Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

zaria luna renacida de fuego y sangre - Capítulo 4

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. zaria luna renacida de fuego y sangre
  4. Capítulo 4 - 4 – La loba blanca
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

4: – La loba blanca 4: – La loba blanca El agua salpicó con fuerza cuando Licaon emergió del río, cargando el cuerpo semidesvanecido de Zaria entre sus brazos.

Estaba cálida, temblorosa, con la piel mojada y el aliento agitado, como si toda su vida intentara escapar de golpe de su pecho.

La depositó con cuidado sobre la arena húmeda de la orilla y retrocedió un paso.

—Vamos, Zaria… —murmuró.

Entonces ocurrió.

Su cuerpo comenzó a arquearse de forma antinatural.

Las venas palpitaban bajo su piel pálida, marcándose como raíces vivas.

Los huesos se reacomodaban con sonidos secos y profundos, imposibles de ignorar.

El grito que lanzó no fue humano ni animal.

Fue algo nuevo.

Algo ancestral.

Y, de pronto, ahí estaba.

Una loba blanca.

Enorme.

Se alzaba sobre cuatro patas firmes, casi tan alta como el propio lobo alfa.

Su pelaje era tan puro que parecía absorber y reflejar la luz de la luna, como si fuera una extensión de ella.

Y sus ojos… Violetas.

Intensos.

Conscientes.

Se clavaron en los de Licaon con una mezcla de poder, inteligencia y dominio que no debería haber sido posible en una transformación recién nacida.

Licaon dio un paso hacia atrás, concediéndole espacio.

Su pecho se tensó.

No por miedo.

Por asombro.

Nadie jamás se había atrevido a mirarlo de ese modo.

La loba lo observaba con una superioridad silenciosa, con una presencia que incluso su propio lobo interior sintió… y reconoció.

Entonces, desde lo más profundo de su mente, su lobo emergió con una sola palabra, tan clara y brutal que le hizo estremecer el corazón: Compañera.

El mundo se detuvo.

Todo en su interior giró, encajó, se alineó.

Como si, de pronto, cada latido de su vida hubiera estado esperando ese instante.

Pero el momento se quebró tan rápido como había llegado.

Zaria gimió suavemente, y el cuerpo de la loba comenzó a encogerse.

Su forma animal se disipó como niebla, dando paso nuevamente a la humana.

Cayó de rodillas, jadeando, empapada en sudor, pálida como la muerte.

Cambiar tan rápido era inusual, aunque no imposible.

Su cuerpo aún no tenía la fuerza necesaria para sostener tanta energía.

Licaon reaccionó de inmediato.

Se inclinó, la envolvió con su abrigo —que había dejado a unos metros— y se colocó los pantalones con rapidez.

—No… no te vayas… —susurró ella, con la voz temblorosa, apenas consciente, mientras él la alzaba entre sus brazos.

La sostuvo con firmeza y corrió, tan rápido como se lo permitía la noche, en busca de ayuda.

El corazón le galopaba en el pecho cuando divisó una pequeña cabaña a la distancia.

No parecía un lugar digno de ella… aunque aún no conocía la verdad.

Al acercarse a la entrada, una mujer lo aguardaba.

Tenía un pañuelo atado al cabello y los ojos entrecerrados cuando los vio llegar.

Licaon no percibió maldad alguna.

El olor de Zaria impregnaba esa cabaña: debía ser su hogar.

—¿Conoce a Zaria?

—preguntó él, sin presentarse.

La mujer fingió sobresaltarse y luego sonrió, torciendo los labios como si le costara sostener la expresión.

—¡Oh, mi niña!

¿Está bien?

—exclamó—.

Anoche desapareció.

Estábamos tan preocupados… Pensé que algo terrible le había pasado.

¡Casi amanece!

¿Dónde la encontró?

Licaon se relajó apenas.

—En el bosque.

Tuvo su primera transformación.

Fue intensa.

Está muy débil.

La traje de vuelta para que descanse.

—¡Bendita sea la Luna!

—dijo la mujer, llevándose una mano al pecho—.

No sé cómo agradecerte… —Cuídala —respondió él, bajando el tono.

En su voz había una amabilidad peligrosa, cargada de advertencia—.

Es especial.

Volveré pronto.

—Claro, claro… por supuesto.

Gracias, joven.

Licaon le entregó el cuerpo dormido de Zaria y, sin sospechar nada, se dio media vuelta para regresar hacia la aldea.

Apenas lo perdió de vista y se aseguró de que no volvería pronto, la mujer dejó caer la máscara.

Su expresión se endureció.

—¡Demián!

—gritó hacia el interior de la cabaña—.

¡Traé las esposas de plata!

La maldita consiguió su lobo antes de lo planeado.

—¿Está despierta?

—respondió un hombre robusto, apareciendo con una cadena en las manos y una sonrisa desagradable.

—Todavía no.

Mejor así —replicó ella—.

Atala ahora, antes de que ese idiota vuelva a rondar.

No podemos dejar que se nos escape ese dinero.

Zaria, desnuda bajo el abrigo de Licaon, apenas respiraba.

Su piel se estremeció al contacto del metal frío… Pero no despertó.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo