zaria luna renacida de fuego y sangre - Capítulo 33
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Capítulo 33: Sin nombre
Durante unos segundos, nadie se movió.
El claro permanecía en silencio, como si el bosque mismo estuviera evaluando lo que acababa de despertar.
Aedric fue el primero en reaccionar. Su cuerpo, aún tenso por la transformación, se mantuvo erguido, pero algo en su postura había cambiado. Ya no era solo el alfa observando a una loba nueva. Era un rey frente a algo antiguo.
—Por la Luna… —murmuró.
Sus ojos recorrían a Keila con atención absoluta. No había amenaza en su mirada. Un atisbo de reconocimiento se reflejaba en su mirada
La manada de lobos comenzó a reaccionar lentamente. Algunos lobos se movieron inquietos. Otros inclinaron apenas la cabeza. No por sumisión, sino por instinto. Algo en Keila imponía respeto sin exigirlo.
Fen fue el primero en romper la quietud.
Avanzó con pasos amplios, casi torpes por la emoción. Su cola se agitaba con una energía que rozaba lo juvenil. Se acercó a Keila con un entusiasmo evidente, rodeándola en un círculo amplio, olfateando el aire a su alrededor como si quisiera memorizarla.
Licaon lo observó desde su forma de lobo, sorprendido por la intensidad de la reacción de su compañero. Fen no solía exponerse así. No frente a nadie.
Lenna, en cambio, se había quedado rígida.
Su loba cobriza miraba a Keila con los músculos tensos y el mentón alto. Sus ojos brillaban, pero no de admiración. Era algo más áspero. Algo que le cerraba el pecho.
Nunca había visto a Fen moverse así por nadie.
Nunca había visto a fen o Licaon mirar a alguien de ese modo sin siquiera darse cuenta.
Aedric dio un paso adelante.
—Esto es solo una transformación poderosa —dijo, con voz grave—. No he visto, ni leido algo asi.
El viento cambió de dirección repentinamente
—¿Que es eso Zaria?—preguntó keila
Entre los árboles, a lo lejos, algo brilló.
No era luz común. Era un azul profundo, vibrante, casi líquido. Parecían pequeñas luciérnagas desplazándose en una dirección como si siguieran un sendero invisible.
Su cuerpo se tensó Y sin mirar atrás, corrió.
No fue una carrera normal.
—!KEILA! ¿que estas haciendo?-preguntó Zaria.
—Debemos ir a ver…¿no los sientes?
Keila atravesó el bosque con una velocidad que hizo que incluso Aedric frunciera el ceño. Las sombras apenas lograban seguirla. Fen reaccionó de inmediato y salió tras ella, excitado, pero quedó atrás en pocos segundos.
—¡Zaria! —la voz de Licaon resonó, alarmada.
Pero Keila no escuchaba.
Las luces azules se intensificaban con cada paso. El bosque se abría ante ella, apartándose apenas, corria como si conociera su destino.
De repente un claro apareció dejando filtral la luz de luna
Y en el centro un altar
Cubierto de raíces antiguas y piedras cubiertas de musgo, emergía del suelo como algo que nunca debió ser olvidado.
Era grande. Circular. Tallado en una piedra clara que parecía absorber la luz lunar.
En el centro, la figura de una mujer se alzaba con los brazos abiertos hacia el cielo. Su rostro estaba definido, pero su presencia era inconfundiblemente hermosa.
A su lado, esculpido con la misma precisión, un licántropo erguido sobre dos patas, imponente, similar a la forma más antigua de Aedric rey de los alfas.
Runas talladas descendían por el torso como venas de poder.
Keila se detuvo frente al altar lo observó minuciosamente y sin Darse cuenta su nariz casi toca la piedra.
—Es hermoso — Zaria estaba hipnotizada por la belleza.
—Si..lo es… que significará siento un sensación familiar.—Keila
— también yo…—coincide Zaria. parece que al final pudimos encontrar uno.
Keila se aventuro a apoyar una pata sobre la piedra, las runas se encendieron.
El azul recorrió cada símbolo como un pulso vivo. El suelo tembló levemente. El bosque entero pareció inclinarse hacia el claro oculto.
Aedric llegó segundos después, seguido por Licaon y el resto.
El rey de los alfas se quedó inmóvil.
—Que… —susurró—. Que es esto no debería estar aquí, nunca había visto ese altar.
Y eso era lo verdaderamente alarmante.
—Parece un altar lunar antiguo —dijo, con el ceño fruncido—. Muy anterior a Crescentia. A cualquier reino actual.
Licaon miraba a Keila sin poder apartar la vista.
—¿Como sabía que habia un altar? —dijo—¿la guio has aqui?.
Aedric asintió lentamente.
—la llamo o ella lo despertó.
Las runas comenzaron a apagarse, una a una, hasta que la piedra volvió a parecer inerte. El silencio cayó pesado.
Aedric dio media vuelta.
—Deberiamos regresamos al castillo, ahora.
Nadie discutió.
—Necesito consultar archivos o algo sobre esto. He vivido toda mi vida en estos bosque y jamás había visto algo como esto.
—continuó—. Si este altar existe tan cerca del castillo y nadie lo sabía… entonces tal vez algo se nos está adelantando.
Miró a Zaria con seriedad.
Fen se acercó a keila y ella
retrocedió, alejándose del altar sin resistencia esta vez.
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