After death, without memories - Capítulo 24
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Capítulo 24: Un nuevo amigo – Parte 2
Cuando estuve por llegar a Monfigt, tuve que pasar por unos caballeros y pagar mi entrada. No hicieron muchas preguntas: ¿De dónde venía? ¿Hacia dónde me dirigía?
Después de decirles que me quedaría unos días por acá, pregunté dónde se encontraba la posada de Luka, recomendada por Leo. Me dieron indicaciones de cómo llegar y me dejaron entrar a la ciudad. También comentaron que tuviera cuidado; supongo que porque soy un niño. No lo tomé a la ligera y confiaré en sus palabras.
En verdad esperaba más preguntas. Ni se tomaron la molestia de revisar mi mochila. Todo fue sencillo… demasiado.
El murmullo constante de la ciudad se alzaba tras las puertas, una mezcla de voces, pasos y metal chocando a la distancia, que contrastaba con la facilidad con la que me dejaron entrar.
Seguía caminando. Y lo que veía no cambiaba mucho de Auspect, pero claramente había más razas rondando por aquí: más enanos, más demonios, elfos… pero escasos dragones.
—Buenas tardes, quisiera una habitación.
—¿Por cuántos días?
—Seis. Espero no haya problema.
—Para nada, hay algunas libres.
—Una pregunta más: ¿tiene algún problema con animales?
—¿Llevas uno contigo?
—Un ave casi recién nacida.
—Mmm… mientras no moleste por las noches a los demás, no importa.
—Muchas gracias.
Pagué la cuota por mi estadía y me instalé rápidamente para comer y dormir, y así recuperar energías del viaje.
***
A la mañana siguiente salí en busca de algo para almorzar, dirigiéndome a otra recomendación de Leo por su pan recién horneado.
Cumplí mi objetivo y busqué un lugar donde comer solo con Rika.
Rebuscando a mi alrededore vi una iglesia.
Por un momento, por mi mente cruzó entrar a mirar la tabla de los representantes de los dioses pues, Ravenscroft no quiso decirme los nombres de los actuales.
Cosas que solo Ravenscroft comprende
Me acerqué poco a poco cuando gritos se escuchaban a la cercanía.
—¡Quién te crees tú para decirme qué hacer!
El ruido rompía el flujo normal de la calle. Algunas personas se detenían, otras solo aceleraban el paso evitando mirar directamente.
Poco a poco, gente se iba acercando al lugar del conflicto.
Mis ganas de ver la tabla desaparecieron al instante.
—Tch
No pude ocultar el chistar de mis labios por el alboroto. Decepcionado, me dirigí hacia otra dirección.
No valía la pena quedarme.
Llegue a un lugar más tranquilo donde tomara asiento. El bullicio de la calle quedaba más atrás, apenas un eco lejano. Saqué de mi mochila a Rika.
—Vamos, despierta…
Le costó abrir los ojos. ¿Como podía dormir tanto y tan plácidamente?
Cuando se reincorporó, la puse sobre la mochila. Era hora de comer.
Daba una mordida al pan para mí y con mi mano libre sacaba un poco de mi boca y se lo daba a ella.
Mientras le daba pequeños trozos de pan masticado, sentí un escalofrío en mi espalda. El aire a mi alrededor se sentía más pesado, como si algo no encajara.
Miradas penetrantes hacia mí.
Por mero instinto oculte mi aura. Y seguí comiendo con Rika aparentemente tranquilo.
Rebuscaba en mi campo de visión de dónde provenía aquellas personas.
Muy apenas pude ver el pie de uno y su aura azul.
Por un instante, entre el movimiento de la gente, creí ver una silueta detenerse… observándome directamente antes de desaparecer entre las personas.
¿Qué hago? Si salgo en este momento, puede que vayan tras de mí. Si me quedo, puede haber problemas.
Miré en dirección al paso de la gente, cuando vi un grupo de cinco chicas como de mi edad.
Dudé un segundo de más… y sentí cómo la mirada detrás de mí se acercaba.
Es mi única oportunidad de huir.
Esbocé una sonrisa falsa de impresión en dirección al grupo. Rápidamente guardé a Rika y me dirigí hacia el grupo.
Disculpen —les hablé en un tono poco alto. Al estar más cerca, una de ellas me miró de reojo, claramente molesta por la interrupción. —Disculpen… ¿Podrían ayudarme un momento?
