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zaria luna renacida de fuego y sangre - Capítulo 1

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1: – Zaria 1: – Zaria Tenía unos ocho años.

La lluvia caía con fuerza y el techo goteaba sobre mi colchón de tela áspera.

Dormía en el rincón del lavadero, entre escobas y trapos viejos.

Me abrazaba a mí misma, intentando no temblar.

Mi madre adoptiva abrió la puerta de golpe.

—¿Por qué dejaste la ropa mojada en la soga, Zaria, niña inútil?

¡Todo se va a pudrir!

—gritó con una furia que aún no entendía.

No me dejó explicarme.

Me agarró del brazo y me empujó contra la pared.

Sentí el aire escapar de mi pecho.

Me quedé inmóvil, con la mejilla pegada al cemento húmedo.

No lloré.

Ya no lloraba.

Me había acostumbrado a ese tipo de trato.

—Eres una inútil —murmuró entre dientes, con una ira espesa, cargada de rencor.

Tal vez era el rencor de criar a una criatura como yo.

Una que no les pertenecía.

Esa noche no me dieron de cenar por culpa de mi “error”.

Cuando se durmieron, caminé descalza hasta la cocina.

El hambre vencía al miedo al castigo.

Me moví en silencio.

Robé un trozo de pan duro y regresé a mi rincón.

Había algo en mí… algo que no podían quebrar ni matar.

Ni con desprecio, ni con dolor.

Mis ganas de vivir.

Mis ganas de libertad.

Una voz interna, suave pero firme, me empujaba a creer en el libre albedrío.

A veces era esa voz la que me metía en problemas.

O la que me ganaba una paliza, cuando decidía no obedecer… o simplemente no tenía fuerzas.

Las palizas nunca dejaban marcas visibles.

Mis padres adoptivos cuidaban las apariencias.

No les gustaba dar que hablar a los vecinos.

No porque les importara.

Siempre encontraban castigos que dolían igual… o más.

Crecí en una aldea llamada River Village, la más humilde y olvidada de las cuatro grandes manadas licántropas.

Un lugar rodeado de una naturaleza vasta y hermosa.

Aunque pertenecía oficialmente a uno de los reinos licántropos más poderosos, River Village no tenía peso político ni fuerza militar.

Era tierra de los irrelevantes.

De los clanes menores.

De los que no importaban a las grandes casas.

La región funcionaba casi como un sistema feudal, dominada por familias que sobrevivían mediante trueques, cultivos y trabajo forzado.

No muy distinta a una aldea humana.

Nuestra cabaña estaba en los límites del poblado, cerca del río y del bosque.

Allí crecí.

Donde el cariño era tan escaso como la comida caliente.

Nunca conocí a mis verdaderos padres.

Solo sé que me dejaron… o me arrebataron.

Nunca supe cuál era la verdad.

Fui criada por una familia que me compró a unos aldeanos que me encontraron al borde del camino, envuelta en mantas, con apenas días de nacida.

Me compraron con la misma frialdad con la que se adquiere ganado.

Me vistieron con ropa usada, me hablaron como a un perro, y me recordaron a diario que no valía nada.

Tal vez vieron en mí una inversión.

Una mujer servía para trabajar… o para vender.

Mientras tanto, pagaba mi existencia con trabajo pesado.

○♡○ Siempre me gustó mirar la luna.

Desde niña me sentaba junto a la ventana, abrazando mis rodillas, y le hablaba en susurros.

La sentía como mi única amiga.

A veces me respondía… en sueños, o como un calor suave en el pecho.

Era mi escape de un mundo sumergido en sombras.

Le contaba que esperaba con ansias cumplir mis dieciocho años.

Mi última esperanza.

A los dieciocho, todo cambia para un licántropo.

Ese día despertamos a nuestro lobo interior.

No como una maldición, sino como un regalo antiguo.

Un legado de la Madre Luna.

Los sentidos se agudizan.

El alma se alinea con el instinto.

Y entonces… el lobo aparece.

Un compañero eterno.

Capaz de reconocer el verdadero vínculo.

De encontrar a la pareja destinada.

El rito es silencioso, pero sagrado.

Quien va a despertar a su lobo se interna en el bosque, se baña bajo la luz lunar y corre por primera vez en su nueva forma.

Al amanecer, regresa transformado.

Así pasaron los días.

Y los años.

Trabajé sin descanso, soportando gritos y castigos.

Hasta que llegó el momento.

Faltaban semanas para cumplir dieciocho.

Como no sabía mi fecha exacta de nacimiento, comencé a escabullirme cada noche hacia un río oculto en el bosque.

Ese lugar me daba paz.

Los árboles susurraban secretos.

El aire olía a pino, agua fresca y flores silvestres.

Volvía siempre sin éxito… pero con el alma un poco más entera.

Lista para sobrevivir un día más.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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