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yo no pedí ser un dios maldita sea - Capítulo 19

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  4. Capítulo 19 - 19 Moldeador del Alma
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19: Moldeador del Alma 19: Moldeador del Alma “No se trata de precios, su majestad”, respondí, levantando ligeramente el sombrero.

“Se trata de calidad.” Ante estas palabras, todos los espartanos se mostraron confundidos, en especial el rey, lo cual era comprensible si no explicaba de inmediato.

“En pocas palabras, deseo ver personalmente a todos los posibles esclavos antes de comprarlos”, expliqué claramente, dejando de lado el tono críptico.

“Entiendo”, contestó el rey, pensativo.

“Pero aun así debéis poner un ejemplo o una característica a seguir.

Eso facilitará la selección.” Al escuchar esto, medité un rato sus palabras.

Sin duda, era una excelente forma de filtro, pero debía escoger bien mis palabras.

No podía darme el lujo de equivocarme ni decir algo escandaloso que alertara al rey o los hiciera sospechar de mi naturaleza, algo blasfema.

“Mientras más duras y miserables hayan sido sus vidas, mejor”, dije abiertamente, ante las extrañas miradas de todos.

Algo completamente comprensible.

Si yo escuchara eso estando en su lugar, también pensaría que algo no andaba bien, o que estaba realizando una selección para sacrificios.

Sin embargo, era mejor que eso a que descubrieran mi verdadero propósito.

Y era, además, la elección correcta por una simple razón: mientras más desesperación y dificultades haya sufrido alguien, más habrá rezado a los dioses.

Y mientras más resen sin obtener respuestas, más fe perderán… hasta llegar al punto de abandonar toda creencia, o al menos, el respeto hacia esas entidades.

Eso me venía bien, pues evitaba que entraran en contacto con el círculo de Hera, y me permitía implementar mejor mis cambios.

Ya que mientras más desesperadas estén las personas, más abiertas estarán al cambio.

Sí, este método de pensamiento está mal.

Muy mal.

Me hace sentir un poco como basura, o como un villano.

Pero nunca pretendí ser un héroe.

Después de todo, el héroe siempre es el que termina jodido, si no pregúntele a heracles.

“Entendemos sus peticiones”, contestó el rey, antes de mirar a sus hombres.

“Pero ¿podría darnos unos días para organizarnos?” “Me parece bien.

De todos modos, también necesito algo de tiempo para crear más pólvora para el comercio”, respondí, haciendo una seña de aprobación.

Con esto último, las negociaciones preliminares terminaron.

Sin ganas de seguir en ese lugar, me marché con la carreta y unos cuantos barriles de madera que compré con algunas piezas de oro y las flores de lavanda que traje.

Una vez todo estuvo arreglado, volví a casa… o mejor dicho, a la isla volcánica.

Tenía todo listo y no tendría que salir por unos días mientras fabricaba la pólvora.

Sin embargo, a pesar del trabajo pendiente, decidí terminar algo que había dejado a medias.

Dicho trabajo a medias era el arma de fuego.

Solo le faltaba la empuñadura para la cual tomé un pedazo de madera de cerezo y lo tallé con precisión.

[Ding Ding] Se creó: Pistola de chispa básica Habilidad: Artesano XP +1589 Trabajo: Artesano XP +1670 [Secuencia 9 Artesano: 100/100] ¡Felicidades!

La secuencia ha alcanzado el 100%.

Cargando la siguiente secuencia… Secuencia 8: Moldeador del Alma Habilidad adquirida: Anhelo de dar Puede crear objetos que contienen emociones o fragmentos de espiritualidad creando armas u objetos con una ‘vida’ sutil.

Cuando cayó la notificación, sentí un hormigueo recorriendo mis manos, mientras mi cerebro se inundaba de conocimiento sobre artesanía, desde lo más simple hasta lo más complejo.

Al mismo tiempo, percibí cómo mi memoria muscular se reajustaba, como si hubiese repetido estas acciones miles de veces.

Era casi instintivo.

““Por fin”, dije con una sonrisa al ver cómo ese último poco de experiencia alcanzaba el 100% y me permitía obtener la siguiente secuencia.

Una mejora que no sólo potenciaba mis habilidades previas, sino que traía consigo una nueva… y curiosa habilidad.

Una habilidad que parecía tener mucho potencial.

[Anhelo de dar Puede crear objetos que contienen emociones o fragmentos del alma.

Crea armas u objetos con una ‘vida’ sutil y les da la capacidad de crecimiento, junto con una habilidad inspirada en el nombre que se le dé a la creación.

Advertencia: cada nombre es único y solo puede usarse una vez.

Además, cada nombre impone una carga sobre el objeto.

Si este es incapaz de sostener el nombre, se destruirá, y el nombre volverá a quedar inactivo.] No es una exageración decir que esta, hasta la fecha, es la habilidad más útil de las secuencias que he obtenido.

Con ella, podría convertir cualquier creación mía en un objeto de tipo crecimiento, al igual que mi máscara y The Wonder of You.

Eso solo remarca lo valioso que son, pues en mi libro actual solo existen dos objetos de ese tipo.

“Sistema, aparte de las limitaciones del nombre, ¿hay otra?” pregunté mientras miraba el arma en mi mano.

[No muchas.

Solo que, conforme la secuencia avance, los artículos tendrán mayor capacidad de efectos, y que cada uso hará que el anfitrión pierda permanentemente parte de su poder espiritual o ‘espiritualidad’.] “…… ¿Acaso tengo espiritualidad?”, comenté, confundido.

Era la primera vez que sabía que poseía algo así.

Es decir, sabía qué era: un tipo de energía o poder muy común en el mundo de El Señor de los Misterios, pero hasta ahora no había sentido que lo tuviera.

Ni siquiera lo había notado, y pensaba que era normal.

[ El anfitrión sí posee espiritualidad desde el momento en que se convirtió en el primer Beyonder.

Sin embargo, a diferencia de otros, usted no tiene un límite fijo debido a su naturaleza y a la ley de conservación.

Cuando la espiritualidad nace, no desaparece: se acumula en usted con el tiempo.

La única forma de perderla es creando objetos o dejándola, voluntariamente, en objetos que aprecie.] [En palabras simples, el anfitrión es como un árbol: crea oxígeno y otros elementos a través de la interacción con su entorno.] “En pocas palabras, tengo la capacidad de ser una máquina perpetua de espiritualidad”, comenté secamente.

[No.

Hay un límite, y ese límite es su secuencia.

A mayor secuencia, mayor espiritualidad puede albergar.] “Mmmm… bueno, no está mal”, admití antes de ir al punto más importante.

“Por cierto, ¿para qué puedo usarla?” En la novela El Señor de los Misterios, la espiritualidad era bastante útil y tenía múltiples usos, la mayoría relacionados con el plano espiritual.

Algo que no creo que exista en este mundo.

[Actualmente, para nada más que las habilidades del anfitrión, y para inspirar a otros… y a usted mismo.] [La única forma de aprovecharla realmente es ascender a una secuencia superior y crear un plano espiritual o múltiples usos para la espiritualidad a través de su secuencia elevada.] “En pocas palabras, es inútil para mi yo actual”, dije, perdiendo todo el entusiasmo que tenía.

“Bueno… casi, ya que al menos me permitirá mejorar el equipo que poseo.” Mientras decía esto, miré mi primera arma.

Era tosca, poco elegante, pero era la primera, así que sería una pena darle un nombre demasiado bajo.

Sin embargo, sería peor ponerle un nombre demasiado alto y no poder sostener el gasto… o que el arma explotara.

[¿Por qué no le pones un nombre clásico en vez de apuntar tan alto?] “¿Un nombre clásico, eh?”, pensé, mientras observaba el arma.

Varias ideas pasaron por mi mente, nombres divergentes, conceptos heredados.

Y entre todas, la que más me llamó la atención no era necesariamente un nombre de arma, sino un término muy usado en el mundo de las armas de fuego.

“Dead Eye”, dije con diversión.

Shhhhhh… Como si respondiera al nombre, la pistola de chispa en mi mano comenzó a brillar.

Su forma, algo torpe, empezó a volverse más estética.

Y sobre todo… un ojo tachado apareció dibujado en la carcasa metálica.

[Dead Eye Arma rango 3 – Equipo mejorable Habilidad especial: Dead Eye A ciertas distancias, cada disparo dará en el objetivo.

Si este no supera la velocidad de una bala común, el disparo siempre impactará en el punto fatal del blanco.] “Lindo”, dije mientras sonreía bajo mi máscara, antes de pensar si debería crear un sombrero de vaquero.

“…aunque ahora que lo pienso, esto sería más acorde si fuera un revólver.” Guardé silencio durante un rato antes de dejar esa idea de lado.

De todas formas, era un arma de un solo disparo, por lo que sería mejor enfocarse en asegurar la máxima tasa de aciertos.

Eso y que no quería comenzar a pensar mal de mi creación, una creación bastante útil en esta etapa.

[Como recordatorio, el arma aún necesita munición pólvora y recargar para funcionar .] “Lo sé… ¿En serio creías que sería tan tonto como para olvidar eso?”, dije frustrado, al sentir que el sistema había insultado mi coeficiente intelectual.

[Solo es un recordatorio amistoso pues hay muchos ejemplos de personas que olvidan esto solo por que el arma tiene una habilidad especial.] “…Olvídalo, no pienso discutir”, comenté sin ganas de pensar demasiado en eso.

Después de todo, tenía mucho trabajo que hacer.

Dicho trabajo era crear grandes cantidades de pólvora, ya que la necesitaría dentro de unos días para el comercio con los espartanos.

Algo que, en sí, no era tan complicado: la pólvora negra no es precisamente lo más difícil de fabricar.

Solo hacía falta mezclar los elementos adecuados con cuidado.

Elementos que, por suerte, tenía en exceso.

Tenía salitre gracias al comercio con los espartanos, carbón vegetal que podía obtener simplemente quemando madera, y por último —aunque no menos importante— el polvo de azufre.

Este último sí podría darme algunos problemas para recolectar… pero no demasiados.

Después de todo, vivía literalmente en una isla volcánica, y el azufre era uno de mis recursos más abundantes y fáciles de explotar.

Con todo esto y con el tiempo contado, dediqué todo mi esfuerzo en fabricar pólvora.

Un proceso que, sinceramente, perdía su novedad tras las primeras 5 veces, ya que lo único que debía hacer era quemar leña, moler el carbón, luego el salitre, buscar algo de azufre, molerlo hasta convertirlo en polvo, y luego integrarlo con cuidado en cantidades moderadas.

Porque, aunque ya tenía práctica, aún debía trabajar con precaución.

Algo que se hizo evidente cuando, en medio de una mezcla, una chispa —causada por el calor, la fricción o el sol— encendió la preparación que estaba revolviendo constantemente.

Sinceramente, me dolió.

Pero me dolió más perder esa pólvora, ya que cada preparación toma cierto tiempo y es una tarea aburrida y tediosa.

Tediosa al extremo, ya que también hay que poner algo de concentración en mezclar y hacerlo con la mejor calidad posible.

Algo que valoraba, pues desde que había comenzado a tratar con la idea de comerciar con las cosas que creaba, siempre tenía en mente la calidad por encima de todo.

Tal vez suene raro o irónico, pero nacía de mi deseo de ofrecer algo que estuviera a la altura… y de una especie de orgullo: el de que todo lo que yo hiciera debía cumplir con los máximos estándares que pudiera alcanzar.

No hubo necesidad de decir que, gracias a esto, solo pude terminar un barril en todo un día de constante y largo esfuerzo.

Algo que habría sido incluso más agotador si mi secuencia no hubiera pasado de la novena a la octava.

“Juro que, cuando consiga a mis empleados, lo primero que les enseñaré —o al menos lo que les dejaré hacer con cierta seguridad— será crear esta cosa”, dije, agobiado, mientras dejaba un barril al lado de mi carro y me iba hacia la playa, donde ya había alguien esperándome.

Dicho alguien era Tetis, quien, junto a Orochimaru y Wilson, vigilaba a Amon, que dormía profundamente en su cuna.

“Parece que llegué a tiempo”, comenté alegre al ver a Tetis, Wilson, Orochimaru y Amon tras un largo día de trabajo.

Un día como los muchos que estaban por venir, ya que, antes de contactar con los espartanos y comenzar el comercio, Crow quería tener al menos cinco barriles.

Cinco barriles que cambiaría —en el peor de los casos— por cinco individuos… y en el mejor, por diez.

Lo que Crow no sabía era que sus cálculos estaban muy mal.

Porque un producto tan raro y casi imposible de conseguir tenía un valor muchísimo más alto que solo dos esclavos por barril.

Y la razón de este malentendido era que, aunque pudiera parecer que subestimaba mucho el valor de una vida humana, la verdad era aún más cruda: en la antigüedad, las vidas esclavas eran terriblemente baratas en comparación con un producto único e innovador como la pólvora.

Algo que solo se volvía más disparejo debido al tipo de personas que Crow había elegido.

Porque las personas despegadas de la vida, a menudo eran las menos populares y más repudiadas por diversas creencias o estigmas.

Esto causaba que su “precio” bajará aún más, y que más que esclavos, fueran considerados desechos humanos.

Como una basura que no te decides a tirar porque puede traerte algún beneficio mínimo, o simplemente porque —a ojos de sus dueños— deshacerse de ellos requería más esfuerzo que conservarlos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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