—¿Ayudarte? —dijo una, frunciendo el ceño. La mayoría me daba la espalda hasta que una con su codo avió a otra.
—Oye, apúrate —dijo otra—, vamos a llegar tarde.
—Sí, sí… —respondió, sin dejar de caminar.
—¿Saben dónde llegar a—?
Ni siquiera terminé de decir a dónde me quería dirigir cuando una me tomó de la mano.
—¿Cuál es tu nombre?
Parpadeé, sorprendido.
—Drake…
—No te preocupes, Drake —dijo con una ligera sonrisa—. Nosotras te llevamos a donde quieras.
Intercambiaron miradas entre ellas, pequeñas risas cómplices que no terminé de entender.
No me importó.
¿Siguen ahí? ¿Me están viendo?
No lo sé. Mientras caminaba con ellas… no miré atrás.
…
La conversación fue escasa al inicio. La mayoría iba en lo suyo, hablando entre ellas sin prestarme demasiada atención.
Excepto una.
Amanda.
Al principio apenas decía algo. Caminaba ligeramente apartada del grupo, como si no terminara de encajar.
—¿Vienes de fuera? —preguntó en voz baja, sin mirarme directamente.
Asentí.
—De Auspect.
Hubo un pequeño silencio.
Pensé que ahí terminaría… pero no fue así.
—¿Y… eres aventurero?
Negué levemente. —Aún no.
Otro silencio.
Pero esta vez no era incómodo.
Era… distinto.
Por alguna razón, no sentía la necesidad de medir cada palabra.
—¿Y tú? —pregunté.
Ella dudó un segundo… pero en lugar de apartarse, dio un pequeño paso más cerca.
—Quiero ser maga.
Eso bastó.
—¿Magia de qué tipo?
Sus ojos cambiaron.
—De la luz… bueno, eso intento.
Por primera vez me miró directamente.
Y sin darme cuenta… bajé la guardia.
Su expresión cambió por completo.
La timidez seguía ahí… pero ahora había algo más. Interés.
—A mí me costó mucho aprender… —dijo, esta vez con más seguridad—. Una aventurera me enseñó, pero…
Y siguió hablando.
Y yo escuché.
Y respondí.
Y, sin darme cuenta… la conversación comenzó a fluir.
Era extraño.
Pero hablar con ella… no se sentía como con los demás.
…
Hablamos mucho más.
En esa iglesia, según Amanda, las peleas eran constantes en esa iglesia por los representantes de los dioses. Algunos que fanfarroneaban de su fuerza y que podrían derrotarlos, otros que los defendían a capa y espada. Por aquellas razones constantemente había riñas.
Mientras hablaba, el murmullo lejano de la ciudad seguía presente, mezclándose con nuestras voces.
—Normalmente quieren enfrentar a Bennett Roque, el humano actual representante de Zeus.
Sus palabras me sorprendieron. Un humano representante de Zeus.
—Dicen que podría ser rey… pero no quiere.
—¿A qué se debería eso? —pregunté
—No lo sé sinceramente. Cuentan que tiene el poder para convertirse en soberano de la espada, pero su ambición por el combate y el dinero no son dignas de un líder.
—Y el otro, que es imposible de derrotar; Thordek, el enano de cuatrocientos años y contando, representante de Hefesto.
Me llevé mi mano a la barbilla.
—Imposible, ¿no es algo demasiado exagerado?
Ella soltó una sonrisa y siguió explicándome.
—Imposible de derrocar de su puesto. En combate ya lo habían derrotado más de una vez, pero al momento de herrería no existía ser vivo que se le comparara al crear sus piezas de arte.
Pensé un momento en ello, y como Ravenscroft me habló de ello, pero no recuerdo que haya mencionado que solo por combates.
—Viéndolo así… supongo que es derrotarlo en todos sus aspectos.
—Sí, al parecer sí. —dijo, acompañada de una risita divertida.
El tiempo se nos pasó volando y quedamos en reunirnos el día siguiente para seguir charlando e ir al bosque a que me mostrara la magia que podía recitar. Ella aceptó con entusiasmo, pues a su hermana y sus amigas no les llama para nada la atención la magia.
Supongo que es normal para los de nuestra edad.
Regresé a la posada y entré directo a mi habitación. Creo recordar bien la cara de Amanda para reunirnos mañana: cabello negro, ojos marrones, tímida… pero con una calma que no esperaba encontrar en alguien de mi edad. Me llega un poco más del hombro.
Creo poder encontrarla sin problemas.
***
Nos encontramos justo donde nos separamos el día de ayer. Pasamos por el control de frontera y nos sumergimos un poco en el bosque.
El ambiente era distinto al de la ciudad. Más tranquilo… más honesto.
—No conozco muchos hechizos, pero es mejor que nada —decía mientras teníaa sus manos en la espalda—. No te burles, ¿está bien?
Negué con la cabeza y afirmé con palabras.
—Ni de pensamiento lo haría.
Ella se quedó en silencio y comenzó a concentrarse, juntando sus manos y alzándolas un poco, solo a la altura de su estómago.
—Bola de agua
De forma gradual se fue formando la esfera de agua en las palmas de sus manos de un tamaño mediano.
—¿Qué tal? —preguntó entusiasmada.
Conté el tiempo. Cinco segundos para lograrlo.
—Asombroso —dije mientras aplaudía —. ¿Puedes enseñarme otro más?
—Sí, pero dame un momento. Necesito recuperar energías.
En lo que ella tomaba asiento, también no pude dejar de pensar en una cosa y necesitaba preguntárselo.
—Amanda. ¿Eso te lo enseñó aquella aventura?
—Sí. Me tuvo mucha paciencia, pues me costó mucho logarlo.
—¿Cuánto es mucho?
—Unos tres días sin descanso.
—Increíble.
Ella se sonrojó un poco, pero más allá de eso, podía sentir cómo con su mirada quería decirme algo y poco a poco tomó valor para preguntarlo.
—Noto en tu rostro que tienes algo que decir—. ¿Tú también recitas hechizos, cierto?
Me hice el asombrado y contesté con otra pregunta
—¿Por qué piensas eso?
—Tu cara lo dice todo.
—Tienes la mitad de la razón. — Alcé un poco la mano y conjuré la esfera de agua, pero sin decir palabra alguna. — Solo sé recitar una bola de agua y otra de fuego.
El hechizo se formó sin sonido, pero no sin peso. Sentí el mana acomodarse como si ya conociera el camino.
Sus ojos se abrieron con sorpresa.
—¿Cómo…? ¿Cómo lo hiciste tan rápido? ¿Eres algún tipo de genio?
Negué ligeramente.
—Para nada. Así es como me enseñaron.
—No lanzo el hechizo directamente… primero creo el agua, luego le doy forma.
—Lo intentaré.
En su segundo intento, la esfera apareció más rápido. Más estable.
—Bola de agua —dijo mientras lanzé el hechizo hacia el suelo. —Es mucho más fácil —murmuró, sorprendida—. Y no me cansa tanto.
—¿Quién te enseño ese truco?
—Un anciano cascarrabias que pasó por mi ciudad.
Sonrío un poco al decirlo.
—Ya veo… ¿y con el fuego cómo lo hiciste?.
—Imaginé la chimenea de casa, cuando acercas las manos y sientes comó sube de poco a poco el calor del fuego por tu cuerpo.
—Lo tendré en cuenta, pero antes de intentar fuego, mostraré los otros dos hechizos que sé.
—Tranquila, tómate tu tiempo. Aquel anciano también me dijo una vez: ¨Los hechizos no cambian, lo que cambia es el ser vivo que los utiliza¨. Cada cuerpo es diferente, así que no debes preocuparte por tu progreso.
Se puso de pie y nuevamente concentró el maná en sus manos para recitar un hechizo conocido para mí.
—Diosa de la luz, sé mi guía y ilumina mi camino. Espíritus, surjan.
Un espíritu similar a los que yo invocaba surgió, pero el de ella era distinto… más cálido. Su luz no solo iluminaba, reconfortaba. Era suave, casi como si respirara.
¿Será porque es más inocente que yo, o por ser una chica?
Deshizo el espíritu rápido, pero no paró en ese momento.
—Pon mucha atención en mí; esto te dejará boquiabierto.
Asentí y puse toda mi atención en sus movimientos
—Diosa del Sol —abrió los brazos y, al igual que sus delicadas manos—, ilumina mi camino. — En un movimiento rápido, apuntó un brazo, entrecerrando un poco su mano—. Y ciega a quienes se interpongan. ¡Destello!
Lo último que escuché fueron sus dedos chasquear, y un brillo blanco cubrió mi visión por completo por un instante.
Solté un quejido mientras rascaba un poco mis ojos con mis manos. Ella soltó una risa incapaz de contener; me había llevado hasta su trampa.
También reí por su broma. Era la primera vez que tenía una convivencia tan agradable y divertida con alguien de mi edad.
La primera vez… que algo se sentía normal.
Y no solo eso.
Había aprendido un nuevo hechizo, sin Ravenscroft.
***
El cielo comenzaba a teñirse de tonos anaranjados, y el bosque se volvía más silencioso.
—Amanda —dije—. ¿Quieres ser aventurera?
—Creo que sí… —respondió, mirando al frente—. ¿Y tú?
—Aún no lo sé con certeza… pero es lo más cercano.
Ella paró en seco y me miró directo a los ojos.
—¿Te imaginas que algún día seamos compañeros de aventuras?
Su cara de entusiasmo me hizo alegrarme y pensar un poco en ello. Apenas hace dos días éramos completos extraños, hoy amigos, quizás algún día compañeros de aventuras.
—Sería algo muy bueno, en verdad, jaja.
El día había acabado para nosotros. Estábamos a las afueras de su casa.
—Drake… ¿Nos volveremos a ver mañana?
—Mañana no lo creo, pero pasado mañana puedo venir a buscarte a tu casa.
—¿Estás seguro de eso? Recuerdo que ayer mencionaste que solo estarías unos días por Monfigt.
Sus palabras me dejaron a í sin las mías. Por un momento olvidé que yo solo venía a esta ciudad de paso.
Solo pude asentir sin más. No supe por qué… pero no hice ningún esfuerzo por prometerlo.
Ella entró a su casa con una sonrisa y yo regresé a la posada.
Listo para descansar y recibir un nuevo día.
***
Ya estaba por salir de esta ciudad, solo faltaba salir por la frontera hasta que un guardia me comentó.
—Niño. ¿Saldrás de turista?
—¿Acaso ocurrió algo, señor?
—Sí, en Aurenthia están ocurriendo cosas muy extrañas por el momento. Y se están trasladando guardias de ciudades hasta los pueblos. Será mejor que regreses a casa.
Todo se está tornando muy extraño. Como si el destino me dijera que diera media vuelta y regresara inmediatamente.
—Le tomaré la palabra, pero igual saldré, para que antes de que se ponga el sol regresaré.
—Si tú lo dices, adelante.
—Muchas gracias, con su permiso.
…
En el camino me topé con una construcción, pero no era una casa o algo parecido.
El sonido constante de martillos y metal chocando llenaba el aire. Varios hombres trabajaban sin detenerse, cubiertos de polvo y sudor.
Estaban colocando madera y metal en el suelo, formando una estructura parecida a una escalera de mano.
No dudé y me acerqué, curioso, a preguntar.
—Señor, ¿qué tipo de construcción están haciendo?
—El futuro niño
—¿El futuro?
—Sí, el futuro se llama ferrocarril.
—¿Qué es eso?
Aquel señor miró mi cara de confusión y con paciencia comenzó a hablarme sobre ello.
—Una bestia hecha de metal que puede transportar tanto personas como materiales y objetos en el menor tiempo y con más comodidad.
No encajaba con el mundo que conocía. Las palabras salieron de mi boca sin pensarlas.
—Fascinante.
—Pero de momento solo estamos construyendo la basé donde se moverá. Para que entre en funcionamiento faltan algunos años.
—Supongo que será costoso y de difícil acceso.
—Sí, al principio, pero quien sabe, tal vez, tanto yo, como tú un día subiremos en uno sin problemas.
—Esperaré ese día con ansias.
—Sí, niño, ahora vuelve a casa antes de que anochezca. No partas de este mundo antes de subirte a un tren.
—Claro, nos vemos, señor.
—Adiós, niño, y cuídate.
Tenía planeado quedarme los siete días, tal como acordé con mis padres. Ahora que tenía una amiga, podía entrenar un poco más con ella.
Pero algo no encajaba.
Desde el templo… desde esa sensación de ser observado… nada se sentía igual. Era como si algo hubiera puesto sus ojos en mí… y no los hubiera apartado desde entonces.
Apreté los puños sin darme cuenta.
No sabía qué era… ni dónde estaba.
Pero sí sabía una cosa.
Si me quedaba… lo descubriría.
Y esta vez, no estaba seguro de querer hacerlo.
Hay algo que quiero decir… pero cuando lo haga, todo tendrá mucho más sentido.
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