Z entropy theory - Capítulo 23
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Capítulo 23: If I Can Stop One Memory from Rebooting (PARTE 2)
Aleszxandra Redux cruzaba la sala, sosteniendo entre las manos el frasco de cristal que contiene el feto inerte del proyecto Paris 12.
Subió las escaleras metálicas de la máquina de reparación de tejidos. Aleszxandra llevaba puestas unas zapatillas rojas brillantes. Al llegar a la consola, la grabadora adherida a su pecho grabo.
“Año 2800, 21 de mayo. Como parte de la continuidad del Proyecto París 12, he decidido tomar las riendas yo misma.”
Abrió la escotilla de la máquina y con delicadeza depositó el frasco en el interior del mecanismo central.
“La máquina utilizada en el presente proyecto fue modificada para emular el líquido matricial.”
El recepcionista vestido en bata de asistente de laboratorio, monitorizaba los signos vitales del sujeto.
//”Profesora… “, dijo. “Los signos del feto son nulos. Los sensores marcan la actividad cerebral en valores negativos. Tampoco son detectables los signos cardíacos.”
Aleszxandra pasó de inadvertido el informe del asistente, en su lugar introducía secuencias de código.
//”¿Has oído hablar del Experimento de la Doble Rendija y el experimento mental de Schrödinger?”, preguntó.
//”Es del gato, ¿no?”, titubeó. “El gato en la caja, ese es cultura general. El de la doble rendija, mmm, no sé de qué me hablas.”
Aleszxandra giró la silla. //”Pronto te encontrarás rezando al cielo.”
El recepcionista estaba tan perdido. //”Usted es bastante ambigua, profesora. No entiendo qué tiene que ver el gato con un cadáver.”
//”A menudo la gente tacha de ateos a los hombres y mujeres de ciencia…” respondió Aleszxandra, volviéndose hacia el panel de control principal. “Yo soy una fiel creyente.”
Apretó el botón de inicio.
El líquido dentro de la cámara se iluminó con un resplandor azulado, burbujeando alrededor del feto.
//”¡Los signos vitales del individuo siguen siendo 0! “, gritó. “¡Esto no está funcionando!” La desesperación se convirtió en miedo. “¿Se robó un feto o qué mierda es esto? Esto no estaba en el contrato.”
Aleszxandra mantuvo el reflejo fijo en el líquido brillante. //”Un joven me pidió que la salvara”, dijo cargada de peso. “Desconozco el porqué terminó así… tal vez fue… No importa ahora…”
“Nuestras acciones la salvarán.” Hizo una pausa. “Ya hasta pensé el nombre, Scarlet.”
El recepcionista se quedó boquiabierto, procesando la locura de la situación.
//”Scarlet…”, repitió el nombre. “Mmm… eso me recuerda a las flores escarlatas.” Su rostro se relajó un poco, vencido por la inevitabilidad del momento. “Me gusta ese nombre, Flores Escarlet.”
//”Tenemos dos cuartos sellados ahora, metafóricamente hablando”, explicó ella. “En uno, el huésped está muerto. En el otro, está vivo.”
//”¿En qué sentido?”
//”En el sentido de que es una probabilidad”, respondió Aleszxandra. “Si lo logramos, Scarlet existirá en un estado de Sí y No.”
El asistente frunció el ceño, ajustándose las gafas.
//”¿Profesora está segura de esto? Es una paradoja.”
//”Precisamente. Ese conflicto existencial es lo que buscaba el fundador del Proyecto París 12. Si logramos mantenerla en esa superposición, eso probaría que Dios existe.”
//”Pensé que nosotros seríamos los observadores.”
Aleszxandra negó con la cabeza. //”En la física cuántica, la función de onda colapsa cuando alguien mira. Aquí, Dios es el observador. Ella existirá mientras sea observada por la divinidad, no por nosotros. Si nadie la mira, o si ella logra cerrar la caja —aislarse del universo— podría dejar de existir o existir en todas partes a la vez.”
Aleszxandra introdujo el código de ejecución final.
“Lancen las partículas.”
En el centro de la máquina, el acelerador giro. Los primeros registros de las fluctuaciones cuánticas aparecieron en la pantalla, arrojando datos erráticos.
“Inicia la liberación de células madre”, indicó Aleszxandra.
El asistente presionó el comando. Una serie de agujas hipodérmicas descendió hacia el contenedor.
Alguien corría en círculos en el borde del infierno. Reía y jugaba con las burbujas de colores que flotaban alrededor. La niña saltó atrapando una, la forma de la burbuja se disipó en niebla para volver a formarse, esa niña escuchó del fondo del abismo ‘Alguien del mundo de los vivos te está esperando, ¿acudirás sabiendo el pecado que cargas?’.
Pasaron siete días desde el inicio del proceso.
Aleszxandra se encontraba frente al panel de control. Le faltaba una pieza del proyecto.
El asistente revisaba una y otra vez las configuraciones.
//”Profesora, he revisado todo”, decía. “Los informes de los técnicos de la instalación confirman la integridad del sistema.”
//”Entonces, ¿por qué las lecturas son tan inestables?”, gruñó Aleszxandra. “Las evidencias refutan todo mi trabajo. El estado de superposición se mantiene por solo microsegundos antes de colapsar. No… eso no puede ser”, se dijo a sí misma, golpeando la mesa con el puño.
//”El equipo técnico sugiere implementar 400 tipos de partículas más. Añadir células específicas para la construcción de órganos específicos.”
//”Eso no es suficiente.”
Se acercó al perchero, tomó su bata de laboratorio y se la puso.
//”Incrementen todo en 1000 por ciento”, ordenó.
//”¿C-profesora?”
//”Iré yo misma. Necesito ver el motor desde adentro.”
Camino hacia el panel administrativo adjunto al laboratorio principal. Al otro lado, los técnicos del recinto la saludaron.
Aleszxandra en mano, destornillo la puerta metálica del motor de Partículas.
El interior estaba lleno de partículas de luz sometidas a una presión inimaginable. Habían sido condensadas en luz líquida, de densidad viscosa que resplandecía.
Una mano se posó en el hombro de Aleszxandra.
//”Vaya detalle”, dijo una voz familiar.
Es Tinnitus. Aleszxandra suspiró.
//”Leí sobre la luz líquida en un artículo del año 2795. La decana Alice N. propuso una manera de evitar la condensación de luz en los conductores principales. Aleszxandra volvió a suspirar. “Justo después de publicar eso, se jubiló.”
Extendió el dedo índice sobre la sustancia viscosa. Al contacto, el líquido brilló con más intensidad.
//”Nos enfrentamos al mismo problema”, dijo Aleszxandra.
Aventó el destornillador contra la pared.
//”Solo para saber… ¿Alice está en territorios sudamericanos?”
Tinnitus lo medito.
//”Alice N. está en Marte, Aleszxandra. Es una cantante de ópera famosa.”
//”¿Hablamos de la misma Alice? ¿La de los chistes rancios de la facultad? ¿Esa Alice es cantante de ópera?”
//”Yo qué sé. No estoy al tanto de lo que hace mi exesposa.”
//”¡Ajá!”
La voz vino de detrás de una pila de cajas de herramientas. Una figura se levantó, sacando 2 papeles del bolsillo de la bata de Tinnitus.
//”¡Para no estar al tanto tienes boletos de entrada!”, gritó la figura.
Tinnitus se llevó la mano al bolsillo.
//”¡Maria Rosel, no!”, gritó Tinnitus, salió corriendo tras de ella.
//”¡Aleszxandra, ayúdame!”, gritó Maria Rosel.
//”¡Denme esos pases!”, gritó Aleszxandra, uniéndose a la persecución.
Los tres científicos corrían alrededor de los enormes motores de partículas.
Desde la consola de control, el asistente vio la escena preguntándose si así se comportaba la élite científica del Imperio.
La voz de Noir fue escuchada en toda la sala a través de los altavoces. //”¡Aleszxandra! ¡Tinnitus! ¡Maria Rosel!”, la voz de Noir autoritaria detuvo a los tres en seco. “Los necesito en la sala de Vicereptoctoría. Ahora.”
//”¡Okay!”, gritó Maria Rosel, quien salió corriendo del cuarto.
Tinnitus jadeó contra el motor, guardando los boletos rápidamente. Aleszxandra se enderezó la bata, recuperando la compostura.
Noir entró acompañada por un destacamento de guardias imperiales.
Todos sabían que la Institución de Investigación había declarado la neutralidad ante el conflicto revolucionario, pero geográficamente seguían dentro del territorio imperial.
La atención de Nior estaba puesta en la directora M. Rosel, que acababa de entrar corriendo. Se quedaba de pie junto a Aleszxandra y Tinnitus.
//”El Imperio quiere seguir manteniendo buenas relaciones con la escuela bajo su cuidado, Directora M. Rosel. Por ello, he venido a poner en vigencia el Tratado de Rosel.”
//”Mi institución también quiere lo mismo, compañera Nior”, respondió Rosel, usando el título antiguo de la universidad. “Sin embargo, el conocimiento viene y va.”
//”Ya no somos compañeras de clase, Rosel”, dijo Noir, suavizando el tono. “Sé lo que buscas.”
Noir hizo una señal a uno de los guardias, quien le entregó un documento sellado.
//”Añadiremos otra cláusula al tratado. Una cláusula de libre movimiento”, continuó entregándole el documento a Rosel.
Noir tomó la pluma estilográfica que le tendía el guardia.
//”Firmo por los viejos tiempos”, dijo Rosel con una media sonrisa.
Devolvió la pluma y guardó el documento. //”A todo esto…”, comenzó Rosel, cambiando el tono, “no sabes dónde está Harris Heart. Perdí el contacto con él al principio de la revolución en la Patagonia.”
Noir carraspeó. //”Ese estúpido”, dijo Noir, ajustándose el guante. “Harris Heart es la mano derecha de la líder revolucionaria.”
Tinnitus intervino. //”¿Entonces él fue quien promovió la alianza con las Repúblicas Humanas de Orion?”
//”Siempre supe que odiaba al Imperio”, Noir apartó la vista. “Involucrar a las demás naciones de la Vía Láctea… eso es traición.”
//”Conociéndolo, no lo hace solo por ganar. Busca el casus belli para la primera guerra intergaláctica.”
//”¡Basta de especulaciones!”, la interrumpió Noir.
Uno de los guardias imperiales se acercó, le susurró algo al oído. Noir parpadeó.
“Ah, se me olvidó decirte”, dijo Noir volviéndose. “Mi sobrino se les unirá.”
Rosel no pudo evitar sonreír.
//”Ahh, ¿otro terrón de azúcar?”, preguntó.
Noir se puso de pie.
//”El café sabe mejor amargo”, sentenció Noir. “Nos retiramos.”
Las guardias imperiales formaron fila y Noir salió de la sala.
Apenas la puerta se cerró, Aleszxandra y Tinnitus se abalanzaron sobre Rosel.
//”Necesitamos que nos des fondos para ir a Marte”, dijeron sin preámbulos—. “Tenemos que encontrar a Alice.”
Rosel miró de una al otro, desempaquetando un pequeño cubo de chocolate que tenía en la blusa. Rompió la envoltura de papel.
//”¿A Marte?”, preguntó, mordiendo el chocolate. “Se aprobará el presupuesto. Sin embargo…”, continuó Rosel con la boca llena. “¿Quién administrará París 12 mientras no estés?”
//”Recluté al recepcionista de la Isla Flotante.”
//”Ehm, ese muchacho. Aleszxandra, si tú dices que es capaz, así será.”
Aleszxandra y Tinnitus salieron de la Vicerrectoría. La sala quedó en silencio. Rosel se quedó sola frente al escritorio. Soltó una larga bocanada de aire.
Limpió los dedos usando el pañuelo, acercó la mano al teléfono sobre el escritorio. Marcó los 9 dígitos.
“Doc.”, dijo Rosel, esperando que se contestara del otro lado.
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