zaria luna renacida de fuego y sangre - Capítulo 21
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- Capítulo 21 - 22 - Que empiece la fiesta
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22: – Que empiece la fiesta 22: – Que empiece la fiesta Las dos asistentes entraron sin emitir palabra, y sin mostrar ninguna expresión, pese a la evidente escena en la que se encontraban: Zaria aún estaba acorralada contra la pared del baño, con los labios entreabiertos tras su primer beso, mientras Licaon había deslizado su mano a la cintura de Zaria.
Él fue el primero en reaccionar.
—Bueno… creo que es hora de retirarme.
—Sonrió con ese aire arrogante y encantador—.
Vendré por ti para escoltarte al salón, mi luna.
Zaria no respondió.
Solo lo observó con los ojos muy abiertos, sorprendida aún por todo lo que acababa de suceder.
Cuando Licaon se retiró, las asistentes intercambiaron una mirada rápida, y por primera vez dejaron ver un atisbo de emoción: sorpresa.
—Señorita… mi nombre es Ruby, y ella es Lina —dijo una de las muchachas—.
Estamos aquí para prepararla para la cena.
Sin esperar permiso, Ruby la condujo a un sillón frente al tocador y comenzó a secarle el cabello con manos hábiles y delicadas.
Lina, mientras tanto, desplegó los vestidos sobre la cama, examinando uno por uno con atención de artista, seleccionando también joyería que combinara con cada conjunto.
—¿Tiene alguna preferencia por las prendas, señorita?
—preguntó Lina.
Zaria se incorporó un poco, apenas había prestado atención a los vestidos antes, pero uno capturó su mirada de inmediato: un vestido borgoña, elegante, con un diseño sobrio pero sensual.
—El borgoña me gusta —respondió suavemente.
—Creo que le quedaría hermoso… —murmuró Ruby, mientras peinaba su cabello con movimientos suaves—.
Y combinaría perfectamente con el príncipe.
Lina se giró de inmediato y le lanzó una mirada de advertencia a Ruby, como si hubiera dicho más de lo que debía.
—Lo…
lo siento —balbuceó Ruby, arrepentida.
—No te preocupes —respondió Zaria con una sonrisa cálida—.
De verdad.
El ambiente se distendió un poco.
Ruby suspiró aliviada y continuó su labor con mayor delicadeza.
El cabello negro de Zaria fue trenzado en la parte superior y luego soltado en una cascada de ondas que caía por su espalda.
Lina ayudó a vestirla con precisión casi reverencial.
El vestido borgoña se ceñía a su figura con elegancia y poder.
Dejaba los hombros al descubierto lo que acentuaba la finura de su cuello y hombros, y dejaba la espalda descubierta hasta la cintura, en un contraste perfecto entre lo recatado y lo sensual.
Una abertura lateral subía por su muslo, mostrando apenas lo justo para sugerir sin revelar demasiado.
Unos pendientes de diamantes colgaban en sus orejas, brillando con la luz suave de la habitación.
Cuando terminaron, ambas la miraron como si contemplaran una obra de arte.
—Está… hermosa, señorita —susurró Ruby con genuina admiración.
Un golpe suave en la puerta las hizo sobresaltarse.
Lina fue a abrir… y allí estaba él.
Licaon, con una camisa oscura de cuello abierto, pantalones formales ajustados a su musculatura, y el cabello ligeramente despeinado.
Al principio, estaba de espaldas, dando indicaciones a uno de los soldados.
Pero al girarse hacia la habitación y posar sus ojos sobre Zaria… el aire pareció salírsele del pecho.
Sus pupilas se dilataron.
El dorado de sus ojos se encendió sutilmente, y una sonrisa lenta y peligrosa se dibujó en sus labios.
Zaria se quedó inmóvil, con el corazón latiendo fuerte.
—¿Es demasiado?— preguntó palpándose el vestido con nervios.
—Por la Luna…te ves hermosa —murmuró Licaon con voz grave, casi ronca— Ofreció su brazo y Zaria lo tomó, aliviada.
Enredando el suyo en el de él, sonrió —acompáñame mi luna— le dijo Emprendieron la caminata , el salon se encontraba en el centro del castillo, en la planta baja.
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