ʟᴀ ᴍɪꜱɪóɴ ᴅᴇ ᴄᴜᴘɪᴅᴏ ᴅᴇ ʟᴀ ᴍᴀꜰɪᴀ || ʙʟ || ᴏʀɪɢɪɴᴀʟ - Capítulo 77
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Capítulo 77: Capítulo 71
Capítulo 71
Kai
En la mañana desperté lentamente. Entre nosotros, más pequeño que una almohada, dormía Yuki. Se había acurrucado en medio de los dos durante la noche.
Noah abrió los ojos poco después y levantó apenas su rostro hacia mí.
—¿Ya es hora? —susurró.
Asentí suavemente, dejando un beso en su mejilla. Nos miramos con complicidad. Luego ambos movimos la cabeza hacia Yuki. Dormía con tanta paz… como si por fin estuviera en un lugar donde podía bajar la guardia y su carita tranquila me hizo sonreír.
—No quiero despertarlo aún —murmuré.
—Yo tampoco. —Noah acarició el cabello de Yuki con la punta de los dedos—. Mira su expresión… como si al fin pudiera soñar sin miedo.
—Dejemos a los peludos con él —dije levantándome con cuidado—. Ellos lo cuidarán.
Noah asintió, y juntos salimos de la habitación, dejando la puerta entreabierta. En la cocina comenzamos a preparar el desayuno en silencio al principio, compartiendo miradas llenas de ternura. Luego lo abracé por la cintura mientras batía la mezcla para los pancakes.
—¿Crees que le gusten? —pregunté en voz baja, besándole la mejilla.
—Tengo la sensación de que sí… aunque no sabemos mucho de él todavía.
Nos besamos con calma, rodeados por el aroma dulce del desayuno, mientras la luz de la mañana se colaba por la ventana.
Fue entonces que escuchamos los pasos. Rápidos, desordenados. Y luego… un llanto bajito.
Nos miramos al instante y corrimos hacia el pasillo. La imagen que vimos me rompió el corazón.
Yuki estaba en la escalera, tapándose la boca con ambas manos, con los ojos llenos de lágrimas, sollozando en silencio con miedo.
Me agaché enseguida, extendiendo los brazos.
—Pequeño… ¿qué pasa?
Apenas me vio, corrió hacia mí y se lanzó a mis brazos, abrazándome con fuerza. Sentí cómo su cuerpecito temblaba contra el mío.
—No me dejen… —dijo con voz quebrada, entre lágrimas—. Prometo que seré un buen niño. Me portaré bien. Comeré todo lo que me den. No lloraré. Dormiré en el suelo. Pero por favor no me dejen.
Lo abracé más fuerte
—Yuki… jamás te dejaríamos. Nunca. —Le acaricié la espalda—. Estás con nosotros ahora. Este es tu hogar.
—Eres parte de nosotros, Yuki. No tienes que prometer nada para quedarte. No tienes que ganarte este amor. Ya lo tienes.
Noah le dio un beso en la cabeza mientras le limpiaba las lágrimas con sus dedos. Yuki nos miró con los ojitos rojos, pero por primera vez, algo parecido a la esperanza apareció en ellos.
—¿De verdad? —preguntó bajito.
—De verdad —respondimos al unísono.
Lo cargué con cuidado y lo llevé hasta la cocina, sentándolo en una de las sillas mientras terminábamos de preparar el desayuno.
—Preparamos pancakes. No sabíamos qué te gustaba, así que esta vez adivinamos. Pero tú nos dirás qué sí y qué no, ¿ok?
Yuki asintió en silencio, con los ojos aún algo húmedos, pero más tranquilos. Cuando tomó el primer bocado, sus ojos se iluminaron.
—Está… rico —murmuró, sorprendido.
Noah y yo reímos con suavidad.
—Me alegra —dijo Noah—. Podemos preparar más si quieres.
—¿También… puedo ayudar alguna vez? —preguntó tímido.
—Claro que sí —respondí.
Cuando terminamos de desayunar, lo miramos con una sonrisa.
—Pequeño —dije—, hoy iremos a comprar todo para tu nuevo cuarto. Sabemos que trajiste ropa, así que puedes ir a cambiarte mientras terminamos de recoger la mesa.
Yuki asintió con más confianza esta vez y se bajó de la silla. Lo vimos caminar hacia su habitación con pasos aún cautelosos, pero ya no temerosos.
Noah se giró hacia mí, sonriendo.
—¿Lo viste? Confió en nosotros. Al menos un poquito más.
—Y ese poquito ya me hizo sentir como el padre más afortunado del mundo. Porque el hombre más afortunado ya lo soy desde que te conocí.
—Idiota —Dijo Noah empujándome un poco.
Lo atraje hacia mí y lo besé despacio.
—¿Crees que le guste salir con nosotros? —pregunté mientras pasaba un trapo húmedo sobre la mesa.
Noah asintió, sonriendo.
—Creo que… si —Se acercó y me abrazó por la espalda.
—Eso espero —le susurré, girando el rostro para darle un beso.
Escuchamos las pequeñas pisadas de Yuki bajando nuevamente. Llevaba una camiseta de rayas, un pantalón corto y sus zapatos aún algo gastados, pero iba peinado, con un esfuerzo notable por verse “listo”.
—¿Estoy bien así? —preguntó tímidamente desde el umbral de la sala.
—Estás perfecto, pequeño —dijo Noah con dulzura.
Con una sonrisa. Le tendí la mano—. ¿Listo para una misión importante?
Yuki dudó un segundo, luego corrió hacia mí y me tomó de la mano.
—¿Qué misión?
—La misión de construir TÚ cuarto —le guiñé un ojo.
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