zaria luna renacida de fuego y sangre - Capítulo 15
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- Capítulo 15 - 15 -Entré sus brazos
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15: -Entré sus brazos 15: -Entré sus brazos Tras el ataque, Licaon no estaba dispuesto a correr más riesgos.
Ordenó al mago que protegiera el campamento con un hechizo de resguardo, uno que impidiera cualquier intrusión mágica o física durante la noche.
Con eso resuelto, se dirigió al carruaje en sus hombros cargada la culpa de no haber podido proteger a su compañera.
Dentro, la penumbra era tranquila.
Zaria aún dormía profundamente sobre la improvisada cama hecha con pieles y mantas.
Licaon se recostó detrás de ella, con cuidado, como si se permitiera bajar la guardia solo en ese pequeño espacio donde el mundo no existía.
Su brazo rodeó su cintura, y la atrajo suavemente hacia el fundiéndose en su calor.
POV Zaria La luz de la mañana comenzó a filtrarse por la ventanilla, cálida y traicionera.
Zaria frunció el ceño y cerró los ojos con fuerza, intentando prolongar la calma… pero algo no cuadraba.
Fue entonces cuando tomó conciencia del brazo musculoso que la rodeaba con firmeza, y del cuerpo masivo que envolvía su espalda como un escudo cálido.
—Mmm…
es tan…
—pensó, con una tímida sonrisa.
Pero su loba Keila interrumpió rápidamente ese pensamiento con un tono burlón: —Creo que la parte inferior del príncipe no está tan dormida…
Zaria abrió los ojos de golpe, sorprendida.
Su cuerpo se tensó al notar algo firme y evidente contra su muslo.
El calor subió desde su cuello hasta sus orejas, inundando su rostro de un rojo vivo.
Se incorporó bruscamente, provocando que el movimiento despertara —o más bien, delatara— a Licaon, quien no estaba tan dormido como aparentaba.
Él apoyó la cabeza en su mano, con el codo en el suelo, observándola con una sonrisa perezosa y divertida.
—Buenos días, pequeña —murmuró con voz ronca, cargada de ese tono varonil que solo él podía usar con tanta naturalidad.
Zaria no supo si golpearlo o lanzarse del carruaje.
—¡No estabas dormido!
—lo acusó, llevándose una mano al pecho aún agitado.
—Dormido…
pero consciente —rió él, sin disimular su deleite.
Había algo en ella que le desarmaba el control.
Con Zaria no necesitaba fingir ser el príncipe frío y temido.
Ella sacaba su lado más humano, más salvaje… más sincero.
Siempre tuvo a todas las mujeres que quiso, por estatus o por apariencia, pero ninguna había logrado esto.
Esta mujer se había robado su corazón sin pedir permiso.
◇◇◇ —¿Siempre despertás así?
—preguntó ella, intentando sonar segura, aunque su voz tembló un poco.
—¿Así cómo?
—replicó él, aún recostado, con la sonrisa ladeada.
Sabía perfectamente a qué se refería, pero estaba disfrutando de verla ruborizada.
Ella rodó los ojos, cruzando los brazos sobre el pecho.
—No me hagas decirlo.
—Ah, quierés decir… —bajó un poco la voz, su tono casi ronroneante— con el corazón agitado, el cuerpo pegado al tuyo y una necesidad casi insoportable de besarte.
Zaria parpadeó.
No era la respuesta que esperaba.
—Yo… no dije eso, me refería ha..—balbuceó.
Licaon se incorporó, apoyando el peso en sus antebrazos, mirándola ahora con más seriedad.
—Zaria, quiero que me escuches.
Sé que no confiás en mí.
Que todo esto fue demasiado, muy rápido, y que nadie te preguntó si querías estar en medio de una tormenta, con un vínculo que te ata a un extraño, nesecito pedirte disculpas..anoche no pude protegerte …
Ella lo observó en silencio.
No lo interrumpió.
—me sentí impotente ante la situación —continuó—.
Nunca volverá a suceder.
Y si el destino decidió que seas mía, quiero que seas libre para elegir lo que eso significa.
Yo… no voy a marcarte sin tu consentimiento.
No voy a tocarte si no me lo pides.
Zaria bajó la mirada.
Sentía una presión en el pecho, no de miedo, sino de algo más profundo.
Vulnerabilidad.
—No estoy acostumbrada a que alguien me deje elegir —susurró—.
Siempre decidieron por mí: dónde debía estar, a quién debía obedecer, qué hacer…la verdad no recuerdo muy bien que pasó anoche, pero cerca de ti me siento libre, nunca pude sentir la libertad tanto como ahora.
Licaon acercó su mano a la suya, despacio, como si tuviera miedo de asustarla.
Sus dedos rozaron los de ella, cálidos, firmes.
—Entonces empecemos de nuevo —dijo—.
No como príncipe.
No como tu supuesto destino.
Solo como Licaon.
Ella levantó la vista y lo encontró mirándola sin una gota de arrogancia.
Solo ternura.
Honestidad.
—Y dime ..
—agregó él—, ¿cómo quierés que te llame?
¿Zaria?
¿Loba de ojos violetas?
¿Mi Luna..?
Con esa sonrisa pica que lo caracterizaba Zaria rió, suave.
Por primera vez en mucho tiempo, no se sentía atrapada.
—Zaria está bien… por ahora —dijo, con una sonrisa traviesa.
—Entonces, Zaria —repitió él, acercándose un poco más—, ¿me permitirías quedarme así, a tu lado, aunque sea solo por esta vez?
Ella no respondió con palabras.
Solo asintió, y cuando su frente se apoyó en la de él, Keila susurró suavemente en su interior: —Al Parecer comenzara un nuevo capítulo para nosotras..
cerro sus ojos y apoyó su cabeza sobre sus patas entrelazadas mientras parecía conciliar el sueño sumamente en paz.
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