yo no pedí ser un dios maldita sea - Capítulo 69
- Inicio
- yo no pedí ser un dios maldita sea
- Capítulo 69 - Capítulo 69: Un acuerdo con la diosa inutil
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 69: Un acuerdo con la diosa inutil
“Con esa actitud no te tocaría ni con un palo”, comenté con expresión muerta al ver a esta diosa degenerada.
“¿Quién necesita un palo para eso?”, respondió Hipnos. “Una lanza sería mejor.”
“Realmente eres un caso perdido…”, murmuré algo molesto.
Esto se debía a que la chica era como una mezcla retorcida entre un maníaco de las batallas, un jugador de Souls… y un cenobita.
“¿Y de quién es la culpa?”, reclamó Hipnos. “Antes de llegar a este lugar yo era una diosa decente. Algo perezosa, sí, pero nada que ver con cómo soy ahora.”
“……Haaaa… por favor, deja de sacar ese tema. Siento que no estamos llegando a ningún lado”, pedí mientras me frotaba las sienes.
“Entonces, ¿de qué deseas hablar?”, preguntó Hipnos, notablemente más aburrida.
“Bueno, antes de que te perdieras en delirios poco normales —otra vez— dijiste algo que no puedo pasar por alto”, dije mientras me ponía serio. “¿Qué es eso de que Ares vendrá aquí de vez en cuando?”
“Bueno… la historia es algo compleja.”
“Resúmela”, ordené secamente.
“Quería ver a alguien sufrir como lo hacía yo, así que traje el sueño del bruto de Ares para que fuera golpeado igual que yo”, explicó Hipnos con total naturalidad, ocultando que en realidad deseaba que Ares golpeara a Crow.
“Entonces intentaste un cooperativo para ver a alguien caer como tú… y en cambio te cargaste el servidor”, respondí con ganas de estrangular a esta idiota por haber traído a alguien tan peligroso aquí.
“No entendí nada de lo que dijiste”, expresó Hipnos. “Pero Ares viene aquí cada vez que duerme.”
“Así que ahora tengo a un dios de la guerra furioso en este lugar esperándome…”, dije con cansancio.
“Sí, pero descuida. No le interesas”, respondió Hipnos. “Ese sujeto viene aquí solo para practicar… y buscar a su maestro.”
“¿Maestro? ¿Ares tiene un maestro?”, pregunté genuinamente confundido.
“Sí… y uno bastante… imponente”, contestó Hipnos, aún algo incómoda al recordar a ese gigante musculoso que literalmente le dio a Ares la mayor paliza de su vida.
“Y por casualidad… ¿recuerdas el nombre de ese sujeto?”, pedí mientras sudaba frío ante la idea de que hubiera tal peligro en este lugar.
“¿Cómo no recordarlo? Literalmente le dio la peor paliza de su vida. El nombre de ese sujeto era August”, contestó Hipnos mientras sentía un leve escalofrío al recordar a ese monstruo.
“Mierda…”, pensé mientras las escenas de aquella pelea venían a mi mente junto con un entendimiento de que había metido la pata a lo grande.
“Espera un segundo…”, murmuró Hipnos.
Como si acabara de darse cuenta de algo, giró lentamente la mirada hacia mí. Su expresión se volvió rígida. Se enderezó de golpe, observándome con una intensidad incómoda.
“Por casualidad… tú no serás o conocerás a August, ¿verdad?”, murmuró Hipnos, sudando frío.
“En cierta forma… soy él”, contesté, intentando ocultar que, durante uno de mis sueños, me había dejado consumir por ese papel.
“Entiendo…”, murmuró Hipnos, rígida… tratando de procesarlo.
Pero a mitad de la frase se detuvo.
Una sonrisa extraña —ligeramente perversa— comenzó a formarse en su rostro.
“Entonces… si eres él, o al menos es parte de ti… ¿Podrías pelear conmigo como lo hiciste con Ares?”, preguntó Hipnos, visiblemente emocionada.
………….
Un silencio incómodo se instaló en el lugar.
Por un segundo, estuve a punto de maldecir a la madre de Hypnos… pero me detuve. Después de todo, esa “madre” era Nix. Y no tenía ninguna intención de ofender a algo así. Aunque, viendo en lo que se había convertido su hija, sería un milagro que no me estrangulara si llegaba a descubrir que yo tenía parte de la culpa.
“No”, contesté secamente. “Y si tanto quieres pelear, ¿por qué no vas con ese sujeto? Estoy seguro de que Ares daría un mejor espectáculo.”
“Bfff…”, bufó Hipnos. “Ese sujeto aún no sabe que estoy aquí. Y si lo supiera, solo me causaría problemas. Además… parece más obsesionado con August que con pelear.”
“Ya veo…”, murmuré mientras gotas de sudor caían por mi frente.
