yo no pedí ser un dios maldita sea - Capítulo 6
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- Capítulo 6 - 6 La era del metal ha llegado
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6: La era del metal ha llegado 6: La era del metal ha llegado “Quién diría que algún día cumpliría uno de mis sueños más grandes?” dije mientras me acostaba sobre una pila de oro.
Aunque era una estupidez ahora, siempre quise ser rico y saber lo que se sentía ser como Rico McPato, y tal vez echarme un clavado en una bóveda llena de monedas de oro.
Por suerte para mi integridad física, sabía que las monedas no eran un líquido sino cientos de piezas de metal que formaban una superficie tan dura como la roca.
Algo sinceramente decepcionante, pero era la verdad, y si algo he aprendido es que, a menudo, la verdad es decepcionante.
“Debería dormirme aquí”, pensé, pero de inmediato descarté la idea.
Si me quedaba dormido en esa pila, probablemente despertaría con la espalda hecha un cristo.
Mientras me incorporaba y bajaba de la pila, observaba a mi alrededor en busca de objetos útiles.
Para mi fortuna, encontré varias cosas interesantes: collares de bronce, vasijas de oro, un… consolador dorado.
O tal vez una figura consoladora de Zeus.
Sea como sea, no lo toqué, y aunque tenía muchas quejas sobre el desperdicio de oro, tampoco me afectaba.
En esta época, todos eran unos malditos degenerados y sinceramente esto ya no me sorprendía.
Por pura conveniencia argumental, entre los tesoros hallé varios escudos.
Uno de ellos captó particularmente mi atención: un robusto escudo de metal curvado, que sinceramente parecía más útil como cazuela que como defensa.
Junto con metales como oro, plomo y cobre, esto me abría nuevas posibilidades ante mi precaria situación.
“Pareces feliz, mi niño”, dijo una voz amable.
Dicha voz le pertenecía a Tetis, que había aparecido detrás de mí en algún momento desconocido.
Y esta me observaba con cariño mientras jugueteaba con los tesoros.
“Sí, estoy feliz.
Con esto pronto podré crear más cosas”, respondió emocionado, alzando el escudo metálico con entusiasmo.
”¿Crear cosas?” preguntó Tetis, dudosa.
Miraba el escudo sin entender qué tenía que ver eso con crear algo.
Su confusión era genuina.
Ella y Orochimaru habían trabajado cuidadosamente para seleccionar los tesoros que podrían interesarme.
Entre todos, uno de los que más cuidaron en incluir fue un escudo de materiales extremadamente resistentes, junto con algunas armas como espadas y lanzas, con la esperanza de que ????
Se ilusionara con la idea de ser un guerrero.
Pues Querían distraer a la mente de ?????y hacer que dejará de acumular odio… pero como iban las cosas parecía que los planes no saldrán como lo previsto.
“Sí.
Puedo usarlo como caldero para fundir cobre y otros metales en la lava”, dije con orgullo, maravillado por mi propia inteligencia.
”¿Fundir metales?” repitió Tetis, algo rígida.
“Sí.” Mis ojos brillaban al decir esas palabras.
Mientras Tetis observaba al niño con cariño, esta también se sentía ligeramente afligida.
Por un lado, estaba feliz de que su regalo estuviera siendo útil… pero por otro, le dolía que él no lo utilizara como ella había esperado.
“Mi niño… ¿y qué pasa con las armas?” preguntó con suavidad, intentando reconducir al Niño descarrilado.
“Creo que también podrías darles uso.” “Mmmm… tienes un punto, mamá”, admití pensativo.
“Perfecto.” “Creo que podría usarlas para remover los materiales fundidos… o tal vez para moldearlos, pero creo que incluso serían buenos sustitutos para cinceles.” Las ideas se acumulaban en mi cabeza y más inspiración y formas de usar estas armas venían en un torrente y todo gracias a las palabras de mamá.
”…” Tetis guardó silencio durante un largo rato.
Luego, suspiró profundamente, y sonrió con diversión.
Después de todo, él era su hijo.
No era un guerrero, y no lo sería.
No era un olímpico ni alguien que deseaba reconocimiento de los dioses.
Tampoco los quería.
Lo que más deseaba era libertad, no honor ni deber.
Pero eso estaba bien.
Él era su hijo, y ella debía aceptarlo como era.
Si intentaba cambiarlo, entonces él dejaría de ser su hijo… y ella, su madre.
“Haaaa…”, suspiró con ternura.
“Ven, niño inquieto.
Es hora de dormir.” “Ok, mamá”, respondí con resignación.
Tetis se dirigió a un árbol cercano y se acostó junto a mí para contarme un cuento.
No uno de héroes ni de dioses, sino uno sobre los cíclopes, hijos de Terra y Urano.
Seres despreciados que, gracias a su esfuerzo, lograron ser respetados por sus habilidades de creación.
Cuando la noche pasó y el sol se alzó, abrí los ojos ante un nuevo día.
El clima seguía siendo igual de infernal y la ausencia de Tetis era notoria, pero ya estaba acostumbrado.
Eso no detendría mi entusiasmo.
Hoy era un día importante.
Después de tanto tiempo, por fin podría trabajar con el metal.
Esto me abriría posibilidades para nuevas herramientas… y mejor aún, para aumentar mi capacidad de farmeo y subir de nivel.
“Realmente no puedo esperar”, dije mientras me levantaba emocionado y me dirigía a mi pila de tesoros.
Una vez allí, tomé el escudo y todo el cobre que encontré.
Algo que fue bastante fácil, ya que la salinidad del mar había generado un residuo verde muy llamativo.
Una vez separado el cobre, lo coloqué en el escudo y lo pesé cuidadosamente.
Me aseguré de que pudiera levantarlo sin dificultad.
No debía ser demasiado pesado, pero tampoco tan ligero como para que se moviera con facilidad.
Para mi desgracia, sólo podía cargar una pequeña cantidad.
Pero si no podía moverlo, no serviría de nada.
“Bien, ya tengo la medida.
Me falta el crisol y la herramienta deseada”, comenté mientras abría la interfaz del sistema y buscaba en el libro de creaciones un molde casero para fundición.
Por suerte, no era difícil de hacer y contaba con todos los materiales necesarios.
Solo necesitaba tiempo: arcilla, arena, ceniza y algo de madera.
Lamentablemente, sería una de mis creaciones más lentas y además desechable.
Pero sinceramente, valía la pena.
Aunque sí tomaría bastante tiempo… y eso solo para el crisol.
“Bien, si organizo bien mi tiempo, puedo hacer esto, cortar madera y crear una puerta decente al mismo tiempo”, me dije, trazando mi plan semanal.
Primero, debía hacer el molde.
Para ello, mezclé arcilla con arena: dos elementos que hallé en la playa y en una zona cercana a la intersección del punto caliente y la fauna.
Mezclé la arcilla con agua hasta obtener una masa suave pero firme, similar a plastilina.
Luego, le di forma cuadrada y la dividí en dos con una espada oxidada hallada entre los tesoros.
Con el molde listo, tomé mi martillo casero y lo incrusté con cuidado para formar la cavidad.
Luego retiré el martillo y dejé el bloque de arcilla al sol, alejándolo del vapor.
Con el molde secándose, solo quedaba esperar.
Durante esos tres días no me quedé de brazos cruzados: talé madera sin descanso, o al menos casi sin descanso, ya que en intervalos usaba la habilidad Ojos de dragón con frecuencia.
“Con frecuencia” no significa sin consecuencias.
Ya que para mi desgracia Después de cinco usos seguidos, desarrollé miopía temporal.
Una experiencia que fue muy desagradable.
Por suerte sólo duró un día, lo cual me obligó a descansar.
Y aunque fue una mierda de experiencia, no fue del todo malo: descubrí que solo podía usar Ojos de dragón tres veces al día sin efectos secundarios.
[Ojos de dragón XP +110] • Ojos de dragón Lv 1 (siguiente nivel: 220/1000) Ya en la mañana del tercer día, el molde estaba listo.
La arcilla seca y endurecida, lista para usar.
Por lo que con esto resuelto reuní los últimos materiales: el escudo con el cobre, unas piezas de madera y las cenizas de una fogata previa.
Espolvoreé las cenizas sobre el molde y me dirigí con el escudo hacia el lugar que había preparado para la fundición.
Por suerte, Poseidón había tenido otra rabieta el día anterior, y la isla había temblado lo suficiente como para abrir un canal de lava activa.
Por lo que con todo listo y con esta conveniencia era el momento perfecto para hacer honor a la cultura china y aprender de los grandes el arte de reciclar hasta lo que no te imaginas.
En pocas palabras, puse el escudo sobre la lava, esperé a que estuviera al rojo vivo y metí el cobre mientras lo salteaba como un cocinero en esos cortos de YouTube.
Lo cual, si me preguntan, fue un proceso bastante lento y a la vez pasivo, pero al menos interesante.
Cuando el cobre empezó a derretirse, pude hacer uso de una punta de lanza que había conseguido.
No era la gran cosa, pero después de quitarle la parte de madera, me quedé con una punta afilada extremadamente útil, perfecta para remover la escoria que salía a flote en mi caldo de cobre.
“¿Por qué siento que estoy cocinando sopa en vez de estar forjando?”,me pregunté internamente mientras revolvía el cobre con la punta de lanza.
Bueno, de hecho sí parecía que estaba cocinando sopa; la única diferencia es que no planeaba hacer nada comestible.
Después de esas divagaciones sin sentido y sin mucho propósito, saqué la punta de lanza del líquido metálico hirviendo y me preparé para el paso más difícil.
Ese “algo” era el transporte.
Con las manos desnudas, tuve que tomar el escudo al rojo vivo, lo cual sinceramente me recordaba mucho a cuando recogía platos de sopa caliente y no encontraba dónde ponerlos.
Sinceramente, esos fueron posiblemente los dos minutos más agobiantes de mi vida.
Por suerte, cuando llegué a la playa, lo único que tuve que hacer fue verter el material caliente en el molde y tirar el resto, mientras corría hacia el mar para meter las manos en el agua fría.
Dulce, dulce —metafóricamente hablando, porque es salada— agua fría.
“ Ha…” ,suspiré aliviado mientras disfrutaba del agua fría en mis manos.
Mientras permanecía allí, añadí una nota mental: para la próxima, pondría el molde más cerca.
No tanto porque fuera problemático si se dañaba, sino porque, bueno… sería más cómodo.
“Hablando de eso, creo que debería intentar hacer una forja”,comenté para mí mismo, pensando en añadir algo más a mi improvisado taller en la cueva.
Sin embargo, eso quedaría para después, ya que necesitaba fabricar un fuelle, y sinceramente carecía de los materiales adecuados.
En especial del más importante: el cuero.
Porque, siendo realistas, los únicos animales que había visto en este lugar eran criaturas marinas y una cabra que había muerto hace mucho.
Y aún que literalmente profanara su tumba dudo que su cuero todavía sirva para algo.
“…Me pregunto si se podría sacar cuero de los seres marinos” —pensé brevemente antes de sacudir la cabeza para alejar esa idea.
No era precisamente fan del zoofílico de Poseidón y sus engendros marinos, pero incluso si fuera posible, no deseaba hacerle daño a nada del mar.
No solo por Tetis, sino también por Orochimaru y las demás criaturas que, hasta ahora, me habían ayudado y protegido.
“Realmente desearía poder irme de aquí y hablar con alguien con quien pudiera comerciar… así solucionaría muchas cosas”,comenté, desfalleciendo un poco antes de sacar las manos del agua y ver mi reflejo por accidente.
En el instante en que lo vi, sentí un rechazo visceral.
Fue un disgusto tan profundo que, más allá de mis dudas anteriores sobre el cuero, me dejó claro que había otra urgencia: fabricar una máscara.
Y no solo eso, sino un disfraz completo que cubriera todo mi cuerpo.
Verme cada vez que venía al mar o en cualquier ocasión me resultaba repulsivo.
Tanto, que cada vez que lo hacía,ya fuera en el mar o en algún reflejo, se me arruinaba el día.
“Nota personal… poner el cuero como máxima prioridad”, murmuré mientras me alejaba del mar enojado y observaba el molde que todavía contenía cobre al rojo vivo.
Miré el cobre enfriarse , y sin pensarlo mucho, me quedé allí, esperando.
Hasta que por fin, el sistema que había estado deseando ver activo me mandó una notificación: [Ding.] Se ha creado: Martillo de Bronce.
Habilidad: Artesano XP +500 +900 (Total: 1400) Habilidad: Artesano Lv 2 (Siguiente nivel: 400/2000) Trabajo: Artesano XP +350 +450 (Total: 800) Trabajo: Artesano Lv 4 (Siguiente nivel: 400/800) Ojos de Dragón Lv 1 (Siguiente nivel: 220/1000) [Estado Básico] • Nombre: ¿Hefesto?
• Divinidad: Rebelde / Resistente al fuego • Títulos: “Nací con un martillo en la mano” • Trabajo: Artesano Lv 4 (Experiencia para el siguiente nivel: 400/800) • Habilidad: Artesano Lv 2 (Siguiente nivel: 400/2000) • Ojos de Dragón Lv 1 (Siguiente nivel: 220/1000) En cuanto asimilé las mejoras, el cambio fue casi inmediato.
Mis manos, antes torpes, ahora se sentían mucho más flexibles.
Las dificultades que tenía para entender materiales, procesos y técnicas se volvieron más claras y completas.
Las dudas desaparecieron, y la inspiración comenzó a fluir como un manantial.
Sin duda, era un sentimiento mágico… y a la vez terriblemente adictivo.
Tan adictivo como ver la salida de tu videojuego favorito… o como rascarte la espalda justo en ese punto que te ha estado picando todo el día.
“Haaaaa…” ,suspiré con extrema satisfacción mientras alzaba la mirada al cielo, y la brisa hacía ondear mi cabello rojo como si también celebrara mi mayor avance.
“Hoy termina la era de piedra… y llega la era del metal.” Con un grito tan vergonzoso como triunfal, señalé al cielo con arrogancia.
Me veía como un loco, uno de esos que se burlan del mundo después de conseguir algo que, para otros, no significa nada… pero para mí, era un salto brutal.
Un logro que merecía celebración.
Y aunque sabía que esa celebración no llegaría, no me hacía falta.
No necesitaba aplausos, ni fanfarrias, ni alabanzas.
No necesitaba a nadie que me alabara… yo no soy como esos sujetos del Olimpo, a quienes les encanta que les besen el escroto incluso cuando se tiran pedos.
“Hablando de alguien, ¿dónde dejé a Wilson?”,me pregunté mientras caía en cuenta de que no había visto a Wilson en días.
Sin que “?????” lo supiera, Wilson descansaba sobre una pila de tesoros con una corona en la cabeza mientras Orochimaru miraba la roca sonriente.
“Haaaaaa”, suspiró la serpiente con una expresión muy humana.
Espero que el niño consiga crear su taller o casa pronto para recibir el regalo de Tetis.
Es triste que siga encerrado aquí, donde su mejor amigo es una roca, una roca que, por más triste que parezca, parecía tener una mejor vida que ese niño.
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