Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

yo no pedí ser un dios maldita sea - Capítulo 58

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. yo no pedí ser un dios maldita sea
  4. Capítulo 58 - 58 Un sistema poco confiable
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

58: Un sistema poco confiable 58: Un sistema poco confiable “Entonces, ¿a quién vamos a atacar?”, pregunté mientras analizaba las posibilidades.

“Saben, podríamos intentar—” “Atacaremos a Athena ‘s”, dijo el rey sin vacilar.

Ante la respuesta repentina, Crow miró al rey espartano con extrañeza.

Su expresión era completamente distinta al tono casi jocoso de antes.

Ahora era seria y fría digna de un rey o un guerrero, lo que me decía que esto era enserio, pero Athena ‘s… eso era ir directo contra un peso pesado.

“¿Estás seguro de que quieres eso?

Ahora es más importante conseguir materias primas”, intenté razonar, dudoso.

“Precisamente por eso lidiaremos con los creídos de Athena ‘s, después de todo es una de las ciudades más ricas.

Incluso si no ganamos, podremos arrancar un gran trozo de carne ”, respondió el rey con firmeza.

La lógica era clara, y Crow la entendía.

Aun así, seguía renuente a enfrentarse a Athena ‘s.

Pero al observar a los espartanos —erguidos, expectantes, casi ansiosos— comprendió que no podía negarse.

No solo por ellos, sino porque, al igual que sus dioses, Ares y Esparta siempre habían estado enfrentados con Athena.

“Antes de empezar… ¿podrían darme un mes?”, pedí tras reflexionar un rato.

“Podríamos hacerlo”, respondió el rey, curioso y secretamente expectante.

“¿Pero podemos saber el motivo?” “Quiero ver si puedo crear algo para mejorar las posibilidades de ganar esta guerra”, dije, soltando un suspiro mientras apretaba instintivamente mi bolsa.

“¿Una creación nueva?

¿Un arma nueva?”, preguntó el rey con entusiasmo.

“Algo así.

Pero no estoy seguro de lograrlo.

Por eso necesito un mes”, respondí con sinceridad.

“Entonces haremos la guerra en un mes y nos prepararemos mientras tanto”, declaró el rey animado.

“Seguro nos da tiempo de perfeccionar esta belleza.” “O de crear una más grande”, añadió el general, visiblemente emocionado.

Mientras el trío se sumergía en su entusiasmo, Crow los observó y sonrió antes de marcharse.

Sabía que quedarse sólo interrumpiría el ambiente… o sufriría un infarto por estos sujetos y sus estándares de armamento.

Cuando salió de la cabaña, la sonrisa bajo la máscara se desvaneció.

Rechazó la compañía de los guardias y se internó en las afueras del bosque, caminando sin rumbo mientras observaba la naturaleza.

Con pocos ánimos, comenzó el trayecto de regreso a Esparta.

En su mente bullían ideas, pero por encima de todo se imponía una sensación compleja.

Decir que estaba entusiasmado sería mentira.

Decir que estaba asustado también.

La guerra era un proceso inevitable, necesario incluso para el desarrollo humano; solo en esos momentos la humanidad parecía capaz de exprimir todo su potencial.

Aun así, la idea no le resultaba atractiva.

Crow había crecido en un mundo relativamente gentil, en una era moderna que predicaba —al menos en palabras— los horrores de la guerra.

Aunque su país no era el más seguro, jamás había vivido algo tan extremo.

“Ha…”, suspiró Crow, con un ánimo visiblemente decaído.

Mientras contemplaba Esparta a lo lejos, hizo un gesto casi inconsciente.

Algo que no veía desde hacía mucho tiempo apareció ante su mirada.

No vino solo.

Una ventana emergente se desplegó frente a él.

“[Debido a cierta mutación, el subsistema está generando una preactualización.

Esta se instalará cuando el trabajo suba de nivel.]” Tras el mensaje, una parte de su estado se manifestó.

Al verlo, la expresión de Crow se tensó, incómoda,  El estado apareció ante sus ojos como una interfaz defectuosa y llena de puntos borrosos como si hubieran dejado el trabajo a medias..

Trabajo: Artesano intermedio.

Experiencia para el siguiente nivel: 47.800/50.000.

Crow entrecerró la mirada.

Secuencias.

Secuencia 8: Moldeador del Alma (49/100).

Habilidades: Artesanías 8: mejora la manipulación de herramientas.

Intuición de artesano: una percepción instintiva de los materiales, un sexto sentido capaz de detectar lo valioso.

Anhelo de dar: la capacidad de crear objetos que contienen emociones o fragmentos del alma.

Armas u artefactos con una vida sutil, capaces de crecer y despertar una habilidad inspirada en el nombre que se les otorgue.

Advertencia: cada nombre es único y solo puede usarse una vez.

Cada nombre impone una carga.

Si el objeto no puede sostenerlo, se destruirá y el nombre quedará inactivo.

Secuencia 7: Refutador (64/100).

Mundo lógico lv7: la incredulidad debilita rituales, sellos y encantamientos cercanos.

Pensamiento lógico lv7: el razonamiento y la velocidad de análisis se incrementan.

Semilla lv7: permite plantar incredulidad en aliados, otorgándoles resistencia frente a milagros y poderes no lógicos.

Silencio de la Razón lv7: corta hechizos menores y anomalías demostrando su incoherencia.

Antes, el sistema era un entramado completo, lleno de datos, títulos y capas.

Ahora solo quedaban las secuencias y el estado del trabajo.

Todo lo demás había desaparecido, como si alguien hubiera arrancado páginas enteras del manual y dejado únicamente los márgenes.

Aquello había ocurrido días atrás.

Exactamente desde el momento en que Crow comenzó a guiar a los espartanos.

Había interrogado al sistema una y otra vez.

Siempre obtenía lo mismo: una disculpa vacía, un mensaje ensayado, una evasión cuidadosamente diseñada para no responder nada.

No había silencio.

No entendía el motivo.

Pero incluso entre la frustración, había una verdad imposible de ignorar: estaba a punto de subir de nivel.

Artesano avanzado.

El siguiente paso.

Y con él, vendrían nuevas posibilidades.

Crear objetos de otros mundos.

No simples herramientas o artefactos funcionales, sino creaciones épicas, incluso mágicas.

Algo que rompiera las limitaciones actuales.

Algo que no dependiera solo del ingenio, sino de conceptos más profundos.

La idea le provocó una sonrisa leve, casi infantil.

Era la promesa de superar sus propias barreras.

Aunque no había explotado ni una fracción del potencial del manual de artesano intermedio, la sola posibilidad de avanzar lo llenaba de una expectación difícil de contener.

Pero la euforia duró poco.

Había un problema.

Uno grave.

Dos ranuras permanecían vacías.

Bloqueadas.

Sus espacios de trabajo secundarios estaban inactivos.

Nunca los había usado, pero perderlos ahora pesaba más de lo que esperaba.

Según el propio sistema, para aspirar a un cuerpo y una existencia completamente alejada de los olímpicos se requerían dos condiciones: un nivel extremadamente alto como artesano… y un trabajo relacionado con el alma.

Un trabajo que no tenía.

Crow apretó los dientes.

El alma no era algo a lo que pudiera acceder con facilidad.

Ni a nivel personal, ni comercial, ni siquiera de forma ocasional.

Entre todos los contactos que había hecho, no existía nadie capaz de guiarlo en ese terreno.

Nadie.

Excepto uno.

“Y el único al que podría acudir… sería Hades”, murmuró.

Mi sentimiento de impotencia no nacía de que Hades fuera malvado o difícil de tratar.

Todo lo contrario.

Era, probablemente, el dios más moral y responsable de todos.

Un sujeto que, sorprendentemente, se tomaba su trabajo en serio.

En muchos aspectos, era el ejemplo perfecto de cómo alguien con poder debería comportarse.

Su único acto realmente cuestionable había sido obligar a Perséfone a casarse con él.

Y aun así, incluso después de eso, había resultado ser un esposo extremadamente fiel, algo casi absurdo en una época llena de bastardos que pensaban más con la entrepierna que con la cabeza.

Pero me estaba desviando.

La razón real de mi impotencia era mucho más simple: Hades no se movía.

Era un hombre de hábitos.

Amaba su territorio, evitaba conflictos innecesarios y casi nunca abandonaba el Inframundo.

Eso hacía que verlo fuera una pesadilla logística.

La única opción viable era ir yo mismo al Inframundo.

Y no tenía la menor idea de cómo hacerlo.

Podría pedirle ayuda a Tetis, sí… pero ¿cómo se lo explicaba?

“Mamá, quiero ir al Inframundo para aprender a levantar muertos.” O peor aún: “Mamá, ¿puedo ir al Inframundo de turismo?” “Ha…” suspiré, exhausto.

“La sola idea de decir algo así me hace sentir estúpido.” Con esos pensamientos molestos zumbando en el fondo de mi mente, finalmente regresé a Esparta.

Caminé por sus calles observando a la gente, y, poco a poco, la opresión en el pecho se alivió.

Tal vez era orgullo.

Tal vez satisfacción.

O quizá esa extraña felicidad que surge al ver a otros prosperar gracias a lo que hiciste.

Fuera lo que fuera, era un sentimiento agradable.

Uno que no desapareció ni siquiera cuando entré a mi taller oscuro, donde solo se colaba la luz del sol de la tarde.

“Por la posición del sol… diría que son las tres”, pensé mientras me acercaba al escritorio.

“Me quedan unas tres horas antes de la exposición al atardecer.” Saber que aún tenía tiempo elevó mi ánimo.

Más aún cuando recordé lo que llevaba en el bolso.

Lo abrí.

El casco de The Wonder of You quedó expuesto ante mis ojos.

Casi terminado.

Perfecto.

