ʟᴀ ᴍɪꜱɪóɴ ᴅᴇ ᴄᴜᴘɪᴅᴏ ᴅᴇ ʟᴀ ᴍᴀꜰɪᴀ || ʙʟ || ᴏʀɪɢɪɴᴀʟ - Capítulo 76
- Inicio
- ʟᴀ ᴍɪꜱɪóɴ ᴅᴇ ᴄᴜᴘɪᴅᴏ ᴅᴇ ʟᴀ ᴍᴀꜰɪᴀ || ʙʟ || ᴏʀɪɢɪɴᴀʟ
- Capítulo 76 - Capítulo 76: Capítulo 70
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 76: Capítulo 70
Capítulo 70
Kai
La casa estaba en silencio.
Miré a Noah. Él ya me miraba. Y no tuvimos que decir nada.
Nos levantamos despacio. Apagamos la luz, dejando solo la lámpara tenue. Cerramos la puerta con cuidado.
Bajamos las escaleras en silencio, cogidos de la mano. Ya en la sala, me senté en el sofá y jalé a Noah a mi regazo.
—Es perfecto… —dijo Noah, abrazándome fuerte.
—Y es nuestro hijo —susurré contra su cuello—. Nuestro.
Nos quedamos así. En silencio. En paz.
Porque esa noche… nuestro hijo durmió por primera vez en casa. Y con él, dormimos nosotros también.
Estaba abrazado a Noah en el sillón, nuestras piernas entrelazadas, mi mejilla apoyada en su cabello mientras en la televisión pasaba una película que ya ninguno estaba viendo realmente. Miré el reloj colgado en la pared, mis cejas se alzaron suavemente.
—Amor —susurré contra su frente, acariciando su mejilla con el dorso de los dedos—. Ya son casi las diez. Mañana tenemos que madrugar para salir con Yuki a elegir sus cosas… vamos a la cama, ¿sí?
Noah entreabrió los ojos y luego los cerró un segundo, tomando mi mano que aún estaba en su cintura y abrazándola contra él con una ternura adictiva.
—Sí… vamos a dormir —dijo con un suspiro suave.
Nos levantamos del sillón despacio, sin despegarnos mucho. Noah se volvió hacia mí con esa mirada que me derretía los huesos y, sin decir una palabra me quitó la camisa y se la puso él.
Sonreí de lado, dejándome llevar por esa costumbre suya que me encantaba desde siempre.
—Amo cuando haces eso —le murmuré antes de tomarlo de la cintura y subirlo en un impulso, sus piernas rodearon mis caderas mientras lo besaba, suave, marcando su cuello con cariño.
Subí las escaleras con él en brazos, directo a nuestra habitación. Hoy no habíamos preparado nada especial para Yuki, porque mañana planeábamos dejar que él eligiera todo por sí mismo: cama, sábanas, peluches, incluso el color de las paredes. No queríamos imponerle un lugar, queríamos que se sintiera suyo desde el principio.
Cerramos la puerta detrás de nosotros. Acosté a Noah con cuidado sobre la cama. Me cambié rápido al pijama y me acerqué a ayudarle a ponerse la suya, sin quitarle mi camisa, claro. Me gustaba demasiado verla sobre él.
Luego me acosté detrás suyo, abrazándolo desde la espalda, mis brazos firmes rodeando su cintura. Acaricié su abdomen con la punta de los dedos mientras él me buscaba los labios, murmurando algo entre mimos, hasta que lentamente caímos dormidos.
El silencio nos envolvía. La casa parecía respirar en paz… hasta que un sonido apenas perceptible me hizo abrir los ojos al instante.
Un lloriqueo ahogado desde el pasillo.
Me levanté con cuidado sin querer despertar a Noah, pero el abrió sus ojos instantáneamente.
Nos miramos confundidos y miramos la puerta ya que desde afuera parecía venir el sonido.
Nos pusimos de pie y con cuidado nos acercamos. Al abrir la puerta vimos a Yuki hecho bolita llorando con desesperación ahogada. Levantó la mirada y en cuanto nos vio, se levantó de golpe y corrió a su cuarto. Noah y yo corrimos al cuarto de Yuki. Cuando abrimos la puerta Yuki estaba rodeado de los peludos que hacían de escudo.
