Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior

yo no pedí ser un dios maldita sea - Capítulo 68

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. yo no pedí ser un dios maldita sea
  4. Capítulo 68 - Capítulo 68: La diosa salió defectuosa
Anterior
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 68: La diosa salió defectuosa

“¿Qué quieres decir con zona profunda?”, pregunté sinceramente confundido. “Además… no pareces ser parte de mi sueño.”

“¿Cómo no puedes…?”

A media frase la chica, sorprendida, se quedó rígida. Su mirada sobre Crow se volvió extraña. En un instante pasó por una serie de emociones caóticas: nerviosismo, enojo, indignación, horror… y finalmente agravio.

“¡TÚ!”, gritó la chica mientras apuntaba a Crow como si estuviera señalando en un meme.

“Sí… yo”, respondí, incómodo por el arrebato repentino.

“¡No te hagas el idiota! ¡Hazte responsable, bastardo sin corazón!”, gritó la chica, visiblemente alterada. “¡Tú me hiciste esto, así que hazte responsable!”

Durante un breve momento el cerebro de Crow sufrió un auténtico error en la base de datos, intentando procesar aquellas palabras y la posible relación que podrían tener con él… y con aquella completa degenerada.

“Creo que te equivocas de persona”, expliqué rígidamente.

“¡Mentira! ¡Eres tú! ¡Tú me convertiste en esto! Antes era muy decente… ¡Una flor inocente y pura!”, dijo la chica entre lágrimas, pareciéndose sospechosamente a cierta diosa de cabello azul durante uno de sus berrinches.

“¡Eso no puede ser!”, reclamé indefenso. “¡Yo nunca hice nada contigo… ni siquiera te conozco!”

Perdiendo la compostura, Crow se levantó algo indignado y, sobre todo, incómodo por recibir tal acusación. Después de todo, ¿cómo podría él —probablemente la persona más virgen de toda esta era— haber hecho algo así? Mucho menos corromper a una chica con tendencias tan obviamente torcidas.

“¡Lo hiciste! ¡Tú me volviste así!”, dijo la chica aún más molesta. “¡Por tu culpa ahora soy así y nunca podré volver a lo que era! ¡Así que toma responsabilidad!”

“¡Oye, no me hagas parecer un cabrón!”, me quejé indignado. “¿Y cómo demonios quieres que tome responsabilidad si soy tan virgen que mi orina incluso entraría en la categoría de agua sagrada?”

Durante lo que pudieron ser las horas más vergonzosas de la vida de Crow, ambos discutieron sin descanso. Ninguno lograba entender al otro.

Por un lado, Hipnos estaba desahogando todas las emociones contenidas de su extraño y decadente viaje personal. Por el otro, Crow se defendía desesperadamente de unas acusaciones que, debido a la forma caótica en que ella se expresaba, lo hacían parecer un completo desgraciado que había arruinado la vida de una mujer y ahora se negaba a asumir la responsabilidad.

Algo que indignaba profundamente a Crow. No solo porque esas acusaciones atacaban directamente sus principios, sino también porque —tanto en esta vida como en la anterior— él seguía siendo completamente virgen.

No fue hasta después de innumerables quejas, discusiones y malentendidos que Crow logra entender al menos una parte de la situación. Cabe decir que el hecho de que la chica finalmente se calmara ayudó bastante.

Cuando ambos alcanzaron un mínimo entendimiento tácito, se quedaron en silencio durante un momento.

“Entonces… ¿te gustan los mundos Souls?”, pregunté intentando calmar las cosas.

“¿Te refieres a esos lugares donde casi todo intenta matarte o usar tu cuerpo como trapo sucio…?”, preguntó Hipnos algo sonrojada.

“Haa…”, suspiré cansado. “Podrías decir que sí.”

“Sí…”, respondió Hipnos con expresión deprimida.

“Siento que hayas caído en mi sueño y hayas terminado así”, me disculpé sinceramente. “Si te sirve de consuelo, tu situación es similar a la de algunos otros individuos. Tal vez no tan extrema… pero hay ciertas similitudes.”

“Gracias, es reconfortante escuchar eso”, agradeció Hipnos, algo menos agobiada. “Pero en serio, por favor toma responsabilidad de esto. Me temo que gracias a todo esto me he convertido en una rara.”

“¿Puedo saber qué tipo de responsabilidad?”, pregunté casi llorando.

“Solo déjame estar en este lugar y, si me aburro, dame experiencias similares. Temo que ahora no podré vivir sin que un enemigo más grande, fuerte y con una espada o martillo de cuatro metros me haga picadillo… hasta que, tras incontables dificultades, dolores, penas y humillaciones, pueda por fin pararme sobre su cuerpo yaciendo a mis.”

“Tiempo, tiempo… te estás emocionando de nuevo”, dije mientras intentaba calmar a la chica, que empezaba a desviarse otra vez.

“Perdón”, se disculpó Hipnos algo avergonzada. “Me entusiasmé.”

“Sí, bueno… no importa”, dije con algo de dolor de cabeza. “En cuanto a tu situación, no veo demasiados problemas. Pero, a cambio, quiero que contestes con honestidad mis preguntas.”

“No veo problema”, respondió Hipnos.

“Bien. Entonces primera pregunta: ¿quién eres y por qué estás en mis sueños?”, pregunté curioso por la identidad de la chica frente a mí.

“Bueno, supongo que puedes llamarme Hipnos, diosa… o mejor dicho, ex dios de los sueños”, contestó Hipnos con cansancio y un toque de autoburla.

“Hipnos…”, murmuré recordando a quién pertenecía ese nombre. Una imagen vino a mi mente: un olímpico.

Y aunque en general no tengo una buena impresión de los dioses olímpicos, frente a mí estaba uno de los pocos tolerables. Después de todo, una de sus peores acciones había sido intentar fastidiar a Zeus, algo que sinceramente apruebo. Porque, siendo honestos, ¿quién no querría librarse de él?

Ese pensamiento me generó cierta simpatía… una que, por desgracia, empezó a desvanecerse cuando recordé la situación actual de la supuesta diosa.

“Entonces eres el dios de los sueños…”, murmuré algo incómodo, al pensar que quizá, por accidente y de manera completamente involuntaria, había torcido a uno de los pocos olímpicos decentes.

“Ex dios”, corrigió Hipnos con sequedad. “Perdí mi sacerdocio cuando entré en este lugar. O mejor dicho… fue completamente y absolutamente corroído.”

“¿Corroído?”, pregunté con confusión.

“Por tu reacción veo que no eres consciente del pozo en el que nos hemos metido… y que antaño era tu sueño”, dijo Hipnos al notar la confusión en Crow.

“Si te soy sincero, no soy consciente de nada”, admití abiertamente. “No fue hasta hoy, cuando te vi, que supe que algo andaba mal con mis sueños.”

“Haaaa…”, suspiró Hipnos con cansancio. “Entonces supongo que debo empezar desde el principio. Imagino que tu siguiente pregunta será: qué diablos pasa en este lugar y cómo terminé aquí.”

“Tienes toda la razón.”

“En ese caso te haré un resumen… porque, sinceramente, yo tampoco tengo tanta idea como piensas”, dijo Hipnos antes de quedarse pensativa.

“Antes, cuando estaba en el mundo onírico haciendo… bueno, nada nuevo, porque el mundo de los sueños no tiene muchos conflictos, me encontré con un sueño particular. Un sueño muy extraño.”

“¿Un sueño extraño?”, pregunté.

“Imagina a los sueños como burbujas. Usualmente son transparentes y puedes ver todo a través de ellas. Pero este sueño raro era negro… como una mancha de tinta”, explicó Hipnos. “Y yo, como diosa de los sueños, tengo que revisar este tipo de anomalías para ver si contienen algún peligro. Además, estaba súper aburrida… así que decidí explorar ese sueño.”

Tras decir esto, Hipnos pareció desinflarse un poco.

“Imagínate mi sorpresa cuando encontré dentro de ese sueño una ciudad. Una ciudad como ninguna otra, porque literalmente estaba atrapada en un eterno atardecer. Y su único paisaje era una gran calle llena de lápidas”, expresó Hipnos mientras su expresión se volvía una mezcla de agravio… y un extraño disfrute perverso, como si incluso ese recuerdo la emocionara un poco.

“Espera… creo que sé qué pasará a continuación”, dije mientras mi cara adoptaba una expresión algo fea al recordar cierto primer sueño extremadamente lúcido. “Varios arqueros fantasma salieron de la nada y—”

“Exacto. Me llenaron de flechas por todas partes del cuerpo cientos de veces en un descuido, y sin parar. Grité, lloré y supliqué piedad mientras me clavaban sin piedad una y otra—”

“Tiempo, tiempo”, interrumpí algo perturbado por cómo esta conversación empezaba a volverse rara. “Relájate, respira… y luego continúa.”

Siguiendo las palabras de Crow como guía, Hipnos —que estaba casi babeando— comenzó a respirar con dificultad, cambiando lentamente su expresión hasta volver a algo más decente. Una vez más parecía una chica hermosa… y no una completa degenerada.

“Y bueno… Ese fue mi primer encuentro. Aunque mis primeras experiencias no las disfruté. De hecho, diría que me perturbaron bastante”, comentó Hipnos con un tono más moderado.

“Ok, eso es más normal. Pero si te causó tanto malestar, ¿por qué simplemente no… ya sabes, cortaste el cable y te fuiste?”, expresé mi duda.

“…Lo intenté. Pero mientras estaba aquí mis poderes se volvían terriblemente débiles. Algo completamente inaudito, porque ya sabes… yo soy la diosa del sueño.”