Y sobre todo la clave de mi ascenso.

Una vez completara este trabajo, podría mejorar el Manual del Artesano y forzar una actualización del sistema.

Una actualización que tenía que traer algo nuevo.

Tal vez una habilidad adicional.

Quién sabe, quizá incluso algo como Ojos de Dragón… pero esta vez funcional.

Porque, siendo honesto, la estaba pasando fatal sin ella.

Sin esa habilidad, mi capacidad para encontrar azufre se había visto seriamente comprometida.

Por suerte, había marcado muchos depósitos con antelación.

De no ser así, no sabría ni dónde llorar cuando me fuera imposible producir pólvora.

“En serio, sistema”, me quejé.

“¿Por qué eres tan poco confiable?

¿No podrías tener un poco de estabilidad?” La respuesta apareció de inmediato.

[Esto no es culpa del sistema.] [Este sistema era originalmente un subsistema.

La evolución constante y las variables emergentes generan interferencias.

Se requieren parches y actualizaciones para evitar errores catastróficos.] [Incluso para el sistema esto es complicado.

Es como intentar realizar una cirugía cerebral con un par de espejos, una enfermera espectadora amante del caos, un cirujano con manos de mecánico… y una abogada esperando a que mueras para demandar hasta el ataúd en el que te entierren.] “…” “…Eso fue excesivamente específico”, murmuré.

Algo en esa queja no me gustó.

Había demasiada frustración.

Demasiado detalle.

Sin embargo.

Solo por la descripción, diría que estaba más que jodido.

“Mejor me concentro en la mejora del trabajo… y ruego para que el sistema no se desarme”, pensé con una mueca amarga.

Aunque, siendo justo, no podía quejarme del todo.

Gracias a este imprevisto, existía la posibilidad real de acceder a la clase avanzada antes de tiempo.

Aun así, me resultaba extraño que solo la sección de profesiones estuviera fallando.

Lo lógico habría sido que las secuencias colapsaran primero, o incluso esa sección polvorienta de misiones que nunca había tocado y por muy buenas razones.

[El nacimiento del blasfemo] “Vaya misión de mierda”, murmuré sin dudarlo.

Ni loco le daría pociones a un bebé.

Mucho menos a uno que yo mismo había adoptado.

Si en el futuro decidiera seguir el camino de las secuencias, no lo detendría.

En este mundo, los peligros eran reales y saber defenderse era una necesidad.

Pero no iba a empujarlo a este lodazal solo por cumplir una misión absurda.

“Por cierto… hablando de Amon, creo que debería ir mañana a visitarlo”, comenté para mí mismo, al notar cuánto tiempo llevaba sin verlo.

Aunque, siendo honesto, no me necesitaba tanto.

Wilson, Tetis y Orochimaru se encargaban de él.

Esa alineación era infinitamente mejor de lo que yo podía ofrecer.

Mi mayor aporte consistía en jugar un rato con él antes de que se durmiera.

“Realmente soy un pésimo padre”, pensé, avergonzado.

Con esos pensamientos sombríos, coloqué The Wonder of You sobre la mesa y me puse a trabajar.

Pulí las piezas de plata, reajuste los armazones metálicos y me concentré en la parte más difícil.

La más complicada de hacer.

Los ojos.

Los ojos de The Wonder of You estaban hechos de rubíes.

Rubíes de verdad.

No pequeñas gemas decorativas, sino visores hechos con rubíes, algo que nos sería difícil de hacer si estas no fueran del tamaño de un huevo, algo casi imposible de conseguir.

O eso creía… hasta que revisé el tesoro de los espartanos.

Allí no encontré ni uno ni dos sino tres.

Tres rubíes enormes, cada uno del tamaño de dos huevos juntos.

Algo que, sinceramente, me dejó atónito.

No había forma de que eso fuera normal.

Y, en cierto modo, no lo era: los espartanos los habían saqueado de un templo de Afrodita.

Lo cual tenía todo el sentido del mundo.

Esa loca era la única capaz de acumular cosas tan absurdas.

Cosas que, de paso, colocaban a los templos de Afrodita en mi lista personal de recursos prioritarios.

Porqué materiales preciosos como gemas de ese tamaño eran extremadamente raros.

Y trabajarlos era aún peor.

Para cortar y pulir un maldito rubí necesitaba diamantes.

Literalmente diamantes o algo más duro que pudiera cortarlos y desgastarlos con facilidad.

Y aunque también tenía uno —otra “amable contribución” de Afrodita—, trabajar un rubí del tamaño de un huevo con un diamante del tamaño de una uña era una pesadilla técnica.

Mi único consuelo era que podía usar una máquina que podía usar como cortadora y pulidora improvisada.

Irónicamente, no la había sacado del libro del artesano, sino de uno de mis animes científicos favoritos.

Dr.

Stone.

El mismo que me había enseñado a hacer Coca-Cola.

Algo que, por desgracia, aún no había probado… porque no había tenido ni un segundo libre.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo