Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

ʟᴀ ᴍɪꜱɪóɴ ᴅᴇ ᴄᴜᴘɪᴅᴏ ᴅᴇ ʟᴀ ᴍᴀꜰɪᴀ || ʙʟ || ᴏʀɪɢɪɴᴀʟ - Capítulo 74

  1. Inicio
  2. ʟᴀ ᴍɪꜱɪóɴ ᴅᴇ ᴄᴜᴘɪᴅᴏ ᴅᴇ ʟᴀ ᴍᴀꜰɪᴀ || ʙʟ || ᴏʀɪɢɪɴᴀʟ
  3. Capítulo 74 - Capítulo 74: Capítulo 68
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 74: Capítulo 68

Capítulo 68

Noah

El auto se detuvo frente a un edificio de fachada simple, pero el corazón me latía como si estuviera frente al mayor palacio del mundo. Le apreté la mano a Kai con fuerza.

—Es aquí, amor —dije, tragando saliva.

—¿Listo? —preguntó él, apretando mi mano de vuelta.

—Lo he estado toda mi vida.

Entramos al centro de adopción, donde una mujer nos recibió con una sonrisa cálida. A pesar de su gentileza, noté cómo sus ojos se abrían un poco más al reconocer a Kai. Hizo una leve reverencia.

—Señores Kim … Es un honor tenerlo aquí de vuelta y me alegra conocer a su esposo.

—Solo somos Noah y Kai hoy —respondí rápido, sin querer etiquetas.

Nos guiaron a una oficina donde comenzamos a llenar formularios, responder preguntas. Datos personales, familiares, historial médico, intenciones de adopción. Kai contestaba con su tono serio y cortante, pero cada vez que me miraba, suavizaba su voz.

—Queremos adoptar un niño que necesite un hogar. —Dijo Kai con convicción, mirándome de reojo como si leyera mis pensamientos.

Yo solo asentí, mordiéndome el labio de la emoción.

Finalmente, nos pusieron de pie.

—Síganme, por favor. Vamos al área de juegos. Allí esperan todos.

Mi corazón se aceleró tanto que tuve que sujetarme del brazo de Kai. Él no soltó mi mano ni por un segundo.

Cuando cruzamos la puerta, el sonido de risas infantiles me envolvió como una ola. Docenas de pequeños corrían, jugaban, gritaban. Era un mar de vida.

—Puedes acercarte, Noah —me susurró Kai.

—Si.

Solté su mano con delicadeza, caminando hacia los niños. Un par de pequeños me vieron acercarme y corrieron directo a mí. Me agaché, abriendo los brazos, y sin pensarlo, terminaron abrazándome con fuerza.

—¡Hola, pequeños! —reí, revolviéndoles el cabello—. ¿Cómo están hoy?

Pronto otros niños se acercaron. Me encontré jugando a las escondidas, armando torres de bloques, haciéndoles voces tontas para hacerlos reír. Sus carcajadas me llenaban el corazón.

Todos los niños tenían esa calidez y cierta esperanza de ser adoptados.

Pero… algo faltaba.

Sentía el cariño, la ternura, pero no esa chispa… esa conexión única que sabía que reconocería en el instante en que encontrara a nuestro hijo.

Volteé buscando a Kai, quien me observaba desde lejos, con los brazos cruzados, sonriendo orgulloso. Cuando nuestras miradas se cruzaron, asintió en silencio, como diciéndome: tómate tu tiempo, Noah.

Me arrodillé en el suelo mientras una pequeña niña me mostraba su dibujo.

Y de reojo noté a Kai hablando con la encargada, ella negaba con la cabeza con cierta tristeza. Pero no le tomé importancia supuse que era algún negocio de Kai.

—Es precioso, corazón —le dije, acariciando la cabeza de la pequeña. —Eres muy talentosa.

Sabía que tenía que darles cariño, porque todos lo merecían. Cada uno era especial. Pero no estaba sintiendo la flecha. Esa flecha que Kai me prometió que sentiría en el pecho.

No iba a rendirme. Si nuestro hijo aún no estaba aquí, lo buscaría hasta hallarlo.

Me levanté, dándoles un último abrazo a todos. Giré para regresar con Kai, pero sonriendo, porque mi corazón, aunque vacío de esa conexión aún, estaba rebosando de amor para dar.

Cuando me reuní con él, Kai me recibió con los brazos abiertos.

—¿No sentiste la flecha aún? —preguntó con dulzura.

—No… pero no me rendiré, Kai. Nuestro hijo está en algún lugar. Lo sabré cuando lo vea.

Kai besó mi frente, tomándome de los hombros.

—Entonces, seguiremos buscando. Hasta el final, Noah. Te lo prometí.

Asentí, apoyando la cabeza en su pecho. Sentía su corazón latiendo fuerte, al mismo ritmo que el mío.

Salimos del centro de adopción y, aunque Kai sostenía mi mano con fuerza, yo apenas podía contener las lágrimas. Tantos niños. Tantas miradas esperando amor. Me sentía destrozado.

—Kai… —dije en un susurro, deteniéndome.

Él me miró, su ceño se frunció suavemente, entendiendo antes de que siquiera hablara.

—¿Quieres que les ayudemos, ¿verdad?

Asentí, apretando su mano.

—Podemos hacer algo por ellos, amor. Un fondo, recursos, lo que sea. No es justo que tengan tan poco… ellos merecen tener esperanza.

Kai sonrió, esa sonrisa cálida y protectora que me enamora cada vez más. Se acercó y me besó la frente.

—Ya está hecho, Noah. Me encargaré de que, a partir de ahora, no les falte nada. Lo prometo.

Esa promesa llenó mi corazón de orgullo.

Nos despedimos de la mujer con respeto, agradecidos por el tiempo y la dedicación.

Íbamos de regreso al auto cuando, de pronto, una vocecita rompió el aire. Un tarareo con un leve canto. Una melodía japonesa, pequeña y melancólica, flotó en el ambiente.

Mi cuerpo se congeló.

—¿Kai… escuchaste eso?

—¿Qué pasa? —me preguntó, extrañado.

No dije más. Solo le tapé la boca con mi mano, pidiéndole silencio.

Ese canto… me jalaba, me arrastraba. Mi corazón se desbocó. Supe, sin ninguna duda, que debía seguirlo.

Me solté de Kai y corrí siguiendo la voz.

Doblé una esquina hacia un pequeño jardín exterior del centro.

Un niño. Pequeño, delgado, con unos ojos enormes y vacíos, carentes de vida. Estaba sentado solo, canturreando en voz baja mientras dibujaba figuras en la tierra con su dedo.

Mis piernas temblaban. Me arrodillé lentamente a su altura. Extendí mi mano con la mayor ternura que podía ofrecer.

—Hola… soy Noah. ¿Me dices tu nombre?

El niño alzó su rostro hacia mí. Esos ojos… no había palabras. Llenos de tristeza, de miedo, de heridas invisibles que apretaban mi pecho como garras.

Sus labios temblaron. Las lágrimas brotaron de inmediato. Sin decir nada, salió corriendo y volvió a entrar al edificio.

Me levanté de golpe por su reacción, pero lo supe, tuve EL flechazo que tanto estaba esperando.

—Kai… —volví corriendo hacia él, jadeando de la emoción— encontré a nuestro hijo.

Kai se detuvo en seco. Sus ojos se abrieron y brillaron como nunca antes.

—¿De verdad, Noah?, ¿Lo sentiste?

—Sí. No fue un toque, fue como si mi alma gritara… él es nuestro hijo.

Kai me abrazó fuerte.

—Entonces vamos a buscarlo.

Entramos nuevamente, pero esta vez con el corazón en las manos de la emoción.

Volvimos con la señora. Me temblaban las manos mientras le explicaba los detalles del pequeño.

—Era un niño como de cinco años. Tiene ojos grandes, canta en japonés, estaba solo en el jardín exterior… —mi voz era una mezcla de urgencia y emoción.

La mujer suspiró profundamente, bajó la mirada con tristeza.

—Ese niño… su nombre es Yamamoto Yuki. Tiene cinco añitos. Es japonés.

—Lo recuerdo de cuando vine aquí la primera vez— Dijo Kai frotando su mentón.

—¿Viniste antes aquí amor? —Pregunté sorprendido ya que nunca lo mencionó.

—Si vine a conocer el lugar y conocer un poco a los niños. Perdón que no te lo haya dicho antes, es solo que vine antes de pedirte matrimonio y quería hacer las cosas bien.

—Ya veo, gracias por decírmelo ahora.

Él sonrió

—Recuerdo que un pequeño niño con esas características tocó algo en mi corazón. Y por eso te traje aquí, quería ver si tú sentías lo mismo. Pero al no verlo en el patio de juegos no lo mencioné. Ya que pensé que ya lo adoptaron.

—Si ambos sentimos el flechazo él debe ser nuestro hijo.

La señora que estaba atenta a nuestra conversación nos invitó a sentarnos.

—Les contaré su historia, pero les advierto… es desgarradora.

Sentí cómo Kai apretaba mi mano con fuerza.

—Según los informes de los policías que nos entregaron al dejarlo aquí… La madre de Yuki se volvió viuda cuando él tenía tres años. Nació y vivió en Japón ese tiempo, pero vino a Corea por su trabajo. Después de un año se volvió a casar, pero esta vez con un estadounidense. Al principio todo parecía normal, pero pronto, el padrastro comenzó a maltratar a Yuki y a la madre. La madre… ella no hizo nada. Ella… simplemente miraba hacia otro lado… decidió ser mujer antes de ser madre —hizo una pausa— Ya no dejaban ni que salga. Cuando la situación fue insostenible, una noche un vecino llamó a la policía porque escuchó cosas chocando conta las paredes. Fue rescatado y llevado al hospital, donde le detectaron déficit de hierro y vitamina D y desnutrición. Lo trataron y salió casi recuperado del hospital. Pero como no tenía otros familiares en Japón ni en Corea, lo enviaron a una casa hogar.

Yo no tenía palabras para expresar lo que sentía en mi garganta, estaba muy seca y apretada. Kai se quedó congelado, la mandíbula apretada.

—Pero su historia no terminó ahí… —continuó la mujer, su voz temblaba con dolor real—. En la casa hogar, lo ignoraban. Resulta que esa familia solo aceptaba niños de acogida por el cheque del banco. Era el más pequeño del lugar, lloraba mucho extrañando a su madre, irónico no… Y cada vez que hacía algo mal o lloraba muy duro, lo golpeaban. Una y otra vez. Finalmente, otro vecino denunció la situación. La policía intervino de nuevo. Lo llevaron al hospital, gracias a dios no tenía heridas internas solo golpes que sanaron con el tiempo. Al no tener donde más dejarlo lo trajeron aquí, a este centro… Pero Yuki… él rechaza a todo el mundo, incluidas nosotras. No tiene amigos. Siempre está solo. Llora en silencio, no deja que nadie se le acerque. Su único refugio es ese pequeño jardín, donde canta canciones que su madre le enseñó antes de… bueno, antes de que su mundo colapsara.

—T-tan pequeño… y ya pasó por tanto… —mi voz era un susurro roto, apenas podía respirar.

Kai me envolvió en sus brazos, apretándome contra su pecho. Su voz salió firme y en mi oído susurró.

—Lo protegeremos.

La señora nos miró con una sonrisa, conmovida.

—Yuki habla coreano, pero… —hizo una pausa—. Ha rechazado a todos. Se encierra en su mundo. Quizá… quizá ustedes puedan abrir esa puerta.

Nos miramos con Kai, los dos sabíamos la respuesta.

—Entonces vamos a encontrar la forma de que nos acepte —dije decidido.

Kai asintió.

—Vamos a buscar a nuestro pequeño ángel.

Fuimos al cuarto principal, donde el pequeño Yuki dormía.

Nos acercamos otra vez, esta vez acompañados de la señora. Ella caminaba con pasos suaves, como si temiera romper algo delicado en el aire. Se agachó junto al pequeño, hablándole con una dulzura infinita.

—Yuki… estos dos caballeros vinieron porque quieren conocerte. Ellos desean que formes parte de su familia. Quieren protegerte, cuidarte… y que confíes en ellos como tus padres.

Las palabras quedaron flotando en el silencio.

Kai se arrodilló a su altura, con esa serenidad tan suya, y una sonrisa tan cálida que me hizo recordar por qué lo amo.

—Hola, pequeño —su voz fue baja, protectora—. Nos gustaría mucho que vengas con nosotros. Te prometo… que nunca te lastimaremos. Y si alguien intentara hacerlo, yo mismo me encargaría de protegerte.

La señora se levantó, dándonos espacio. Se fue, confiando en nosotros.

Me arrodillé también, a un lado de Kai. Yuki no nos apartaba la mirada, pero seguía alejado. Era como si algo en su interior le gritara que estaba bien, pero su corazón aún estaba en guerra.

—Yo soy Noah, y él es mi esposo Kai —dije suavemente—. Queremos formar una familia… y nos gustaría que tú formes parte de ella, Yuki.

Él se sentó en su esquina, abrazando sus rodillas. Sus ojos nos estudiaban, buscando cualquier grieta de traición. No lo culpo… cuando el daño viene de alguien que debía protegerte, el mundo entero se vuelve un lugar peligroso.

—Sabes… tenemos un perrito muy travieso —dije sonriendo— y dos mininos que se mueren por conocerte. Les encantaría jugar contigo. ¿Te gustaría conocerlos?

Hubo un silencio largo. Un silencio donde solo se escuchaban nuestros corazones latiendo, la respiración contenida. Estábamos dispuestos a esperar. El tiempo que él necesitara. Nos quedaríamos ahí, sin movernos, hasta que decidiera confiar.

Entonces, Yuki se movió.

Se levantó, sus pequeñas manos apretando su camiseta con nerviosismo. Sus ojitos temblaban, sus labios se mordían a sí mismos. Kai y yo estiramos nuestras manos en su dirección, pero a la vez con espacio, espacio suficiente para que él solo tome la decisión. No dijimos nada, no pedimos nada… solo las extendimos.

Yuki dio un paso. Luego otro. Se detuvo frente a nosotros. Y con una suavidad que me rompió el corazón, extendió sus manitos y puso un dedo en cada una de nuestras manos.

Mis ojos ardieron. Mi corazón lloró.

No necesitábamos más.

—Pequeño… —dije suave—. ¿Quieres venir a casa con nosotros? Si no te sientes cómodo, podemos volver en otro momento…

Pero, si quieres, hoy puedes conocer a nuestros peluditos. Ellos te están esperando.

Yuki no dijo nada. Pero sus ojos brillaron, una chispa tímida que se encendió en lo más profundo de su mirada.

Nos pusimos de pie, no queríamos presionarlo. Estiré mi mano suavemente, y él, nervioso, la tomó. Kai siguió mi gesto y Yuki también tomó su mano.

Así, tomados de la mano, salimos de ese lugar.

La señora nos miró desde la distancia con una sonrisa que mezclaba alivio y esperanza. Se agachó al nivel de Yuki.

—Yuki… ellos serán tu nueva familia. Te cuidarán y te amarán. Estarás bien, pequeño.

Kai y yo inclinamos la cabeza en señal de respeto. La señora nos entregó unos documentos.

—Señores Kim, si desean confirmar la adopción, deben firmar aquí.

Sin dudarlo, tomamos las plumas. Nuestras firmas fueron trazadas con determinación.

Yuki soltó nuestras manos y corrió a su cuarto de nuevo. Kai y yo nos miramos sabiendo que acercarnos sería muy difícil.

La señora suspiró dejando ir la chispa de esperanza que se formó.

—Lo siento mucho.

Negué con la cabeza rápidamente.

—Está bien, es normal… Iré a hablar con él. —Miré a Kai mientras asentía con la cabeza.

Fui al cuarto yo solo. Cuando entré vi un pequeño Yuki sentado en su cama abrazando un juguete que parecía ser de perro.

El notó mi mirada, sus ojos se posaron en mí y su cuerpecito se tensó, como si esperaba algún castigo por haber huido.

Me acerqué dejando que vea mis manos vacías.

Y cuando por fin pude acercarme me senté junto a él, su cuerpecito tan diminuto no dejaba de temblar.

—Sabes algo, —dije con voz baja. Y el regresó a verme con sus enormes ojos —Si necesitas tiempo para venir con nosotros, podemos venir a diario. —Regresé a verlo. El desvió la mirada y apretó el juguete con más fuerza. —Es normal que no confíes en nadie, pero te prometo algo, —puse mi mano en su hombro —nosotros jamás haríamos algo para lastimarte. Nosotros ya te amamos solo con conocerte una vez.

Sus ojos se abrieron más y soltó un poco el juguete. Decidí dejarlo pensar un segundo quedándome en silencio. Los minutos pasaban, pero yo no presionaba.

—Este juguete… —Dijo bajito —era de mi perrito coco… ¿crees… que pueda jugar con este juguete y tu perro? —Sus palabras eran de dura y esperanza.

Sonreí y acaricié su cabeza. —Claro que sí y estoy seguro de que el y los mininos van a querer jugar contigo por horas.

Una pequeña sonrisa se marcó en sus labios.

—Podemos ir ahora, si tu quieres. —Mi voz sonó baja, dándole el poder de elegir lo que él quería.

Se levantó y se agachó debajo de la cama, sacando una mochilita. Sus manos temblaban, pero a la vez había cierta seguridad en sus movimientos. Abrió la maleta y su cajón, tomó la poca ropa que tenía y la metió a empujones. Trató de cerrarla, pero no pudo. Solté una pequeña sonrisa y tomé la mochila, la puse sobre mis piernas y la cerré.

—Arreglaremos la ropa cuando lleguemos a casa. —Me puse de pie y extendí mi mano. El la tomó y salimos del cuarto.

Kai nos esperaba con paciencia, pero al vernos una sonrisa se dibujó en su rostro. La señora casi da un chillido de felicidad, no pensaba que alguien lo adoptaría.

Nos despedimos, y salimos hacia el carro. Kai abrió la puerta trasera, mientras yo me agachaba para ayudar a Yuki con el cinturón. Sus manitas seguían temblando, pero no retrocedía.

El viaje a casa fue en silencio. Pusimos música tranquila, algo suave. Yuki apretaba el cinturón con fuerza, su mirada estaba fija en la ventana. De vez en cuando, lo mirábamos por el espejo. Kai me apretaba la mano.

Cuando llegamos a casa, Kai estacionó el auto con una sonrisa.

—Llegamos a casa Noah —me dijo, dándome un beso en los labios.

Salió rápidamente, abrió la puerta trasera, y extendió sus brazos.

—Ven, pequeño. Salgamos a conocer tu nuevo hogar.

Yuki lo miró con los ojos llorosos. Sus labios temblaron, y de pronto, se abrazó al cuello de Kai. A lo cual él lo levantó con cuidado, envolviéndolo en esos brazos fuertes que siempre me han dado tanta seguridad. Yuki… lo entendió y lo sintió.

Me acerqué acariciando suavemente su cabello.

—Bienvenido a casa, Yuki.

Entramos juntos. Y, como si el destino nos hubiera estado esperando, una estampida peluda se abalanzó sobre nosotros.

Timi fue el primero en lanzarse, moviendo la cola con tanta fuerza que parecía que iba a despegar. Los mininos, más elegantes, se acercaron con suaves maullidos, sus pasos calculados, pero con las colitas alzadas en señal de bienvenida.

Yuki los miró, maravillado. Se bajó con cuidado de los brazos de Kai. El pequeño se acercó lentamente, con miedo… pero Timi, como buen peludo, se acostó en el suelo, moviendo la colita. Los mininos se sentaron junto a Timi, maullando bajito, como si supieran que debían darle tiempo.

Yuki… sonrió. Una sonrisa diminuta, pero real.

Se acercó a mí y supe lo que quería, le di su mochilita. La abrió y sacó el juguete. Se lo extendió a Timi, a lo que él se levantó, lo olfateó y lo tomó con cuidado para no asustar a Yuki, para después correr por la casa con el juguete en el osecico.

Yuki apretó su camiseta con fuerza, feliz de que haya aceptado el juguete.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Acerca de
  • Inicio
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo