zaria luna renacida de fuego y sangre - Capítulo 11
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11: -Nuestra primera luna 11: -Nuestra primera luna Después de ver que todo salio bien, la siguió Licaon cediendo el control a Fen.
—Ahora sí … van a saber quién es el más hermoso de los dos —bromeó Fen, estirando el cuerpo como un dios de ébano entre la niebla plateada del claro.
Keila aulló divertida en para Zaria.
“Se creén mucho, ¿no?
A ver si puedén seguirme el ritmo…” Y salió disparada.
La sensación fue inmediata.
El viento cortándole el pelaje, la tierra vibrando bajo sus patas, la fuerza nueva y salvaje recorriéndola por dentro.
—¿Qué es esto, Keila?
—preguntó Zaria, sorprendida, mientras corrían—.
—¿Por qué podemos comunicarnos con Licaon y con su lobo?
Pues libertad Zaria!
—Enfatizó, Keila —A lo otro lo llamamos enlace mental —respondió Keila—.
Solo podemos hacerlo con familia, miembros cercanos de la manada o… pareja.
Hubo una pausa cargada de intención.
—Tengo mucho que enseñarte, mi niña —añadió, divertida.
Ambos lobos se encontraron como si siempre se hubieran estado buscando.
Como si el universo, por fin, encajara en su forma correcta.
Sus cuellos se rozaron en una ternura salvaje.
Se olieron.
Se reconocieron.
Se aceptaron.
Y entonces, salieron disparados hacia el bosque.
Corrieron.
Saltaron.
Se rozaban, se desafiaban, se empujaban en una danza primitiva y perfecta.
Dos fuerzas de la naturaleza.
Opuestas.
Complementarias.
Uno, blanco como la luna.
El otro, oscuro como la noche.
Los árboles se abrían a su paso.
El suelo temblaba bajo sus patas.
Sus pelajes brillaban bajo la luz lunar —blanco nieve y negro medianoche— trazando una estela casi mágica entre las sombras del bosque encantado.
Zaria —o Keila— ya no pensaba.
Solo sentía.
Estaba completamente entregada al frenesí de la carrera , ya habian pasado unas cuantas horas, cuando de pronto, Licaon la empujó de costado, girando su cuerpo con un movimiento violento brusco y protector.
Keila tomada por sorpresa desde su flanco derecho voló a unos arbustos que se encontraban a su izquierda.
Fen se interpuso al instante, entre zaria con la mirada fija al frentre , en modo protector su pecho inflado, las orejas pegadas hacia atrás.
Gruñía con fuerza, los labios retraídos, dejando ver una hilera de colmillos blancos que brillaban sobre su pelaje oscuro.
El aire olía a miedo, Amenaza, Peligro.
Keila se tensó de inmediato, clavando la mirada al frente.
¿Cómo no lo había sentido antes?
Su instinto había estado advirtiéndoselo… y ella lo había ignorado, creyendo que era solo parte del proceso de transformación.
Frente a ellos, emergiendo desde las sombras del bosque… algo yacía inmóvil, observándolos.
El silencio cayó de golpe.
Zaria se dio cuenta demasiado tarde: no había escuchado pájaros, ni insectos, ni el murmullo habitual del bosque.
Horas antes había estado lleno de vida.
Ahora, se ahogaba en una quietud espesa, cargada de penumbra.
Algo peligroso estaba merodeando.
Y acababa de mostrarse frente a Zaria y Licaon.
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