Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

After death, without memories - Capítulo 23

  1. Inicio
  2. After death, without memories
  3. Capítulo 23 - Capítulo 23: Un nuevo amigo - Parte 1
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 23: Un nuevo amigo – Parte 1

No fue la fuerza lo que nos permitió acabar con ellos, fue la paciencia.

Aparecieron otros cuatro jabalíes, pero fue más difícil encontrarlos. Acabar con los primeros tres los mantuvo más alerta; se mantenían en grupo siempre. Nos tomó alrededor de quince días poder cazarlos uno a uno.

Las hierbas que debíamos recolectar fueron escasas, pues los jabalíes las habían pisoteado. Y, para terminar, el informe fue tranquilo: no notamos nada fuera de lo que sería común. Esto nos dio calma y pudimos recuperar energías con creces.

Tal vez necesitábamos pasar más tiempo esperando a que algo más apareciera, pero eso es algo que no haríamos en este momento. Ya estaba harto de comer carne de jabalí, solo quería comer algo hecho por mamá.

Cumplimos con la misión y regresamos a casa, no sin antes regresar por las mulas y la carreta. Ellos nos entregaron una hoja con las peticiones que se solicitaban al gremio nuevamente, que al parecer no eran tantas, pero sí necesarias.

Por pura casualidad, aquella niña estaba cerca al momento de irnos. No habíamos cruzado ninguna palabra más que simples saludos.

Se acercó a mí y seguía siendo igual de tímida que la primera vez que nos vimos.

—Hasta luego.

—Sí, nos vemos.

Leo rió y soltó:

—Andando.

Así terminaron las cuatro misiones y comenzaba nuestro camino de regreso a Auspect.

***

Una noche que me tocó hacer guardia, estaba limpiando a Rúnstingr como de costumbre.

Pero poco después de que Ravenscroft me la haya dado, caí en cuenta de que era perfecta. Cómo se adhiere a la mano, el mango, sus acabados… como si todo el tiempo me endulzara el oído.

—Muchas gracias por aceptarme.. aunque no sea tu verdadero dueño.

También tenía algo escrito en la hoja; no lo comprendía, pero al parecer no era élfico. Le pregunté a Leo sobre ello, pero él solo dijo:

“Si Ravenscroft no te lo mencionó, pienso que debes esperar a verlo de nuevo”.

No quedaba más opción que preguntarle o averiguarlo por mí mismo. Lo más probable es que lo descubra yo.

La guardé con cuidado y proseguí con mi siguiente arma.

Dainsleif.

Me ayudó mucho con los jabalíes restantes. El peso, su filo… los cortes que hacía con ella en mano eran mil veces mejores que con la espada bastarda. No dudé en hablarle:

—Gracias por prestarme tu filo contra los jabalíes.

Si bien era completamente mía, no sentía ese sentimiento de propiedad. Era como si ella misma aún no me aprobara del todo.

—Confío mi vida en ti, compañera.

No reconocía el bordado del mango, pero era impecable. Algo que parecía ser una flor o el pétalo de alguna. Simple, pero vistoso. Quisiera conocer algún día al herrero que la forjó para darle las gracias en persona por tan hermoso ejemplar.

“No es para desenvainarse por costumbre”.

“Cuando sale, alguien no vuelve a levantarse”.

Esas palabras no fueron una simple advertencia. Sé claramente lo que quieren decir.

—Espero no tener que usarla contra otra persona…

Decir esto en voz alta hizo que sintiera un poco de peso en mis manos. No puse mucha atención, ni siquiera indagué el porqué. Tal vez estaba tan concentrado en la espada que, al verla de nuevo, sentí su peso.

Seguí limpiando hasta el cambio de turno.

***

Cuando estuvimos de regreso en Auspect, Leo dio el visto bueno:

“Pueden confiar en que no le pasará nada”.

Estaba física y mentalmente preparado para evitar el peligro más allá de mis capacidades.

Pero algo que sí recalcó Leo en solitario conmigo era mi falta de experiencia.

Y en eso tiene toda la razón.

Puede que entrene siglos, que rompa los límites de mi cuerpo, pero sin experiencia todo eso es un desperdicio.

Y lo noté contra los jabalíes, contra los lobos, hasta con el pequeño slime.

Afirmó que debería ser lo antes posible, mientras estaba fresco con la misión anterior, así evitaría recaer en la rutina diaria.

Descansé diez días para recuperarme del todo. No entrenaba, solo comía, jugaba con mis hermanos, ayudaba a mamá y dormía.

Eso fue lo que hice hasta partir a Monfigt.

***

La despedida fue sencilla. Estábamos todos fuera de casa, excepto Leo, que estaba con Odette.

