ʟᴀ ᴍɪꜱɪóɴ ᴅᴇ ᴄᴜᴘɪᴅᴏ ᴅᴇ ʟᴀ ᴍᴀꜰɪᴀ || ʙʟ || ᴏʀɪɢɪɴᴀʟ - Capítulo 75
- Inicio
- ʟᴀ ᴍɪꜱɪóɴ ᴅᴇ ᴄᴜᴘɪᴅᴏ ᴅᴇ ʟᴀ ᴍᴀꜰɪᴀ || ʙʟ || ᴏʀɪɢɪɴᴀʟ
- Capítulo 75 - Capítulo 75: Capítulo 69
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 75: Capítulo 69
Capítulo 69
Kai
La noche cayó con cuidado. Yuki permanecía pegado a los peluditos en una esquina de la casa.
La cocina se llenaba de aromas cálidos, envolviéndonos en esa atmósfera hogareña que Noah sabía crear tan bien.
—No me mires así, Kai… —me dijo Noah, intentando ocultar su sonrisa mientras picaba las verduras—. Si me cortas con la mirada voy a picarme un dedo.
—No puedo evitarlo… —reí, apoyándome en el marco de la cocina, con los brazos cruzados—. Te juro que no puedo dejar de mirarte, Noah. ¡Hoy nos estrenamos como padres!
Noah rio fuerte.
—Kai, ¿de verdad eres consciente? Vamos a ser papás de verdad. Tendremos que ayudarle con sus deberes, llevarlo al médico, enseñarle a andar en bicicleta… ¿te imaginas verlo con uniforme escolar?
—Voy a llorar cuando le vea con el uniforme, no te voy a mentir —susurré, besándole el cuello.
Nos separamos cuando Timi entró a la cocina, jalando a Mochi de la cola, como si nos recordara que tenían hambre.
—Vamos, tenemos trabajo que hacer —rio Noah, dándome un beso fugaz y volviendo a picar las verduras.
Mientras terminábamos la cena, veíamos de reojo cómo Yuki comenzó a recorrer la casa con sus pequeños pasos, siempre acompañado por su séquito de guardianes peludos.
—Me derrito con esa imagen, amor —dije, sonriendo mientras preparaba los platos.
—Es adorable. —susurró Noah, con la voz cargada de ternura.
Finalmente, cuando todo estuvo listo, Noah llamó con voz suave pero firme:
—¡Hora de merendar, pequeños!
Mientras yo me agachaba a colocar los platitos de los peludos en su lugar, Yuki seguía explorando la repisa de las fotos. Lo observé detenerse frente a una de nuestras fotos de boda. La tomó con esas manitas pequeñas, y su expresión fue como si mirara un cuento de hadas.
Noah, como si tuviera un radar, se acercó lentamente, poniéndose a su lado.
—Esa… esa es la foto de nuestra boda, Yuki —le dijo, con esa voz suya que podía calmar cualquier tormenta.
Yuki colocó la foto de vuelta en su sitio con mucho cuidado, y jaló suavemente la ropa de Noah.
—Perdón no quería tomar la foto sin permiso. —Su voz fue temblorosa.
Pero Noah negó con la cabeza y puso sus manos sobre las de Yuki mostrándole que todo estaba bien.
—Puedes venir a verlas y tomarlas cuando quieras. Aquí puedes hacer lo que tú quieras.
Yuki no dijo nada por un segundo, repasando cada palabra con cuidado.
—Se ven muy felices… —susurró, apenas audible.
—Lo somos —le respondió Noah. —Y podemos ser aún más felices si tú decides quedarte con nosotros.
Yuki no dijo nada, pero sus ojos parecían buscar algo, una respuesta que solo su corazón podía darle.
Noah le dio la mano. Yuki dudó, pero la tomó.
Yo acomodé unos cojines en la silla para que quedara a nuestra altura.
—Listo, campeón. Aquí estarás cómodo —le dije sonriendo.
Yuki abrió los ojos sorprendidos al ver su plato, como si nunca hubiera tenido un lugar en la mesa. Cada bocado que se llevaba a la boca era como si probara amor puro, sus enormes ojos brillaban y comía más rápido. Noah le sonreía, yo le despeinaba cada tanto.
—Tranquilo Yuki, come despacio hay suficiente comida si quieres repetirte. — Dijo Noah riendo.
Era nuestra primera cena como familia. Y no podía ser más perfecta.
Noah
La cena había terminado, pero el corazón seguía rebosando de ternura.
Yuki caminaba despacio, mirando alrededor, mientras sus deditos apretaban con fuerza la manga de mi camiseta. Su otra manita estaba tomada de Kai, y detrás de nosotros los peludos vigilando cada movimiento de Yuki.
—Pequeño… —dije en voz baja, acariciándole la cabeza—, ¿quieres que te enseñemos tu habitación?
Sus grandes ojos me miraron, llenos de duda, pero esta vez no había miedo. Solo curiosidad.
Kai se agachó a su lado, sonriendo con esa sonrisa que solo él tiene.
—Prometemos que te gustará. Fue aprobada de antemano por los pequeños que tienes atrás. —Dijo para que se relaje.
Yuki rio muy bajito, pero fue suficiente para que mi corazón estallara de ternura.
Subimos las escaleras despacio. Cuando llegamos al pasillo, me detuve frente a una puerta.
—Yuki… —susurré, poniéndome a su altura—, esta es tu habitación. ¿Quieres abrirla tú?
El pequeño miró la manija con cierto nerviosismo, pero estiró su manito y la giró con cuidado. La puerta se abrió lentamente.
Era una habitación normal, pero en la mesita de noche había un pequeño peluche de un zorro blanco que Kai había ganado para mí.
Yuki se quedó parado en la entrada, sus ojos enormes recorriendo cada rincón.
—Este cuarto es tuyo, Yuki —le dije en voz baja—. Solo tuyo. Nadie entrará si tú no quieres. Pero ellos —señalé a los peludos— creo que no te pedirán permiso.
Yuki soltó una risita, tapándose la boca con las manitas.
Kai se agachó y le susurró al oído:
—Puedes decorar las paredes, pegar dibujos, rayarlas si te apetece. Esta habitación es tu refugio. Aquí solo manda Yuki.
El pequeño miró a Kai con ojos expectante para después dar unos pasos lentos, hasta llegar a la cama. Timi, con toda la calma del mundo, le lamió la manito.
—¿Quieres que te arropemos? —le pregunté.
Yuki asintió muy despacio.
Kai y yo nos miramos y sonreímos. Mientras él tomaba una manta ligera, yo lo ayudaba a subirse a la cama. Timi se acomodó a su lado, pegando su lomo a su pequeño cuerpo y con el juguete que le dio Yuki como si fuera su mayor tesoro. Mochi se acostó a la altura de sus piernas, y Daifuku se hizo una bolita en la almohada vacía junto a la suya.
—Estás rodeado de tus guardianes, Yuki —dije, acomodándole el cabello—. Nadie podrá hacerte daño.
Kai le colocó la manta hasta el pecho, asegurándose de que estuviera cómodo.
Nos sentamos a su lado, uno a cada lado de la cama. Era la primera noche, y no pensábamos irnos hasta que se durmiera.
—¿Nos das permiso de estar aquí contigo hasta que cierres tus ojitos? —le pregunté.
Yuki me miró, y esta vez, por primera vez, no hubo duda en su mirada. Solo asintió, aferrando con sus deditos la oreja de Timi.
Sus ojitos comenzaron a cerrarse lentamente.
—Buenas noches, pequeño ángel… —susurró Kai, besándole la frente.
—Te amamos mucho, Yuki… —añadí.
Cuando finalmente su respiración se calmó y cayó dormido entre sus nuevos hermanos peludos. Nos quedamos allí un rato más, simplemente viéndolo dormir, como si tuviéramos miedo de que fuera un sueño.
—Mi amor… —susurré, tomando la mano de Kai—, nuestro hijo es perfecto.
—Lo sé… —sonrió Kai—. Y es solo el comienzo.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com