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3 Rechazos Antes de Convertirme en la Obsesión del Rey Alfa - Capítulo 4

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  3. Capítulo 4 - 4 CAPÍTULO 4 La verdadera hija del Alfa
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4: CAPÍTULO 4: La verdadera hija del Alfa 4: CAPÍTULO 4: La verdadera hija del Alfa Lilith
Se oye un jadeo colectivo de los ancianos de la manada y todos los ojos se posan en mí.

Nadie sabe qué decir.

Casper está acurrucado en un rincón, agarrándose el pecho de forma dramática, y Serene está de pie a su lado, intentando ofrecerle el consuelo que puede.

No me queda nada que decir, así que me doy la vuelta para abandonar las cámaras del Consejo de Ancianos, pero hay alguien que me cierra el paso.

Mi padre se cierne sobre mí.

Sus ojos azules arden de ira y tiene los puños apretados a los costados.

—¿Qué has hecho?

Mantengo la cabeza alta, ya no me importa lo que él o cualquier otra persona piense de mí.

—Le he puesto fin a esto.

Algo que deberías haber hecho por mí hace mucho tiempo.

Gruñe tan fuerte que las paredes tiemblan.

—¿Eres egoísta e imprudente.

¿Cómo te atreves a anteponer tus necesidades a los intereses de la manada?

—Por una vez —digo con frialdad—.

Me pongo a mí primero.

Se burla ruidosamente.

—¿Y esperas que te nombre la Alfa de esta manada?

—No espero nada de ti —admito—.

No desde que cumplí dieciocho años y me diste la espalda.

—Tú mataste a tu madre.

Todo el mundo lo sabe.

—Eso no es lo que pasó, y lo sabes —le espeto—.

No tienes pruebas, nunca las has tenido.

Mi padre parece tropezar con sus palabras, sabiendo que he dicho la verdad para que todos la oigan.

Al oír el alboroto, varios miembros de la manada se han ido colando en el salón.

Sienten curiosidad o interés por lo que se dice a puerta cerrada.

Debería importarme estar montando una escena.

No es la forma en que debería actuar la hija del Alfa, pero ya no me importa lo que la manada piense de mí.

Mantengo la cabeza alta y espero a que mi padre responda, pero no es él quien habla primero.

—Lily —gime Casper desde el rincón—.

¿De verdad puedes tirar por la borda lo que tenemos por una sola promesa rota?

Mis ojos se disparan en su dirección y me río.

—¿Una promesa rota?

¿Una?

Ojalá hubiera sido solo una vez, pero esta es la tercera vez que cancelas nuestra ceremonia de apareamiento por ella.

Mi dedo tiembla mientras lo apunto en dirección a Serene.

Vanna entra en el salón con la ira reflejada en su rostro.

Se para junto a mi padre y me bloquea aún más la salida.

—Tu preciosa ceremonia de apareamiento fue cancelada por tu complot para dañar a mi hija —chilla ella—.

Los renegados que la atacaron nos dijeron que los contrataste, que les pagaste con fondos de la manada.

Deberías avergonzarte de ti misma.

—Fondos de la manada —repito sus palabras, sabiendo que se ha acorralado a sí misma.

—Me has oído —grita Vanna—.

No eres más que una chica triste, vengativa y maliciosa que está celosa de mi hija.

Se oye un murmullo de acuerdo entre los miembros de la manada que se han unido a la multitud.

Todos están de acuerdo en que estoy celosa de Serene.

Hablan de su bondad y su belleza como si fuera la encarnación andante de la Diosa Luna, pero yo sé la verdad.

Conozco las cosas crueles que dice a puerta cerrada.

—Bueno —dice alguien en voz alta—.

¿Vas a admitir que eres culpable?

—Admitiré gustosamente mi culpabilidad si pueden encontrar las pruebas —digo, volviéndome hacia el Anciano William—.

¿Podría, por favor, sacar los registros de transacciones de mis cuentas?

Cualquier cosa que esté a mi nombre, por favor, sáquela y hágala pública para la manada, junto con mi historial completo de comunicaciones.

Si de verdad he pagado esto con mis cuentas de la manada, habrá un registro de ello.

Vanna palidece visiblemente, y Serene se balancea inquieta de un pie a otro.

Mi padre, por otro lado, me sostiene con una mirada fría.

Ya ha decidido que soy culpable, sin importar lo que muestren los registros.

El Anciano William teclea en el ordenador, murmurando por lo bajo, y sus ojos se abren como platos cuando termina de sacar los registros.

No me mira a mí, sino a mi padre.

Traga saliva con dificultad antes de hablar.

—Lilith no tiene transferencias sospechosas ni contacto con renegados.

—Debe de haber algún error —grita Vanna, pero nadie la escucha.

No cuando la verdad ha sido expuesta para que todos la vean.

El salón ha vuelto a quedar en silencio.

Creo que algunos esperan que mi padre se disculpe conmigo, pero sé que no lo hará.

Si lo hiciera, sería admitir que se equivocó, y eso es algo que mi padre no hace.

Me rodeo con los brazos y me doy cuenta de que todavía estoy sangrando por el ataque de los renegados en el bosque.

—Había renegados en el bosque esta noche —le digo a mi padre—.

No es que te importe cómo volví herida a la casa de la manada.

Si no fuera por la ayuda de un buen samaritano, estaría muerta, pero eso tampoco te importa.

Mi padre permanece inmóvil, manteniendo su dura mirada sobre mí.

—Ninguno de ustedes me ha dado nunca la oportunidad de defenderme.

Cada uno de ustedes en este salón ha asumido mi culpabilidad por actos que nunca cometí, primero con mi madre y ahora con Serene.

Soy la verdadera hija del Alfa.

Su única heredera y, sin embargo, nunca me han dado la oportunidad de defenderme.

Vanna tiembla de ira al lado de mi padre.

—Tu discursito no te salvará ahora.

Niego con la cabeza, dándome cuenta de que nunca conseguiré que me entiendan.

Me escabullo para pasar junto a mi padre y me dirijo a la puerta, pero antes de que pueda alcanzarla, Casper me llama.

—No puedes darle la espalda a esto.

Me doy la vuelta bruscamente y presiono mi dedo contra su pecho.

—Me marcho.

Me alejo de ti y de esta manada injusta.

Ninguno de ustedes tiene derecho a juzgarme.

—Lilith —advierte mi padre.

Me vuelvo hacia él con lágrimas en los ojos.

—Especialmente tú no.

Yo, Lilith Lowe, corto todos los lazos con la Manada Garra Lunar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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