Noah se acercó tocó a Timi y como si entendiera él se apartó dejándonos ver a Yuki que lloraba tapándose la boca con ambas manos, como si lo fuéramos a regañar por llorar.
Me acerqué y me senté junto a Noah, ambos quedamos frente a Yuki, quien no quería mirarnos, apretaba sus ojitos con fuerza.
—Mi niño… —Dijo con cariño Noah.
Yuki nos miró. Yo extendí mis brazos. Él lloró más fuerte.
—Está bien si lloras mi niño… Puedes hacerlo sin preocuparte.
Yuki lloró con más fuerza y corrió a abrazarnos a Noah y a mí. Ambos lo abrazamos fuerte, hasta que se quedó dormido entre sollozos. Noah lo tomo con mucho cuidado y lo acomodó en su camita. El abrió sus ojitos con cuidad.
—¿Quieres dormir aquí mi niño? —Preguntó Noah.
Yuki asintió y volvió a dormirse en su camita. Ni Noah ni yo queríamos irnos de su lado. Pero Timi se sentó entre Yuki y nosotros como si nos dijera que nos fuéramos, que él y los mininos cuidarían de nuestro pequeño.
Fuimos a nuestro cuarto. Nos sentamos en la cama. Noah pegó su cabeza a mi pecho, a lo cual lo abrace con fuerza.
—Kai… No quiero dejarlo solo en el cuarto.
—Yo tampoco amor… confiemos en que esta vez podrá dormir bien y que Timi y los mininos cuidarán de él.
—Ojalá esta vez pueda dormir sin problema.
—Ojalá.
Nos acostamos abrazados, tenía que consolar a Noah.
Conseguí que se duerma después de mucho tiempo, el reloj marcaba la una de la mañana. Me acomodé junto a Noah, abrazándolo por la cintura, sentí como su cuerpo se pegaba a mí por costumbre.
Y así juntos nos quedamos dormidos. La casa volvió a quedar en silencio… o bueno… eso era lo que creía porque un sonido me sacó del sueño.
Click.
La puerta se estaba abriendo.
Me incorporé un poco, alerta por reflejo.
Ahí, de pie en la entrada, estaba Yuki. Pequeño, con el pijama arrugado, sus piecitos descalzos sobre el suelo frío, y sus ojitos llenos de lágrimas mientras jalaba tímidamente la cobija de su cama.
—Noah… cariño —susurré con dulzura mientras lo sacudía con cuidado—. Tenemos un invitado.
Noah se giró soñoliento, parpadeando hasta enfocar la figura en la puerta. Se incorporó de inmediato y se sentó en la cama con la suavidad de quien entiende el dolor de un niño sin necesidad de explicaciones.
—Hola, pequeño… —dijo Noah, su voz tan suave que parecía de algodón—. ¿Tuviste otra pesadilla?
Yuki asintió. Apenas si pudo mirarnos, temblando. Quise abrazarlo de inmediato.
Estiré mi mano, abriendo un espacio en la cama a mi lado.
—¿Quieres dormir aquí esta noche? —le pregunté con voz baja—. Te prometo que te defenderé de todas tus pesadillas.
El niño dudó un segundo… y luego avanzó despacito, como un gatito asustado, subiendo por el borde de la cama. Se metió junto a mí, gateó hasta quedar entre Noah y yo, finalmente se acomodó y apenas lo rodeé con el brazo, sentí su cuerpecito aferrarse a mí como si fuera un salvavidas.
Noah lo arropó con nuestra manta, con la misma delicadeza con la que abriga a los peluditos cuando duermen entre nosotros. Timi, seguido de Mochi y Daifuku, que se acomodaron en nuestros pies, protegiendo al nuevo miembro de la manada.
La mano de Noah acariciaba la espalda de Yuki, mientras la mía buscaba la suya bajo las sábanas y entrelazamos nuestros dedos.
Yuki se acurrucó contra el pecho de Noah, dejando salir un sollozo contenido. Noah lo abrazó con amor, como si ya lo hubiera hecho toda la vida.
Lo miré. Los miré a ambos.
Y luego, nos dormimos juntos. Como una verdadera familia.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com