“Entonces te quedaste atrapada en mi cabeza desde esa época”, pregunté mientras sentía una mezcla incómoda de culpa y escalofríos al pensar que esta chica había estado en mi mente todo ese tiempo.

“Bueno…”, murmuró Hipnos algo incómoda.

“….”

“….”

De repente un silencio incómodo surgió entre ambos, y tanto Crow como Hipnos permanecieron callados durante un largo, largo momento.

“Por favor dime que no creo que estás a punto de decir lo que creo que vas a decir”, pedí con algo de esperanza.

“Bueno… no exactamente”, respondió Hipnos con incomodidad. “Después de que despertaste, salí muy asustada. Pero sobre todo enojada, porque literalmente habías pisoteado mi orgullo. Así que me obligué a volver a entrar para golpearte o hacerte pagar por lo que me hiciste.”

“Pero de vuelta pasé por una experiencia horrible. Pasé muchas veces por ese lugar… y me enfrenté a cosas muy increíbles en tu sueño. Y digamos que en cierto punto ya no entraba por venganza… sino porque me gustaba.”

“…Entonces convertiste mis sueños en tu mazmorra sexual personal”, comenté con una profunda sensación de vacío.

“No lo diría así. Aunque, bueno… vencer a un ser poderoso después de que te humilló, te arrastró y te ahorcó bien rico es mejor que el sexo. Y eso que aún no lo he hecho”, comentó Hipnos con una sonrisa algo peligrosa.

“Puedo echarte de mi sueño”, pregunté secamente, deseando sacar a esta degenerada de mi inocente espacio mental.

“¡NO, NO PUEDES! Me prometiste que te harías responsable. No puedes tirarme después de prometer que asumirías la responsabilidad”, suplicó Hipnos mientras señalaba a Crow con miedo y pánico.

“No me hagas parecer un cabrón”, dije enojado. “Además, ¿qué demonios es esto? Literalmente convertiste mi virgen paisaje onírico en tu mazmorra masoquista.”

“No sé qué es eso, pero tú fuiste quien me hizo así, así que ahora no puedes echarme”, protestó Hipnos con tono seguro. “Además, no podría salir aunque quisiera.”

“¿Y eso por qué? ¿Acaso quieres que abra una puerta o algo?”, pregunté, a punto de imaginar una salida o cualquier cosa que expulsara a esta degenerada de aquí.

“Es porque ahora soy parte de este lugar”, se quejó Hipnos. “No sé qué pasó hace poco, pero este sitio se convirtió en un espacio raro, separado del mundo onírico. Eso me aisló en un espacio extraño. Además, aunque saliera, no serviría de nada, porque mi divinidad fue atada y deformada para convertirse en uno de los pilares de este lugar.”

“¿Hablas en serio?”, pregunté, mirando a la chica en busca de alguna mentira. Tal vez eso era lo que esperaba para poder echarla de aquí.

“Sí. Hace unos días, mientras un samurái me apretaba bien fuerte, todo se volvió negro. Y cuando desperté me encontré en este lugar, en la zona baja, totalmente desorientada, pero sabiendo que ahora estaba ligada a él. No soy dueña de nada… solo un pilar temporal. Uno del que ni siquiera sé qué pasará cuando deje de ser necesario”, explicó Hipnos. “Pero la verdad no está tan mal. Dentro de todo, es como ser atada como un perro en un espacio donde hay grandes enemigos que me derrotarán y pelearán conmigo todo el tiempo.”

“¿Puedes dejar de desviarte hacia tus fantasías masoquistas, por favor?”, pedí mientras sentía que me palpitaban las venas.

“…Lo siento. Es que, bueno… no puedo evitarlo. Pienso en ello y me prendo”, explicó Hipnos sin un ápice de vergüenza.

“…….. Ok, digámoslo así entonces. Resumiendo: ahora estás atrapada aquí y no quieres salir.”

“Básicamente.”

“Y eres una pervertida que disfruta estar aquí, por lo que incluso si pudiera hacerlo no me dejarías sacarte.”

“Sí.”

Con dolor de cabeza, Crow se llevó la mano a la cara, a punto de soltar un largo suspiro.

“¿Algo más que añadir?”

“Bueno… aún no hemos explicado varias cosas que he aprendido. Y tal vez, solo tal vez, ares —o al menos cuando sueña— también venga aquí. Pues puede que haya ligado este lugar con su paisaje onírico antes de ese incidente”, explicó Hipnos con una sonrisa algo tonta.

“………..”

“……….”

“Dame una razón. Una sola razón para no estrangularte ahora mismo”, pedí, a punto de imaginar cómo estrangular a esta diosa inútil.

“Ninguna”, comentó Hipnos antes de sonrojarse. “Por cierto… me gusta fuerte. Y si es posible, con las dos manos.”

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo