko, no!
El jonin parecía sorprendido.—Grave error, niño.
Pero Yahiko no corrió en línea recta.
Giró, frenó, se impulsó con el pie, zigzagueó.
Su mente procesaba las trayectorias del látigo eléctrico, midiendo distancias, calculando su punto de escape.
El jonin lo siguió con la mirada.
—Interesante… El rayo cayó a centímetros de Yahiko, quemando el suelo.Era pura suerte que no lo alcanzara.
O eso pensaba el jonin.
Pero Yahiko estaba aprendiendo a leer su ritmo.
«Es lento.
Bueno… no lento.
Pero repetitivo.
Su brazo se mueve con un patrón.
Si quiero usar chakra rayo en mi cuerpo algún día, debo aprender a anticipar velocidad, no simplemente reaccionar…» Un nuevo latigazo cayó sobre él.
Yahiko no esquivó del todo.
La electricidad rozó su costado.
Ardió como mil agujas penetrando la piel.
Pero Yahiko siguió moviéndose, dientes apretados.
Konan gritó su nombre.
Pero el chico no se detuvo.No podía detenerse.Cada paso era una lección.Cada latido, una oportunidad.
Yahiko finalmente llegó lo bastante cerca para ver los ojos del jonin tras la máscara.
—Eres diferente —murmuró el adulto—.
Los niños de este país suelen huir.
—Supongo —respondió Yahiko, jadeando— que yo no soy ese tipo de niño.
Intentó lanzar un puñetazo.Fue inútil.
El jonin lo bloqueó fácilmente y lo lanzó hacia atrás con una sola mano.
Yahiko rodó por el suelo, golpeando barro, metal y agua.
Le dolía todo.
Pero estaba sonriendo.
Porque entendió algo.
Nagato corrió hacia él.—¡Yahiko!
¡Estás herido!
—Lo estaré más si sigues gritándome —bromeó él, poniéndose de pie a duras penas.
Konan se acercó por el flanco izquierdo.—Este jonin es demasiado.
Necesitamos huir.
Aún podemos hacerlo.
Si activamos las rutas por las azoteas… —No —dijo Yahiko.
Los dos lo miraron como si estuviera loco.
—Escuchen —jadeó—, voy a explicar mi plan… en parte.
Nagato frunció el ceño.—¿En parte?
—No hay tiempo para explicarlo todo —respondió—.
Solo deben confiar en mí.
Lo que necesitamos ahora es… Los ojos del jonin brillaron.—¿Planean rendirse?
—Planeamos sobrevivir —respondió Yahiko.
El jonin movió su látigo eléctrico.—Eso no suele estar en mis prioridades de misión.
—No importa —replicó Yahiko.Cerró los puños con fuerza.
«La primera técnica… Keijūgan… Roca Ligera… no puedo usarla.
No sé cómo.
No tengo chakra Doton suficiente.
Pero puedo… imitar su principio.» La técnica verdadera hacía que el cuerpo se volviera ligero como el aire, facilitando esquivas imposibles.
Yahiko no podía usar la técnica.
Pero podía reducir el peso de cada movimiento usando solo su instinto y adrenalina.Podía moverse como si fuera más ligero.
Aunque no lo fuera.
—Nagato, Konan —dijo—, confíen en mis pasos.
Voy a abrir un camino.
Konan murmuró:—Yahiko… ¿qué vas a hacer?
—Un experimento estúpido —respondió él con una sonrisa.
Y corrió directo hacia el jonin.
Otra vez.
Esta vez, sin esquivar.
Se lanzó hacia adelante, bajando su centro de gravedad, usando la lluvia para deslizarse.Su cuerpo se movía como si pesara la mitad de lo normal.No porque realmente fuera más liviano… Sino porque había reducido toda tensión innecesaria.
Cada músculo respondía al mínimo estímulo.
El jonin levantó su brazo.El rayo descendió.
Yahiko giró sobre sí mismo, dejando que el relámpago pasara por encima.No lo esquivó por completo.
Su espalda ardió.
Pero no lo detuvo.
Saltó hacia adelante.
El jonin pareció sorprendido por la cercanía del niño.Yahiko extendió su mano para golpearlo.
El jonin bloqueó fácilmente.
Pero eso no era lo importante.
Porque ahora Yahiko estaba a centímetros del enemigo.
Lo que necesitaba ver… Lo que necesitaba sentir… Era cómo fluía su chakra rayo en el cuerpo.
El sonido.
El olor.
El ritmo.
La vibración.
Todo eso… era una lección.
El jonin lo empujó con violencia.
Yahiko cayó de rodillas, respiración entrecortada.
Pero sonreía.
Konan gritó:—¡Yahiko, basta!
¡Vas a morir!
Él se levantó apoyándose en una tubería.
—No… aún no.
El jonin parecía casi intrigado.—Nunca vi un niño tan insistente en su propia muerte.
—No es insistencia —respondió Yahiko—.
Es… planificación.
El jonin realizó nuevos sellos.—Entonces muere planeando.
Pero antes de que el ataque final descendiera, Yahiko gritó: —¡Konan, ahora!
Konan desplegó papeles que envolvieron al jonin como un capullo.No lo detuvieron por completo…Pero lo ralentizaron.
Y eso bastaba.
Yahiko echó a correr con toda la fuerza que tenía.
—¡Nagato, abre camino!
Nagato golpeó el suelo con chakra y creó una onda expansiva que abrió un corredor entre las fábricas.
Los tres escaparon corriendo mientras el jonin rompía el papel.
El chunin que seguía consciente trató de perseguirlos.
Konan lanzó más papeles como proyectiles y Yahiko lo remató con un puñetazo directo a la mandíbula.No era super fuerza real…Pero había usado lo aprendido en la pelea para colocar todo su peso en un solo punto.
El crujido lo confirmó.
El chunin cayó inconsciente.
Yahiko se quedó quieto un momento.
Su mano temblaba.
«Falta tanto… tanto…» Pero había dado el primer paso.
Corrieron por casi veinte minutos bajo la lluvia, alejándose de la zona industrial.
El jonin no los siguió; probablemente había decidido que perseguir a tres niños era una pérdida de tiempo.
Finalmente, llegaron a una alcantarilla amplia y abandonada.
Se refugiaron allí, exhaustos.
Nagato cayó sentado.—Yahiko… ¿qué fue eso?
¿Por qué… por qué te enfrentaste así?
Konan estaba más enfadada que preocupada.—Nos mentiste.
Dijiste que confiar en vos nos haría sobrevivir.
Pero casi nos matan.
Yahiko respiró hondo.Le dolían los brazos, la espalda, las piernas.
Tenía quemaduras pequeñas en el costado.
Pero estaba vivo.
—Lo siento —dijo con sinceridad—.
Debería haber explicado un poco más.
Pero si lo hacía… no habría funcionado.
Konan frunció el ceño.—¿Qué es “eso”?
¿Qué estás intentando hacer?
Yahiko los miró a los dos.Su familia.Las dos personas a las que quería proteger sin importar el costo.
—Voy a aprender tres técnicas —dijo—.
Tres que me permitan sobrevivir a cualquier cosa.
Tres que me permitan mantenerlos a salvo.
No quiero que volvamos a perderlo todo.
No quiero que el mundo nos aplaste otra vez.
Nagato lo miró con ojos grandes.—¿Tres técnicas…?
—Sí.
Ya sé cuáles son —respondió Yahiko—.
Hoy fue el primer paso.
Konan lo miró como si fuera un loco genial.—¿Qué paso?
Yahiko sonrió.
—Hoy aprendí cómo se mueve un usuario de rayo.
Cómo fluye su chakra.
Aprendí a leer su velocidad, su ritmo, su peligro.
Si quiero dominar el Modo Chakra de Rayo algún día, debo entender primero cómo reaccionar ante ese tipo de ataques.
Se tocó la espalda quemada.Dolía.Pero no le importaba.
—También entendí cómo “se siente” moverse con el cuerpo más ligero.
No lo hice perfecto.
Pero ya sé cuál es el error que cometo cuando intento imitar la velocidad ligera… y cómo corregirlo.
Nagato murmuró:—¿Y el golpe que diste…?
Yahiko asintió.—También fue parte de eso.
La Fuerza de Tsunade depende del control minucioso del chakra y del movimiento del cuerpo.
Hoy me di cuenta de que coloco fuerza de forma… torpe.
Tengo que aprender a concentrarla en un solo punto.
Konan suspiró aliviada.—Así que… no querías morir.
—No —dijo Yahiko, riendo un poco pese al dolor—.
Quería aprender.
Nagato respiró hondo.—Entonces… ¿cuál es el plan exacto, Yahiko?
Yahiko levantó la mirada.Sus ojos brillaban con una determinación que no se veía en los niños normales.
—A partir de hoy… empezamos a entrenar de verdad.Yo voy a conseguir esas tres técnicas.Voy a hacerlo aunque me rompa cien veces.Porque si no lo hago… no podremos sobrevivir en este país.Y yo…No voy a permitir que ninguno de ustedes muera.
La lluvia seguía cayendo afuera, oscura e incesante.
Pero en ese pequeño túnel subterráneo… Se encendió una llama.
El primer paso del plan había comenzado.
Y nada volvería a detener a Yahiko.
Ni la lluvia.
Ni los ninjas del País del Fuego.
Ni siquiera el destino.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com