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zaria luna renacida de fuego y sangre - Capítulo 20

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20: – El castillo 20: – El castillo Licaon se acercó a Zaria y le ofreció la mano, con una sonrisa suave pero firme.

—Ven, acompáñame —dijo con voz serena, pero clara, sacándola de la tensión que la rodeaba.

Ella aceptó sin dudar, agradecida por el gesto que no solo la alejaba de la incomodidad, sino que también la posicionaba a su lado de forma pública y directa.

Caminaron juntos hacia el interior del castillo.

El aire fresco se volvía más cálido y perfumado con cada paso.

Zaria notó cómo el mármol blanco de los pasillos reflejaba la luz de los candelabros y cómo cada detalle del lugar gritaba historia y poder.

Al pasar junto a la gobernanta, Licaon se detuvo.

—¿Dónde están todos?

—preguntó sin rodeos.

La mujer, siempre rígida, apenas inclinó la cabeza.

—Todos se encuentran en el castillo mi príncipe, su padre está en una reunión importante con su madre, están con un emisario de una de las otras naciones., Se encuentran con un emisario de una de las otras naciones.

Con respecto a su hermano, seguramente esté merodeando por los jardines.

Licaon asintió, procesando la información, y sin dar lugar a objeciones, añadió con tono firme y decisivo: —Bien.

No prepares una habitación para Zaria.

Ella se queda conmigo.

El silencio que siguió fue inmediato.

Los ojos de Lenna —que aún los observaba desde unos pasos atrás— rebosaron de celos, aunque los disimuló detrás de una media sonrisa tirante.

La gobernanta, fiel a su deber, ocultó su sorpresa tras un gesto cortés y asintió con rigidez.

—Como ordene, mi príncipe.

Licaon no esperó más.

Tomó con cuidado la mano de Zaria, que lo miraba con una mezcla de sorpresa y desconcierto, y siguió caminando con ella por el pasillo principal, dejando tras de sí una estela de murmullos ahogados y miradas llenas de interrogantes.

Zaria, aún en silencio, supo en ese momento que las cosas dentro de aquellas murallas no serían fáciles… pero al menos él estaba a su lado.

Licaon la guio por los pasillos del castillo en silencio, sin soltar su mano.

Subieron una escalinata de mármol blanco, flanqueada por candelabros de hierro forjado que proyectaban una luz cálida.

Finalmente, se detuvieron frente a una gran puerta de madera oscura, tallada con símbolos antiguos de la manada real.

Licaon la abrió, revelando una habitación majestuosa.

El interior era amplio, con ventanales altos que dejaban entrar la luz dorada del atardecer.

Las cortinas de terciopelo rojo caían pesadamente a los costados.

El piso estaba cubierto por alfombras gruesas de tonos oscuros y cálidos.

Una chimenea crepitaba suavemente al fondo, y sobre una mesa de madera pulida descansaba una jarra de vino y dos copas.

La cama era enorme, con dosel y sábanas de lino blanco impecable.

Cada detalle del cuarto hablaba de lujo, poder y tradición.

Zaria apenas se atrevió a cruzar el umbral.

Licaon le soltó la mano con suavidad y señaló la puerta lateral.

—Allí está el baño.

Hay agua caliente y ropa limpia esperándote.

Tómate tu tiempo —dijo, acercándose con esa mezcla suya de calidez y autoridad—.

Parece que esta noche conocerás a mi familia… pero por ahora, relájate, hermosa.

Zaria sintió un cosquilleo en el estómago.

La forma en que Licaon la llamaba la hacía estremecer.

No le desagradaban sus palabras; al contrario, algo dentro de ella respondía con fuerza a cada mirada suya.

Pero no podía negar que todo estaba yendo demasiado rápido.

Apenas había pasado una semana desde que escapó del infierno… y ahora estaba allí, en el castillo del príncipe lobo, compartiendo habitación y a punto de conocer a su familia.

Keila habló desde su interior, como si hubiera leído sus pensamientos.

—Creo que podemos confiar en él.

Confío en mi instinto… y en el tuyo, Zaria.

Zaria respiró hondo y asintió, sintiendo cómo el nudo en su pecho se aflojaba poco a poco.

No sabía qué le deparaba esa noche, ni las siguientes… pero apostaría todo a ese vínculo que crecía como fuego bajo su piel.

Apostaría por él.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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