zaria luna renacida de fuego y sangre - Capítulo 22
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- Capítulo 22 - 23 El salón de Crescentia
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23: El salón de Crescentia 23: El salón de Crescentia Zaria cruzó el umbral del gran salón con una mezcla de expectativa y cautela, como si cada paso la llevara más adentro de un mundo que todavía no terminaba de comprender.
El murmullo suave de las conversaciones se deslizaba entre columnas de piedra clara, altas y elegantes, talladas con símbolos antiguos que parecían observarla en silencio.
Sobre sus cabezas, el techo abovedado parecía sostener el cielo mismo, decorado con símbolos antiguos tallados a mano: lunas, lobos, ríos, un mapa.
arañas de cristal que derramaban una luz cálida, dorada, envolviendo el espacio en una atmósfera acogedora más que solemne.
El salón era imponente, pero no intimidante.
Había algo en la disposición de los muebles, en la forma en que las largas mesas estaban vestidas con manteles de lino color marfil, en los arreglos florales de tonos verdes y blancos, que invitaba a quedarse.
A respirar.
A sentirse, por primera vez en mucho tiempo, a salvo.
Zaria notó cómo Licaon, a su lado, reducía apenas el paso para acompasarse al suyo.
No la tocó, pero su presencia era firme, tranquilizadora.
Ella le agradeció ese gesto silencioso.
No necesitaba palabras para saber que él estaba atento a cada uno de sus movimientos, a cada cambio en su respiración.
Entonces una voz cortó el silencio anunciando su llegada —”El príncipe Licaon futuro alfa y su luna zaria”— anunció el hombre que custodiada la puerta del salón.
Loa murmullos se detuvieron y Zaria se tenso un poco.
Toda la atención se dirigió a ellos.
—¿ Tú luna?¿No es un poco pronto para ese titulo Licaon?— preguntó zaria susurrando para Licaon sorprendida El solo la miro con su sonrisa pícara — Pues ya te lo habia advertido mi amor, ven vamos— insto a seguir el paso.
En mesa principal que dominaba el centro del salón.
En la cabecera, un hombre de porte recto y mirada profunda ocupaba su lugar con naturalidad absoluta.
Su cabello, apenas surcado por hilos plateados, estaba recogido hacia atrás, y sus manos descansaban con calma sobre la mesa.
A su derecha se sentaba una mujer de rasgos suaves, sonrisa serena y ojos atentos, capaces de transmitir calidez incluso sin pronunciar palabra.
—Zaria,mis padres —murmuró Licaon, en un tono bajo—.
El alfa Aedric y su luna Maelis.
Zaria sintió cómo algo en su pecho se aflojaba.
No eran figuras distantes ni severas, como había temido.
Había en ellos un aura de autoridad tranquila, segura, sin necesidad de imponerse.
A la izquierda de la reina, un asiento permanecía vacío.
No por un descuido.
Del otro lado, a la izquierda del rey, dos lugares libres esperaban: uno para Licaon y otro para ella.
Cuando avanzaron, todas las miradas se posaron brevemente en Zaria, admirando su belleza ella causabavese efecto últimamente.
Noto una miraday tono de cabello conocido, junto al asiento vacio se encontraba Kael con su pareja y Lenna quien disimulaba bastante bien sus sentimientos, pero su mirada , su mirada como siempre hablaba por si misma.
Representantes de distintas regiones ocupaban el resto de los asientos, acompañados por sus parejas.
Ropas de estilos variados, acentos distintos, joyas que hablaban de tierras lejanas.
Era evidente que aquella reunión no era común.
—Bienvenida, Zaria —dijo la reina Maelis al ponerse de pie—.
Nos honra tenerte aquí.
La voz de la mujer era cálida, envolvente.
Cuando se acercó, tomó las manos de Zaria entre las suyas con un gesto respetuoso, sin invadir.
—Gracias, su majestad —respondió ella, inclinando levemente la cabeza.
—Aquí no somos rígidos con los títulos —intervino el rey Aedric con una leve sonrisa—.
Esta es una casa abierta para quienes vienen en paz.
—Zaria el es mi padre el alfa Aedric, líder de Crescentia y la región —ayudo Licaon.
Zaria sonrió, sincera y sintió que podía bajar la guardia La comida fue servida poco después.
Platos cuidadosamente preparados fueron desfilando ante sus ojos: carnes asadas con hierbas aromáticas, verduras glaseadas, panes recién horneados, quesos suaves y especiados.
El aroma era irresistible, y el primer bocado confirmó lo que la vista prometía.
Zaria comió con gusto.
Las conversaciones fluían con naturalidad, y poco a poco comenzó a entender que aquella noche reunía a personas clave de cada región.
Un alfa por territorio, según escuchaba, responsables de mantener el equilibrio político y social entre las tierras.
—Cada región tiene su representante —comentó Licaon,con voz baja notando la curiosidad de Zaria —.
Nos reunimos para discutir alianzas, límites, acuerdos… y celebrar cuando es necesario.
—Como ahora —agregó la reina Maelis, mirando a Licaon con orgullo contenido.
Zaria giró apenas la cabeza hacia él, intrigada.
—¿Celebrar qué?
—preguntó, con suavidad.
Licaon dudó una fracción de segundo.
—Mi cumpleaños se acerca —respondió—.
Nada fuera de lo común.
Ella aceptó la respuesta sin sospechar.
No había urgencia en su tono, ni tensión.
Solo una verdad incompleta que aún no estaba lista para conocer.
En un momento, Zaria notó el asiento vacío junto a la reina y luego miró a Licaon.
—¿Falta alguien?
—preguntó en voz baja.
Licaon asintió.
—Lucien.
El nombre pareció resonar más de lo esperado, Zaria sintio una presion en el estómago, al reconocer a quien pertenecía el nombre.
Licaon levantó la mirada hacia su padre.
—¿Dónde está, Lucien?
—preguntó, directo.
El rey Aedric dejó la copa sobre la mesa antes de responder.
—En viaje diplomático.
Asuntos políticos.
Regresará en una semana.
Algo en la forma en que lo dijo cerró cualquier otra pregunta.
Entonces Kael derivó la conversación hacia un gran mapa dibujado en el techo.
Montañas, ríos, bosques y regiones marcadas con símbolos distintos se extendían ante ella como un rompecabezas vivo, con lujo de detalles —Aquí están las jerarquías —explicó uno de los representantes—.
No solo territoriales, sino de influencia.
Nuestro continente EIDRHEN NOCTAR se divide en regiones Varkaen, Sylvaris, Drak moore, Aerhil y al centro Crescentia.
Todos los invitados que ves a aquí re presentan a una.
Zaria escuchaba con atención, uniendo piezas, entendiendo que el mundo era más complejo de lo que había imaginado.
Cada decisión tomada en ese salón tenía consecuencias más allá de esas paredes.
La noche avanzó sin sobresaltos.
Risas suaves, charlas medidas, miradas cómplices.
Cuando finalmente se retiraron, Zaria se sentía extrañamente ligera.
En sus aposentos, el silencio la envolvió como un manto.
—Fue… hermoso —admitió, mientras se quitaba los zapatos.
—Me alegra —respondió Licaon, apoyado en el marco de la puerta.
Cuando ella se metió en la cama, él dudó.
—¿Puedo…?
Zaria sonrió, divertida, le preguntare a mi conciencia.
—Pues si fuese por mi…creo que sabes mi respuesta — respondió Keila para Zaria.
—Ho mi luna, Keila no seas atrevida — bufo Zaria.
Esta bien solo esta noche.
Licaon no necesitó más.
Se acomodó a su lado, respetando la distancia justa, como si dormir juntos fuera un privilegio frágil.
Zaria cerró los ojos con una sonrisa y se acurrucó en sus brazos.
La noche, fue perfecta.
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