—¿Estás seguro de que no llevarás la espada Dainsleif? —preguntó papá

—Sí, papá. Iré con Rúnstingr. Llevarla significaba aceptar algo… y aún no estaba listo para eso.

—Con ella voy preparado… pero no voy a provocar.

Él esbozó una sonrisa y, con una mano en mi hombro, dijo:

—Drake, sé que no lo digo seguido, pero recuerda que te amamos.

—Lo sé, papá, y yo a ustedes.

Me abrazó y me dijo al oído:

—Estoy orgulloso de ti.

—Por favor, cuídate —dijo mamá—. Si ves peligro, huye. Confío en ti.

—Sí, mamá. Prometo regresar sano y salvo.

—Thomas, cuida bien a Emma en lo que regreso.

—Claro que sí. Cuídate, hermano.

Nos dimos un fuerte y duradero abrazo familiar. Mi corazón se aceleraba. Cosquilleos en las yemas de mis dedos rondaban.

Solo iré, me quedaré unos días y regresaré. Nada extravagante, pero era mi primer viaje en solitario.

No lo pensé mucho más y caminé poco a poco.

Paré un segundo, di media vuelta y miré hacia atrás. Extendieron sus manos despidiéndose de mí con una gran sonrisa en sus rostros.

Sonreían… pero había algo en sus ojos que no estaba ahí antes.

Al igual que en mí, una sonrisa se pintó en el rostro y los despedí de igual forma.

Y seguí mi camino.

***

Nada fuera de lo común. Como mencionaron papá y Leo, me cruzaría con al menos dos personas en el camino. Yo iba de ida, ellos de regreso, por así decirlo.

¿Qué tanto pudo haber pasado para llegar a estas circunstancias y caminar con tranquilidad?

***

Era temprano por la mañana y me adentré al bosque a ver qué podía cazar para comer.

Mientras avanzaba más y más, una neblina extraña rondaba mis pies. Me mantuve alerta sobre qué podría encontrarme.

Para mi sorpresa…

Era un templo.

Columnas aparecieron ante mí.

Una ola de runas inundó mi mente.

¥€£%^>]{?!=£ •[£|+£!]¥ ¥|£?!,•

Mi piel se erizaba, el corazón palpitaba acelerado.

Me faltaba aire. Mis piernas flaquearon. Miré al suelo y mi vista se alejó como si viera desde un acantilado.

Estaba confundido. Quise dar un paso… y algo dentro de mí gritó que me detuviera.

¡&∆±£∏Ø◊≥‡”⁄‘`·£? Ç$£

¿¡Qué significaban!?

No las entendía… pero sentía que debía hacerlo.

No recuerdo en qué momento empecé a correr.

Y regresé al camino de vuelta.

Tomé un tiempo sentado, esperando recobrar la calma.

Con manos temblorosas y con la menta que llevaba, preparé un té…

Esto me ayudó en gran parte… pero aún tenía la sensación de ser observado.

Miraba hacia todos lados, buscando de qué dirección.

No vi nada. Aun así, la espinita seguía.

…

Y cuando por fin estuve listo para continuar, decidí saltarme el desayuno. No tenía apetito, no con lo que había visto.

***

En mi trayecto a la ciudad vecina, en un día lluvioso y peculiar, el cielo gris parecía susurrar antiguos secretos con cada gota que caía. Por mero instinto, busqué dónde refugiarme, sintiendo el peso del agua empapar mis ropas y enfriar mis huesos. Fue entonces cuando distinguí un hueco en la ladera de una montaña y me apresuré a entrar, esperando encontrar resguardo. Pero lo que hallé dentro fue algo que cambiaría mi vida para siempre.

Mis ojos se cruzaron con los de un águila de plumaje negro y rojo, una criatura de apariencia imperial cuya mirada penetrante irradiaba una autoridad casi mística. No era un ave de gran tamaño, pero su porte transmitía una presencia imponente, como si estuviera esculpida en la esencia misma del viento y la tormenta. Algo en ella alteró mis sentidos, una mezcla de respeto y admiración que pronto se transformó en preocupación.

Algo estaba mal. Su postura, aunque orgullosa, ocultaba un dolor profundo. Al observarla más de cerca, comprendí la razón: la majestuosa criatura envolvía con sus alas a otro ser. La lluvia me permitió ver el hilo carmesí de sangre que resbalaba entre sus plumas. No era solo un refugio lo que buscaba; protegía algo con cada fibra de su ser.

Avancé con cautela, midiendo cada movimiento. Su mirada nunca se apartó de la mía. No percibí hostilidad, pero tampoco relajación. Con lentitud, deslicé mi mano hacia la mochila y encontré un trozo de carne. Era mi única oportunidad para ganar su confianza. Levanté la ofrenda y, para mi sorpresa, ella la aceptó. Una leve relajación recorrió su cuerpo, aunque su espíritu indomable seguía en pie.

Cuando finalmente pude examinarla de cerca, el dolor se tornó palpable: le faltaba una pata. No era una herida reciente, sino una mutilación causada por algo grande y feroz. Intenté conjurar un hechizo de curación, pero mi habilidad aún era insuficiente. La sangre seguía fluyendo, inexorable. Solo tenía unos minutos más en este mundo, y sin embargo, su voluntad no flaqueaba. Seguía erguida, digna hasta el final.

Entonces, hizo algo inesperado. Con un último esfuerzo, desplegó ligeramente sus alas y dirigió su mirada hacia abajo. Entendí su mensaje de inmediato. Con un nudo en la garganta, acerqué mi mano y descubrí al ser que había protegido con tanta devoción: un pequeño polluelo. Su cuerpecito temblaba, apenas cubierto por un incipiente plumaje. Era su legado, su razón de resistir contra el destino.

Inspiré hondo y, con la mayor suavidad posible, acaricié la cabeza de la madre.

—Entiendo—susurré—. Lo cuidaré muy bien. Ahora puedes descansar.

El águila pareció aceptarlo. Sus ojos profundos no mostraban miedo ni tristeza, sino una tranquila resolución. Con sumo cuidado, tomé al polluelo y lo cobijé dentro de mi ropa, protegiéndolo de la lluvia y el frío que amenazaban con arrebatarle la vida.

Como un último acto de despedida, pasé mi mano una vez más sobre la madre. Ella no se resistió, y en ese instante, sentí algo indescriptible: una conexión, un mensaje sin palabras, una chispa de esperanza. Cuando finalmente me alejé, su cuerpo permanecía allí, inmóvil, pero su espíritu parecía haberse elevado con el viento.

Seguí mi camino hasta encontrar una cueva donde resguardarme. El polluelo no se movía, su respiración era débil. Sabía que su vida pendía de un hilo. Con manos temblorosas, encendí una fogata usando mi magia y algunas raíces húmedas. Poco a poco, el calor comenzó a revivirlo, pero no era suficiente. Sin dudarlo, lo acerqué a mi pecho, compartiendo mi calor con él.

El agotamiento me venció y caí rendido en el suelo frío de la cueva. Cuando desperté con los primeros rayos del sol, el polluelo estaba sobre mi frente, piando con energía renovada. Un alivio indescriptible me recorrió el cuerpo.

—Vaya, te ves bastante animado, pequeño. ¿Qué te parece si te ponemos un nombre?

El polluelo asintió con entusiasmo y soltó un suave piar.

—Mmm… ¿qué tal “Calvo”?

El polluelo se detuvo por un segundo, como si procesara el insulto. Luego, sin previo aviso, arremetió contra mi frente con renovada furia.

—Está bien, está bien… ¿”Pollo”?. Siguió picoteando sin piedad.

—¡Ya sé! ¿”Furia Nocturna”?

—¡Agh, mi frente! De acuerdo, probemos con… “Rosita”.

Nada, el ataque continuaba.

—Bien, haremos esto de otra manera. Te diré una lista de nombres, y cuando escuches uno que te guste, simplemente dejas de picotearme.

El polluelo volvió a asentir. Su inteligencia era asombrosa, aunque también resultaba increíblemente exigente para ser tan pequeño.

Tomé aire profundamente y comencé a soltar nombres al azar:

—Leo, Charles, Max, Peter, Carbón, Ceniza, Emily, Liz, Astrid, Stan, Judie, Marie, Naty, Ester, Estela, Betty, Rox, Ritta… ¡Rika!

De repente, el picoteo cesó. Sentí un inmenso alivio; no tenía tanta fuerza todavía, pero si seguía así, seguro terminaría perforándome la piel.

—¿En serio? ¿”Rika” es el que te gusta?

El polluelo asintió nuevamente, esta vez con evidente alegría.

—Entonces, Rika será.

Al salir de la cueva, algo me estremeció hasta lo más profundo: el cadáver del águila había desaparecido. No quedaba rastro de su cuerpo, como si la misma tormenta se la hubiese llevado consigo. Miré al cielo, donde las nubes comenzaban a disiparse, y sentí que, de alguna manera, ella seguía allí, velando por su cría.

El viaje debía continuar, pero ya no estaba solo. Había encontrado un nuevo amigo, un testamento viviente de la valentía y el sacrificio de su madre. Juntos, seguiríamos adelante, enfrentando el destino que nos esperaba.

;v

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo