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yo no pedí ser un dios maldita sea - Capítulo 55

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  4. Capítulo 55 - 55 El clímax de la batalla
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55: El clímax de la batalla 55: El clímax de la batalla “Prepárate para morir, Asura.” “Quiero ver que lo intentes, anciano.” Dos gritos resonaron en el infinito mar estrellado y las figuras dieron un paso adelante.

Y a diferencia de la historia original, en la que August se limitaba a lanzar cortes de energía, Crow le sacó todo el provecho a la espada.

Plan.

Plan.

Plan.

Chispas inundaron el aire y la tierra tembló.

Las espadas cayeron como lluvia y la luna, ya destrozada, se cubrió de heridas nuevas.

El metal descendía sin piedad, y del otro lado Asura/ares sudaba a mares, consciente de que no podía permitirse recibir un solo corte de la hoja de August.

Un impacto directo sería el final.

Por eso, Asura/ Ares solo podía recurrir a medios desesperados, pero efectivos, para mantenerse con vida.

Las espadas caían sobre mí.

Veía el filo rozar mi piel, sentía los diminutos cortes acumulándose, el aliento frío de la muerte.

Era como bailar entre lanzas y cuchillas.

Pero este no sería el combate en el que perdería.

BAM.

BAM.

BAM.

Las colisiones continuaban, cada vez más rápidas.

Mis puños chocaban contra la espada, no para contraatacar, sino para desviar.

August tenía la ventaja de la fuerza absoluta, pero yo poseía más brazos y la agilidad llevadas al extremo.

BAM.

BAM.

BAM.

Una agilidad aplicada a mis puños.

Cada espada destinada a partirme en dos era desviada por una de mis ocho manos.

Cuando se alzaban sobre mí, uno, dos o tres golpes en el costado bastaban para desviar la trayectoria, empujando el filo lo justo para evitar la muerte.

Sin embargo, aunque lo estaba haciendo bien, no era suficiente.

Cada intercambio era un beso con la muerte.

Un solo error y sería cortado por la mitad.

Un solo error y perdería una mano.

Algo que no podía permitirme.

“No tengo derecho a perder”, gritó Asura/ares, enfurecido.

“El derecho es algo que solo decide el más fuerte.” Con ambos gritos, el espacio pareció resquebrajarse cuando el mantra de los dos explotó una vez más.

Las líneas de la piel de Asura se tornaron rojas, como si magma fluyera bajo su carne, mientras una rueda dorada aparecía en la espalda de August.

Ambos se fortalecieron de nuevo.

Sus intercambios superaron la velocidad que provocaba explosiones sónicas.

Ahora eran tan rápidos que incluso las explosiones parecían retrasadas, incapaces de seguir el ritmo.

Solo quedaba un borrón continuo de cortes, impactos y ondas de choque, como si las propias leyes físicas fueran impotentes frente a ellos.

La velocidad, la fuerza, incluso el impulso habían aumentado otra vez.

Habían ascendido un nivel más.

Pero la situación seguía estancada.

Así no podía ganar nadie.

Las espadas, sin embargo, tenían límites.

Con ese pensamiento, y sintiendo la muerte respirandole en la nuca, cientos de imágenes invadieron la mente de Asura/ares.

Problemas, humillaciones, rabia acumulada.

Pero entre todo ese caos, Asura/ares se aferró solo a los recuerdos de combate.

Cada pelea.

Cada guerra.

Cada enfrentamiento.

Y, uno por uno, los descartó.

Nada de eso funcionaría contra August.

Todas las ideas eran inútiles frente al poder de ese hombre.

Necesitaba algo distinto.

Entonces, en medio del torrente de pensamientos, una imagen brilló con claridad.

Un recuerdo amargo que lo llenó de ira, pero que ahora no le importaba.

Él enfrentándose a una mujer arrogante de cabellos dorados.

Ella lo despreciaba, lo provocaba, lo enfurecía, pero siempre se mantenía firme.

Contraatacaba.

Y pese a su fuerza inferior, utilizaba el flujo de los golpes para reducir el daño y devolver cada impacto.

BAM.

El recuerdo se rompió cuando algo que no era una espada llegó hasta él.

Un golpe brutal.

La fuerza del impacto descendió… pero esta vez no lo alcanzó.

Una mano lo detuvo.

El brazo de Asura/ ares tembló, los músculos tensándose al límite, sosteniendo el puñetazo con dificultad.

“Muchacho, no te sumerjas en tus pensamientos”, aconsejó August con una sonrisa.

“En una pelea solo debes disfrutar la lucha.

Olvida penas, miedos, prejuicios y orgullo.

Durante el combate solo existe tu oponente frente a ti, y nada más.” Ante aquellas palabras, Asura/Ares, que antes estaba confundido, se quedó inmóvil.

Aunque no lo mostró abiertamente, una leve sonrisa cargada de irritación se dibujó bajo su expresión.

“No necesito tus consejos, viejo.” Clik.

Clik.

Durante un solo instante, Asura/Ares juró escuchar el sonido de algo agrietándose, pero no le interesó ni le despertó curiosidad.

En ese momento ya nada importaba: ni su familia, ni sus problemas, ni siquiera sus recuerdos o su pasado.

Lo único que valía la pena era descargar toda su ira contra el maldito rostro sonriente del bastardo que tenía frente a él.

BAM.

BAM.

BAM.

Sin más contemplaciones, sin diálogo ni tregua, los golpes se reanudaron.

Pero, a diferencia de antes, Asura/Ares no apartó la vista de August ni un solo segundo.

Ya no pensó, ya no dudó.

Solo actuó.

Mientras puños y espada colisionaban, el mundo a los ojos de Asura/Ares se volvió lento.

La hoja acercándose a su rostro fue más clara que nunca, pero esta vez no la recibió con un puño, sino con una palma.

Hssssss.

Con un sonido rasgado, la espada fue redirigida por una de las mano de Asura/Ares.

La carne se abrió, el daño fue severo, pero la situación cambió.

Gracias a ese gesto, por fin logró acercarse y contraatacar como es debido.

BAM.

Una onda expansiva estremeció la luna, eclipsando a todas las anteriores.

Una figura salió despedida por los aires: alta, imponente, alguien que jamás había sido rechazado de ese modo.

Dicha figura no era otra que August.

En el punto donde había estado el anciano, permanecía Asura/ ares, con tres puños aún extendidos en postura de ataque y una mano sangrante por un corte profundo, aunque no mortal.

“De eso hablaba”, bramó August con emoción, sintiendo el líquido caliente deslizarse por su boca.

Era una hemorragia leve, algo que ni siquiera se molestó en limpiar antes de lanzarse de nuevo.

Asura/Ares apretó los dientes y, al igual que él, tomó la delantera.

Ambos se entregaron por completo a la batalla.

August blandía su espada sin molestarse en esquivar, recibiendo cada golpe que Asura/ ares lograba conectar.

Asura/ares, por su parte, utilizaba todo lo que tenía: cada técnica que aún recordaba, cada movimiento aprendido incluso de sus enemigos, incluidos aquellos que antes despreciaba.

En el pasado eso le habría provocado asco.

Jamás habría usado los movimientos de aquella mujer arrogante.

Pero, tal como August había dicho, esa mierda ya no importaba.

Esto era una pelea real.

Prejuicios, celos y orgullo eran inútiles frente a un oponente de este calibre.

Lo único que importaba era darlo todo.

No, incluso más que todo.

Esta era la verdadera alegría del combate: olvidar el mundo.

Todo, excepto a tu oponente.

Y la razón que te impulsaba.

Esa razón eran las ganas de pelear y la ira.

La ira ante esa sonrisa.

La ira acumulada de toda una vida.

Una ira que había perdido su forma y que ahora, más que un grillete, era combustible puro para avanzar, golpear y seguir adelante, incluso cuando todo estaba en su contra.

Y gracias a esto, Asura/ ares pudo persistir.

Persistir hasta que llegara la oportunidad.

Porque, aunque August era imponente, poderoso, rápido y más fuerte, aún cometía errores.

“Un solo error”, susurré.

“Solo necesito un error.” Esa fue la filosofía de Asura/Ares mientras mantenía el combate.

Cada vez que August cometía un fallo insignificante, Asura/Ares lo explotaba para herirlo.

Incluso cuando el contraataque llegaba, asura/ares continuaba, asegurándose de no recibir daño mortal.

Podía tolerar cortes y abrasiones; estaba dispuesto a sangrar, porque por cada herida que recibía, August pagaba con tres golpes.

Era una táctica de desgaste puro.

Asura/ ares ganaba mil mientras perdía ochocientos.

Funcionaba.

Sus golpes, antes inútiles, ahora surtían efecto.

Cada impacto hacía sangrar a August, igual que los cortes lo hacían a él.

Pero, sin importar cuánto daño recibiera, la sonrisa de August nunca desaparecía.

Eso exasperaba aún más a Ares/Asura, alimentando su poder… y también el de August, que no disminuía, sino que crecía como una avalancha que solo se volvía más destructiva con el tiempo.

BAM Shahaaa Y, como era de esperarse, llegó el punto de quiebre.

Ambos, en un arrebato, lo dejaron todo de lado y aceptaron intercambiar heridas.

Un par de dedos salieron volando.

La sangre de ambos se derramó.

Asura/ Ares perdió cuatro dedos de una mano en un desvío fallido, y August fue atravesado por cinco de los brazos de Asura.

La colisión lanzó a August a la distancia.

Se estrelló contra la superficie lunar, creando un cráter de más de mil metros en una luna al borde del colapso.

“Ha… ha… ha…” Ese breve momento de calma, fue como un lago en el desierto, pues Asura/ ares por fin se detuvo lo suficiente para recuperar el aliento.

Su respiración, antes firme, se volvió pesada.

BAM El descanso no duró.

Con una explosión, una figura se alzó entre los escombros y quedó de pie en medio del desastre.

Esta vez no cargó hacia Asura.

Permaneció allí, antes de soltar una carcajada brutal.

“HAAAAAA.

ESTO ES POR LO QUE VIVO.

ESTO ES POR LO QUE EXISTO”, rugió August a todo pulmón, adoptando una postura con la espada.

“Pero todo lo bueno tiene un final.

Y tú sabías que esto tenía que pasar.” En ese instante, Asura/Ares, alerta en todos sus sentidos, sintió una alarma de peligro sin precedentes rugir en su mente, superior a cualquier otra hasta ahora.

Y tenía razón.

De repente, la espada de August creció.

Se alargó a la velocidad de un destello.

En un instante, la punta ya estaba frente a los ojos de Asura/ ares.

CLANG Sus manos apenas lograron atraparla cuando estaba a centímetros de su rostro.

Pero la espada no dejó de crecer.

No dejó de empujarlo.

El impulso era imparable, una fuerza que parecía imposible de detener.

“Aquí es donde los hombres como nosotros deberían estar.

En una pelea.” Bramo august “Me importa una mierda eso.” La espada siguió extendiéndose.

Asura/ares era incapaz de detenerla.

Sentía cómo sus brazos perdían fuerza poco a poco, cómo volvían a crujir mientras un dolor brutal, nacido del sobreesfuerzo, le gritaba que se rindiera.

“Solo la palabra de los fuertes importa.

Ya te enseñé eso.” “Eso no es algo que tú decidas.” CLAN CRACK A mitad de la frase, dos de los ocho brazos de Asura/ August no soportaron la presión.

Se destruyeron bajo la carga, reventando por el esfuerzo.

Un dolor inmenso atravesó su cuerpo.

Asura/ ares solo pudo apretar los dientes mientras sentía cómo sus pies dejaban de tocar el suelo.

August no se detuvo.

Sumó aún más fuerza a la espada y comenzó a correr a una velocidad que generaba explosiones sónicas.

Avanzó hasta el borde de un precipicio creado durante la batalla.

BAM El salto fue devastador.

La explosión resultante fue comparable a una detonación nuclear.

El impacto terminó de quebrar la luna bajo sus pies, que, sin ofrecer resistencia, comenzó a despedazarse como una esfera de vidrio rota.

Todo ocurrió mientras ambas figuras eran lanzadas hacia la Tierra por el impulso final que August obtuvo al precio de la destrucción total de la luna.

“Solo uno de los dos saldrá con vida.” “Ese no serás tú, anciano”, bramó Ares/Asura mientras sentía cómo dos brazos más se desmoronaban.

“Yo no perderé, porque yo peleo para luchar un día más.

No lucho por el bien ni por la maldad.

Lucho solo por luchar, igual que tú”, dije mientras sentía cómo nos acercábamos lentamente a la atmósfera terrestre.

“Te lo diré una única vez: yo soy tú y tú eres yo.” CLANG CRACK LOCK Tras esa última declaración, los brazos extra de Asura/ares se destruyeron, dejando solo los originales.

El dolor era extremo, mezclado con el sufrimiento acumulado de sus brazos al borde del colapso y con las llamas de la atmósfera terrestre, capaces de volver loco a cualquiera… a cualquiera menos a Asura/Ares, que escuchaba esas palabras.

Palabras de reconocimiento, dichas por alguien a quien, en tan poco tiempo, había llegado a valorar como a un maestro.

Pero algo no estaba bien.

Asura/Ares no sintió la alegría que había imaginado recibir el día en que alguien digno lo reconociera.

En su lugar, sintió pena.

Una pena nacida de los recuerdos que inundaron su mente tras oír a August.

Recuerdos cargados de vergüenza.

No por el desprecio ni por las derrotas, sino por sí mismo.

Ares recordó sus arrebatos infantiles, sus quejas constantes hacia su padre, los berrinches contra Atenea cada vez que perdía, y las veces en que creyó que una velada con Afrodita, que lo veía solo como un juguete, era más importante que encontrar un enemigo digno.

Todo eso lo llenó de humillación.

Lo volvió incapaz de aceptar aquel reconocimiento.

“No nos parecemos en nada”, murmuró Ares/Asura con dolor, vergüenza e ira… una ira dirigida, por primera vez, hacia sí mismo.

No pudo lamentar esas palabras.

Envuelto en llamas, impactó contra la Tierra con una explosión devastadora.

La distracción y el dolor permitieron que la espada avanzara.

CLANG El brazo izquierdo de Asura/ares se destruyó por la reacción, y la hoja que había mantenido a raya penetró en su abdomen.

No se detuvo allí.

La espada, aún creciendo, calcinó y desgarró sus órganos mientras lo empujaba a través del planeta, atravesándolo de lado a lado en un abrir y cerrar de ojos.

“¡ENTONCES DIME!

¿POR QUÉ NO SOMOS IGUALES?”, gritó August mientras aumentaba la velocidad y caía sobre él.

El dolor y la pregunta sacaron a asura/Ares de su abatimiento.

¿Por qué no eran iguales?

Ante la duda, el miedo y la renuncia, Asura/Ares decidió darlo todo.

Soportando la sensación de sus órganos destrozados, levantó el torso con dificultad y, con su único brazo restante, acumuló toda la fuerza que aún le quedaba.

“HAAAAAAAA” Con un rugido casi demente, Asura/ares golpeó la espada incrustada en su abdomen.

CRACK La hoja se partió en dos justo cuando August estaba a punto de asestar el golpe final.

La reacción lo obligó a soltarla, perdiendo el equilibrio.

Era la última oportunidad.

Ares se levantó, superando a su cuerpo destruido, y sujetó los restos de la espada con los dientes, lanzándose para dar el golpe definitivo.

Pero no fue el final.

Crow, plenamente consciente dentro de August, ya lo había previsto.

SHHHHH La sangre dorada brotó.

El ataque acertó… y falló.

En el aire no quedó un August partido en dos, sino un brazo cercenado.

August había sacrificado su extremidad, usando la para parar el ataque final que estaba destinado a matarlo.

Ese sacrificio le salvó la vida.

Y condenó a Asura/ares, ya que tras el corte asura/ ares ya sin energías quedó indefenso en medio del tajo CHHAA Asura solo pudo ver el puño acercarse.

Impactó contra su pecho, abriendo un agujero imposible.

El brazo de August atravesó su torso, destruyendo su corazón y reduciendo la caja torácica a ruinas.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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