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zaria luna renacida de fuego y sangre - Capítulo 13

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13: – El despertar 13: – El despertar Zaria cambio a su forma humana, por alguna razon le quito el control a Keila involuntariamente tal vez miedo Yacia inmóvil sobre el suelo, atrapada bajo el peso del hechizo del brujo que parecía ser el líder del grupo.

Su cuerpo temblaba de impotencia mientras veía al segundo brujo acercarse lentamente con un cuchillo en mano, dispuesto a terminar con la vida de Licaon, quien yacía también inmovilizado, víctima del mismo conjuro.

—Es un hechizo de inmovilización —advirtió Keila con voz grave, notando la desesperación que invadía a Zaria—.

Confía en mí, Zaria.

Devuélveme el control.

—Intentó pero..no puedo…siento ..que pierdo la conciencia..

En ese instante, algo dentro de ella se rompió… o quizás se encendió.

Aun en su forma humana sus ojos comenzaron a brillar con una luz sobrenatural, un resplandor plateado que parecía emanar de la misma luna.

Su piel se tensó, su espalda se arqueó.

De sus uñas brotaron garras de plata afiladas como navajas, y sus iris violetas se expandieron, inundando completamente sus ojos con un fulgor intenso y frío.La furia despertó con violencia en su pecho.

El brujo frente a ella dio un paso atrás, paralizado por el miedo.

Su expresión de superioridad se desmoronó al instante, sustituida por una mueca de sorpresa y terror.

Zaria se comenzo a incorporar con movimientos fluidos, pero ahora parecía más una bestia que una víctima.

El segundo brujo, que se había acercado a Licaon para rematarlo, giró de golpe al escuchar el cambio en la energía.

—¿Qué rayos…?

—exclamó, desconcertado.

Zaria ladeo su cabeza de derecha a izquierda estudiado a sus presas.

Su cuerpo se movía con una gracia letal, sus músculos vibraban con poder contenido.

Ya no era la misma.

Era algo más.

Los brujos, ahora reunidos a una corta distancia, intercambiaron miradas nerviosas.

—Esto no debía pasar …

es imposible—murmuró uno.

—¿Qué hacemos?

—preguntó el otro con voz quebrada.

—Nos va…

—Pero no alcanzó a terminar la frase.

Zaria ya se había lanzado sobre él.

Apareció detrás del brujo líder en menos tiempo del que tardó en formar la palabra.

Le atravesó la espalda con sus garras plateadas, y el cuerpo del hechicero cayó sin vida.

A retraerlas un golpe letal en el lugar preciso.

Luego se abalanzó sobre el segundo, desgarrándolo con la misma furia.

Dos cuerpos inertes yacían en el suelo, convirtiéndose en ceniza.

Zaria, los observó con la cabeza ladeada, como analizándolos con la frialdad de un depredador.

La luz en sus ojos titiló una última vez… y entonces, su cuerpo se desplomó.

La luna seguía brillando sobre el claro.

El último aliento del brujo fue ahogado.

Sus muertes, había sido suficiente para romper el hechizo que los mantenía inmovilizado.

Cuando el hechizo mágico se deshizo, Licaon en todo momento conciente y con extrema impotencia, sintió cómo sus músculos recobraban la fuerza de golpe.

Su respiración volvió de forma entrecortada, como si saliera de un ahogo profundo.

El tiempo, que parecía haberse detenido, volvió a correr.

—¡Zaria!

—gritó, tambaleándose al levantarse.

Corrió hacia ella, tropezando en el camino.

El claro estaba teñido de sangre y ceniza, y en el centro, Zaria yacía inconsciente, exhausta por el uso brutal de su poder.

Se arrodilló a su lado, y la alzó con sumo cuidado entre sus brazos.

Su cuerpo, aunque intacto, parecía frágil en ese instante.

El fulgor violeta de sus ojos había desaparecido, y su rostro descansaba pálido contra su pecho.

—No…

zaria…

—murmuró, apretándola contra él.

—Mi príncipe.

—La voz de Kael lo trajo de vuelta a la realidad.

El beta de su familia llegó corriendo, seguido por los soldados que, al igual que Licaon, acababan de liberarse del hechizo.

Todos mostraban signos de desconcierto, como si hubiesen despertado de una pesadilla.

—Estábamos atrapados…

no podíamos movernos, ni hablar…

—dijo Kael, aún jadeando—.

Malditos brujos…

pensaron en todo.

Licaon se incorporó con Zaria en brazos.

Su mirada era la de un guerrero herido, pero decidido.

—Volvamos al campamento.

Ya no estamos seguros aquí.

Kael asintió y dio órdenes a los demás para abrir paso.

Licaon caminó al frente, con su compañera contra su pecho.

Y con cada paso, algo en él se solidificaba.

No dejaría que nadie volviera a tocarla.

Jamás.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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