La había cagado.
Si ese tipo realmente estaba tan obsesionado con encontrarme… no quería ni imaginar qué haría si descubría que estoy aquí.
Justo bajo sus narices.
En Esparta.
“Pero…”
A mitad de la depresión de Crow, Hipnos cambió de tema con poca delicadeza.
“Pero…”, repetí, esperando que continuara.
“Pero si alguien está dispuesto a presentarme un enemigo igual que August… uno que pueda satisfacerme… la cosa podría cambiar”, comentó Hipnos. “Sabes, mis poderes son muy limitados, pero sí cierto individuo me causa una gran impresión —y tú me das permiso— podría invertir algo de mi tiempo en entretener al musculoso para que no te moleste. ¿Qué opinas?”
“……¿Puedo saber por qué me ofreces esto… y por qué debería hacerlo?”, pregunté con desconfianza.
“Simple”, respondió Hipnos, claramente emocionada. “Vi toda la pelea entre August y Ares. Vi cómo ese sujeto fue marcado e influenciado por ella. Quiero experimentar lo mismo… con alguien que encaje tan bien como August lo hizo para Ares. En cuanto a por qué deberías hacerlo… ¿acaso no es obvio que lidiar con Ares es problemático?”
Mientras más explicaba, más feliz se veía Hipnos. Como si estuviera declarando uno de sus mayores deseos. Su expresión lo decía todo… algo que era obvio pues sus ojos prácticamente tenían forma de corazón.
“Haaaa… entonces quieres que te cree un personaje… o una especie de jefe… para que te enfrentes a él como lo hizo Ares”, resumí con cansancio.
“No solo enfrentarlo. Quiero también un personaje que me haga latir el corazón para poder usar su imagen, habilidades y demás en ocasiones especiales”, respondió Hipnos con una ligera impotencia. “Sabes, aunque disfruto los combates y ser maltratada… a veces quiero experimentar qué se siente tener una actuación tan dominante… mientras finjo ser alguien que admiro o con quien me identifico.”
“En pocas palabras… quieres crearte una cuenta smurf con un mod de jefe.”
“……Sabes, a veces tus palabras son molestas. ¿Puedes usar términos más normales?”, se quejó Hipnos, claramente perdida ante ese vocabulario.
“Perdón, error mío. Hablar de esto me hace usar cierto vocabulario que no utilizaba desde hace mucho”, me disculpé, notando que usar lenguaje moderno con una entidad antigua como Hipnos era… poco considerado.
“¿Por qué siento que me estás despreciando de una manera no placentera?”, preguntó Hipnos, entrecerrando los ojos.
“No sigamos con esto”, repetí cansado. “Solo dime qué tipo quieres y veré qué puedo hacer.”
Aunque estaba muy agobiado y cansado de toda esta mierda, quería terminar rápido. Solo quería comer unas papas, descansar y cerrar temporalmente este asunto. No tenía tiempo para estas tonterías. La guerra estaba a punto de comenzar en dos semanas como mucho. Tenía que explorar Corinto para conseguir desgracia para The Wonder of You y confirmar que no naciera otra duquesa hinchada. Ah… y como extra, debía considerar una reunión con Hades para sellar las secuencias peligrosas en su inframundo, lejos de manos indebidas.
En pocas palabras, estaba con trabajo hasta el cuello. Y si hacer “cosplay” y satisfacer a esta degenerada solucionaba temporalmente el problema en el mundo de los sueños —o lo que fuera este lugar—, entonces valía la pena hacerlo cuanto antes.
“Perfecto…”, murmuró Hipnos mientras hacía un pequeño gesto de victoria, como un niño emocionado. “Entonces escucha bien lo que quiero.”
“Nada excesivamente sexualizado. Y solo tienes tres solicitudes. El resto queda a mi criterio”, interrumpí antes de que me obligara a interpretar algún papel absurdo para su satisfacción.
“Aburrido…”, se quejó Hipnos mientras se desinflaba.
“Solo dilo antes de que me arrepienta.”
“Bien, bien…”, respondió Hipnos con falsa resignación.
Tras eso, se quedó en silencio, pensando con una seriedad impropia de ella. Su mirada se volvió firme, como si estuviera tomando la decisión más importante de su vida. Y, poco a poco, tres deseos emergieron… directamente desde lo más profundo de su retorcido —y sorprendentemente puro— corazón.
“Primero, quiero que este individuo sea abrumadoramente fuerte. Que me haga sentir una impotencia absoluta… pero no al punto de que me mate con un solo golpe. No podría disfrutarlo”, expresó Hipnos levantando un dedo.
“Aceptable”, contesté.
“Segundo, deseo que este individuo disfrute tanto la lucha como yo. Que ame el combate… que sienta placer al enfrentarse a un enemigo capaz de herirlo”, continuó, levantando un segundo dedo.
“……Apenas aceptable”, respondí, cediendo un poco esta vez.
“Tercero…”, declaró Hipnos, sonrojándose ligeramente. “Quiero que este enemigo prolongue la batalla hasta quedar satisfecho. Que no pueda matarme fácilmente… y que yo tampoco pueda matarlo. Que la pelea continúe todo lo necesario… incluso que pueda curarme si me deja al borde de un final momentáneo que arruine la pelea.”
“Eso ya es bastante codicioso…”, comenté, sintiendo cómo crecía el impulso de rechazar esa última condición.
Sin embargo, al ver la expresión emocionada —y ligeramente perturbada— de la chica, Crow sintió que, si se negaba, esa loca no ayudaría con Ares. Y en esta situación… era él quien necesitaba su ayuda.
Eso, y varias respuestas que aún faltaban en ese rompecabezas. Pero, por ahora, no tenía ganas de preguntar. Tratar con esa degenerada ya era suficiente como para sentir que sus neuronas se desintegraban con cada palabra.
“Haaaaa…”, suspiré profundamente. “Lo haré, pero más te vale mantener ocupado a ese sujeto hasta que tenga tiempo libre.”
“Dalo por hecho. De hecho, incluso podría darte mi—”
“Crea un escenario. Iré transformado. Y hazlo rápido antes de que me arrepienta”, ordené, sintiendo que cada palabra de esta chica contaminaba mis oídos.
“Entendido”, respondió Hipnos, visiblemente emocionada mientras extendía la mano.
En el momento en que hizo el gesto, una puerta apareció de la nada. Ella entró, pero antes de desaparecer, asomó la cabeza una vez más.
“Dame cinco minutos. Después puedes entrar”, afirmó Hipnos, antes de desaparecer por completo, dejando solo la puerta atrás.
“Y dices que no tienes ninguna autoridad aquí…”, me quejé, molesto por lo poco honesta —y confiable— que era.
Sin muchos ánimos, Crow se levantó. Con un simple movimiento de su mano, hizo aparecer un espejo. Al observarlo, algo en su interior se calmó ligeramente.
En el reflejo no había un cuerpo definido… solo una pequeña figura oscura y borrosa. Sin forma clara. Sin identidad.
Excepto por un detalle.
Cabello.
Largo. Morado.
No era algo tan extraño por sí solo, pero tenía una textura y suavidad… inquietantemente familiares.
“Bueno… al menos eres lo único que vale la pena conservar”, murmuré al observar ese cabello. “Aunque el color es diferente… no me disgusta.”
Guardé silencio un momento.
“Me pregunto si podré recrear el tinte cuando todo esto termine…”
Con ese pensamiento, me concentré en el espejo y comencé a visualizarme. Pero antes de actuar, recordé las exigencias de Hipnos y empecé a buscar una forma… un personaje que encajara con sus retorcidos gustos.
Varias opciones pasaron por mi mente. Muchas. Demasiadas.
Pero, al final… una se impuso sobre las demás.
Una que me incomodaba.
Una que… al pensar en interpretar me incomodó.
“Supongo que, en cierta forma… ella es todo lo que pidió”, dije en voz baja, sin apartar la mirada del reflejo.
El espejo cambió.
En cuestión de segundos, la figura reflejada tomó forma. Más alta. Más definida.
Cabello negro, largo, recogido en dos coletas delanteras que caían sobre el pecho.
Su atuendo era un Haori negro
Y en la cintura…
Una espada colgaba.
“Realmente no sé si esto será buena idea…”, murmuré mientras observaba la imagen del papel que estaba a punto de interpretar en el espejo. “Solo espero que no sea demasiado para ella.”
En el reflejo se alzaba la figura de una de las mujeres que Crow más respetaba en la ficción. Respetaba… en todo el sentido de la palabra.
Su respeto era tan profundo que incluso la idea de ver contenido inapropiado sobre ella le resultaba extremadamente incómodo.
.
Esa figura no era otra que Unohana.
“Aunque no lo niego… esto será interesante”, murmuré, intentando adoptar la mentalidad del personaje.
Pero incluso al hacerlo… había una ligera resistencia.
Como si, en el fondo, supiera que estaba cruzando una línea.
Mientras Crow trataba de meterse en el papel, y Hipnos preparaba el escenario… ninguno de los dos notó algo más.
Algo que ya había ocurrido antes.
Una presencia.
Un invitado no deseado.
En algún rincón de ese mundo distorsionado, una figura caminaba sin rumbo fijo… pero con un propósito claro.
Buscar a alguien.
A alguien muy específico.
El único hombre al que podía llamar… maestro, el bastardo al que Juró golpear con todas sus fuerzas apenas lo volviera a ver.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com